Yo También me Llamo Perú
Comentarios (38)

Mi tía Silvia

Sep
22
2008
Silvia.jpg
Silvia en la fiesta donde celebró los 18 años de Naomi y el bautizo de Arnold.

Domingo 09 de setiembre del 2007, 11 p.m. aproximadamente
El grito de mi mamá me hizo saltar de mi silla, bajar corriendo las escaleras y lanzarme sin pensarlo hasta su cuarto, donde la encontré sentada en su cama, rodeada por mis hermanos, con una mano temblorosa e incrédula en el teléfono y la otra tapándose el rostro, intentando contener inútilmente el dolor. Pero era tarde para todo, estábamos metidos en el infierno y aún no queríamos creerlo. Mí tía Silvia, la hermana de mi mamá, la tía más querida, la persona más buena del mundo, la que nunca se enfermaba y siempre bromeaba con todos, agonizaba en un hospital de Buenos Aires después de haber sufrido una hemorragia interna a causa de un cáncer silencioso que había mantenido oculto quién sabe cuánto tiempo, a sus 49 años y en la mejor época de su vida, cuando por fin había conseguido todo lo que había soñado, lejos de su casa en Trujillo, lejos de sus tres hijos, lejos de todos los que la queríamos tanto, pero cerca del lugar donde había vivido feliz durante los últimos cinco años.

La amiga más cercana de mi tía en Buenos Aires había asumido la terrible responsabilidad de llamar a la casa y darle la noticia a mi mamá; de decirle, a través del llanto y la desesperación, que tenían que operarla de emergencia, que en ese momento le estaban administrando una unidad de sangre tras otra, que la única esperanza radicaba en un milagro más que en el trabajo de los doctores. Para nosotros la situación aún era incomprensible, todo era totalmente absurdo, nadie podía explicarse cómo de repente mi tía había entrado en ese cuadro, cómo era posible que estuviera a un paso de la muerte cuando un día antes había estado hablando por teléfono con mi mamá como lo hacía todos los días: risueña y bromista, preguntando por sus hijos y mandando besos y abrazos para toda la familia.

El día anterior había almorzado en la casa de unos familiares al otro lado de la ciudad. Se reencontró después de muchos años con una prima que acababa de llegar de viaje. Se abrazaron, recordaron épocas remotas de cuando la vida no era tan difícil en Trujillo y hablaron de sus nuevas vidas, riéndose mucho seguramente, ya que mi tía Silvia nunca le daba sitio a la tristeza y al primer síntoma de seriedad o melancolía en el ambiente soltaba una de sus bromas y había que ser un amargado irremediable para no contagiarse de su buen humor y sus ganas de ver la vida por el lado más alegre. Esa tarde se despidió de todos entre risas, besos, abrazos y promesas de nuevas visitas, luego tomó un colectivo y después el subte para ir a su casa en Lanús, pero antes hizo una parada en el supermercado para comprar algunas cosas que estaban faltando en la heladera. Con las bolsas repletas en la mano llegó ya entrada la noche, saludó con una sonrisa a los vecinos, abrió la puerta, no encontró a nadie en casa, dejó las cosas sobre la mesa de la cocina y se desmayó.

Mi mamá pasó la noche del domingo con el teléfono en la mano, llorando de impotencia y culpándose por no haber sospechado nada en las últimas semanas, descubriendo la verdad con la claridad que tienen las cosas cuando uno se entera demasiado tarde al recordar cuando mi tía le contaba la historia de una amiga cercana que desde hacía algún tiempo venía sintiéndose mal, a veces la comida se le subía a la garganta, se le inflaba el estómago y los dolores la hacían retorcerse, pero al final siempre se le pasaba y quizás solo fuera una gastritis o algo sin importancia. “Mejor dime cómo están mis hijos, hermanita”.

Esa noche solo Arnold, el hijo menor de mi tía, de 11 años, pudo dormir, incapaz aún de comprender por qué era que mi mamá lloraba cada vez que contestaba el teléfono, por qué se desesperaba y por qué mencionaba tanto el nombre de su madre. Antes de contestar cada llamada, sufríamos el pánico de pensar que la voz al otro lado del teléfono nos dijera que ya todo se había terminado y que no había nada que hacer por mi tía, sin embargo solo nos repetían que había que esperar, ya la habían operado y los doctores se limitaban a recomendar fuerza y paciencia. Si mi tía reaccionaba a la cirugía ya lo peor habría pasado y podría ser tratada con más calma. Cuando amaneció, mi mamá se dio un baño, se vistió y se fue directo a la oficina de Migraciones a tramitar su pasaporte. Mi tía no podía irse sin ver antes a su hermana.

Así se lo había dicho a su amiga antes de entrar en el shock del que ya no regresó, cuando recuperó la lucidez al llegar al hospital Bonorino Udaondo, en el barrio de Parque Patricios. Aunque se había negado hasta el final a darle la noticia a mi mamá, a la que quería tanto como si fuera no solo su hermana, sino también su madre. Su esposo había tomado la determinación de comunicarle todo a mi mamá cuando la llevaba al hospital, después de encontrarla desmayada en la cocina de su casa, pero al recobrar la conciencia mi tía lo persuadió de que no dijera nada. Si algo malo le pasaba, mi mamá debía padecer un solo sufrimiento, al final de todo, no antes. Pero la doctora que la examinó le dijo que su diagnóstico era crítico y su situación era tan grave que debían operarla de urgencia. Entonces fue cuando mi tía comprendió que ya no tenía tiempo para nada y le pidió a su amiga que llamara a Trujillo y le dijera a mi mamá que viajara lo antes posible a Buenos Aires. Tenía que estar con ella, solo quería ver a su hermana, nada más, eso era todo lo que pedía. Media hora después entró en shock y pasó a la sala de operaciones.

Gracias a la buena voluntad de un funcionario de Migraciones mi mamá obtuvo el pasaporte al día siguiente y el miércoles en la mañana ya estábamos en el aeropuerto Jorge Chávez esperando sin calma el vuelo de las 3:45 a Buenos Aires. En ese momento cualquier tiempo y distancia que nos separaran de mi tía eran infinitos. Cada segundo de la espera se desprendía con angustia y nos hacía insoportable cualquier pensamiento de consuelo. Mientras no estuviéramos en ese hospital al lado de mi tía no había consuelo posible.

Ya en el avión pudimos relajarnos un poco, darnos ánimo, decirnos que cuando llegáramos todo habría pasado, ella ya estaría bien y nos recibiría con alguna de sus bromas, recordando la ultima vez que la habíamos visto, un año antes, cuando regresó después de siete años a Trujillo, a su casa de toda la vida, para cumplir su sueño de bautizar a Arnold y hacer la fiesta de 18 años de Naomi, su hija mayor. Había regresado con más gracia que nunca y esta vez hablando en argentino, no porque el dejo fuera inevitable, sino porque le encantaba hablar así para hacernos reír a todos, con un encanto tan natural a pesar de la voz impostada, con la simpatía irresistible que la había hecho tan querida en el barrio. Era la misma tía Silvia de siempre, la misma mujer alegre y madre soltera que siete años antes había tenido que emigrar sin alegría a la capital argentina para darles a sus tres hijos la educación y la vida que ella nunca había tenido y que no les podía dar trabajando incansablemente vendiendo verduras en el mercado.

Llegamos a Buenos Aires a las ocho de la noche, en medio de un frío y un olor extraños para nosotros, envueltos en una sensación de humedad que ahora no podemos recordar sin tristeza. En el aeropuerto de Ezeiza nos esperaban el esposo de mi tía y dos amigos de ella: una pareja de peruanos de una generosidad excepcional que estuvieron con nosotros hasta el final, presentes a nuestro lado todo el tiempo, encargándose de arreglar las cosas cuando nos sentíamos perdidos en esa vieja ciudad que solo era el escenario de una pesadilla.

Pudimos conocer por fin al hombre de quien tanto hablaba mi tía, del que se sentía tan orgullosa por haberle dado la felicidad que le había sido tan esquiva en su vida en Trujillo. Se habían conocido cinco años antes, encontrándose sin quererlo por el camino de los amigos en común. No tardaron mucho en enamorarse y alquilar una casa modesta en Lanús, y desde entonces la voz de mi tía en el teléfono sonó menos cargada de nostalgia y más llena de futuro. Una vez afuera del aeropuerto y sin mucho que decirnos, sin tratar de encontrar las palabras que expresaran todo lo que latía por debajo del silencio y el dolor, guardándolo todo para la esperanza, subimos al auto y enrumbamos directamente al hospital de Parque Patricios.

En el camino nos enteramos que todos estaban tan perplejos como nosotros. Nadie podía encontrar el origen de la desgracia antes de la noche del sábado, un día común que se transformó en pesadilla cuando el esposo de mi tía sintió que su vida se quebraba al abrir la puerta de su casa y encontrarla inconciente en el suelo de la cocina. ¿Qué había pasado? Eso no podía ser cierto. Silvia tan bien y de repente así. Ahora su vida se apagaba lentamente, nadie podía creerlo. Pero ella lo venía creyendo desde hacía tiempo. Se lo había contado a una sola persona, a mi tía Mariana, que vivió con ella en Buenos Aires antes de que una mejor oportunidad se la llevara a Madrid. Siempre se comunicaban por teléfono y un día le dijo que estaba enferma. Ya se había hecho exámenes, le había detectado un tumor en el hígado y cada día los dolores eran más fuertes, pero nadie debía saberlo, ni su esposo, ni sus amigos y menos mi mamá. No podía causarle un dolor más a quien había sufrido tanto con la muerte de mi hermano, de mi abuelo y de mi tío. Ella no le podía hacer eso, ella estaría llena de vida hasta el final.

En el hospital la doctora encargada le explicó a mi mamá los detalles de la operación. Nada que nos diera un poco de esperanza, todo había sido tan repentino que en realidad ya no se podía hacer mucho por ella, solo acompañarla y ayudarla a luchar. Luego nos hizo pasar a la sala de cuidados intensivos y le dijo a mi mamá que intentara hablarle, que, aunque inconciente, el sentido del oído es el último que se pierde, y que sus palabras, aún en la oscuridad del coma, podrían llegarle y reconfortarla. Mi mamá se quedó sola con su hermana y todo lo que le dijo el tiempo que estuvo a su lado solo lo sabe ella. Se habían visto por última vez al despedirse en el terminal de ómnibus El Rápido, cuando mi tía regresaba a Buenos Aires después de pasar un mes de vacaciones en Trujillo. Había pasado todo ese tiempo con sus tres hijos, después de siete años dejó de ser una madre a la distancia y pudo cocinarles, escogerles la ropa, llevarlos al colegio, dormir con ellos. Pero el amor por sus hijos no era menos cierto que su vida en Argentina, así que no pudo quedarse más tiempo y tuvo que regresar, y esa última vez ahí estaban todos mandándole besos bañados en lágrimas mientras el ómnibus se alejaba con mi tía pegada a la ventanilla despidiéndose sin sonrisas.

Pasamos la noche en casa de mi tía. Cuando entramos, mi mamá no pudo evitar derrumbarse al verse rodeada de todo lo que le había pertenecido, sentir su olor, tocar su ropa, ver la sencillez de su vida cotidiana, darse cuenta de todo a lo que había tenido que renunciar en esos años para enviar puntualmente el dinero para que nada les faltara a sus hijos, ayudar a la familia, a sus amigos, o a cualquier persona que pidiera su ayuda, pero comprender también que no podía ser más feliz que cuando se desprendía de lo que tenía para ayudar a alguien.

A las siete de la mañana estábamos de regreso en el hospital. En la sala de espera se habían reunido muchos amigos de mi tía, entre peruanos y argentinos; todos solidarizándose y ofreciendo su apoyo para lo que fuera necesario. También estaban la amable pareja de argentinos que no confiaba en nadie más que en mi tía para criar a su pequeña hija de 2 años, una niña encantadora que durante mucho tiempo siguió preguntándole a su nueva niñera donde estaba su mamá shivia. La había cuidado desde su nacimiento, le había enseñado a decir sus primeras palabras, a dar sus primeros pasos, a reconocer los colores, a bailar y cantar con alegría las cumbias peruanas que tanto le gustaban. Se llegó a encariñar tanto con la pequeña que, en esa última época, el sacrificio de levantarse diariamente en el frío de las seis de la mañana, en uno de los inviernos más crudos de las últimas décadas en Buenos Aires, para tomar el colectivo y luego el subte que la llevaría al barrio de Belgrano, donde la esperaba la niña que le decía mamá, fue un poco menos duro.

Los doctores entraban y salían sin novedades de la sala de cuidados intensivos. Cada vez llegaban más compatriotas recién enterados de lo que había pasado. Mi mamá, desgastada por el llanto y el sueño escaso, cabeceaba en una banca apartada. Pasaron un par de horas antes de que decidiera abandonarla por un momento para traerle algo de desayunar. Cuando regresé ya todo era desesperación y rostros deshechos. Los doctores acababan de confirmar la muerte cerebral de Silvia Mendoza, peruana de 49 años y madre de tres hijos. Lo que sentimos entonces no sé como contarlo. Hay sentimientos que se comunican directamente, sin necesidad de las palabras, que exageran o disminuyen la realidad, y todo lo que yo escribiera no podría tomar la forma del dolor que nos aplastó al final de la desgracia.

Imposibilitados de pensar claramente en nada, dejamos todos los trámites en manos de los amigos de mi tía, quienes se encargaron de gestionar los difíciles papeles de la repatriación y de contratar los servicios funerarios de un velatorio en el barrio de Flores. Esa última noche fue para el olvido.

Al día siguiente no hubo problemas para conseguir un vuelo inmediato hacia Lima y al caer la noche ya estábamos en el avión, la pesadilla de Buenos Aires se quedaba abajo. Mi mamá solo quería cerrar los ojos y estar en Trujillo. Mi tía venía con nosotros, regresaba a casa, con sus hijos, con su familia, con los que nunca dejamos de quererla.

David Salvatierra Mendoza

* Todos los interesados en publicar una historia en "Yo también me llamo Perú" pueden enviar sus artículos y fotos a los siguientes correos: editorweb@comercio.com.pe y jortiz@comercio.com.pe

38 Comentarios

Sep
22
2008

Hola David. Recibe mi mas sentido pesame, de corazon. Hazle extensivo este sentimiento a tu Mama y a toda la familia.

No te conozco ni conoci a tu Tia Silvia, pero no es necesario conocernos para compartir un dolor asi.

Se que cualquier cosa que te diga o que intente poner en palabras no sera suficiente para apaciguar el dolor de una perdida.

Esta vez suplico, ruego a los lectores de este blog que por favor midan sus palabras y le pido al Administrador que se fije bien que comentarios publica y cuales pueden ser ofensivos.

Que Dios les de paz.

Publicado por: Desde Lejos
Sep
22
2008

Excelente - y triste- post.

Publicado por: Dreampicker
Sep
22
2008

Estimado David:

Es muy lamentable el dolor que acaba de experimentar tu familia.

El cáncer es una enfermedad que se puede tratar si se detecta a tiempo, es muy importante la prevención en las familias con antecedentes de esta enfermedad.

La mejor manera de rendirle homenaje a tu tía es recordarla con alegría y nunca con tristeza, ten la seguridad que ella asi lo abría querido.

Un fuerte abrazo

Publicado por: Carlos
Sep
22
2008

Muy buen relato aunque triste. Comparto tu dolor y el de tu familia. Honor a una mujer que como tantas se alejaron para dar un futuro mejor a sus hijos con su trabajo. Yo tengo casi la edad de tu tìa (46), comprendo que no se puede morir asì tan joven, sobretodo no se puede entender una muerte asì. Yo tambièn tengo un mal en el ùtero pero me estoy cuidando para que no se agrave y no dar, almenos por ahora, un dolor asì grande a mis seres queridos. Me has hecho reflexionar. Gracias!

Publicado por: desde lejos tambièn yo
Sep
22
2008

Mis sentidos pesame, y los mejores deseos para que tu familia siga adelante.

Publicado por: Lorena
Sep
22
2008

Mi mas sentido pesame.

Publicado por: Paloma
Sep
22
2008

Hola David,

No nos conocemos pero cuánto lo siento.

El único consuelo es saber al menos que los hijos de tu tía están con ustedes en familia y recordar con alegría a una maravillosa madre peruana que no se amilanó ante el sacrificio de cambiar la vida que conocía por darles lo mejor a sus hijos.

Qué gran y maravilloso ejemplo! Qué orgullo para tu familia!

Recibe un fuerte abrazo.

Publicado por: PAC
Sep
22
2008

Hola David:

Creo que nunca fui bueno para dar un pésame. Sin embargo, siempre me pareció importante hacerlo y he sabido vencer mi timidez o tal vez solo tontería.

Quería decirte que, aparte de la emotividad que sabes transmitir a través de tu relato, sabes narrar. Sabes llevar al lector hasta el desenlace de lo que has querido contar y lo has terminado con una linda frase:

"Mi tía venía con nosotros, regresaba a casa, con sus hijos, con su familia, con los que nunca dejamos de quererla".

No cualquiera lo puede, menos en un tema tan triste y emocionante.

Saludos compatriotas en tan duro momento

Publicado por: HjorgeV
Sep
22
2008

mi mas sentido pesame,fuerza y recuerda los buenos momentos,haz que sus hijos la recuerden,un abrazo

Publicado por: David Savarese
Sep
23
2008

David y familia,

Que Dios les de fuerza y los asista en este momento de dolor que solo ustedes pueden sentir. Admiro a tu tia por su valor y coraje, porque no creo que sea nada facil dejar atras a tus hijos y tu familia para poder brindarles una vida mejor.

Gracias a ti por compartir este pasaje de vuestras vidas. Aunque suele algo tonto se me han caido las lagrimas al leer este relato. Silvia vivira por siempre en vuestros corazones. Honorenla, recordando su alegria y su amor por todos ustedes. Un abrazo para sus pequenos hijos que hoy mas que nunca necesitaran del apoyo de toda la familia.

Muchas bendiciones, de todo corazon.

Publicado por: Jessica Aguayo de Leiter
Sep
23
2008

Bendiciones a ti y tu familia.
Un relato muy bello y emotivo, que me ha llevado hasta ahogar una lagrima entre la garganta y el alma, y me ha hecho sentir la misma sensacion que ustedes han pasado, porque hace 2 meses partio mi madre a lado del Señor, y yo, desde la distancia la he llorado, sin poder ir a su lado a sentir su piel en mis manos, y su ultimo aliento.
Comparto vuestro dolor y pena.
Un abrazo
Jorge

Publicado por: Jorge Loza
Sep
23
2008

Hola:
Estoy a la espera de ver si los troll's de siempre tienen corazon para maletear este post.
Saludos y mis condolencias
Kike

Publicado por: Kike
Sep
23
2008

David, no hay palabras en esta ocasión pues las pérdidas causan un dolor indescriptible sobretodo para la familia directa. Aunque el tiempo apacigua el dolor, siempre están los recuerdos gratos de momentos compartidos.

Lo bueno es que al menos tu madre pudo acompañarla en sus últimos momentos.

Para los que estamos fuera pienso que deberíamos tomar conciencia en que cada año hay que chequearse, no importa cuan ocupados estemos pues nuestras familias seran mas felices si estamos bien. Prevencion es la clave, les invito a participar en el foro del Dr. Elmer Huerta quien publica interesantes articulos sobre prevencion.

Saludos,
Carmen

Publicado por: carmen
Sep
23
2008


Bastante conmovedor tu post, a veces las desgracias y las tristezas nos agarran alejados de los nuestros, afortunadamente tu dia estuvo rodeada de gente que la queria mucho, desde el punto de vista espiritual tu tia esta en un mejor lugar que nosotros, lo mejor que pueden hacer ustedes para retribuir tano cariño de su tia silvia es cuidar de esos 3 hijos de ella en trujillo.

mis sentidas condolencias para contigo david.

Publicado por: un amigo triste
Sep
23
2008

Estimado David,

Mi mas sentido pesame, que triste pero tan bonita historia...se nota que t tia fue una mujer muy amada.

Un abrazo

Angela

Publicado por: David
Sep
23
2008

Kike, el pedir la aparicion de trolls y desviarte del asunto tambien te vuelve uno de ellos. No te prestes al jueguito, por favor.

Me auno a las condolencias, mi amigo. Suerte.

Publicado por: Para Kike
Sep
23
2008

Dicen que la gente buena se muere joven.

Publicado por: Te leí y me entriztecí
Sep
23
2008

Estimado David, antes que nada mi más sentida palabra de condolencia para ti y tu familia, deséandote que Dios te de consuelo y fortaleza para que puedas soportar la muerte de esa naturaleza que sufrió tu querida tía Silvia y te digo que el dolor que sientes por la pérdida de un ser querido es el mismo dolor que sufren todos tus compatriotas peruanos en el mundo y los que no lo somos como es mi caso, pero te confiezo que uno está bajo la voluntad de Dios, porque uno solamente está de paso por este mundo, nada es eterno en esta vida, lo que si es seguro es que algún día todos tenemos que perecer.

Esta historia me hizo recordar mucho a Trujillo, Mi Querido Norte Peruano, como también a mi querida cuñada que por cierto se llama Silvia y es trujillana al igual que al resto de la familia de mi esposa a la que amo tanto porque también es mi familia.

Mi más sentido pésame David una vez más, y reciba un saludo cordial de un venezolano enamorado de la hermosa, bella y querida tierra del Perú.

Publicado por: Hector
Sep
23
2008

David:
Yo tampoco nunca he sido bueno para dar el pesame, pero con tu relato he recordado el dolor del perder a un ser querido a la distancia. Espero tu madre se este reconfortando en su querida ciudad rodeada de tu familia y pueda aceptar que a pesar de lo desafortunada de la situacion, tu tia ya descansa en paz libre del dolor que sacrificadamente oculto.
Tu narrativa es muy clara y sentimentalmente cargada, me encanto esta parte: Era la misma tía Silvia de siempre, la misma mujer alegre y madre soltera que siete años antes había tenido que emigrar sin alegría a la capital argentina para...
Un abrazo a la distancia hermano , que Dios los acompanie.
Un post muy buen logrado.

Publicado por: Alexander
Sep
24
2008

Que los recuerdos felices se impongan al dolor de la tristeza y Dios los llene de consuelo y paz. Y como no sabemos cuando nos tocará a la distancia o no, digamos cuanto queremos a los que nos inspire tal sentimiento que al final es lo único que nos llevamos.
Han sido afortunados de tener de familia a un ser con mucho amor, que seguro pedira por ustedes a Dios. Aunque los que dejan huella amorosa en la vida nunca se mueren. Un saludo cariñoso.

Publicado por: Miryam
Sep
24
2008

Mis condolencias, David. Con este relato has rendido un magnífico homenaje a tu tía. Coincido con quien dice que a una señora como ella hay que recordarla sin tristeza, agradeciendo el privilegio de haberla tenido en la familia. Mucho ánimo a ti y a los tuyos.

Publicado por: Javicho
Sep
24
2008

Por favor, acaso son pocos los que han rescatado el mensaje de este relato:

Es una historia triste.. si
Es un hecho lamentable.. si
Todos sentimos la desaparición de nuestra compatriota.. si
Se pudo evitar su muerte.. quizás

Son muy pocas las personas que han hablado acerca de la PREVENCION, tengamos presente que muchas enfermedades detectadas a tiempo se pueden curar.

Como dice Carmen, por lo menos un chequeo general al año, de lo contrario, estaremos comentando y lamentando la muerte de otras personas.. pero nada mas.

Hagamos un pequeño esfuerzo para el bien de todos.

Publicado por: Carlos
Sep
24
2008

LO siento, Dios de fuerza a toda tu familia.

Publicado por: Orfa Enriquez
Sep
24
2008

Siempre uno quiere ofrecer palabras que sirvan de consuelo en un momento así , pero no hay palabras exactas que se acomoden para que te hagan sentir menos dolor.

Solo te digo que uno encuentra reconfortante recordar solo las cosas buenas y experiencias vividas con mucha alegria, aquellas reuniones familiares donde todos estaban, gozaban y reían juntos.

FUERZA AMIGO!! esto nos hace crecer y amarnos cada día mas.

Abraza todos los dias a tus padres y hermanos, abuelos y diles que los AMAS, sin necesidad de tener algun motivo, solo el de hacerlos mas felices cada día.

Malú

Publicado por: Malu
Sep
24
2008

David:

La historia que cuentas me hizo recordar muchos episodios de mi vida cuando vivi en Buenos Aires, tuve la suerte de trabajar en ese bello pais por 3 años, realizaba continuos viajes entre Buenos Aires y Lima, ya que mis hijos viven en Lima, en cada viaje conocia a muchos compatriotas y cada uno con una historia increible, como por ejemplo una señora que habia dejado todo en Chimbote (su casa, sus hijos, su esposo) con el fin de conseguir un futuro mejor para su familia, pero lo mas impresionante es que se habia ido sin nada bajo la mano, llego al aeropuerto de Buenos Aires y no sabia para donde ir, por donde empezar.

Otro caso en el que una pareja de esposos fueron a Buenos Aires para labrarse un futuro, empezaron como ambulantes, la fatalidad hizo que al esposo lo atropellara un auto y ella no sabia que hacer, no conocia a nadie y no tenia como solventar los gastos de hospitalizacion y a la vez no podia conseguir dinero para su propia alimentacion.

Y asi, muchos casos que cuando los escuchas te hace pensar que muchas personas como tu tia salimos de nuestro pais a querer forjarnos un futuro mejor, estamos expuestos a muchas cosas, dentro de ellas una enfermedad imprevista de la que no sabemos como reaccionar, aun mas cuando sentimos que estamos lejos de nuestra familia.

Es penoso lo que le sucedio a tu tia, pero al menos ella pudo tener al lado a tu mama en sus ultimos momentos y te aseguro que fue el mejor regalo que tu mama le hizo, son situaciones que no puedes obtener consuelo por que terminas diciendo POR QUE ?, pero lo mas importante que puedes sacar como conclusion es que tuvo grandes amigos (peruanos y argentinos) que quisieron ayudar hasta el final, que tuvieron ustedes la suerte de estar con ella en los ultimos momentos, que tu tia fue feliz en los ultimos años, por que lo que interesa en esta vida es vivir intensamente cada dia, ya que mañana no sabremos si estaremos vivos o no, eso, lo hizo tu tia, dia a dia vivia intensamente, FUE FELIZ.

Espero que con el pasar del tiempo puedan reconfortar esa perdida tan grande, de todas maneras de todo corazon recibe mis mas sentidas condolencias.

Publicado por: Juan
Sep
24
2008

David
Aunque no conocía a tu tía Silvia en este post demuestra que era un ser entrañable, lo siento mucho, en serio.
Un saludo afectuoso.

Publicado por: mariella
Sep
24
2008

mi mas sentido pesame

Publicado por: Roxana
Sep
24
2008

Mi más sentido pésame, me ha conmovido muchisimo tu historia y no encuentro más palabras que las que dijo otro lector, y es que los recuerdos felices se impongan a los tristes. Por la familia que son, demás esta decirlo pero cuiden a sus niños ahora mucho mas que antes.
Un abrazo desde España.

Publicado por: Conmovida
Sep
24
2008

Las almas buenas que ya cumplieron su misión en la tierra se van a descansar más rápido que los demás.

Es comprensible la pérdida; pero sientete afortunado de tener una familia tan unida y sobretodo con heroes que dan todo por su familia asi como tu tia.

Ahora acompaña a tus primos en su dolor es lo mejor porque ellos al ser menores (los que son) necesitan de ti.

Fuerza David.

Publicado por: Te comprendo
Sep
25
2008

Gracias por hacer que Tía Silvia sea un poquito tía de cada uno de nosotros.

Mis respetos y condolencias a toda la familia.

Publicado por: Delia
Sep
25
2008

Que nudo en la garganta que me dejo este post. Sobretodo porque estoy pasando esto con mi mama en USA. Efectivamente cuando estamos fuera a veces nos tenemos que morder la lengua para que nuestros queridos familiares en Peru no sufran. Me acuerdo esos dias que tenia que hablar con mi abuelita y ella preguntaba por su hija y uno tenia que mentir para que se sienta bien.
Cuanto quisiera tener a mi familia aca, pero por los papeles no es mas que una utopia.
De alguna forma u otra ellos dependen de nosotros y a seguir adelante nomas.

Lo siento por los hijos de tu tia y mis mas sinceras condolencias.

Publicado por: Renzo
Sep
25
2008

David: cuanto lo siento - Acabo de perder a mi padre hace dos semanas ..tuve la suerte de estar con el y de ayudarlo con esta terrible enfermedad- el tenia cancer pancreatico - murio de un paro al corazon ...pero sin dolor ..se fue tranquilo ..Ahora estamos esperando sus cenizas para llevarlas al mar como el queria y pedimos varias cajitas por que hay varios mares que queremos abarcar asi estara y abra un pqoquito de el en el mundo ..el adoraba el mar ...
Cuanto siento lo de tu tia...

Publicado por: CSJ
Sep
25
2008

Buenas tardes,

Sólo para expresar mi más sentido pésame tanto al autor del post como a su familia; triste y conmovedor relato del cual sólo deseo resaltar para todos los que leemos este blog, que aunque a veces uno se pueda encontrar lejos, el amor, el cariño entrañable que siempre mantiene unido como un lazo a una familia aún cuando uno no se encuentra en el país.

Publicado por: rocas
Sep
25
2008

David;

Lo siento mucho, se lo que se siente, ahora hay que sacar adelante a los hijos de Silvia.

Un fuerte abrazo,

Publicado por: Roberto
Sep
25
2008

querido david
quiza suene lo mismo ,pero de corazon mis sentidas condolencias,la historia que relatas es muy triste y forma parte de la vida diaria de la humanidad,gracias por compartirla con nosotros. mucha fuerza y fortaleza para afrontar el tiempo.
despues de la tormenta siempre viene la calma.
bendiciones
elisa

Publicado por: elisa
Sep
26
2008

La idea de CSJ de pedir varias cajitas y abarcar varios mares.... me parece genial, también me gustaría que me echaran al mar (a varios...).....
Imagino el dolor.... que el tiempo les traiga paz y consuelo.Mi más sentido pésame.

Publicado por: E
Sep
27
2008

Mis mas sentidas condolencias... lo maravilloso de esta vida es poder recordar los buenos momentos, las sonrisas, los besos, las tardes, las bromas ¡¡¡ a vivir siempre hasta el ultimo dia.

Publicado por: marko79
Oct
08
2008

Hola David, te envio mis condolencias por tan lamentable perdida, el fallecimiento de tu tia tan amada por tu familia. Y Debo admitir que a mi tambien me conmovio tu historia . Ten paciencia que despues de la tormenta siempre vuelve a brillar el sol. Un saludo de una compatriota , desde Buenos aires.

Publicado por: Carito Grados Geldres

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