Marzo 2008
25
2008

No era consciente de las conexiones y señales que tratan, muchas veces sin éxito, de guiar mi vida. Nunca pensé que una decisión tan espontánea como mudarme a Nueva York, me abriría la puerta a un mundo de infinitas posibilidades. Fui necia con el destino e intenté prosperar profesional y sentimentalmente en una ciudad que quiero tanto y en la que aún no pierdo la fe: Lima.
Era innecesario trasladar mi humanidad al otro lado del mundo para descubrir el secreto de mi felicidad. Pero definitivamente era parte de mi guión biográfico experimentar, una vez más, la lejanía de mi pueblo. Podría decir que es la única vez que he sentido que algo estaba hecho a mi ancho y largo, a mi gusto por el arte y la cultura, Nueva York fue hecho a mi medida o tal vez yo fui hecha a la suya.
22
2008

No hace mucho conversaba con un tío mío que me preguntaba qué era lo que estaba haciendo en Australia. Él ya sabía que estaba haciendo un doctorado, sin embargo, tenía la duda de cuál era el tema específico. Me dijo “sobrino, ¿en qué trabajas allá?¿qué animales estás viendo?”. Yo le respondí: “estoy trabajando con chanchos (cerdos), estamos haciendo pruebas con una vacuna para combatir una enfermedad que se transmite del cerdo al hombre y que se llama cisticercosis”.
Hasta ese momento, mi tío todavía no terminaba de entender lo que hago aquí, así que le expliqué que el hombre se enferma por consumir carne de cerdo infestada con el parásito, a lo que él, muy emocionado, me dijo “¿es la triquina, verdad?”. Yo le dije que son parecidas, pero no iguales (por alguna extraña razón, en Perú no se reportan casos de triquinosis, pero sí de cisticercosis). Finalmente, mi tío comprendió a lo que me refería, aunque en la escuela de veterinaria uno puede tardar en entender un par de semanas (en algunos casos nunca lo entiendes) cómo es el ciclo de vida del parásito y cómo se infectan los cerdos y la gente.
14
2008

Tengo 41 años. Nací en el distrito San Pedro de Ticllos, en la provincia de Bolognesi, departamento de ?ncash. Mi esposa Mariluz, a quien conocí aquí, en Córdoba en Argentina, también nación en ?ncash, pero en la provincia de Sihuas. Tenemos un hijo de ocho años: Miguel ?ngel Valverde Chavarria.
Cuando tenía dos años, mis padres decidieron trasladarse a Lima, exactamente a Chacra y mar, en Huaral. Ahí pasé gran parte de mi infancia, trabajando en la chacra donde cultivábamos frijol, tomate, choclo, sandía, col y otros productos. Vivíamos a pocos metros de la playa, cada vez que queríamos comer pescado solo teníamos que buscar una lombriz y el cordel, y en una hora ya teníamos para el almuerzo.
Me fui de Chacra y mar cuando tenía 14 años. Viajé por varios lugares en búsqueda de un futuro mejor y llegué a Oxampampa, en Pasco, donde trabajé en el proyecto especial Pichis Palcazo como parte de personal de limpieza; luego ascendí a conserje. Después de que terminé la secundaria en una escuela nocturna, viajé a Lima para postular a la escuela de suboficiales de la FAP, pero no tuve suerte y empecé a trabajar en una empresa de limpieza que prestaba servicio en varias fábricas y hospitales.
No estaba conforme con este trabajo así que seguí buscando algo mejor. Trabajé en varios lugares hasta que me contrataron como personal de limpieza en un hotel de Miraflores. Ahí conocí a unos argentinos que me animaron a venir a su país. Así, el 2 de enero de 1986 emprendí mi viaje por tierra: Pasé por Arequipa, Puno y Bolivia; entré a Argentina por Villazón y finalmente llegué a Buenos Aires. Las cosas ahí no fueron nada fáciles, trabajé de todo.
07
2008

Hay una persona que jamás pensó estar en Canadá y que si está aquí es gracias al azar, a la obra de Dios o tal vez gracias a un despistado funcionario de Inmigraciones de Canadá. Hasta ahora él no conoce con certeza la razón, pero tampoco le importa, el hecho es que está aquí y ha decidido quedarse, de eso sí está absolutamente seguro. Permítanme contarles una pequeña historia.
Todo comenzó un día de febrero del año 2000 con una llamada telefónica. Cuando él terminó de hablar, la única palabra que vino a su mente fue “¡mierda!”. Discúlpenlo, pero en esas circunstancias cualquiera hubiera dicho lo mismo. Después, él les dio la buena nueva a sus padres, los vio llorar, se puso triste pero también contento. Él iba viajar y cambiar de vida, iba a emigrar, pero, ¿a Canadá? ¿ Por qué a Canadá? Ni él mismo estaba seguro. Hacía casi 2 años que había llenado los formularios solicitando la residencia permanente, los tramites continuaron y ahora iba a recibir su visa. Toda su vida soñó con viajar a Francia, aún lo sueña, pero la vida siempre caprichosa había decidido otra cosa.
Después de la alegría inicial, y ya solo e su dormitorio, el miedo lo invadió por un momento. Se pregunto qué iba a hacer en Canadá, pero luego reflexionó y se dio cuenta de que la verdadera pregunta era ¿Qué diablos hago en mi país? La respuesta era sencilla: Nada. Hacía varios meses que no trabajaba y las posibilidades de encontrar un empleo eran, por decir lo menos, bastante difíciles.
01
2008

Tengo 17 años, hace cuatro que vivo en Santiago de Chile y este será mi último en el colegio. Todo comenzó cuatro años atrás, cuando llegando de Perú, donde ya había terminado primero de secundaria, me enteré de que acá estaba en el último grado de primaria.
Los dos primeros años los estudié en un colegio mixto de clase media alta, hecho para repitentes y alumnos con problemas de conducta. Es difícil lidiar con esa clase de gente y más cuando eres extranjero. Tuve problemas con los demás alumnos, pero aún así logré salir adelante y obtener buenas notas. iempre me sacaba 6 y pico –sé que suena raro, la escala de notas chilena va del 2 al 7, con decimales; por ejemplo, si te sacas 3,6, apruebas con 4-. Mis buenas calificaciones generaron la envidia de los flojos y me comenzaron a molestar. Al principio yo no les hacía caso, pero al final me aburrí y más de uno de esos chicos problemas recibió unos golpes de mi parte.


