Viajeros y Vagamundos

Febrero 2008

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Episodios de un viaje a Chiclayo

Feb
22
2008

IMG_4826 Gregoire y Fiona.jpg
Foto: Jorge Riveros Cayo

Historia de dos viajeros

Subo hasta la cima del cerro Purgatorio, situado en medio del fértil y cálido valle de la Leche en Lambayeque, rodeado de pirámides de adobe que, en la actualidad, se asemejan más a generosas porciones de helados de chocolate derretidos bajo el sol. Un camino escalonado me conduce hasta lo más alto de este promontorio de 197 metros de altura. Desde la cima, contemplo un vasto complejo arquitectónico, sobre las planicies de Túcume, donde más de veinte templos se alzan frente a las inclemencias del tiempo, desde hace unos 1700 años de antigüedad. Algunos arqueólogos sostienen que fue la antigua capital de los lambayeque. Otros arguyen que fue un centro de peregrinación. Da igual. El sitio es alucinante por donde se le vea. Me encuentro con un camarógrafo costarricense, concentrado en hacer tomas que capten ese contraste entre el verdor de los arrozales, las tonalidades de marrón que dominan el paisaje arquitectónico y los azules intensos del cielo nublado que se confunden con el perfil anguloso de las montañas en el horizonte. Empiezo a disparar mi cámara. De pronto una mujer joven y guapa, de ondulados cabellos color carmín, se me acerca con la pregunta a boca de jarro: “¿Podís tomarnos una foto con tu cámara y enviárnosla? Es que nos robaron y quisiéramos una foto en este sitio tan precioso”. Por un momento pienso que puede ser centroamericana. Costarricense o quizás guatemalteca. Pero al hablar, su acento la delata. Con cuatro disparos certeros retrato a Giannina y Gregoire –chilena y francés, respectivamente– con el abrumador paisaje que nos rodea. Días antes estuvieron en Huanchaco, ruteando la costa peruana, y se quedaron dormidos en la playa. Al despertar, se dieron con la sorpresa que les habían robado la cámara digital, el dinero y otras pertenencias. Cagados. Pero esta pareja de mochileros no se amilanó. Decidieron continuar su periplo hacia el norte del Perú y de ahí, al Ecuador. Ahora andan más precavidos, quizás algo a la defensiva, admite Giannina. Pero igual tienen ganas de seguir viajando y serán felices al recorrer el mundo.

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Crónicas desde Arequipa (III)

Feb
11
2008

LlegadaDeMadrugada.jpg
Foto: Jorge Riveros Cayo

El regreso

31 de enero de 2008. Son las 5:55 a.m. El vuelo 117 de LAN aterriza sin novedades sobre la pista principal del aeropuerto internacional Alfredo Rodríguez Ballón de Arequipa. La temperatura marca 10 grados centígrados, nos advierte la aeromoza. Bajo por la escalinata del avión (en el aeropuerto de Arequipa, con todo lo internacional que se le llame, no hay mangas), me sumo a unas diez personas que se detienen a pocos metros del Airbus 319, sacan sus cámaras digitales o celulares último modelo y empiezan a disparar sin clemencia hacia la impresionante vista del Chachani y el Misti. Frío de mierda. Pero la gente ni se inmuta. En los meses de lluvia, los tres volcanes que rodean Arequipa (los ya nombrados, más el Pichu Pichu) desaparecen del escenario cubiertos por nubarrones o tormentas de nieve. Solo en las mañanas, en horas muy tempranas, se puede contemplar estos nevados imponentes. Un guachimán se acerca con ademanes de querer botarnos. Estamos a pocos metros de la pista de aterrizaje. Pero nadie le hace caso. Estoy nuevamente en Arequipa, después de poco más de tres meses. Resulta curioso, extraño y triste mi retorno a la Ciudad Blanca. Se cruzan varias circunstancias que han marcado mi vida en estos últimos meses. Mi madre falleció el 30 de noviembre del 2007, víctima de un cáncer contra el cual luchó, sin cuartel, hasta el final. Su muerte me obligó a dejar de lado muchos compromisos, incluyendo escribir en este blog. Ahora, de regreso a la tierra que la vio nacer, retorno, desde aquí, a esta bitácora de viajes para iniciar el relato de un largo periplo que aún no ha culminado. Ya es hora de contar nuevamente las historias de mis travesías.

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