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   <title>Mi primer mes y mi primer amigo</title>
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   <published>2008-09-01T08:55:05Z</published>
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   <summary> Foto: José María Cuellar Hoy cumplo mi primer mes en España y espero que ya haya pasado lo peor. En los primeros días todo es nuevo, todo brilla, todo te parece fantástico, caminar por las calles sin que nadie...</summary>
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      <![CDATA[<div style="text-align: center;"><img alt="primermes.jpg" src="http://blogs.elcomercio.com.pe/yotambienmellamoperu/primermes.jpg" width="334" height="489"></div>
<div style="text-align: center;"><strong>Foto: <a href="http://www.flickr.com/photos/cuellar/336526978/" target=_blank>José María Cuellar</a></strong></div>

Hoy cumplo mi primer mes en España y espero que ya haya pasado lo peor. En los primeros días todo es nuevo, todo brilla, todo te parece fantástico, caminar por las calles sin que nadie te conozca, gritar si te provoca, perderte solo por conocer, acercarte a cualquier persona solo por el hecho de hablar con alguien, museos gratis, Picasso, Rubens, Goya, Velásquez, Bosco, Dalí, etc. Para un peruano como yo, para quien lamentablemente sus museos no gozan de dicha talla, España es un mundo por explorar y con muchas dudas por resolver. Primeros conocidos ( aún no son amigos ), personalidades tan distintas a los que los latinos estamos acostumbrados, bromas que no entiendes, mirar TV sin comprender la realidad política, digamos que esta es la parte que gozas cuando eres un recién llegado.]]>
      <![CDATA[Pasada las dos semanas, y cuando ya comienzas a hacer de tu vida una rutina, es decir, cuando ya te acostumbraste al cambio de hora y cuando tu cuerpo ya asimiló que estás en otra parte del mundo aunque aún no lo entienda, comienzan las dudas. ¿Qué hago aca?, ¿Por qué nadie me llama? ¿Soy feliz? ¿Me equivoqué de carrera por segunda vez? ¿Hasta cuándo podré soportar la nostalgia de la vida que dejé?. Por momentos entran ganas de decir “al diablo con todo, me regreso, no importa si ya pagué el curso, total, la plata se vuelve a hacer”. Ese es el punto decisivo, ¿retroceder?, ¿luchaste tanto para estar acá y en tu primer vacío te das por vencido?, ¿tan poco valen tus convicciones?, ¿qué pasa,  no puedes luchar con la soledad? Es ahí que vuelves a recapitular todo y haces un balance de lo bueno y lo malo de estar solo y de conocer un nuevo mundo.

Para la cuarta semana, ya te llamaron algunos amigos, tu familia te dice que te extraña y te quiere ( lindo de escuchar, tal vez en tu país no se toman el tiempo de decírtelo), algún conocido ya se perfila como amigo, sigues descubriendo al país y su gente, aprendes a lidiar con la soledad, lees, escuchas música, buscas un trabajo, conoces compatriotas, ya tienes un lugar preferido para visitar (en mi caso: El parque del Retiro y Sabatini, sin darme cuenta en el Perú me fui preparando a encontrar la paz en estos jardines, llenos de silbidos, flores y libros).

Yo ya tengo mi primer amigo, Alejandro. Su rostro refleja bondad, experiencia y muchas ganas de vivir pese a sus 85 años. Su infancia y juventud las vivió en  Valladolid, hasta que se casó y decidió venir a vivir a Madrid. Nuestras conversaciones se nutren de experiencias que yo solo escucho atentamente. Don  Alejandro ha trabajado haciendo de todo un poco, desde granjero hasta administrador.   Lo encuentro siempre en el primer piso del lugar donde vivo, sentado, viendo a la gente pasar, con su bastón y su gorrita. Él puede pasar horas ahí, leyendo, conversando o simplemente esperando el saludo de alguien. Hace unos días estaba sentado en la banca y había una lata de cerveza a su lado, le pregunté si era suya, me miró horrorizado por tan infantil pregunta. “Hijo, hace más de 20 años que no bebo”, me respondió.  Me olvidaba, lo conocí un día que me olvidé mis llaves. Tocaba el timbre y nadie  contestaba, él, con mucha amabilidad, me dijo que mis compañeros habían salido, pero me abrió la puerta. Yo le agradecí y así comenzó nuestra amistad.  Increíble, sabía dónde vivía y hasta quiénes viven conmigo.  Espero llegar a esa edad con esa lucidez y con las mismas ganas de vivir.

<strong>¿Cómo o qué recuerdan de su primer amigo en el extranjero?</strong>

<strong>Franko Ruiz, España</strong>

<strong>* Todos los interesados en publicar una historia en "Yo también me llamo Perú" pueden enviar sus artículos y fotos a los siguientes correos: editorweb@comercio.com.pe y jortiz@comercio.com.pe</strong>
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   <title>El patriota y la silla</title>
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   <published>2008-08-25T13:22:09Z</published>
   <updated>2008-08-26T15:09:30Z</updated>
   
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      <![CDATA[<img alt="patriota.jpg" src="http://blogs.elcomercio.com.pe/yotambienmellamoperu/patriota.jpg" width="400" height="286">
<strong>Foto: Archivo El Comercio</strong>

Así como ocurre con el Perú, julio es también un mes de celebraciones para varios países como Argentina, Colombia o Estados Unidos,  donde vivo actualmente. Habiendo participado de varias celebraciones conmemorativas en diferentes países, me pregunto: ¿Somos los peruanos patriotas? ¿Realmente tenemos ese amor por el país que generalmente aflora cuando estamos lejos? ¿Comprendemos lo que realmente vale la patria? ¿A qué estamos dispuestos por ella? No me hago estas preguntas en vano, sino porque en julio del 2007 pasé uno de los más brillantes eventos de vergüenza ajena (y de pasadita, propia) que he tenido en mi vida.]]>
      <![CDATA[Era 4 de julio, lo que para nosotros los peruanos, patriotas empedernidos, vendría a ser el famoso y esperado juergón del 28. Esas fechas, que en suelo patrio son de igual importancia a las de Semana Santa, y que unidas, con las vacaciones de Año Nuevo son el motor de desarrollo del turismo interno, acá en Estados Unidos toman también forma de vacaciones. Días feriados, viajes, atrasos en los aeropuertos y muchas cosas más. Esta vez cayó día miércoles y yo, una vez más, como buen peruano, aproveché el pánico y llamé a mi amigo, el buen G, para ir a tomar unas chelitas con nuestras novias. Siempre hay que encontrar motivos para festejar. G y yo nos adelantaríamos para el festejo, y las respectivas harían un arribo tardío. 
 
Entonces, primero había que decidir dónde íbamos. Obviamente, como todos los peruanos ingeniosos, decidimos ir a una zona en la que había un concierto gratis, fuegos artificiales y múltiples bares. No había forma de ir a una celebración en la que había que pagar 5 dólares para ayudar a los damnificados de no sé qué desastre. Eso ni hablar. Ni cortos ni perezosos, caminamos hacia Saint Anthony Main, calle peatonal frente al Rio Missippi. Para nuestra sorpresa, estaba totalmente llena, los 5 o 6 bares  abiertos estaban llenos de comienzo a fin, las calles llenas de gringos, gringas, niños, era un escándalo la cantidad de gente, tanto que casi le doy la mano a G para no perdernos, pero como toda la demás gente era rubia y nosotros dos no, pues me pareció un poco innecesario. Caminamos de bar en bar para ver en cuál podíamos encontrar un par de sillas de plástico y pedir una chelita, la cosa es que luego de 20 minutos de caminar entre la multitud y de no encontrar ni una vereda donde posar las nalgas, divisé a lo lejos una pareja de asiáticos que, con ademanes de no manejar el ingles, pedían la cuenta. “G, vamos a hacerles guardia"?, dije. Era nuestra única oportunidad de conseguir asientos. Nos dirigimos sigilosos hacia la mesa mirando con el rabillo del ojo todos los movimientos de la pareja. No pasaron ni 3 minutos y se pararon. Tres segundos después ya estábamos sentados en las mismas sillas calientes y prendiendo unos puchos.  A lo lejos se escuchaban los tambores de juerga, y los fuegos artificiales que iban a lanzar serían el marco perfecto de la noche inolvidable. Pedimos un par de cervezas, luego dos más. Al frente de nosotros, un concierto con música de The Doors, Rolling Stones, y la parafernalia setentera. No me podía quejar por más que G quería escuchar reggaetón.

Sin embargo, si bien ya teníamos la mesa y dos sillas, ¿donde íbamos a meter a nuestras novias? Teníamos un tema más que resolver, encontrar dos sillas adicionales para nuestras parejas que llegaban en 15 minutos. Nos pusimos a buscarlas inmediatamente. G y yo estábamos al acecho. Si veíamos una silla vacía, inmediatamente íbamos a preguntar si la podíamos utilizar. Luego de desperdiciar varias oportunidades, logramos encontrar dos sillas de plástico y las pusimos al costado de nuestra bien ganada mesa. Entonces, como es de esperar, cada 20 segundos alguien venía a preguntar si las podían usar también. Después de que tres personas me preguntaran lo mismo, opté por ponerla encima de la silla donde estaba sentado. Le dije a G que hiciera lo mismo para que no lo fastidien más, pero G, necio, prefirió dejar la silla a la vista y paciencia de toda la gente que, obviamente, quería sentarse. Uno tras otro desfilaban preguntando sobre la bendita silla y a mí ya me parecía que G disfrutaba cuando les decía que la silla estaba ocupada. En su inglés masticado les decía que estaba separada para su novia. Perdí la cuenta de cuántas personas se iban con el ceño fruncido, tirando miradas punzantes y refunfuñando mientras yo me limitaba a tomar mi cervecita helada,  a mirar el concierto y a  ganarme con el vacilón de G: decirles a todos que él tenía a su costado la única silla disponible a un kilómetro a la redonda, pero que era suya.

La cosa es que apareció un señor, cuarentón, un poco gordo, pelos grasos y ligeramente largos, nariz aguileña, con un polo de manga corta, gorrita de béisbol y bermudas. Debajo de las bermudas, una pata de palo y debajo del polito, un garfio que se unía con el muñón, y, como muchos, fumando, pero no con el brazo sano, sino agarrando el cigarro con este garfio de tecnología de punta. Me fijé mejor y pude ver que tenía varias cicatrices. El señor se acercó a G y le preguntó si la silla estaba ocupada. G, que parecía un robot, no por malo, sino por repetitivo y poco pensante, simplemente le dijo que la silla estaba ocupada, que estaba esperando a su novia. Esta persona puso cara de sorpresa y cuando estaba dando la vuelta para retirarse, dos señores de la mesa del costado, que habían sido amables con nosotros anteriormente, le dijeron que no se fuera y acto seguido le pidieron a G que por favor le cediera la silla. G, mantuvo su posición,  no sin antes esgrimir una sonrisa de incomodidad, y explicó nuevamente que esa silla era para su novia que venía en 2 minutos. 

Los señores le decían que por favor le diera la silla al señor que se la había pedido. Ante la negativa de G, no solo fue la mesa del costado la que nos reprochó nuestra actitud, le siguieron dos señoras que no fueron tan amables como ellos. El señor que había perdido sus miembros solo atinaba a mirar a G y a las otras personas mientras seguía fumando con su garfio. Luego se paró la gente de otra mesa más. Yo estaba muy incomodo y también le decía a G que le diera la silla al señor. La gente de todas las mesas ubicadas a  15 metros a le redonda se paró para ver lo que pasaba. Mientras tanto, el personaje que parecía un pirata al que solo le faltaba el loro, inmutable y sereno, se mantenía mirando a G con el pucho casi por terminar. La gente se puso un poco más agresiva y con los pedidos un poco más subidos de tono, le gritaban a G  que el señor  es un veterano de guerra y que casi había dado su vida por ellos. “Eres un malcriado! Animal, es 4 de julio" eran algunos de los gritos que pude entender debido a mi escaso conocimiento de inglés. Lo cierto es que G aguantó toda la ráfaga de insultos hasta que una señora de unos 75 años, que estaba sentada a dos mesas de la nuestra, jaló del garfio al señor y le cedió el asiento. La multitud aplaudió a la buena samaritana y sepultó con la mirada a G, y de refilón, a mí también. No sabía dónde meterme. Obviamente, otra persona le cedió el asiento a la abuelita y yo llené de insultos a mi amigo, esta vez en castellano. Como es de esperar, apenas llegaron nuestras novias decidimos irnos porque la verdad es que la gente no nos quería allí celebrando su día. Estábamos de más.

Pero en fin, este vergonzoso acto -no sé si compartido, pero en todo caso así lo interpretaron decenas de personas-  me hizo ver qué tan distintos somos en cuanto al tema del patriotismo. Me gustaría ver una reacción similar cuando vemos a un ex combatiente del Cenepa, a un policía, o a un militar en aprietos, no solo porque haya perdido algún miembro, sino porque está dispuesto a dar la vida por su país, por todos nosotros. Ese bochornoso episodio me hizo recordar, y díganme si estoy equivocado, que si bien en julio celebramos Fiestas Patrias, ese espíritu de unidad, de grupo, y de agradecimiento no se da en nuestro país. 

<strong>Saúl Herrera, Estados Unidos</strong>

<strong>* Todos los interesados en publicar una historia en "Yo también me llamo Perú" pueden enviar sus artículos y fotos a los siguientes correos: editorweb@comercio.com.pe y jortiz@comercio.com.pe</strong>
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   <title>Un club de peruanos</title>
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   <published>2008-08-18T17:50:40Z</published>
   <updated>2008-08-18T18:01:58Z</updated>
   
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      <![CDATA[<div style="text-align: center;"><img alt="ClubDePeruanos.jpg" src="http://blogs.elcomercio.com.pe/yotambienmellamoperu/ClubDePeruanos.jpg" width="400" height="300"></div>

En el año 2002, Luis Campos y Javier Justo decidieron juntarse para crear una cadena de peruanos en Miami, con el fin de establecer un vinculo común entre ellos y los miles de ciudadanos rojiblancos en esta ciudad. Así crearon el portal 
<a href="http://www.clubdeperuanos.com/" target=_blank>www.clubdeperuanos.com</a>.

En aquel entonces no poseían una base de datos muy amplia. Sin embargo hoy, luego de 6 años de trabajo, lo que empezó como un grupo reducido de compatriotas conectados vía Internet, es ahora una gran comunidad de peruanos que bordea los 40.000 usuarios registrados.

Luis Campos, uno de los fundadores de este proyecto, nos cuenta la historia de la página web.]]>
      <![CDATA[<strong>¿Cuánto tiempo tiene de creada la página?</strong>
Desde al año 2002, tenemos cerca de los 40.000 registrados. Estamos presentes en 830 ciudades en Estados Unidos y en otros 52 países. Inclusive en el último boletín hay una entrevista a una peruana en Atolón, una isla pequeña en la Polinesia Francesa a la cual solo se puede llegar a través de botes, y que alberga a 1.300 habitantes y no tiene más de 1 kilómetro de largo por 50 metros de ancho. 

<strong>¿Cómo nace la idea de crear este club virtual para peruanos en el exterior?</strong>
Esta era una inquietud que teníamos en común Javier Justo y yo. Nos reunimos, conversamos el proyecto y construimos la página web con la idea de ser un directorio que comunique las actividades que se realizaban en Miami, que es donde estábamos nosotros. En ese entonces no existía ningún vínculo entre los peruanos residentes en el exterior, y paulatinamente hemos crecido en el número de registros y gente que se informa gracias a los boletines y la página. 

<strong>¿Cómo se hizo conocida la página?</strong>
Empezamos ir a los festivales donde se reúnen peruanos, pedíamos los correos electrónicos a todos y a partir de allí les hacíamos llegar los boletines. Luego empezamos a repartir volantes publicitando el portal, llevábamos con nosotros una cámara para tomar fotos de la gente y luego publicarlas en la web. Fue un trabajo de hormiga, que al final está dando sus frutos. 
Lo que le interesó a nuestros compatriotas era la constante información que les permitía estar actualizados de lo que sucedía aquí y allá. Enterarse de los eventos a los que pueden asistir para sentirse como si estuvieran en casa.
 
<strong>¿Cuál consideras el logro más importante del portal?</strong>
Más que un logro, creo que es la satisfacción de haber apoyado con un grano de arena a las víctimas del desastre en el sur. Luego del terremoto viajé a Pisco y realicé una labor de periodista, al estar cerca del caos decidimos promover el apoyo para con nuestros compatriotas. Por eso que realizamos una campaña para que los peruanos que están en el exterior envíen donativos. Como era de esperarse la respuesta fue buena y la gente se unió a la causa. 
 
<strong>¿Cómo se ven de acá unos años?</strong>
Continuando con esta labor, llevando información y entretenimiento a los peruanos. Seguramente con más compatriotas registrados. En un principio no pensábamos tener tanta acogida y ahora ya somos casi 40.000 personas a las que se le envía esta información. Sin embargo, tenemos un alcance mayor que es muy difícil de medir. La meta es siempre seguir creciendo y estoy seguro que lo lograremos.

<strong>Nosotros tenemos el blog "Yo también me llamo Perú", que permite contar historias y experiencias de peruanos en el extranjero. ¿Crees que esa también es una forma de unir a los peruanos en el exterior?</strong>
Me parece una excelente idea que El Comercio se interese por un espacio dedicado a los peruanos en el exterior, y que la gente de acá se entere de las cosas que hacen en otros lados sus compatriotas. Un blog, el foro o la página web es una manera de seguir vinculado a nuestro país, de tenerlos presentes y comunicarnos entre nosotros. Sin embargo, es un tema que debe tratarse con pinzas, pues la gente a veces habla de más y se tienen que administrar correctamente los comentarios, las opiniones para que no se termine en un desastre. Lo importante es el respeto.]]>
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   <title>Cambio de vida</title>
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   <published>2008-08-13T07:37:52Z</published>
   <updated>2008-08-13T15:46:29Z</updated>
   
   <summary> Nunca tuve como objetivo salir del Perú. A los 24 años, con mi diploma bajo el brazo, con trabajo en dos colegios, con la posibilidad de ser nombrada y con un romance que llegaría al altar, jamás paso por...</summary>
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      <![CDATA[<img alt="qc.jpg" src="http://blogs.elcomercio.com.pe/yotambienmellamoperu/qc.jpg" width="400" height="300">

Nunca tuve como objetivo salir del Perú. A los 24 años, con mi diploma bajo el brazo, con trabajo en dos colegios, con la posibilidad de ser nombrada y con un romance que llegaría al altar, jamás paso por mi mente que mi vida cambiaría drásticamente. Por iniciativa de mi madre, me inscribí a un programa que envía niñeras a Estados Unidos. Pensando en mejorar el idioma dije que sí, pero con la idea de regresar después de un año para continuar mi trabajo como maestra de inglés.

Tengo una tía que vive en Virginia y cada verano viene a visitarnos, pero mi destino era Chicago. Partí en marzo del 2002 dejando atrás mi ciudad querida y todo lo demás.
Recuerdo que llegué un sábado y fui recibida por la señora que sería mi empleadora. Se mostró muy amable y comprensiva. Pensé que el trabajo no sería tan difícil, pues ella venía de separarse y solo tenía un niño de 2 años. ¡Qué equivocada estaba! A solo tres días de mi llegada, me dijo que ella se retractaba de su decisión, y que ya había hablado con la coordinadora del programa para que me transfiriera de familia. Hasta el día de hoy no sé exactamente por qué ella cambió de parecer.
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      <![CDATA[El siguiente sábado estaba volando a Maryland. Hablando con el abuelo, me preguntó si tenia familia en Estados Unidos y le comenté de mi tía en Virginia. Para mi sorpresa, ella vivía a 40 minutos de ahí, así que la llamé y quedamos en vernos pronto. En esos días conocí a otra niñera peruana, y en mi única salida a la discoteca, conocimos a otro peruano. A los 10 días de mi llegada a MD, la mamá me estaba diciendo que ya no quería que siga en su casa porque ella quería que yo cocine, cosa que no estaba en mi contrato de trabajo. Esa misma noche, la coordinadora me entrego mi pasaje de regreso a Lima. Se supone que tienes 3 oportunidades de mudarte, pero no quisieron que yo las tuviera.

Asustada y en un arranque de locura, decidí escaparme. En vez de ir al aeropuerto, me fui a casa de mi tía con la ayuda de la otra niñera y el peruano. Una vez ahí, me comuniqué con el jefe en Lima para pedir mi tercera oportunidad ya que mi mamá había gastado los ahorros de su vida en un viaje que no había durado ni un mes. Esperé, esperé y esperé. El tipo en Lima nunca me llamó. Ahora estaba sola. Durante esas dos semanas de espera, mi amigo  el peruano me mostraba la ciudad de Washington DC y trababa de convencerme para que me quedara de ilegal como él. Yo tenia miedo, pero más fuerte era en mi la culpabilidad del dinero perdido de mi madre.

Finalmente, mi amigo me ayudó a conseguir un trabajo como cajera en McDonalds. Ese día volví a casa de mi tía y le conté la decisión de trabajar. Ella me respondió con unas palabras que quedarían selladas en mí para siempre: "Si te vas a quedar de ilegal, mañana mismo sales de mi casa". Al día siguiente salí con mis maletas, expulsada por tercera vez en menos de un mes. Sin embargo, mi amigo el peruano me dio cobijo en su estudio. Ese mismo día empecé a trabajar de 5 p.m. a 2 a.m. ganando menos del mínimo y por las mañanas salía a buscar un mejor empleo. Así estuve 6 meses. Como indocumentada las cosas son muy difíciles y los únicos trabajos accesibles son de limpieza o cocina. Me sentía tan frustrada profesionalmente que solo me quedaba mirar al frente y seguir.

Hasta que por fin encontré otro trabajo, también  de cajera, pero en un mejor restaurante y con mejor paga. Después de 10 meses, mi jefe se dio cuenta de mis papeles falsos y me despidió, pero como dicen, no hay mal que por bien  no venga. A los pocos días encontré trabajo en un restaurante que estaba a punto de abrir.

Con el correr de las semanas  todo mi esfuerzo empezó a dar frutos, hasta que la dueña me propuso que sea su gerente. Estuve con ellos casi un año hasta que conocí al que es mi esposo. Yo pensaba que me quedaría viviendo en Estados Unidos con mi nueva familia, pero no. Mi esposo, que es canadiense, decidió que era mejor para mi situación legal ir a Canadá. Volví al Perú el 2006 después de 4 años y empezamos los papeles de residencia canadiense. Ahora ya tengo 2 años aquí, dos lindos bebes, y hace poco compramos nuestra primera casa. Si alguien me hubiera leído el futuro, nunca le hubiera creído. Y mirando hacia atrás, valió la pena todo lo que pasé para tener la familia y la vida que ahora llevo.

<strong>Pd.- </strong>Quiero agradecer públicamente a mi amigo Javier por haberme dado un techo cuando más lo necesitaba: Javier,  aunque nunca te lo haya dicho, me salvaste la vida.

<strong>Pd2.-</strong> La foto que acompaña este post fue tomada durante el carnaval de Quebec en febrero. Hacen esculturas de hielo, y esa de ahí es con Bonhomme Carnaval, el símbolo del festival.

<strong>Amarilis, Canadá</strong>

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   <title>Más allá de tu origen</title>
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   <published>2008-08-08T07:56:56Z</published>
   <updated>2008-08-08T20:24:05Z</updated>
   
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      <![CDATA[<img alt="manosjuntas.jpg" src="http://blogs.elcomercio.com.pe/yotambienmellamoperu/manosjuntas.jpg" width="400" height="300">

Aún recuerdo el día de mi arribo a Miami. Era un ya lejano 9 de marzo del 2002. Atrás habían quedado las  eternas amistades, el "Yo también me llamo Perú" cantado a viva voz una semana antes del viaje, las despedidas de las ex, de las actuales, de las amigas cariñosas, de los amores platónicos, las recomendaciones de mis padres, de los amigos del trabajo y demás cosas que suceden cuando alguien parte de su país. Mientras todo esto sucedía, yo solo me mantenía con la ilusión de mejorar y regresar algún día.  ]]>
      <![CDATA[Tratando de aparentar una intelectualidad que no va con mi personalidad, confronté al oficial de Migraciones cuando en tono inquisidor me preguntó hasta cuándo me quedaría en Estados Unidos. Yo, con la desfachatez que siempre me ha caracterizado, le respondí que estaría allá “hasta que se me acaben los 4.000 dólares que he traído de bolsa de viaje". Claro está que si me hacían abrir la billetera, solo hubiesen encontrado 22 dólares, el resto de mi dinero me lo gasté en un reloj en Panamá.

Seis meses se transformaron en 6 años. En esta aventura conocí gente buena, mala, humilde, trabajadora, viciosa, en fin, tal cual pasa en cualquier parte del mundo, la única diferencia es que aquí nadie me conocía y no tenía que decir que vivías aquí o allá para pretender encajar en determinado grupo. Muchos se sorprendían cuando les decía que soy de Talara, porque aquí en Cincinnati, Ohio, todos los peruanos son de San Borja, Miraflores o La Molina.

A diferencia del Perú, aquí no importa de dónde vienes, dónde vives, dónde estudiaste o quiénes son tus amigos. Cuando a punta de trabajo rompes esa barrera económica, todos estamos en el mismo círculo. Si alguien tiene un carro nuevo, tú también te lo puedes comprar, por lo tanto, lo que pasó o lo que tuviste en el Perú simplemente se queda allá, junto con los recuerdos que siempre te acompañarán.

Han pasado ya casi 7 años desde que llegué a Ohio y aquí tengo familia y nuevos amigos que, lejos de perpetuarse en esa mentira del origen, terminan reconociendo que son de San Juan de Lurigancho o Comas, porque se dan cuenta que lejos de la coyuntura racial que existe en el Perú, aquí no es necesario mentir para explicar tu origen. Tu apellido es solamente el "Last Name" de la solicitud de trabajo, y no importa si apellidas Berckemeyer o Panta. Aquí, si trabajas, triunfas; si te esfuerzas, lo logras; y si te dedicas, el país de los sueños será muy pronto tu país. 
  
<strong>Alejandro Delgado, Estados Unidos</strong>

<strong>* Todos los interesados en publicar una historia en "Yo también me llamo Perú" pueden enviar sus artículos y fotos a los siguientes correos: editorweb@comercio.com.pe y jortiz@comercio.com.pe</strong>]]>
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   <title>Sin perderte de vista</title>
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   <published>2008-08-04T10:13:55Z</published>
   <updated>2008-08-04T17:10:17Z</updated>
   
   <summary> Foto: Thai Jasmine Ya son casi 10 años que vivo fuera de Perú. Llegué a Alemania cuando tenía 18 años, tuve la suerte de contar con gente que me apoyó mucho y de que las cosas me fueran bien....</summary>
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      <name>Redacción Web</name>
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      <![CDATA[<img alt="heidelberg.jpg" src="http://blogs.elcomercio.com.pe/yotambienmellamoperu/heidelberg.jpg" width="400" height="300">
<strong>Foto: <a href="http://www.flickr.com/photos/22193699@N04/2189631136/" target=_blank>Thai Jasmine</a></strong>  

Ya son casi 10 años que vivo fuera de Perú. Llegué a Alemania cuando tenía 18 años, tuve la suerte de contar con gente que me apoyó mucho y de que las cosas me fueran bien. Al principio pasé por lo que todos pasan, había que aprender a hablar el idioma y yo no pasaba de un “¿cómo estás??.

Pasaron un par de meses y yo no me acostumbraba, incluso llegue a irme al Perú a los 8 meses y casi me quedo, se me estaba haciendo difícil estar lejos de mi país y de mi familia.
Pero tenía que volver, no me quedaba otra, las cosas me estaban saliendo bien allá y si seguía con suerte hasta podía hacer una carrera, y qué mejor que medicina que era lo que siempre había querido. 
]]>
      <![CDATA[A todo esto hay que agregar que un poco chancona siempre he sido y que los idiomas se me hacían relativamente fáciles. Lastimosamente no  me quede en el Perú, ya no se podía pagar una universidad particular y a las estatales no me quería presentar porque ya habían pasado más de 2 años desde que había terminado el colegio. 

Volví  a Alemania y ahora casi 10 años después estoy a punto de graduarme de médico.
Estar en el extranjero no fue nada fácil, sobre todo estar en una cultura tan distinta a la mía como era la alemana, pero lo bonito fue que conocí gente que vale la pena, constaté que los latinos son latinos hasta la médula y que se necesitan entre sí para sobrevivir fuera de sus tierras, me conocí a mi misma un poquito más y también hay algo que me quedo bien claro: El Perú es la tierra más linda y maravillosa que esta vida me ha dado. 

Solo estando lejos se percibe y se siente lo que significa pertenecer a un lugar y solo a uno y a ninguno más. Amemos a nuestra tierra, y a nuestra gente que en ella y en ellos esta la esencia de lo que somos, un pueblo lindo. ¡Te amo Perú!

<strong>Gabriela Quispe Blanco, Heidelberg (Alemania) </strong>

<strong>* Todos los interesados en publicar una historia en "Yo también me llamo Perú" pueden enviar sus artículos y fotos a los siguientes correos: editorweb@comercio.com.pe y jortiz@comercio.com.pe </strong>
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   <title>Sobreviviendo en el Reino Unido</title>
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   <published>2008-07-30T09:26:43Z</published>
   <updated>2008-07-30T16:04:27Z</updated>
   
   <summary> Foto: Mark Connell Cuando me mudé a Inglaterra, poco después de casarme con mi novio inglés, a quien había conocido en Barcelona (donde yo vivía), pensé que todo iba a marchar viento en popa y que aquella decisión que...</summary>
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      <![CDATA[<img alt="reinounido.jpg" src="http://blogs.elcomercio.com.pe/yotambienmellamoperu/reinounido.jpg" width="400" height="320">
<strong>Foto: <a href="http://www.flickr.com/photos/markconnell/2300870658/" target=_blank>Mark Connell</a></strong>

Cuando me mudé a Inglaterra, poco después de casarme con mi novio inglés, a quien había conocido en Barcelona (donde yo vivía), pensé que todo iba a marchar viento en popa y que aquella decisión que habíamos tomado había sido sin duda la mejor para los dos, pero para mi mala suerte no fue así. Yo, una peruana de 29 años que hacía 7 había llegado a España en busca de un futuro mejor y había pasado por un duro  proceso de adaptación, me encontraba nuevamente en la misma situación en Inglaterra.]]>
      <![CDATA[Nada más pisar suelo londinense me empecé a sentir extraña, pues veía a la gente diferente en todos los sentidos y además hablando en inglés, idioma que yo hablaba, aunque no de manera fluida.  Anteriormente ya había  estado de vacaciones en Europa pero jamás pensé que me quedaría a vivir en un país en el que se habla otro idioma y en el que la gente es completamente distinta a la latina. Eso no era para mí. Sin embargo,  mi esposo, que ya masticaba su español, sonriente me tomó de la mano y me dijo: "Tienes cara de asustada, no te preocupes por nada, todo estará bien". Yo solamente le sonreí y realmente esperé que fuese así. 

Después de salir del aeropuerto tuvimos que abordar un tren y recorrer un camino de aproximadamente 1 hora para llegar a lo que supuestamente sería nuestro primer hogar, un pueblito ubicado en las afueras de la ciudad de Cambridge en el que lo primero que pude divisar al salir del tren fueron arboles, plantas y animales por todos lados. "Dios mío,  dónde estoy", pense casi aterrada. "Esto es el campo",  volví a decirme mentalmente.
 
Mi esposo, a quien yo tanto amaba y por el cual había hecho el sacrificio de mudarme de España, no dejaba de abrazarme y hacerme sentir como en casa. Empujando ambos nuestras grandiosas maletas, salimos de la estación para encontrarnos con mis suegros, quienes nos esperaban ansiosamente (en especial mi suegro) para  llevarnos a su casa. Mi martirio recién había comenzado, y se me llenan de lágrimas los ojos al escribir esto...

Mi esposo, creyendo que era lo mejor para nosotros hasta que ambos encontráramos trabajo, me había llevado a vivir a la casa de sus padres, en un countryside (esto es el campo), lejos de la ciudad y de la modernidad, y donde solo podías desplazarte en coche. Y aunque tengo que decir que los ingleses hasta en el campo son muy avanzados, cada día que pasaba, yo me desesperaba por volver a Barcelona,  donde había vivido muchos años.
 
Él  encontró trabajo en su profesión a la segunda semana de nuestra llegada. Eso fue muy bueno y me llenó de alegría, pues me dio la esperanza de poder marcharnos pronto de esa casa en busca de la nuestra, pero lamentablemente tuve que esperar un par de meses para que esto sucediera, y digo que fue lamentable porque mi suegra tenía un carácter muy especial y ya empezaba a agobiarme con sus intromisiones en nuestra vida de pareja. Yo no salía de esa casa todo el día y forzadamente tenía que estar con ella y aguantarla hasta que mi esposo regresara por la tarde de trabajar.
 
Por otro lado, mis intentos por encontrar trabajo eran fallidos, casi nadie me quería a tiempo completo y si me daban trabajo, era de cocinera o de mesera en algún restaurante aburrido del pueblo. Ya se imaginarán cómo se puede sentir una profesional trabajando en esos oficios y lejos de su país. ¡Qué ironía de la vida!
 
Me sentía  encerrada en una casa de campo. Solo podía escuchar a los cuervos graznar y ver a los conejos saltar de un lado a otro, a los erizos caminando por las puertas y a las ardillas subiéndose por los arboles. Tal vez más de uno piense que tenía suerte de estar allí porque la naturaleza es hermosa, pero definitivamente eso  no era para mí. Nunca fue así, yo siempre  preferí la ciudad al campo durante toda mi vida, incluso cuando vivía en mi hermosa ciudad de Trujillo. Yo me sentía un bicho raro, y muchas veces quise echarme para taras, dejarlo todo y volver a España, pero no podía hacer eso pues quería pasar la prueba de adaptación, perfeccionar mi inglés y sobre todo, hacer feliz a mi esposo. Estaba pensando en todo menos en mi... (Continuará en una próxima entrega)
 
<strong>Señora Rose, Inglaterra</strong>

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   <title>Soy peruana por convicción</title>
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   <published>2008-07-25T18:38:00Z</published>
   <updated>2008-07-25T21:43:32Z</updated>
   
   <summary> Foto: Archivo El Comercio Vine al país cuando tenía 7 años. Apenas llegamos, en febrero, mi padre nos preparó para el comienzo de clases. ¿Cómo? Simple: durante todo el verano nos llevó todas las semanas a recorrer un museo...</summary>
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      <![CDATA[<img alt="peruanaconviccion.jpg" src="http://blogs.elcomercio.com.pe/yotambienmellamoperu/peruanaconviccion.jpg" width="400" height="267">
<strong>Foto: Archivo El Comercio</strong>

Vine al país cuando tenía 7 años. Apenas llegamos, en febrero, mi padre nos preparó para el comienzo de clases. ¿Cómo? Simple: durante todo el verano nos llevó todas las semanas a recorrer un museo diferente, el Museo de Antropología, el Museo del Oro, la Inquisición, etc. Cuando empezamos clases en abril, ya conocíamos más historia peruana que los peruanos y se los garantizo: conocíamos más museos que los peruanos (lástima, ¿no?). 

El primer año no fue fácil, pero nos adaptamos cual camaleones. Cuando pasé a media (llegué en segundo de primaria) nadie, a no ser que yo les dijera de dónde era, podía decir que yo no era peruana. Yo era mazamorrera y anticuchera. Después del primer año de clases, mi papá nos llevo a recorrer el Perú durante el verano. Salimos de Lima y no paramos hasta llegar a Puerto Pizarro, haciendo un pequeño desvió hacia la selva. Curiosamente cuando volví a clases y la primera lección fue redactar lo que habíamos hecho durante las vacaciones, yo no solo conocía los museos sino también conocía más el país que muchos de mis compañeros.]]>
      <![CDATA[Así, el Perú se fue metiendo en mi corazoncito y así lo defiendo. Pero claro está, soy consciente de nuestros defectos como dejar todo para mañana o pasado, nuestra terrible impuntualidad, nuestros “sí, pasa por la casa?, “sí, paso por la tuya? y “mañana de todas maneras lo tengo listo?. Nunca dicen (y no me incluyo porque esa mala costumbre no la aprendí) qué mañana será, tranquilamente puede ser la mañana de la semana que viene o del año que viene. Siendo mis padres extranjeros y viniendo de un país donde la puntualidad es un ‘MUST’, no me acostumbré nunca a ese ‘mañana’ o a que si me decían ven a las 7 p.m., era en realidad a las 9 p.m. Yo siempre llegaba primero a todas las fiestas y reuniones, solo llegaba tarde cuando la mamá de mi amiga me llevaba. Pero a pesar de todo esto, me adapté. 

Graciosamente nunca pude obtener la nacionalidad peruana. Me fui antes de poder hacerlo y luego perdí hasta mi residencia. Irónicamente me volví americana y curiosamente el señor que me tomó el examen de residencia era peruano. 

-El pisco es peruano-, me dijo
-Efectivamente, el pisco es peruano-, le respondí
-Pero ¿tú eres peruana?
-Sí, claro.  No oficialmente, pero sí-. Miró mi pasaporte y se rió.
-Hablas como peruana, los defiendes. 
-El nacer en un país u otro es solo cosa de un accidente. Yo elegí ser peruana.
 
Hoy por hoy mi hija me salió más peruana que mandada a hacer. Tiene 17 años y su plato favorito es el lomo saltado, muere por la papa a la huancaína y adora el helado de lúcuma, los besos de moza y las Doñas Pepas. Y siempre dice con mucho orgullo: “Mi papá es francés y mi mamá es peruana?. Aunque ella sabe que yo no nací en el Perú, también sabe que lo adopté y por eso puedo decir orgullosamente Yo también me llamo Perú.
 
El Perú es un país que podría vivir solo del turismo. Es el único país que puede sobrevivir solo por sus recursos naturales. Tiene costa, sierra y selva. Éramos y podríamos volver ser los primeros productores de harina de pescado, de algodón y de pisco.  Despertemos y gritemos orgullosos ¡¡Yo también me llamo PERÚ!!  Y no porque nací allí, sino porque me siento orgullosa de ser peruana.  

<strong>Carolina C.</strong>

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   <title>Poema al Perú</title>
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   <published>2008-07-21T18:04:51Z</published>
   <updated>2008-07-21T23:21:42Z</updated>
   
   <summary> Perú abrázame y cura mi nostalgia Trae a mi memoria la mezcla de tus rostros y tu profundo pasado. Trae a mi memoria tus olas que se mecen al compas de una marinera. Déjame perderme en la coquetería y...</summary>
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      <![CDATA[<div style="text-align: center;"><img alt="Maleja.JPG" src="http://blogs.elcomercio.com.pe/yotambienmellamoperu/Maleja.JPG" width="245" height="370"></div>

Perú abrázame
y cura mi nostalgia
Trae a mi memoria
la mezcla de tus rostros
y tu profundo pasado.

Trae a mi memoria
tus olas que se mecen
al compas de una marinera.
Déjame perderme en la coquetería
y el cadereo garboso del cajón.

Llévame al pico más alto
y déjame respirar el aire puro]]>
      <![CDATA[Trae a mi memoria
el rozar de tus manos
que trabajan sobre tu tierra sufrida

Deja! Quiero que me absorban
tus sabores diversos
y en el misterio de la pachamama
perderme para siempre.

Envuélveme en tu color rojo y blanco
en tu poncho de lana de alpaca
y en el sentir de su calor humano.

Trae a mi memoria la fuerza de tus ríos
y la sonrisa eterna de tu sol incaico
Perú tu esperanza me conmueve
no me dejes olvidarte

<strong>María Alejandra Horna, Australia</strong>

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   <title>¿Qué les pasa a las mujeres?</title>
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   <published>2008-07-15T07:26:15Z</published>
   <updated>2008-07-15T15:21:20Z</updated>
   
   <summary>Foto: Stéfan A punto de empezar mi tercera década, una amiga me dijo con algo de despecho que &quot;después de los 30, los hombres son como los inodoros: sino están ocupados, es porque están embarrados&quot;. Esta historia pretende explorar qué...</summary>
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      <name>Redacción Web</name>
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      <![CDATA[<div style="text-align: center;"><img alt="QuestionMark400.jpg" src="http://blogs.elcomercio.com.pe/yotambienmellamoperu/QuestionMark400.jpg" width="400" height="300"></div>Foto: <a href="http://www.flickr.com/photos/st3f4n/143623934/" target=_blank>Stéfan</a>

A punto de empezar mi tercera década, una amiga me dijo con algo de despecho que "después de los 30, los hombres son como los inodoros: sino están ocupados, es porque están embarrados". Esta historia pretende explorar qué pasa por la cabeza de aquellas inmigrantes que pasaron los 30 y que, como mi amiga, siguen buscando novio. Para ello, he seleccionado tres estudios del caso: 

<strong>Indecisa</strong>
Seis meses atrás, Indecisa empezó una relación a distancia y hace dos semanas me confesó que no sabe si debe seguir con su novio: "... Sencillamente me fascina. Nunca he estado tan enamorada y nos reímos mucho. Pero él vive en Berlín, es cuatro años menor que yo y toda su familia vive en Afganistán. Para colmo, sus padres piensan que todos los americanos somos como Bush y los míos detestan la idea de tener nietos que no sean evangélicos". Así que no sabe qué hacer, en especial porque el nada sexy de su ex está tratando de convencerla de que regrese a EE.UU. y se case con él. El problema de Indecisa es que cree que el novio actual le provee de las aventuras con las que siempre soñó y el ex le ofrece todo lo que cree necesitar. ]]>
      <![CDATA[<strong>Asumida</strong>
Asumida tiene 38 años, un doctorado, tres hijas, un marido y desde hace poco tiene novia. Hasta su último cumpleaños vivió la vida que sus padres querían para ella, pero conoció a Emilia y se llenó del coraje que necesitaba para empezar de nuevo con su vida. Aunque el marido sigue haciendo lo posible por regresar con ella, lo único que terriblemente me apena es que Asumida no está segura de haber hecho lo correcto. La visa de su novia vence pronto y aún no saben qué hacer para quedarse juntas. 

<strong>Exigente</strong>
Hace cuatro años que Exigente no puede dejar de estudiar porque es la única visa que logra mantenerla en este país. Exigente es guapísima y no le faltan invitaciones para salir, pero tiene sumamente claro que quiere tener hijos cuanto antes. Por eso, invierte mucho tiempo en decidir si debe aceptar dichas invitaciones o no. Lo peor de todo es que, de aceptar, se la pasa evaluando si el potencial padre de sus hijos está a la altura de sus planes. De estarlo, es impresionante todo lo que hace para esconder su verdadera agenda, pues ya aprendió que los hombres se espantan si las cosas van medianamente rápidas.

<strong>Las 3 (Marías)</strong>
Indecisa, Asumida y Exigente tienen más de 30 años, son inmigrantes y buscan pareja. Entre las tres, Exigente está más lejos de conseguirlo, pero más cerca también. A estas alturas, pienso que enamorarte es un juego que se complica conforme pasan los años, al punto que para muchas es un trabajo a tiempo completo, una misión contra el reloj. Cada relación tiene su propio ritmo en afirmarse, pero en el caso de aquellas que pasaron los 30 sus relojes biológicos les exigen acelerar los procesos. Es por ello que una cita se convierte en una entrevista de selección e irse a la cama, en una posibilidad de ascenso.

Pero bueno, decía que Exigente es la que se encuentra más lejos porque aún no tiene a nadie en la mira. Sin embargo, recientemente se inscribió en matchmaker.com y asegura que este fin de año alguien le ofrecerá matrimonio. Aún si llegara a concretar su plan, me pregunto qué futuro le espera con alguien igual de desesperado que ella. 

De las tres, la historia que más me conmueve es la de Asumida. Sin importar dónde, ‘salir del closet’ es un proceso muy complejo. Si se suman las demandas de sus hijas adolescentes, de su abnegado marido y de su avergonzada familia, no debería sorprender cuán aguda es su gastritis. En especial, porque no hay forma de que su pareja se quede en Londres. Si bien las uniones civiles en el Reino Unido datan desde el 2004, hace solo tres semanas que Asumida le pidió el divorcio a su marido, pero él ya le advirtió que va a hacer todo lo posible para "salvar el matrimonio". Así que a los tres les espera una etapa incierta.

Es por ello que me pregunto si después de algunos meses a la distancia, la relación entre ambas se habrá enfriado y mi amiga se cuestione: si fue coraje o capricho lo que la animó a explorar su homosexualidad con alguien que no podía quedarse con ella. Aún más duro, ¿cuántos años pasarán para que sus hijas digieran esta situación?; llegado el momento, ¿les deberá pedir perdón por haber dejado de postergar su orientación sexual?, y finalmente, ¿cómo reaccionaría Asumida si una de sus tres hijas resulta ser gay también: la animará a vivir su sexualidad plenamente o hará lo posible por prevenir el malestar que viene atravesando ella en estos últimos meses?

Aunque no se dé cuenta, me da la impresión que Indecisa ya comenzó a despedirse del novio. Valgan verdades, lo único que veo en ambos es la fascinación del amor adolescente, donde lo exótico es más importante que el futuro, donde uno se enamora de la idea de estar enamorado. Lo que más me llama la atención de su historia es que buscando pareja a largo plazo, Indecisa haya decidido entablar una relación a la distancia. Aunque pensándolo bien, así es más seguro para todos: al no existir la convivencia diaria, los espacios de pareja son idealizados porque solo consisten en dos fines de semana al mes. De manera que no existe el agotamiento natural que baja las defensas de la etapa de enamoramiento y convierte a una pareja en enamorados, que es la suma de dos que actúan tal como son. La distancia es segura también porque no te confronta con tus propias carencias afectivas, sino que te anima a recordar en silencio los reencuentros pasados y contar los días que faltan para el próximo.

Este tipo de relación es más seguro incluso después de haber terminado, porque es más fácil atribuir la separación a la distancia. Sin embargo, también puede ser vista como una genuina prueba de amor. Si logran mantener la relación sin intrusos y al final se terminan juntando, ambos habrán pasado una prueba que los habrá preparado para etapas aún más difíciles. Sea como sea, me preocupa que Indecisa este poniéndole precio a su felicidad y termine volviendo con el ex. De ser así, dentro de tres años mi amiga despertará con dos hijos y una máquina de hacer dinero y al hacerlo, se preguntará si estuvo bien limitar sus opciones a solo dos personas: el aburrido conocido o el aventurero complicado. 

Al chatear con ellas hace poco, me percaté que la lógica que comparten se resume en "casémonos cuanto antes, que ya habrá tiempo para enamorarnos". Dado que soy hombre y estoy casado, es muy posible que esté sesgado. Aún así, me da la impresión que enamorar después de los 30 es un acto voluntario y racional. Pasados los 30, como dicen ellas, "no se puede seguir perdiendo el tiempo". Y es que el reloj biológico no solo despierta sus propios instintos sino también los de sus familias y amigos. Como si no bastasen los diálogos internos que las acompañan todo el día, cualquier interacción (electrónica, telefónica y en especial, las cara-cara), le basta a cualquier familiar o amigo para preguntarles por el novio por conocer, por la demora en la pedida e incluso, por los hijos por concebir. 

Hay que estar ciego para no ver que las presiones que existen sobre esta generación de mujeres son enormes y de lo más diversas, pues no solo quieren ser madres y esposas. Su éxito en la vida será medido según el resultado de una ecuación multivariada, cuyos principales componentes consisten en ser: 1) físicamente inteligente; 2) profesionalmente exitosa; y 3) afectivamente brillante, lo que muchas traducen en qué tanto: 1) alborotan las hormonas de veinteañeros; 2) ganan más que sus parejas; y 3) cocinan como la abuela, aconsejan como la madre y aman como la amante. Como es de suponer, son muy pocas las mujeres que cumplen con este perfil y creo que de ahí se explica su permanente necesidad de lograr reafirmarse a través de los comentarios de quienes la rodean. Es como si el no estar a la altura de las expectativas sociales, les exigiera opacar incluso sus propios logros por más impresionantes que estos sean. Me parece que esta misma causa hace que las mujeres critiquen tan severa y minuciosamente la vida y la apariencia de sus pares. 

En un mundo penosamente plagado de manuales de autoayuda, creo que debería censurarse cualquier intento de receta para que una mujer mayor de 30 se mantenga feliz mientras encuentra y envejece junto a su pareja. Así que para acabar les paso la posta: (a) si buscas novia: ¿qué tan de acuerdo estás conmigo?; (b) si buscas novio: ¿qué deberían hacer los treintones para complacerlas?; (c) si ya tienes pareja, ¿qué tanto se parecen tus amigas a las mías?

<strong>César Bazán</strong>

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   <title>Cómo llegué a Estados Unidos</title>
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   <published>2008-07-09T09:16:36Z</published>
   <updated>2008-07-09T15:13:33Z</updated>
   
   <summary> En 1999 trabajaba en Lima para una empresa que brindaba (y aún brinda) servicios informáticos. Yo tenía una posición media (no era la última rueda del coche pero tampoco era un jefe) y me iba relativamente bien, hasta que...</summary>
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      <![CDATA[<div style="text-align: center;"><img alt="Carlos  John.jpg" src="http://blogs.elcomercio.com.pe/yotambienmellamoperu/Carlos%20%20John.jpg" width="300" height="365"></div>

En 1999 trabajaba en Lima para una empresa que brindaba (y aún brinda) servicios informáticos. Yo tenía una posición media (no era la última rueda del coche pero tampoco era un jefe) y me iba relativamente bien, hasta que un día, un amigo (todavía nos escribimos y lo considero uno de mis mejores amigos) que se encontraba en Estados Unidos me escribió para saber si queríamos irnos a trabajar allá (la invitación era para un grupo de gente). Al inicio yo no vi esa propuesta con mucho agrado, es decir, tenía trabajo, la paga no era del todo mala (más o menos 1.200 dólares al mes), me gustaba lo que hacía y era una persona clave en mi área, entonces, ¿para qué viajar? Además tenia a mi enamorada, así que no pensaba en moverme.  

Como quien no quiere la cosa, comenté el tema con mi familia, y mi madre, sabia como todas las madres, me dijo: “Hijo, dime qué es lo que te espera en el futuro si sigues en tu actual trabajo?. Entonces me puse a analizar las posibilidades. En mi área no se podía ascender más y lo único que quedaba era ser gerente, plaza a la que es difícil llegar si no tienes los contactos. 
]]>
      <![CDATA[Irme del país implicaba empezar desde cero como un simple programador, ya que la experiencia no cuenta si no la tienes en el país en el que quieres trabajar. Le di vueltas a la idea durante un mes, pensé en cómo iba  a impactar esto en mi familia (no soy de una familia adinerada) y finalmente decidí intentarlo. Mi inglés no era malo y ya había viajado a Estados Unidos para seguir un par de cursos (la empresa me mando, gracias a ellos también saqué mi visa), así que le mandé mi CV a mi amigo.

Dos días después me enviaron un correo electrónico para confirmar una entrevista telefónica, y a partir de ahí, todo fue rápido. Sin embargo, en ese momento surgió el primer problema: la persona que me entrevistó me preguntó si estaba dispuesto a viajar a la India por 6 meses; la idea era que mientras se procesaba mi visa de trabajo, me envolviera en algunos proyectos internos de la empresa y de paso, averiguaban si mi inglés era suficientemente bueno.

<img alt="Bangalore1.jpg" src="http://blogs.elcomercio.com.pe/yotambienmellamoperu/Bangalore1.jpg" width="400" height="300">

Yo nunca me imaginé viajar a la India, pero en setiembre de 1999 partí para allá El viaje fue terrible y duró casi 4 días. La primera parada que debíamos hacer era en el aeropuerto de Newark, luego debíamos hacer la ruta Londres – Dubai - Mumbai para finalmente llegar a <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Bengaluru" target=_blank>Bangalore</a> (los indios llaman a esta ciudad el <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Silicon_Valley" target=_blank>Silicon Valley</a> de la India ya que ahí se encuentran los centros de desarrollo de muchas de las más grandes empresas de software del mundo). Cuando estábamos llegando a Newark nos comunicaron que no íbamos a poder aterrizar y que el vuelo se iba a desviar a Cleveland  porque el huracán Floyd estaba pasando por Nueva York.  

Ahí comenzó el calvario: perdimos todos los vuelos, nos tuvieron que hacer un nuevo itinerario, al llegar a Bangalore me dijeron que mi equipaje se había perdido (lo encontraron 45 días después de llegar a la India), el calor que hacía era infernal, la comida me cayó pésimo ( es demasiado condimentada), me enfermé y bajé casi 10 kilos de peso. Ya restablecido, decidí que tenía que cocinar, así que una vez por semana llamaba a mi madre para que me dieran recetas de cocina, y también me comunicaba con mi enamorada para decirle que la quería y la extrañaba.  No puedo negar que ha sido la experiencia más alucinante que he vivido, me enseñó a ser tolerante con otras culturas y también de que puedo lograr las metas que me proponga, y muchas cosas más.

En la India  tuve la oportunidad de trabajar con gente de diferentes partes del mundo (Rusia, Ucrania, Rumania, Bulgaria, Kazajstán, China, Pakistán e India), y no puedo negar que gracias a ellos aprendí mucho no solo de sus países, sino también de su idiosincrasia. Durante el tiempo que permanecí en la India nos dieron algunos cursos relacionados al software que íbamos a manejar (Java y otras herramientas o lenguajes de programación) y también recibimos asignaciones a proyectos que debíamos concluir para culminar nuestro periodo de preparación. 

Por supuesto que además de trabajar también tuvimos tiempo para divertirnos. Algunos fines de semana organizábamos reuniones en el lugar en el que vivíamos (un día fuimos a una discoteca en la India y solo encontramos hombres, entonces  nos explicaron que una mujer nunca iba a esos lugares a no ser que fuera acompañada por su hermano, padre o esposo) y otras veces nos íbamos a pasear a diferentes pueblos o ciudades  para conocer un poco más de su cultura y sus tradiciones. 

Lo más alucinante de todo este periplo ocurrió un día saliendo del trabajo. Nos íbamos a cenar al centro de la ciudad, estábamos en medio de un trafico increíble (si creen que los choferes peruanos son los peores tienen que ir a la India y cambiarán de opinión) y de repente un elefante pasó a 5 metros de nuestro auto  y alrededor suyo había un montón de gente corriendo y cantando. El elefante estaba muy bien adornado, con muchos collares de flores porque era la fiesta de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Ganesha" target=_blank>Ganesh</a> (Dios de la sabiduría), que siempre es mostrado como un ser con cabeza de elefante. Por otro lado, es muy gracioso tener que lidiar con las vacas sentadas en el medio de la pista, ya que las vacas son sagradas y nadie puede tocarlas; los autos debían rodear a los animales para dejarlos descansar. También podías encontrar muchos monos que se paseaban por los patios de las casas, en fin, era algo que al inicio te chocaba pero después de un tiempo te acostumbrabas.

Al finalizar los 6 meses me pidieron que me quede, es más, me ofrecieron el cargo de Project Leader con un mejor sueldo y una serie de cosas más. A todo le dije que no; hablé con uno de los jefes de la empresa y le conté que yo solo fui a la India para trabajar en un proyecto mientras mi visa se terminaba de procesar, y desde que acabe satisfactoriamente el proyecto prefería regresar a mi país y esperar que me otorgaran la visa. Le expliqué que tenía a mi familia en el Perú y también a mi novia, con quien pensaba casarme, y que la distancia estaba matando mi relación. Le puse todas las excusas habidas y por haber, y es que si bien la experiencia fue enriquecedora, yo nunca me iba a quedar a vivir allá.

Regresé al Perú y al mes salió mi visa de trabajo. Ya con todo en regla llegué a Virginia en junio del 2000. Desde esa fecha estoy viviendo el sueño americano, logrando mis metas paso a paso, no solo en lo económico, sino también en lo profesional. Luego de 8 años trabajando acá soy Senior Software Developer en la empresa en la que  trabajo (ya no estoy con la empresa que me trajo), tengo un grupo de 5 desarrolladores a mi cargo y estoy animándome a tomar unos cursos para certificarme como Project Manager. Por otro lado, sigo ayudando a mi familia, una vez al año vienen mis padres a visitarnos y darse un descanso (se lo merecen después de tantos años de trabajo y esfuerzo por sacarnos adelante), me casé con mi enamorada y ya vamos por los 6 años de casados, esperamos encargar este año. Ella también esta trabajando y eso es muy bueno porque de esa manera se siente realizada profesionalmente (estudiamos juntos y está trabajando en nuestra carrera). 

He oído muchas historias de gente que tuvo que estar como ilegal durante muchos años en Estados Unidos hasta arreglar su situación y pienso en lo afortunado que he sido en llegar de la manera en que lo hice. Yo nunca había pensado vivir fuera de mi país pero por suerte en Estados Unidos encontré las herramientas y posibilidades para desarrollarme. Sin embargo, cuando me jubile, pienso volver al Perú, hasta que llegue ese momento, me conformo con lo lindo que es visitarlo una vez al año para poder ver a mi familia y mis amigos.  

<strong>¿Y ustedes, cómo llegaron al país en el que se encuentran?</strong>

<strong> John Zevallos, Estados Unidos</strong>

<strong>* Todos los interesados en publicar una historia en "Yo también me llamo Perú" pueden enviar sus artículos y fotos a los siguientes correos: editorweb@comercio.com.pe y jortiz@comercio.com.pe</strong>]]>
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   <title>El paraíso no está en la otra esquina</title>
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   <published>2008-07-04T18:52:23Z</published>
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      <![CDATA[<img alt="" src="http://blogs.elcomercio.com.pe/yotambienmellamoperu/al1.jpg" width="400" height="300">

A propósito del post de <a href="http://blogs.elcomercio.com.pe/yotambienmellamoperu/2008/04/la-verdad-sobre-quebec-y-canad.html#comments" target0_blank>Ernesto Gamra sobre Quebec</a>, quiero aunarme a ese interesante artículo y compartir con mis compatriotas mi experiencia acumulada en Europa. Como canta Juan Luis Guerra, muchos peruanos creen que existe una “Visa para un sueño?. Desde el otro lado de la orilla, se idealiza la vida en el extranjero tanto como la religión mitifica el paraíso. Pero, ¿realmente existe un paraíso? ¿Existe acaso un país que te abre las brazos y te rescata del Perú, como dice uno de mis compatriotas que escribió en un post anterior, “por gracia de Dios?? 

La mayoría de peruanos que sale por primera vez del Perú tienen una idea idílica de la vida en los países desarrollados. Saben  por parientes o amigos que  en el extranjero uno puede encontrar trabajo, ganar dinero y triunfar como todo peruano creativo y trabajador, pero ¿es así en la mayoría de los casos?]]>
      <![CDATA[¿Quién se fue al paraíso y volvió diciendo que era más bien el infierno? Nadie que yo conozca. Al contrario, la gente que pasó por el extranjero y regresó al Perú, se avergüenza de decir que le fue mal, que fracasó, y más bien tienen la “versión feliz? de su experiencia. Total, nadie en Perú realmente sabe cómo vivió. Este post es un comentario más de una peruana que reside y estudia en Alemania, y estos son algunos de los mitos que pretendo aclarar:

<strong>En el extranjero, uno consigue el trabajo que no consigue en el Perú</strong>
Creo que esta es una falacia. Uno puede encontrar trabajo dependiendo de su calificación. Si no conoces el idioma del país receptor (lo suficiente como para hacer una entrevista y desempeñarte eficientemente), si eres ilegal y no tienes idea de la sociedad a la que fuiste a parar, no consigues un trabajo humano. 

Si por esas cosa del destino llegaras a conseguir uno, ese empleo será en el “mercado negro? o informal. Los mercados negros son aquellos en los que el empleador te paga al margen de la ley y donde no estás en ningún documento oficial de la empresa y por lo tanto, no tienes derechos laborales. En un castellano más fácil, recibes un salario por debajo del mínimo pese a cumplir 8 horas de trabajo. En buena cuenta, eres explotado, o como se dice, “mano de obra barata?. Ese salario quizá es mucho más de lo que hubieras ganado en el Perú, por supuesto, pero recordemos que en el país receptor tienes que comprar alimentos en dólares, euros, u otra moneda extranjera, no en nuevos soles. Además está la renta por el piso, los pasajes, un poco de ropa, etcétera. 

Si eres inmigrante legal, sabes el idioma, y tienes algún oficio, las cosas mejoran. Sin embargo, te tienes que ganar el respeto y la confianza  de tu empleador, es decir, debes ser responsable, trabajador, acatar las normas del país receptor (pagar impuestos, respetar las leyes). Este grupo de inmigrantes tendrá una situación estable a largo plazo luego de mucho sacrificio, como el caso honorable de mi compatriota Juan Valverde (<a href="http://blogs.elcomercio.com.pe/yotambienmellamoperu/2008/03/el-rey-del-cebiche-en-cordoba.html" target=_blank>El Rey del Cebiche en Córdoba, Argentina</a>). Con mucho esfuerzo se puede salir adelante. Quizá no sean ellos los que disfruten de los sacrificios, sino los hijos o los nietos. 

Si eres inmigrante legal, sabes el idioma, y encuentras un nicho en el mercado para explotar (junto con un capital, claro está) las posibilidades de ganar dinero son mayores. ¿Quién consigue eso? Muy pocos, creo yo.

<img alt="al2.jpg" src="http://blogs.elcomercio.com.pe/yotambienmellamoperu/al2.jpg" width="400" height="300">

<strong>La vida es mejor en el extranjero</strong>
La gente cree que si uno consigue salir del Perú como cuy de una jaula, uno tiene automáticamente una vida mejor. Cito textualmente un comentario del amigo J.J que escribió en un post anterior y que me ayuda a poner un ejemplo:

<em>“Caray compatriota,  parece que no fue lo que en sí buscabas en la vida, pero hiciste bien en emigrar a tierras lejanas, pues si en verdad te iba tan mal en el Perú, estoy seguro que allá en Canadá te va mejor?</em>

Voy a suponer que “mejor? se traduce en trabajo, con el que gana dinero y se compran televisor, carros, casas, entre otros (cosa que no se consigue en el Perú). Ya expliqué que esta es una verdad a medias. 

También es importante que se sepa que cuando se llega a un país extranjero, seremos  “los otros?,  “los inmigrantes?, y que el grado de aceptación de la sociedad receptora decidirá en buena cuenta la velocidad de nuestros progresos. Traduzco con un ejemplo: En Alemania, el grupo mayoritario de inmigrantes es turco. Los turcos llegaron en masa en la década del sesenta como invitados (Gast Arbeiters) y muchos se quedaron de inmigrantes ilegales debido a  la situación económica de su país, por los atentados de musulmanes extremistas, las diferencias culturales. Los turcos y los islámicos en general son discriminados en la sociedad alemana. Conclusión: Un turco difícilmente ascenderá socialmente porque tiene una carga social negativa. Ello no significa que está condenado a no salir adelante, sino que su progreso será difícil y lento. 

En Francia ocurre lo mismo. El grupo mayoritario de inmigrantes es africano, gente  que viene de ex colonias francesas en busca de una mejor vida. Los negros no solo son discriminados, sino que la mayoría no tiene trabajo. Francia no es como lo pintan en televisión. Allá, ni los mismos franceses encuentran trabajo.

En España, el grupo mayoritario es latino. ¿Se imaginan por qué?. Los latinos o “sudacas? trabajan mayoritariamente en trabajos muy honrados como labores de limpieza, agricultura, y servicios. El que quiere hacer valer su cartón peruano y salir adelante como médico, abogado o ingeniero, tiene que dormir 5 horas al día para empezar a ganarse el respeto laboral.

No caigamos en la ingenuidad. Mi consejo no es que se deje de emigrar sino que, antes de hacerlo, uno se informe de las posibilidades y exigencias del país receptor.

Definitivamente es indispensable aprender el idioma con antelación y no esperar (como algunos amigos míos) a que por obra y gracia del Espíritu Santo el idioma cale en ti. Dominando el idioma uno puede encontrar mejores posibilidades de trabajo en los primeros años. 

No es como mi compatriota Antonio (post “<a href="http://blogs.elcomercio.com.pe/yotambienmellamoperu/2008/03/bienvenu-au-canada.html" target=_blank>Bienvenu au Canada</a>?) dice, no es el azar o la obra de Dios lo que nos da una visa,  somos nosotros quienes, con decisiones responsables que se basan en la información y un exámen de nuestra realidad, los que nos formamos nuestro destino.


<strong>Fabiola Baquerizo, Alemania</strong>

<strong>*Esta es una experiencia personal de la lectora Fabiola Baquerizo. El Comercio no se solidariza con las opiniones vertidas en este post. </strong>

<strong>* Todos los interesados en publicar una historia en "Yo también me llamo Perú" pueden enviar sus artículos y fotos a los siguientes correos: editorweb@comercio.com.pe y jortiz@comercio.com.pe</strong>

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   <title>Mare nostro</title>
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   <published>2008-06-30T13:38:14Z</published>
   <updated>2008-06-30T14:44:31Z</updated>
   
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      <![CDATA[<img alt="mare nostro.jpg" src="http://blogs.elcomercio.com.pe/yotambienmellamoperu/mare%20nostro.jpg" width="400" height="300">

Podrían estar leyendo un texto sobre algun lugar exótico al que a alguien o a mí nos haya tocado viajar. O podría también estar escribiendo sobre los Estados Unidos, lugar en el que vivo hace casi 10 años  y del que, pese al largo tiempo, no tengo ni pienso obtener residencia. Prefiero enfocarme en ningún lugar, o mejor dicho  desenfocarme en todos. Espero entretenerlos con este escrito sobre El Mar, lugar entre todos los lugares, que es el meollo de mi profesión y de mi pasión, de mi oficio y beneficio.

Soy Oceanógrafo Químico, y llegué a esta profesión por accidente pero por gusto y decisión propia. Estudié Farmacia y Bioquimica en Perú y al terminar mi bachillerato me encontré en una encrucijada, pues gracias a una nueva ley (en aquel entonces) de Alan, mi sueldo como profesor de inglés en el Icpna era varias veces más de lo que podría lograr trabajando con mi flamante cartón de profesional. Acabé enseñando inglés por varios años en las minas del sur del Perú, y, tras volver a la ciudad y conocer, por accidente a quien es mi mujer (el Icpna estaba instalando recién el GRE en computadora y se cayó todo el sistema el día que fui a tomarlo, me hicieron esperar 7 días en Lima, así que fui a pedir asilo cuasi político a una amiga, cuya compañera de casa era una guapa trujillana), decidí salir a buscarme la vida fuera del país. Llegué a Estados Unidos en 1998 con tres maletas llenas de música y mi bicicleta en una caja inmensa. Hoy, 10 años después, espero poder irme con lo equivalente (y con mi esposa e hija, claro está) a fin de este año, y mis opciones se perfilan todas en el Pacífico: Taiwan, Japón o Australia.
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      <![CDATA[Mi tesis de bachillerato investigaba un elemento químico producto de la contaminación industrial en terrenos de regadío de mi ciudad natal, Arequipa;  siguiendo y expandiendo esa línea estoy ahora investigando otros dos o tres elementos químicos, con el añadido de la especiación química y las concentraciones miles o millones de veces más bajas en mar abierto, ya no en mi ciudad natal, sino indagando sobre efectos globales que estos metales puedan tener en el secuestro (o no) de dióxido de carbono, calentamiento global, etcétera.

El Pacífico sur fue el lugar en el que me tocó vivir de niño y donde mi romance con agua con 3 y medio por ciento empezó. Como pocos serranos y muchos costeños, conocí el mar muy temprano y de niño iba con mi familia a una playa aisladísima donde andar desnudos todo el día trepados en una peña era la quintaesencial definición de diversión veraniega. Ya más grande en Tacna, y de adulto en Ilo, vi la locura de los efectos de El Niño y quedé impresionado y conmovido con la evidente fragilidad de la existencia humana, dependientes como lo somos en Perú y todo el mundo de la pesquería y de que un accidente climatológico (léase huayco) no se lleve la ciudad en la que vives (¡o a tus padres y hermanos, metidos en un auto!) al mar (que es el morir, según una vieja copla de Jorge Manrique), que es a donde van todos los ríos del mundo. Allí buceé por vez primera y pude sentirme un visitante del espacio exterior, un torpe por definición y por antonomasia, intentando tocar algún pez y siendo feliz de que mi visión no fuera tan mala bajo el agua como lo es arriba del agua (cortesía del efecto de tener mascarilla de buceo y la difracción de la luz en diferentes medios). El mar del sur del Perú, donde la mayoría de mariscos tienen más en común con los del norte de Chile que con los del resto del Perú, me heló los huesos pero me calentó el alma al darme un gran tema por estudiar. Con dos grandes pequeños amigos buceamos poco más de un par de años, todo lo que pudimos. Y eso nos dejó varados en el medio de la nada, nos hizo pasar un par de noches en una cárcel por pernoctar en zona militar, nos hizo comer pedazos de pulpo con arroz semicocido y erizos crudos, pero nos permitió comer un guiso de barquillo (“piure? es el nombre que se le da en el norte de Chile a este marisco) en un restaurante ínfimo, casi inexistente en Catarindo del cual aún mantengo el recuerdo en la boca.

Al río Amazonas lo conocí por accidente también, y varias veces. De niño viví 3 años en la selva cerca al Marañon y, si bien no recuerdo mucho, viejas y descoloridas fotos muestran canoas y ríos inmensos con un pequeño desdentado que, dicen, responde a mi nombre. De la selva trajimos muchos recuerdos, y un par de bichos: una lora desgraciada que sigue viva todavía, a diferencia de las tortugas de río. Años después un tour al Cañón del Colca me llevó por el mismísimo origen del río más grande del mundo, a bofedales impresionantes donde pude ver, para espanto mío y de 99 % de los turistas con los que iba, un pago a la tierra que implicaba a un chamán sacrificando a un animal, hurgando en sus entrañas para terminar sacando y mostrando, orondo y suelto de huesos, el corazón palpitante aún del pobre bicho. Mi tercer encuentro con El Río fue en muestras de laboratorio que me tocó analizar y que espero me den credibilidad profesional y un par de publicaciones. Las muestras las sacaron a 100 millas náuticas dentro de la boca del Amazonas, pues el gobierno de Brasil es muy celoso de su territorio y no permitió a un crucero internacional de científicos acercarse más que eso. Casi 200 Km mar adentro y una capa de 20 metros de profundidad de agua dulce y llena de materia orgánica, especie de jugo de selva. El Atlántico sur aún lo conozco solo por muestras, parte del mismo set del crucero Montevideo-Barbados.

A orillas del Atlántico norte he estado viviendo varios años, y si bien es agradable y tranquilo como para tener y llevar un bebe, no está exento de sustos y accidentes climatológicos (huracanes en este caso). Sus olas son muy tranquilas y el perfil planísimo de sus playas se debe a la diferencia geológica entre las costas Pacífico y Atlántico del continente americano, incluidos norte y sur. De hecho, mi jefe es californiano, pero ambos somos de la “west-coast? cien por ciento. Un crucero Norfolk-Bermuda-Barbados me permitió hacer 2 cosas que siguen deleitándome aún hoy: (1) nadar en el <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Mar_de_los_Sargazos" target=_blank>mar de los Sargazos</a> (y ver qué cosa son los sargazos, para comenzar) y (2) cruzar la ruta que a lo largo de más de 5 siglos han cruzado millones de almas que construyeron lo que hoy es América del Sur y era otra cosa absolutamente diferente antes que llegasen. Los sargazos no son más que una mítica macroalga, extraña por ser macroalga en mar abierto, donde la cantidad mínima de nutrientes hace poco probable la existencia de otra cosa que algas microscópicas. En un break del ocupado plan científico, el capitán del barco declaró falsa alarma de hombre fuera de borda y todo el mundo se dio un buen baño en medio del famoso <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Tri%C3%A1ngulo_de_las_Bermudas" target=_blank>Triángulo de las Bermudas</a>, nadando sobre poco más de 4000 metros de agua y jugueteando con matas de sargazo (hay fotos muy graciosas de gente en el agua con pelucas de sargazos en la cabeza, muertos de la risa). Tras pasar unos días en Bermuda tuvimos que esquivar un huracán que acabo destrozando la colorida y británica isla al día siguiente de nuestra partida, en el 2003. El resto del crucero lo pasé rumiando la idea de estar cruzando la ruta que indiscutiblemente la fracción de ancestros hispanos de la mayoría de habitantes del Perú cruzaron antes que yo, al ritmo de música española en mi MP3, como era menester. Era como visitar un cementerio vivo y flotante, como respirar un espíritu comunal  de ganas de buscar un lugar diferente.

Inmediatamente después me tocó ver el Mar Caribe, pues mi viaje de regreso a casa lo hice haciendo tantas escalas como fuera posible en lugares lo más alejados del bullicio turístico. Acabe yendo a Barbados, Trinidad y Venezuela para terminar volando de vuelta a Estados Unidos vía Lan Chile. Si, playas espectaculares, pero sobre eso todos saben y lo puedes ver en fotos en Internet. Así que decidí husmear en el pasado de (1) uno de mis autores favoritos en Trinidad, y (2) el origen de la gesta independentista en Venezuela (que no pude ver, pues pese al calor feroz estaba prohibido entrar al Panteón del Libertador en shorts, por “respeto al Libertador?, según guardias civiles. Fui a visitar una pequeña estatua en honor de Miranda, que me pareció más significativa). Trinidad me sorprendió antes de llegar siquiera, pues pese a no ser un destino turístico típico, requiere de visa Schengen para entrar. Es un país que comparte con el Perú varias cosas, como ser un conglomerado de razas y etnias; en Perú nos mezclamos hispanos, indígenas, africanos, chinos, italianos, japoneses; en Trinidad, europeos (se turnaron el dominio de la isla ingleses, holandeses y españoles), hindúes (¡si, de India!), chinos y africanos, entre otros. Puerto España es su capital, y a la ciudad equivalente a Villa El Salvador fue a donde me dirigí, pues en aquel enclave hindú donde, a falta de vacas sagradas caminando por las calles encuentras chivos, fue a donde llegó el abuelo de Sir V.S. Naipaul (premio Nobel de literatura 2001, recomendado por Milán Kundera en “el Arte de la Novela?, junto con Salman Rushdie y Carlos Fuentes, de cuya “Terra Nostra?, me permito robar, adaptado, el título de este texto). 

Caminando en las calles de Chaguanas (ojo al nombre hispano-indígena de un pueblo hindú en el Caribe) encontré, entre mezquitas y templos hindúes coloridos, la famosa casa del abuelo del mencionado autor donde un guachimán desnutrido me mostró la entrada al segundo piso, me tomé la foto contentísimo y punto. Mucho más pintoresco fue pasear por las calles llenas de ambulantes y comida hindú de “los agachaditos?, vendida por señoras 100% hindúes que me hablaban en hindi o urdu, ignorantes que pese a mi piel morena, no les entendía ni una sola sílaba. También me llamaron la atención los niños hindúes de allí, modernizados y algo latinizados en su vestir y caminar (menos de 15 kilómetros separan a Trinidad de Venezuela), peinados con gel y caminando entre el gentío a ritmo de reggaetón. Plazas llenas de ambulantes con CD piratas a todo volumen, museos en casonas antiguas (inglesas, más bien) y carritos salchipaperos (pero con pan hindú y garbanzos con guiso de patita de chivo en vez de arroz chaufa) se me hacían familiares y bienvenidos después de años en el gran país del norte. Mi hotel estaba a dos cuadras de la Plaza Ghandi, donde fui a pagar respetos a uno de mis archihéroes, camino a un cementerio donde cada tumba tenía inscripciones en un idioma diferente de la contigua (llegué a ver inscripciones en chino, francés, holandés, yiddish, español e inglés), en ruta al equivalente trinitario de Barranco, un poblado bohemio y pintoresco llamado Saint James donde queda “la Casa del Señor Biswas? del libro del mismo nombre y una mezquita linda.

El Pacífico norte lo he conocido ya varias veces, y me encanta. Una conferencias en Hawái y un crucero de dos meses entre Japón y Hawái me facilitaron paseos por allí. ¿Qué decir? Pues primero que Japón es lindísimo, limpísimo y mucho más agradable, en mi opinión, que los Estados Unidos. Y lo es sobretodo en la honestidad de su imagen; todos piensan que E.E.U.U es igual a Nueva York y San Francisco cuando no lo es, mientras que Japón central es una enorme urbe desde Tokio hasta Osaka, casi 500 kilómetros al sur. Tokio es lindo, el tren bala  es alucinante y Osaka es una belleza de ciudad, incluso por los alrededores del muelle (imagínense los barracones de Callao). En un grupo improbable con 5 gringos ruidosos, grandulones y muertos de miedo de perderse en trenes con muy poco escrito en caracteres occidentales, me tocó ser el líder del variopinto grupo. Así, conocimos lo lógico: Ueno, Asakusa, el Palacio Imperial, Ginza, etc. Faltaba poco para el mundial de Corea - Japón 2002, así que la imagen de Nakata era el pan de cada día en las calles de Tokio. Saliendo de Osaka, el crucero enrumbó hacia la península de Kamchatka, cruzando la boca del Mar de Okhotsk (donde una colaboración en un crucero Japonés en un barco ruso el próximo año nos ayudará a profundizar investigaciones que empezamos en el 2002). 

<img alt="mapaco2.jpg" src="http://blogs.elcomercio.com.pe/yotambienmellamoperu/mapaco2.jpg" width="400" height="266">

De allí el crucero siguió rumbo al sur y luego al este, así que, tras cruzar la línea del tiempo de noche y tener que enfrentarse al dilema existencial de tener que vivir dos veces el mismo día, enrumbamos hacia Hawái. Pasamos cerca de unos riscos y despeñaderos espectaculares cerca a Kuai, y al ver tierra después de dos meses, la mayoría de gente en el barco estuvo al borde del llanto y del salto, pero, tortura cruel, seguimos alrededor de Molokai antes de llegar a la isla de Oahu, donde una borrachera espantosa nos esperaba en la ciudad. Honolulu es una urbe extraña, agradable y muy amigable, llena de japoneses surferos bronceados, japoneses golferos y cientos de tiendas (las más bonitas reservadas para extranjeros, con entrada con pasaporte de cualquier sitio menos de E.E.U.U, especie de Pearl Harbor una vez más) donde finalmente compré recuerdos japoneses para mi familia, pues en Japón nos pilló un feriado largo. Es además una ciudad lindísima, llena de comida coreana, vietnamita, tailandesa y china, con ingredientes tropicales, principalmente piña y yuca (evidente muestra de su origen asiático, confirmando la hipótesis de la población de América por Polinesia). Sus playas no tienen par, pues hay para todos los gustos, para bodyboarding, snorkeling, surfing y swimming (recomiendo Makapu’u, Hanauma bay, Waiamea, Sunset beach y Waikiki beach, respectivamente). Claro, alejarse del bullicio turista es un poco difícil, pero posible, si uno enrumba a la costa oeste, desde donde vi una ballena azul bebe saltando con su gigantesca madre, mientras conversaba con una de las pocas mujeres oriundas de la isla que vi, dedicada al más viejo oficio, intentando ganarse la vida.

El Indico casi lo visité en un proyecto con un colega árabe de Bahrein, y, junto con el Océano del Sur, están en mi lista. Capítulo aparte merece el mar Mediterráneo, que conoceré o re-conoceré (algo ha de haber en mis genes de Mediterráneo, de seguro) cuando me toque ir al Viejo Continente.

El mar de China parece ser el más probable para mi próxima visita, sin embargo, todo dependerá de la partida para hacer investigación científica. . El dinero para hacer Oceanografía en Estados Unidos viene de la Fundación Nacional de Ciencia (NSF en inglés) o de la Oficina de Investigación Naval (ONR), que en este momento, y desde hace poco más de 5 años, está con un presupuesto muy limitado por la continua e ilógica Guerra en Iraq. Los países de Asia con incipiente preocupación ambiental son buenos lugares para ir a trabajar. Europa llama, pero puede esperar. El Mar no espera.

“ … de cada mirada, por dios,
ardía el recuerdo en mi interior
Y nadar mar adentro
Y no querer salir … “
<strong>Héroes del Silencio, Mar adentro.</strong>

<strong>P.d.- </strong>¿Monstruos marinos? No he visto alguno, pero cabe la pena resaltar un tiburón gris enorme que pasó al lado del barco en el Pacifico Norte justo cuando estaba estirando la mano hacia afuera, los peces voladores del Atlántico Norte (muy ricos fritos en sándwich con okra), los delfines que reciben al barco cada vez que uno se acerca a tierra, surfeando en la ola que crea la proa del barco, y las ballenas saltarinas en Hawái.

<strong>Gonzalo Carrasco, Estados Unidos</strong>

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   <title>No todos los  logros en la vida son materiales</title>
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   <published>2008-06-24T08:25:41Z</published>
   <updated>2008-06-24T18:19:29Z</updated>
   
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Llegué hace 8 años a Estados Unidos con una valija llena de ganas de triunfar, mucha ambición y repitiendo lo mismo que dicen todos...

Empecé vendiendo joyas de oro de 14 kilates en las  joyerías hispanas en Miami.  Me casé y fui a vivir a Manhattan, donde el inglés se hacía indispensable.  Estudié  Administración de Negocios en un college de la comunidad a fin de hacer progresos con el idioma y al mismo tiempo obtener el diploma que me podría servir después para transferir los créditos  a la universidad. 

Al mudarme a NYC continué con lo de las joyas pero cada vez se hacía más difícil competir, así que decidí dedicarme a vender artesanía peruana. Esto fue  de casualidad, mi esposo había comprado muchas cosas en el Perú y las tenía en cajas ocupando espacio en el apartamento, así que un día decidí venderlas y así empece un nuevo y lucrativo negocio con nuestras artesanías.
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      <![CDATA[Un par de años después, mi tranquilidad y salud emocional empezaron a deteriorarse debido a la depresión y cambios constantes de humor en mi esposo, se hacía insoportable la convivencia. Mi entusiasmo, mi eterno buen humor, mi dedicación y mi ambición por lograr todo lo que anhelaba se fue apagando poco a poco.  Sus constantes e insoportables subidas y bajadas de animo eran una impredecible nube gris.  Nada lo hacía feliz, todo estaba mal, odiaba a todo el mundo, era un antisocial y  yo me convertí en lo mismo; me alejé de la familia y me fue imposible hacer amigos.  Criticar  mis acciones  se convirtió en su deporte favorito y todo lo que yo hacía simplemente estaba mal.   El dinero entonces dejó de tener sentido. A pesar de que logramos comprar una casa para empezar nuestra vida soñada, la tuvimos que vender porque no nos poníamos de acuerdo en nada.  Si no hay amor y armonía en el hogar, el dinero no tiene sentido.  

Por suerte, mis hijos están bien y les encanta su vida aquí.  Estoy muy orgullosa de ellos y me hace feliz verlos felices. Ellos se han adaptado divinamente, están en las mejores escuelas y las diferencias que yo tengo con mi esposo no afectan la salud emocional de ellos, ambos tenemos sumo cuidado con ese tema.  Él los adora, y eso es increíble y maravilloso después de todo.  Es un padre para sacarse el sombrero.

Le di a mi esposo el control del negocio para que hiciera las cosas a su modo y evitar así sus ataques de mal humor y sus tristes episodios o arranques de ira y mala onda en el ambiente familiar. Ahora las cosas están más calmadas y todo este tiempo solo soy un ama de casa; eso no estaba en mis planes, sin embargo, estoy contenta porque estoy disfrutando de mis hijos más que nunca, solo que creo que si sigo así por mucho tiempo, voy a entrar al grupo de las amas de casa desesperadas.

Estos últimos 3 meses pasé mi tiempo leyendo muchos libros y sobre todo, los blogs de El Comercio, además, necesitaba distraerme y reconectarme con mi país y mi cultura.  Ha sido renovador y muy divertido, pero al mismo tiempo creo que me volví obsesiva. Llegué a leer todos los blogs, incluyendo  los comentarios, y esto me sirvió de terapia.  Es como tener al amigo que uno necesita para desahogarse cuando más se le necesita.

Entre tantos libros de autoayuda que leí, descubrí que uno puede encontrar paz y armonía cuando la mente, el cuerpo y el alma están conectados, y también  aprendí a dejar que la energía fluya pacifica y armoniosamente dentro de mí a través de la meditación y la lectura.  No fue necesario ir al Tíbet ni a la India ni al Cusco para encontrar esa paz que tanta falta me hacía, y es así que emprendí un nuevo objetivo: ayudar a mi esposo a superar su depresión.

NYC es una ciudad que te da todo y que también te lo quita si no encuentras un balance emocional.  Mi esposo se volvió depresivo hace 20 años.  Él invirtió su dinero en el Perú, vendió dos edificios que tenía en Manhattan para poder hacer inversiones en nuestro país y el desastroso final lo mandó a la quiebra.  No tienen idea del odio que sentía por los peruanos. Años después, cuando me conoció y conoció a mis pequeños, cayó rendido, nos casamos y no paraba de llorar porque siempre había soñado tener todo listo para cuando tuviera una familia y ahora no tenía dónde llevarla, excepto un pequeño apartamento rentado que  usaba para dormir mientras trabajaba comprando y vendiendo apartamentos. 

En el Perú, mi esposo  perdió el dinero que había acumulado con mucho sacrificio y esfuerzo, pero en retribución, ganó una linda familia.   No ha sido fácil, tampoco lo es ahora, pero nada es tan bello como encontrar armonía y tranquilidad espiritual en el hogar. Después de todo, el secreto del éxito no solo tiene que ver con los bienes acumulados ni con los  logros alcanzados,  sino también, con llevar una vida en paz, llena de amor y armonía  

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En este link verán a mi hijo cantando en el coro de su escuela. La canción habla de construir un puente para alcanzar la paz,  el amor y la armonía entre todos los seres humanos.   Es lo único que necesitamos y no sé por qué nos complicamos tanto tratando de alcanzar otras cosas.  Ahí donde ustedes notan que se mueve la cámara es porque no aguanté el llanto y la mano me empezó a temblar.  

<strong>Marlene Ronan, Estados Unidos </strong>

<strong>* Todos los interesados en publicar una historia en "Yo también me llamo Perú" pueden enviar sus artículos y fotos a los siguientes correos: editorweb@comercio.com.pe y jortiz@comercio.com.pe </strong>
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   <title>La pérdida de un ser querido</title>
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   <published>2008-06-20T11:01:06Z</published>
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      <![CDATA[<img alt="llanto.jpg" src="http://blogs.elcomercio.com.pe/yotambienmellamoperu/llanto.jpg" width="400" height="314">

El día miércoles 20 decidí faltar a la escuela para aprovechar la mañana completa y poner calificaciones en el sistema electrónico. La verdad es que no avancé mucho con eso, pues estuve leyendo publicaciones por Internet (llámense blogs, recortes deportivos, correos electrónicos de los compadres, programaciones culturales -conciertos- para las siguientes semanas, calendarios de Monty Python para comprar, y buscando el segmento del pasaje Dallas-Miami que aún necesitaba para llegar a Lima en marzo) y siguiendo el consejo de mi amigo y colega Héctor (“ráscate bien la panza?, me había dicho). Fue precisamente él quien me sacó de la nula concentración con su llamada entre la 1 y las 2 de la tarde.

- Juancito, ¿cómo va todo mi pana? (mi ‘bro’ es de Caracas, por si no lo mencioné).
- Bien muchachón, acá tranquilito. 'Hueving' en el sentido estricto de la palabra.
- Mira, J... te llamo porque acabo de recibir notificación de algo demasiado delicado y sobre lo que la escuela está tratando de averiguar más...
- ¿Algún problema con nosotros?
- No necesariamente... pero es algo que me ha descompuesto por completo. El papá de Yesenia ha fallecido hoy en un accidente de auto.
- ...
- Y no sabemos los detalles, pero la tía ha venido a llevarse a la niña. Estamos a la expectativa.
- Héctor, esto no puede ser... no es justo...
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      <![CDATA[Yesenia es una de las criaturas más hermosas e inocentes que he conocido en mi vida. Su rostro, su dulzura, su natural simpatía, su sentido del humor y su cariño hacia mí pasaron en cuestión de segundos ante mis ojos mientras tenia aún el celular en la mano. Además, empecé a temblar cuando recordé inmediatamente su veneración hacia su padre, un honrado y buen ciudadano salvadoreño casado con una adorable señora mexicana. Efectivamente, no es justo que la vida de un hombre de 39 años, sostén de su familia, imagen eterna de sus 2 niñas (mi alumna de 11 primaveras y su hermanita Janet, de 6) sea arrebatada de un segundo a otro por la imprudencia de un conductor de camiones pesados.

Inmediatamente llamé a la viuda (feliz idea mía -aunque le parezca repudiable a la mayoría de educadores amigos míos- la de tener TODOS los números de teléfonos de mis alumnos en mi celular... y viceversa, puesto que ellos me pueden llamar cuando quieran). Sabía de antemano que no respondería, pero cumplí con mi intención de reasegurar mi apoyo tangible e incondicional en cualquier cosa para lo que pudiera ser útil. Las horas pasaron dejándome melancólico el resto del día. Comí una hamburguesa en Wendy's antes de dirigirme a la escuela en la que laboro por las tardes, y ya allá, recibí una llamada de la consejera de mi campus para volver a darme la noticia y pedir mi sutileza frente a ella.

Al día siguiente, Yesenia no estuvo en mi salón. Como no es una situación anormal que un estudiante falte, hicimos la clase de la mejor manera. Siempre, claro, con la expectativa de que alguien de la familia se comunicase con nosotros. Los chicos se fueron a sus casas a las 2:45 p.m., como cada día, y 25 minutos después recibí una llamada de Francelia, otra alumna de mi grupo.

- Mr. Carpio, ¡ya sé por qué Yesenia ha faltado!
- ¿Qué es lo que sabes, Francelia?
- Su papa se ha...
- Escúchame por favor, ¿ella te ha llamado?
- ¡Sí! Hace un rato.
- Aunque te parezca raro, te voy a pedir que por favor no comentes esto con nadie, excepto con tu familia, y no llames a los otros estudiantes.
- OK, maestro.

Igual esperaba el reguero de pólvora y suponía que las noticias malas se extenderían rápido.

El viernes por la mañana la pequeña Salma se acercó a mi escritorio con Francelia para decirme que ella también sabía lo que había pasado. Luego de que les repetí encarecidamente mis instrucciones de silencio, me fui a la mitad del salón para dirigir la primera actividad del día. Pasó esa media hora que se acaba a las 8:30 a.m. (hora en que van a sus clases de música, arte o educación física dependiendo del día de la semana) y los ordené para que formen filas en los pasillos. Entonces, abro la puerta... y allí estaba ella, acompañada por su tía.

Sé que la pobre quiso pasar desapercibida, sé que traté de decirle solamente “buenos días, Yesi? (aunque se me hizo un nudo en la garganta). Sé que la tía la trajo porque la situación en casa era insostenible e inconsolable y mi alumna necesitaba estar fuera de toda esa presión y distraerse un poquito. Sé que era yo el que había pedido prudencia a quienes me habían participado de su preocupación... pero claro, el asunto fue que las niñas también sabían mucho. Solo recuerdo a Kenia, Francelia, Salma y Vanessa abrazándola sin decirle una sola palabra... y Yesenia estallando en llanto.

Intenté dirigirme a la tía en décimas de segundo para: 1) reafirmar mi compromiso con la familia, 2) asegurarle que había hecho lo correcto al traerla a clases, y 3) rogarle que regrese más tarde con la información sobre los arreglos funerarios que correspondían en el momento. Mandé de una manera delicada, pero cortante, a todos a sus clases especiales y llamé a Yesenia, quien se tiró en mis brazos sin parar de llorar. "Te hemos extrañado mucho ayer", es lo único que creo haberle dicho.

- You know that I love you so much and I would do anything in this life for avoiding you this pain, baby.
- Yes, Mr. Carpio.
- Y nada de lo que yo te diga va a cambiar las cosas, pero quiero que tengas presente que tu papi no querría que estés triste y el mismo vendría a secar tus lágrimas como supongo lo ha hecho muchas veces, ¿no?. El amor que siempre ha sentido por ti es muy grande. Recuerda que eres la hija mayor y tu mamá necesita todo tu apoyo, ¿sí?
- Ok.
- Acá somos muchos los que te queremos, Yesi. A propósito, ¿has tomado desayuno?
- No.
- ¿Tienes hambre? (sonriendo) ¡Hoy me han traído algo que se ve muy bueno!
- (Sonriendo también). Sí, tengo un poquito de hambre.

Nunca he agradecido en silencio tanto a Kenia antes. Otra de mis estudiantes salvadoreñas me había traído esa mañana dos tamales hechos por su mamá y que estaban “bien ricos, Mr. Carpio. Ojalá le gusten?. Una rápida parada en la cafetería para proveerme de cubiertos, otra más donde Ms. Lewis (quien tiene su negocio caleta de Coca-Colas en su salón) y ya estábamos listos para saborear cada uno un tamal. Eso sí, metí la pata al comentar si le gustaba la comida salvadoreña, sabiendo de antemano solo la mitad de la respuesta. "Sí me gusta mucho porque mi papi siempre nos trae".

Aquella tarde hable con la mamá por teléfono y me dio los detalles que necesitaba mientras trataba de consolarla un poco. La noche del sábado me acerque a las 8 p.m. a la iglesia católica en la que velaban el cuerpo y llegue justo cuando todos se trasladaban a otro templo (esta vez bautista) pues en el primero no se permitían las amanecidas. Pasé algunas horas con la familia completa, hablando mucho con Yesenia -más calmada ya- y tratando de alegrar esta vez a Janet, quien es la más afectada. Es más, les pedí un favor muy especial y fueron tan buenas que me lo hicieron.

- Niñas, a mí no me gusta comer solo y mañana estoy antojado de ir al McDonalds. ¿Ustedes creen que le podríamos pedir permiso a su mamá para que me acompañen a almorzar como a las 2 p.m.?
- Síiiii, gracias Mr. Carpio.
- Gracias a ustedes. Entonces nos vemos mañana (realmente debí decir “más tarde? porque me fui después de la medianoche).

El domingo llegue a las 2:30 p.m. (raro en mí llegar tarde, ya sé) y supe, por boca de la comadre de la señora que las chicas habían estado todo el día entusiasmadas porque “su maestro las iba a llevar a comer?. La mamá de Yesenia y Janet nos dio su permiso y en mi carro, cuyo espejo derecho destrocé hace tres viernes por cierto, llegamos a la tierra de Ronald McDonald (“Nice car, Mr. Carpio?, dijeron antes de subirse).

Pocas cosas me alegraron tanto como verlas con un apetito tan bueno. Dos combos de sándwich de pollo y mi BigMac desaparecieron en cuestión de minutos. Luego, helados para ambas y una conversación bastante alejada del triste episodio.

Al poco tiempo me fui a mi casa dejándolas un poquito contentas (no las dejé en el McDonalds, por si acaso). Conozco a Yesenia desde hace 3 años y, aunque esto no es justo, tenemos que aceptar que la vida sigue y a todos nos golpeará mucho o poco en algún momento.

Hoy ella no vino porque el entierro era a las 10 a.m. En pocas horas espero verla de nuevo... y haré todo lo que esté en mis manos para que esa sonrisa tan preciosa que tiene se mantenga todo el tiempo que sea posible.

<strong>Juan (Jota) Carpio, Estados Unidos</strong>
(Escrito el martes 26 de febrero del 2008)

<strong>* Todos los interesados en publicar una historia en "Yo también me llamo Perú" pueden enviar sus artículos y fotos a los siguientes correos: editorweb@comercio.com.pe y jortiz@comercio.com.pe </strong>

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