10
2008

Mi nombre es Germán Llanos. Salí del Perú el 27 de setiembre del 2000 y desde el día siguiente he radicado en Chicago, Illinois. Nunca antes había estado en esta ciudad. Cuando llegué hablaba un poco de inglés, tenía como 300 dólares en el bolsillo y sabía que tenía una tía en un distrito al norte de la ciudad y un tío en otro. A los 25 años, venía con la ilusión de vivir mi sueño americano.
Mi primer trabajo fue repartiendo periódicos de 3 a 6 a.m. en Rogers Park. De allí me iba a trabajar en construcción. Trabajaba 14 horas diarias de lunes a domingo para ahorrar y crearme un capital. Desde que trabajaba en construcción, empecé a estudiar ingles para sacar mi TOEFL y dar el GMAT, porque quería hacer un MBA (maestría en administración). No tenía ni idea de cómo lo iba a pagar, pero sabía que de una manera u otra lo iba a hacer. Reventé la tarjeta de crédito de una prima que me prestó la plata y me matriculé en Kaplan, que es un centro de preparación para el GMAT.
En las noches iba a estudiar a Lincoln Park (el Miraflores de Chicago), sudoso y sucio después de trabajar en demolición todo el día. Con el sudor seco y mi caja de herramientas debajo de la carpeta, me sentaba al costado de los ‘white collar yuppies’ de Chicago. A veces me dormía y tenía que comerme hasta tres Snickers con Coca Cola para tener tanta azúcar como para quedarme despierto hasta las 9 de la noche. De allí tomaba un tren hasta Skokie (suburbio), a donde llegaba como a las 11 p.m. Al día siguiente, de nuevo la misma jarana de salir a las 5 de la mañana.
08
2008

Uno siempre ha escuchado en algún punto de su vida la historia de un amigo, conocido o familiar que vive en el extranjero. ¡Cómo es la vida! Ahora mismo me encuentro escribiendo un post sobre mi propia historia.
Emigré del Perú poco después de cumplir 18 años, puesto que ya había sido admitido en una universidad española, con lo que me fui de Lima semanas después de cumplir la mayoría de edad. De esta forma lograba cumplir un sueño que tenia desde pequeño: Ver qué ocurría en el otro lado del mundo.
03
2008

Uno cree que todo va bien. Uno cree en todo lo que le dicen (en mi caso, en lo que le escriben) y sigue creyendo que todo va bien. Claro, dentro del hecho de que yo estoy en Río y ella, en Lima.
De repente, ya nada está bien (para ella). Me lo dice (o mejor, me lo escribe) y, luego, para mí ya nada está bien.
Me pide ese bendito tiempo, on line, hasta cuando yo regrese. Ya no sabe si me ama. Termino por ceder, pero ya no estoy bien.
La sigo queriendo, es más, la amo. Serán, como mínimo, dos largos meses sin “te amos”, dos palabras que me mantenían en pie.
Aún queda la esperanza que cuando vuelva me siga amando. Eso dice. Así que, si antes la certeza de que me amaba me mantenía aquí en pie, ahora la esperanza que me ame -y que me lo diga cuando regrese- no me va a dejar caer del todo.
Quiero abrazarla, darle un beso, pedirle disculpas por irme. Decirle que me equivoqué al pensar que todo iba a salir bien. Que aún amo a mi negralinda.
Estoy quebrado, pero todavía entero.
Milos Lau
Estudiante de una maestría, que ya quiero que acabe, en una universidad en Río de Janeiro.
"Wish you were here" de Pink Floyd
30
2008

Les escribo desde Palo Alto, California, en el corazón de Silicon Valley, esa zona en el norte de California con una concentración increíble de empresas de alta tecnología e innovaciones (Google, Yahoo, Oracle, Apple, Intel, Hewlett Packard, entre otras). Como meca de la alta tecnología y las oportunidades laborales, es lógico que sea una de las zonas con mayor cantidad inmigrantes en el mundo y con colonias para todos los gustos y colores. Aunque la comunidad peruana aquí no es tan grande como la de Miami y otras ciudades con mayor tradición peruana, hay una buena cantidad de compatriotas como para contarles de un importante evento semanal que se ha convertido en toda una institución entre los peruanos amantes del fútbol: los partidos de los sábados en la Universidad de Stanford.
26
2008

Estoy por cumplir un año viviendo en Alemania. Vine para cursar una especialización en ingeniería, atraído por el amplio desarrollo logrado por este país muy innovador en campos de la ciencia y tecnología. Debo decir que no solo me atrajo el dinamismo de su realidad académica (después de Estados Unidos y el Reino Unido, Alemania es el país con mayor número de estudiantes extranjeros), sino también su pasión por los autos, la cultura, los bellos paisajes y la excelente cerveza.
Obviamente, antes de decidirme por venir a estudiar, realicé una pequeña investigación sobre el lugar donde iba a vivir por un tiempo. Obtuve información básica como que Alemania es uno de los países más densamente poblados del mundo, en una región que es casi la tercera parte del Perú viven más de 82 millones de habitantes, de los cuales un 10% es extranjero o tiene por lo menos algún progenitor extranjero. Es la tercera potencia económica del mundo, el mayor exportador del mundo y donde se fabrican para mí los mejores autos del mundo, pero valgan verdades estos solo son datos técnicos que no van a cambiar así este yo en el Perú o en la China.
Lo que más me interesó fueron las creencias populares sobre el comportamiento, estilo de vida y costumbres de sus habitantes (sumado a mi propia percepción también). Estas, a la larga, se convierten en mitos, en leyendas urbanas que pasan de generación en generación y es difícil deshacerse de ellas.
22
2008

Domingo 09 de setiembre del 2007, 11 p.m. aproximadamente
El grito de mi mamá me hizo saltar de mi silla, bajar corriendo las escaleras y lanzarme sin pensarlo hasta su cuarto, donde la encontré sentada en su cama, rodeada por mis hermanos, con una mano temblorosa e incrédula en el teléfono y la otra tapándose el rostro, intentando contener inútilmente el dolor. Pero era tarde para todo, estábamos metidos en el infierno y aún no queríamos creerlo. Mí tía Silvia, la hermana de mi mamá, la tía más querida, la persona más buena del mundo, la que nunca se enfermaba y siempre bromeaba con todos, agonizaba en un hospital de Buenos Aires después de haber sufrido una hemorragia interna a causa de un cáncer silencioso que había mantenido oculto quién sabe cuánto tiempo, a sus 49 años y en la mejor época de su vida, cuando por fin había conseguido todo lo que había soñado, lejos de su casa en Trujillo, lejos de sus tres hijos, lejos de todos los que la queríamos tanto, pero cerca del lugar donde había vivido feliz durante los últimos cinco años.
15
2008

Llegué a Barcelona en enero del 2003. Por fortuna, o quizás por desgracia, no sufrí ese gran dolor que deben padecer muchos compatriotas al tener que dejar a su ser amado al otro lado del charco. Se podría decir que nunca he tenido buena suerte en el plano sentimental, mis relaciones nunca han sido duraderas. Al principio lo atribuía a mi inmadurez o a mi negativa a sentar cabeza. Luego, pensé que solo era mala suerte y ahora creo que es mi falta de comprensión hacia las mujeres.
La primera vez que me pregunté ¿qué quieren las mujeres? fue con mi primer lío amoroso en el viejo mundo, el cual, a su vez, vino de la mano de mi primer empleo. Trabajé como camarero en un bar cercano a las ramblas (uno de los lugares más turísticos de Barcelona) y a pesar que no tenía ni idea de qué era un carajillo o un cortado, me contrataron, pues conocía algo sobre bebidas y mi inglés era fluido.
Aquella aventura la tuve con una compañera del trabajo, una catalana con pinta de intelectual, quien llevaba siempre un par de modernas gafas y se pasaba todo el tiempo comentando pasajes de los libros que se devoraba. Nunca llegué a entender qué era lo que quería en esta vida. Después de poco más de un mes de ser “amigos con derecho a roce", decidió renunciar al trabajo y marcharse a Dublín a perfeccionar su inglés. Por supuesto, me pidió que la fuera a visitar, pero mi economía no me lo permitía y mis prioridades eran otras en esos momentos. No la volví a ver nunca más.
13
2008
Un gol agónico.
Pero qué más da.
Confieso que me preparé para este partido como si yo mismo fuera uno de los jugadores de la selección.
Me estoy refiriendo, por supuesto, simplemente a los nervios.
Tanta era la tensión, que en mi partido de entrenamiento de anoche (el equipo de mayores de 32 de la localidad, grupo al que pertenezco aunque haya pasado de largo esa edad) me sentí como hechizado.
"Así se tienen que sentir los jugadores en un partido de tanta trascendencia como el de mañana", pensé.
11
2008
Esta madrugada fue inolvidable, una de aquellas que no vivía desde que salí de Lima. De los amigos, de la familia, me sentí más cerca que nunca de todos ellos, sin contar que el cumpleaños de mi mamá fue ayer y terminó casi al filo de la noche de Lima. Para mí era una madrugada bonaerense que amenazaba con lluvia, tal vez con llanto por lo que se les venía, je, no lo sé. El partido acabó casi a las dos de la mañana, con aquel solitario grito que cortó la tranquilidad reinante en esas horas en la provincia de Buenos Aires, reacción que provocó más de una mentada de madre de los vecinos. Era lógico, pero no me importó.
08
2008

Foto: PhotoFusion
Nací en La Victoria y emigré a Australia en el 2000. Llegué a Sydney, que es una ciudad hermosa. Para alguien que nunca ha salido del país, ver una cuidad como Sydney es como si uno se fuera a la Luna. La majestuosidad de la arquitectura, que por cierto muy moderna, y la hermosura del centro de la capital te deja un sensación de perplejidad, una sensación que nunca has sentido antes.
Bueno, solamente con el viaje de casi un día pensé que estaba saliendo del planeta. Creo que dormí bastante, pero me despertaba y lo único que veía era el océano y me preguntaba “¿cuándo llegaré?". A mi lado estaba un brasileño muy amigable, pero que no hablaba castellano. En ese tiempo, yo hablaba un poco de inglés y mi primera prueba fue cuando arribé al aeropuerto: Detrás de una mesa había una persona que me dijo: “Is this your first time in Australia? (¿Es tu primera vez en Australia?). Yo no sabía qué decir, así que vio mi pasaporte y llamó a alguien que por suerte hablaba castellano, era un gringuito bien amigable que me explicó todo bien claro.


