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Sobrevivientes de altamar
Abr
24
2008
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2008
Justo Manuel Rueda y VÃctor Ã?valos Ã?valos, dos pescadores que fueron encontrados en altamar a seis millas de Huarmey en Ancash, después de permanecer perdidos por 16 dÃas. Una historia de milagros, esperanza y destino.
Informe: Daniel Flores Bueno
Video: Ricardo Reátegui




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2008
El caso de estos dos pescadores ha puesto de actualidad el grave problema de la seguridad de las gentes del mar. Los trabajadores de este sector encabezan las listas de siniestralidad y mortalidad del mundo laboral y, sin embargo, carecen de la adecuada instrucción en las técnicas que les permitirÃan sobrevivir en caso de accidente. Baste decir que muchos de los trabajadores del mar peruanos no saben ni nadar.
Realmente, la supervivencia se inicia en el mismo instante del abandono del barco. Algunas veces se puede hacer de una manera más o menos organizada, pero en otras es del todo imposible, puesto que hasta incluso puede ser como consecuencia de un golpe de mar el que un tripulante se vea lanzado al agua y pierda todo contacto con su embarcación.
El náufrago tiene que superar, en primer lugar, el problema de su flotabilidad, y es posible que incluso en un principio se vea obligado a tener que nadar, lo que me da pie para destacar la gran sorpresa que me llevé cuando descubrà que entre los trabajadores del mar españoles habÃa muchos que no sabÃan nadar. Creo que esto, ya de por sÃ, es muy significativo.
Casi al mismo tiempo, el naúftago ha de superar el miedo que le mantiene atenazado y le imposibilita para reaccionar, hasta el extremo de que se ha podido demostrar que ésta suele ser una de las causas más importantes de muerte rápida de los hombres que caen al mar. El pánico tras las colisiones en los grandes buques con pasajeros ha sido una de las causas de mayor numero de vÃctimas.
Pero el problema capital contra el que hay que luchar más y mejor es contra el frÃo y su consecuencia, la hipotermia, ya que cuando la temperatura interna corporal está por debajo de los 25 grados la vida, se hace incompatible. Como nuestra temperatura corporal es superior a la de los mares más calientes, antes o después el náufrago va a sufrir los efectos del frÃo, sobre todo si no es portador de protección contra el mismo, pasando primero por una fase defensiva, posteriormente a otra de fatiga y luego ya a la parálisis y a la muerte. Al mismo tiempo que esto está sucediendo, se comienza a ir perdiendo energÃa, por lo que hay que tener mucho cuidado en hacer el mÃnimo consumo de ella. El aislamiento, el hambre, la sed, la humedad los rayos solares, el mareo y hasta los animales marinos son factores que poco a poco van minando la resistencia del superviviente. El hambre puede superarse, pues se puede estar perfectamente sin ingerir. alimentos bastantes dÃas pero la sed ya es bien diferente.
Si se puede, hay que combatir el mareo, pues va a producir, entre otras cosas, vómitos que nos harán aumentar la sed; hay que protegerse de la acción solar, que nos producirá oftalmias y, naturalmente, quemaduras; el agua del mar nos macerará la piel y producirá irritaciones en la misma. Igualmente, habrá que cuidarse de los animales marinos como los tiburones, de los que se habla mucho pero que realmente pueden ser muy peligrosos, al igual que de las aves cuando nuestra flotabilidad dependa de botes o salvavidas neumáticos, pues con el pico o las garras podrÃan resultarnos nefastos.
Este caso es una clara demostración de que la supervivencia no es una pura casualidad ni una loterÃa. Se sabe que las razones por las que algunos náufragos han sobrevivido a los agentes marinos sin la adecuada protección han sido la mayor capacidad mental y emotiva, el conocimiento de las técnicas de supervivencia, la fuerza de voluntad, una experiencia anterior de exposición a los elementos, el uso de los medios de protección y las mejores condiciones fisicas de los supervivientes. Por ello es muy importante la formación de las tripulaciones en estas materias porque, de no haber sido asà en este caso ahora no habrÃa supervivientes.