Vicos, a vuelo de viento (II)
18
2008
![IMG_0032 [Huascarán al amanecer].jpg](http://blogs.elcomercio.com.pe/viajerosyvagamundos/2008/03/18/IMG_0032%20%5BHuascar%C3%A1n%20al%20amanecer%5D.jpg)
Foto: Yayo López
Abril de 2003. El frío de madrugada
me despierta abruptamente.
Una gallina que empolla a sus futuros hijos me mira insolente porque estoy invadiendo sus dominios. Estoy en casa de Pablo Tadeo, más precisamente en su gallinero, durmiendo en mi cómoda bolsa de dormir confeccionada con plumas de ganso. Quizá por eso la gallina me observa con actitud sospechosa y nada amigable. Una vez más, tengo el honor de quedarme en la casa de un vicosino y no en el hospedaje para los turistas, situada unos metros más allá. Han transcurrido siete meses desde mi primera visita a esta comunidad. Ahora, estoy de regreso en Vicos, esta vez con un grupo de viajeros que incluyen una doctora que vive en las islas Bahamas, una periodista inglesa, una holandesa que hace sus prácticas de ecoturismo por estas tierras y otros personajes que ya no recuerdo muy bien quiénes son. Salgo del cuartito en medio de unos cacareos horripilantes de aquella gallina a quien le debo parecer un ser despreciable y amenazante invasor de su propiedad. A mi izquierda y sobre los cerros, emerge el Huascarán majestuoso, despejado y alumbrado por el debil sol de la mañana. Tengo hambre. Un desayuno compuesto de humeante café de cebada, una cremosa sopa de arvejas y pan frito untado con miel de abejas me dará las energías suficientes para empezar el día.
![IMG_0048 [Judith haciendo foto].jpg](http://blogs.elcomercio.com.pe/viajerosyvagamundos/IMG_0048%20%5BJudith%20haciendo%20foto%5D.jpg)
Foto: Yayo López
Pablo Tadeo Silio vive junto a su esposa Lucy y sus dos hijos, Bruno y Mayeli. Su casa está situada casi al fondo de una quebrada, por donde discurren las heladas aguas de una acequia provenientes de la laguna Legiacocha. De aspecto erguido y con unos treinta y tantos años, Pablo no sólo es uno de los comuneros más jóvenes del proyecto, sino que ha sido el propietario de un criadero de truchas y de ricas tierras de cultivo en el caserío de Ullmay. En la actualidad, Pablo comparte su tiempo entre su familia, el sembrío de sus tierras y la administración del centro de interpreteación que los vicosinos tienen en Huaraz.
Los turistas suelen pasar de dos a cinco días en Vicos. Depende, en gran medida, de cómo les viene vivir de forma austera y si finalmente conectan con su familia anfitriona. La mayoría terminan fascinados por la experiencia aunque algunos terminan dándose cuenta de que no es el tipo de viaje que tenían en mente. Y es que a Vicos no se viene a descansar, a retozar en una hamaca o a beber algo refrescante al borde de una piscina. Para eso están los all inclusive del Caribe. A Vicos se viene a trabajar y aprender, hombro a hombro con los campesinos.
Así, Manuel Meza Evaristo, vecino de Abito que vive al otro lado del riachuelo, nos ofrece llevarnos a su chacra para aprender a remover la tierra donde yacen los sembríos de papas, lo que comúnmente se conoce como aporque. Luego nos lleva a su casa para aprender a hacer pan en horno de barro. Antulina Sánchez, su esposa, nos ofrece una papakashki -sopa de papas- y una infusión de muña, una planta aromática parecida a la menta y usada en el mundo andino por sus propiedades carminativas y estomacales. En la noche, nos sentamos alrededor de una fogata a que nos cuenten mitos y leyendas de la región, mientras las estrellas iluminan tímidamente el cielo.
![IMG_0162 [Tammy & Margarita] 1.jpg](http://blogs.elcomercio.com.pe/viajerosyvagamundos/2008/03/12/IMG_0162%20%5BTammy%20%26%20%20Margarita%5D%201.jpg)
Foto: Yayo López
Tammy Leland es una estadounidense nacida en Montana, tierra del ganado y las montañas. A una edad muy joven se mudó a Seattle, donde fijó residencia y amistades. Ahora vive entre Estados Unidos y Perú, país del que se enamoró hace más de una década. Cuando llegó a Vicos en 2002, cayó rendida ante la belleza del lugar. Pero más aún ante la hospitalidad de la gente. “Lo mejor que me ha podido pasar es conocer Vicos y un modo de vida que hemos perdido y olvidado”, me dice. Desde hace cinco años Tammy trae a través de Crooked Trails -una organización que promueve el turismo cultural y responsable a países como India, Tailandia, Kenia y Perú- a turistas que desean viajar para algo más que sólo tomarse la típica foto en Machu Picchu. Vicos les ofrece esa oportunidad. “Los vicosinos no tienen por qué pretender ser quienes no son, eso es lo más fantástico; la autenticidad en la que viven es justamente lo que cautiva a los viajeros.”
Crooked Trails impulsó en 2005 el proyecto que el Instituto de Montaña inició en 2001 con la apertura de Yachaqui Wayi (que en quechua significa “casa del saber”), el centro de interpretación en Huaraz administrado por miembros de las comunidades de Vicos, Humacchuco y Huaripampa. El centro es importante para que los campesinos aprendan, a través de talleres, a manejar el proyecto turístico. Anualmente llegan voluntarios de distintas partes del mundo, especializados en diversas profesiones y oficios, que ayudan a entrenar a esta gente. A fin de cuentas, la idea es que en un mediano plazo, el Instituto de Montaña y Crooked Trails se retiren y que tanto Vicos como las demás comunidades se hagan cargo íntegramente del proyecto de turismo vivencial.
Foto: Vladimir Musso
Julio de 2007
Han transcurrido cinco años desde la primera vez que pisé Vicos. Abito Meza Pascual, el mismo que gritaba al viento “¡Lorenzo!” ahora tiene 49. Margarita, su esposa, tiene 43. Ambos siguen viviendo en la comunidad campesina, pero ya no en su casa arriba del cerro, pasando la acequia, sino a pocas cuadras de la plaza del pueblo. Como en ocasiones anteriores en que he ido, ellos integran el séquito que nos ofrece un festín en nuestro último día en la comunidad. Una pachamanca: banquete cocinado en las tibias entrañas de la madre tierra -la pachamama- que nos cobija. Lleva carne de res, pollo y cordero, tubérculos como la oca, diversos tipos de papa y hasta camotes, junto con habas, maíz de inmensos y tiernos granos llamados “choclos” y muchas hierbas aromáticas.
Abito mira el futuro con cierta expectativa. Su hijo Johnny terminó estudios de turismo y ahora busca un porvenir, quizá lejos de su familia. Abito no ganó las elecciones a las que se postuló como concejal, pero eso ya no importa. Porque él es campesino y, a fin de cuentas, vive de su tierra. Ahora hay luz eléctrica en la comunidad, lo cual ha traido la televisión, el internet y esas cosas llamadas “progreso” y “modernidad”. ¿Se transformará la vida de los habitantes de Vicos?, se pregunta Abito. Los nevados imponentes que vigilan en silencio y aquel viento que separa la paja del trigo, serán los mudos testigos de aquel cambio inevitable.
![IMG_0114 [Paisaje al atardecer].jpg](http://blogs.elcomercio.com.pe/viajerosyvagamundos/IMG_0114%20%5BPaisaje%20al%20atardecer%5D.jpg)
Foto: Yayo López
Recomendaciones para el viajero
Los anfitriones y el hospedaje
Al visitar Vicos, los viajeros se quedan en las casas de hospedaje construidas en las propiedades de Abito Meza, Julio Evaristo, Pablo Tadeo, Julián Evaristo, Eugenio Dextre, Manuel Meza o Andrés Gutierrez, todas situadas en distintos sectores de la comunidad y a las que se llega caminando. La decisión de quiénes se quedan en qué casa recae en los miembros de la comunidad, debido a que se turnan en hospedar a los viajeros para que todos puedan gozar de los beneficios económicos. Los hospedajes cuentan con una chimenea, dos habitaciones (dos camas en cada una) y un baño tipo silo que se mantiene limpio con una caja llena de cenizas. Algunas de las casas ya cuentan con energía eléctrica. Las comidas son servidas en la casa de los anfitriones -muy próxima al hospedaje- y son preparadas por las esposas de los comuneros. Sus hijos sirven de guías para las actividades o excursiones programadas durante la visita. Si bien todos hablan español con sus huéspedes, muchos de los pobladores hablan quechua (la variedad de Huaylas) entre ellos.
El mar de altura o soroche
Se lo denomina soroche a los efectos causados por la disminución del oxígeno en la sangre. Los principales síntomas son: mareos, dolores de cabeza e inclusive vómitos en los casos más agudos. La mejor manera de prevenirlo es con dieta ligera, nada de bebidas alcohólicas y un descanso razonable durante las siguientes ocho horas a la llegada a un lugar de altura considerable (a partir de los 2,300 msnm). Es altamente recomendable quedarse una noche en Huaraz para aclimatarse, antes de partir a Vicos o cualquier otra excursión sobre esta altura. Se sugiere ingerir mate de coca, muy común en toda la región andina de Perú.
![IMG_0236 [Eugenio haciendo pago].jpg](http://blogs.elcomercio.com.pe/viajerosyvagamundos/IMG_0236%20%5BEugenio%20haciendo%20pago%5D.jpg)
Foto: Yayo López
La hoja de coca
En Vicos, al igual que en el resto del mundo andino, la hoja de coca es un elemento de uso cotidiano y de gran valor cultural y espiritual. La satanización de esta planta (Erythroxylum coca) de la cual se produce el clorhidrato de cocaína y otras sustancias con alto contenido tóxico, ha generado una serie de prejuicios y desinformación sobre sus propiedades y beneficios. Lo cierto es que en Vicos se consume hoja de coca de tres maneras distintas: 1. para mates; 2. para leer el futuro y 3. para chacchar (palabra quechua para “mascar”): una costumbre ancestral andina que consiste en masticar un puñado de hojas (que sueltan un sabor amargo), mezclado con un poco de cal o ceniza. Los vicosinos chacchan al hacer pagos a la pachamama, al iniciar faenas agrícolas, al realizar caminatas o excursiones o simplemente como parte de sus diversiones diarias.
La tolerancia y el respeto
El acercamiento a una comunidad que aún preserva y vive, día a día, tradiciones ancestrales que desconocemos o con las que podemos no estar de acuerdo, exige una dosis muy alta de tolerancia y respeto por otras culturas. Vicos no sólo es un destino sin igual por los extraordinarios paisajes y las actividades que el viajero puede realizar, sino por la oportunidad para poner a un costado prejuicios y miedos y aprender de otras personas y costumbres en un ambiente acogedor y amigable. No se sienta obligado a participar de alguna actividad que no desee o degustar algún potaje que no le apetezca. Pero si escoge ir a un destino tan poco convencional como Vicos, aventúrese sin reparos ni contemplaciones. No sólo por cortesía, sino por explorar algo más de este amplio y diverso planeta.
![IMG_0077 [Amo y perro].jpg](http://blogs.elcomercio.com.pe/viajerosyvagamundos/IMG_0077%20%5BAmo%20y%20perro%5D.jpg)
Foto: Yayo López



25
2008
Listo broder. ya tengo tu link en mi blog.
01
2008
Muy interesante, pero me da penita, que a la llegada del "progreso" , los mas jovenes van ha perder la identidad con Vicos.
08
2008
Gracias por este articulo. Cuando vaya a Peru ( en un año) ir a Vicos esta en mi agenda.