Noviembre 2007
28
2007

Necesito escribir este ‘post’ con convencida fiebre, sin controlar esta paz y esta pasión (yo llamo a este sentimiento: paz-ión), tan mías. Acabo de regresar a Lima de La Joya, el anexo más lejano del distrito de Chuquibamba, en Chachapoyas, donde participé en una expedición que exploró desconocidas fortalezas y ciudadelas perdidas. Fue una experiencia insondable y resucitadora, que se publicará en el diario “El Comercio?, este domingo 2 de diciembre.
Y hubo magia, cuando me accidenté. En la escondida La Joya no vi a una mujer-pez; y sin embargo, la oí. “Todavía sí?, era la voz ilógica y disoluta que escuchaba cuando me caí en una colina por interminables zarzas y mis manos se inmolaban a las espinas para proteger mi rostro. Un golpe en la cabeza me dejó preso e incomunicado de la realidad real por un momento en que solo vi la luz del atardecer como una cabellera rubia excitante… sentí el olor de la cascada y el río del que me salvé de rebotar; y oía el: “Todavía sí?. Y me convencía de que sería preferible -y gozoso- caer en el agua que estar ahí sufriendo el escozor de las espinas. Mientras me remecía aún esa voz inminentemente carnal y melo-odiosa: “Todavía sí?... se apoderaban las ganas de lanzarme al agua…


