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    <title>Santa Lima</title>
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    <updated>2008-12-01T06:08:12Z</updated>
    <subtitle>Juan Manuel Robles. Escritor. Ha publicado LIMA FREAK. Vidas insólitas en una ciudad perturbada (Planeta, 2007). Historias suyas han aparecido en la antología Las mejores crónicas de Gatopardo (Editorial Debate, 2006), en los libros Huancaína freak y otros cuentos para comer y Pequeños dictadores (Solar, 2007) y en revistas de América Latina y Europa. Fue finalista y nominado del Premio Cemex - FNPI 2008 y ganó el primer y el segundo premio del Concurso de Cuento Gastronómico Matalamanga - 2007. Ha sido becado por la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano —que dirige Gabriel García Márquez— para asistir a los talleres de Ryszard Kapuscinski (2002) y Tomás Eloy Martínez (2004). En el 2005, creó y dirigió la revista Helio. Tiene a su cargo la columna Autogol Crónico del suplemento deportivo de El Comercio.
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    <title>12. El “auquénido de Harvard”</title>
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    <published>2008-11-30T01:27:51Z</published>
    <updated>2008-12-01T06:08:12Z</updated>

    <summary> Arde, papi A veces la televisión es alta sociología y dice más de nosotros que una conversa chelera entre Julio Cotler y Nelson Manrique. Son momentos de honestidad brutal que debemos atesorar en el recuerdo como auténticas joyas. Una...</summary>
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        <![CDATA[<p><img alt="Post Lourdes.jpg" src="http://blogs.elcomercio.com.pe/santalima/Post%20Lourdes.jpg" width="380" height="319" /></p>

<p><strong><font color="#990000">Arde, papi</font></strong></p>

<p>A veces la televisión es alta sociología y dice más de nosotros que una conversa chelera entre Julio Cotler y Nelson Manrique. Son momentos de honestidad brutal que debemos atesorar en el recuerdo como auténticas joyas. Una de esas páginas de la vida tuvo lugar la mañana del 26 de marzo de 2001, cuando la candidata Lourdes Flores apareció con su señor padre, César Flores, en las pantallas del 5. A los políticos no les gusta que los investiguen pero sí les gusta la tele: hace tiempo descubrieron las propiedades milagrosas de un enlace microondas bien negociado con algún canal amigo. Dada su apariencia espontánea, la microondas con cámara a domicilio es la mejor vía para infundir en las masas esa ilusión del político como hombre común, o sea, el padre de familia ejemplar que desayuna tamales o la mujer exitosa que departe con su papito: armonía familiar en estado puro, risitas. Todo iba conforme a lo planeado, Lourdes habló con fluidez y dijo lo suyo. Pero los planes se arruinaron cuando papá decidió abrir la boca: “No voy a hablar del auquénido de Harvard”, soltó refiriéndose a Alejandro Toledo. Y después dicen que la película “Dioses” es exagerada.</p>

<p><object width="425" height="344"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/h9XC7yJ4hoI&hl=es&fs=1"></param><param name="allowFullScreen" value="true"></param><param name="allowscriptaccess" value="always"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/h9XC7yJ4hoI&hl=es&fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"></embed></object></p>]]>
        <![CDATA[<p>Panamericana es Panamericana, un canalazo, pero una microondas es una microondas: nadie puede ir contra la transparencia inexorable de los acontecimientos en vivo. Así que no hubo nada que hacer, lo dicho estaba dicho. Lourdes, cuyo finísimo sentido común ha sido injustamente puesto en duda más de una vez, olfateó el peligro y quiso evitar lo inevitable. Puso la nerviosa mano sobre su progenitor y le dijo “ya, papi, ya”. Lulú parecía una adolescente a quien su padre avergüenza frente a todas sus amigas del colegio. “Ya, paaaa”, insistía Lulú y hasta le dio un beso en el cachete.</p>

<p><em>Auquénido. 1.  m. Bol. y Perú. Denominación popularizada de los Camélidos de los Andes meridionales, cuyas cuatro especies son la llama, la alpaca, el guanaco y la vicuña.</em></p>

<p>Se desconoce a cuál de las cuatro especies se refería Mr. César Flores. Lo cierto es que cuando dijo “auquénido de Harvard”, para todos fue muy claro lo que quiso decir: “Odio que este cholo de mierda que se las da de economista y doctor le gane en las encuestas a mi hijita cuando debería estar limpiando mi piscina”. El agravante: el que podía ser Primer Progenitor de la patria había despreciado la apariencia física más frecuente en el país, la que tenemos casi todos y la que nos caracteriza como peruanos en el mundo. Auquénido. Cara de huaco. Guanaco. ¿Les suena familiar? Más de cien años de lucha por la igualdad ciudadana y el fin del racismo se iban por el desagüe de una residencia que, como nunca, parecía un agujero negro en la tumultuosa galaxia de la Realidad Nacional. Y ese, justamente ese, era el entorno en que la candidata Lourdes Flores Nano había crecido, en el que había dado sus primeros pasos, en donde había aprendido a decir “papá”.</p>

<p>Lo peor: Lourdes no se indignó ni estalló ni hizo callar a su padre. No actuó como lo hubiera hecho cualquier peruano mínimamente educado en la doctrina universal de la tolerancia. Más bien se reía nerviosamente. Se preocupaba por el evidente roche que está haciendo, por las posibles portadas del día siguiente, pero no parecía indignarla que su padre perpetúe las reglas de dominación que nuestra propia sociedad se está encargando de quebrar. </p>

<p>En los días siguientes, pasó lo que tenía que pasar. A la piscina de Lourdes le cayó el huaico.</p>

<p>La prensa deploró las declaraciones del señor Flores “Es una metida de pata que bien merece unas disculpas públicas", dijo Mirko Lauer en La República. “Hay que deplorar el racismo que hace que don César Flores, el cavernario padre de Lourdes, llame a Toledo "el auquénido de Harvard””, escribió Fernando Vivas en Caretas. Hubo protestas ciudadanas. Durante el mitin que Lourdes dio en Huancayo al día siguiente del “piscinazo”, una muchedumbre apareció con pancartas que decían: “Lourdes, los auquénidos de Huancayo te repudian”. El tema se puso de moda: hasta se publicaron artículos reivindicando la gran admiración que en todo el mundo existe por los camélidos sudamericanos. </p>

<p>Pero lo peor para Lourdes estaba por venir. A pesar de que le pidió disculpas públicas a Toledo por lo que llamó mansamente “expresiones fuera de tono de mi padre”, mucha gente entendió claramente el mensaje: el señor Flores era racista. El incidente le provocó un bajón en las encuestas. El nuevo Herald lo resumió así: “La abogada conservadora Lourdes Flores ha visto frenar las intenciones de votos a su favor desde que su padre entró al juego racial y calificó de “auquénido [camélido] de Harvard” a Toledo por su apariencia andina y sus estudios universitarios en Estados Unidos”.</p>

<p>Lo más triste es que para muchos Lourdes había demostrado ser, de lejos, la candidata más honesta en una elección a la que postularon un padre en fuga y cierto charlatán llegado desde el exilio francés. Pero qué se le hace: Lourdes perdió el paso a la segunda vuelta por un margen tan estrecho que es perfectamente posible atribuir su fracaso a las declaraciones de su padre. Como pocas veces, un instante de la televisión decidió el curso final de unas justas electorales y nos recordó con crudeza que somos un país triste, con serios conflictos de identidad: un lugar donde la marginación se ve incluso en algo tan trivial como las discotecas de moda (donde a un gorila le pagan para no dejarte entrar si eres muy "auquénido"). Puesto número 12: Lourdes Flores y la boquita de su papá.</p>]]>
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    <title>13. La caída de Kiko Ledgard</title>
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    <published>2008-11-22T11:44:57Z</published>
    <updated>2008-11-30T22:46:00Z</updated>

    <summary> El excéntrico entrañable Kiko Ledgard había pasado toda su vida haciendo piruetas, encaramándose en techos sin arnés a la vista, volando mismo Tarzán con una liana, saltando elástico por encima de los pudores, convenciones y recatos de un mundo...</summary>
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        <name>Juan Manuel Robles</name>
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        <![CDATA[<p><img alt="post kiko ledgard.jpg" src="http://blogs.elcomercio.com.pe/santalima/post%20kiko%20ledgard.jpg" /></p>

<p><strong><font color="#990000">El excéntrico entrañable</font></strong></p>

<p>Kiko Ledgard había pasado toda su vida haciendo piruetas, encaramándose en techos sin arnés a la vista, volando mismo Tarzán con una liana, saltando elástico por encima de los pudores, convenciones y recatos de un mundo al que nunca ingresó totalmente: el mundo de los adultos. Su época no era propicia para salir a un estudio con manga corta y jeans, pero en todas las imágenes de archivo, su esmoquin parece siempre a punto de estallar, arrugado y diminuto en un cuerpo demasiado propenso a moverse. Ledgard pertenecía a una categoría que hoy casi no existe: la del hombre de múltiples aficiones que prueba varias vidas (fue campeón de box, atleta, publicista) y termina en la televisión por casualidad, con la única arma de la energía interior. Así, como jugando, el ex boxeador se convirtió en un peso pesado de la pantalla. Pero en mayo de 1981 ese mismo espíritu chonguero, ese afán de cometa a la deriva, nos daría uno de los pasajes más estremecedores de la historia de la televisión peruana. La última pirueta de Kiko. Su caída y su silencio. </p>

<p><object width="425" height="344"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/_aZNmpHOjB8&hl=es&fs=1"></param><param name="allowFullScreen" value="true"></param><param name="allowscriptaccess" value="always"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/_aZNmpHOjB8&hl=es&fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"></embed></object></p>]]>
        <![CDATA[<p>Ocurrió en el Hotel Country Club de Lima, durante la conferencia de prensa que anunciaba su retorno a la televisión peruana al cabo de una década de vivir en España, donde ya era famoso. Ledgard quiso romper el protocolo y puso a prueba los nervios de la concurrencia. Hay hombres que nacen sin sentido del vértigo y Kiko parecía ser uno de esos hombres. Su aplomo para las maniobras arriesgadas no puede confundirse ni con la valentía ni con la estupidez: simplemente, era la ejecución de una coreografía más en una existencia insólita; un acto excéntrico, sí, pero rutinario. </p>

<p>Lo malo es que las barandas del Country Cub nunca fueron estables. </p>

<p>Acaso Ledgard olvidó esta naturaleza oscilante de la estructura, o es que sentía la confianza de alguien que regresa a un barrio de la infancia. Porque en ese mismo lugar, el palacio que Alfredo Bryce Echenique hizo inolvidable en Un mundo para Julius, Kiko había desplegado sus primeras descargas energéticas. Se sabe que de niño acostumbraba a nadar durante horas en la piscina con su hermano Walter (famoso nadador), mientras que por las calles de San Isidro la madre de ambos, María Jiménez, provocaba murmuraciones y cuchicheos al ser la primera mujer en Lima que en conducir un automóvil sola. </p>

<p>Eran otros tiempos y la naciente televisión era otra. Viendo la candidez de las imágenes de sus programas, resulta obvio que lo que hacía Kiko Ledgard es un tipo de producción que hoy en día Mr. Ibope aplastaría a mazazos en el raiting. Ledgard, un publicista llamado originalmente a la televisión como creativo, se convirtió en animador de un espacio de concursos que llamado “Haga negocios con Kiko”. El formato era clásico, una copia del gringo "Let's Make a Deal", pero el conductor era una caja de sorpresas. </p>

<p>Para darnos una idea, Kiko Ledgar era un tipo que usaba medias de colores distintos de lunes a domingo (por accidente, en su primera pelea había subido al ring con medias diferentes y, como ganó, nunca más se puso medias del mismo color). Cuando estaba frente a una escalera, contaba el número de gradas antes de subir para terminar siempre con el pie derecho. Llevaba seis relojes, tres en cada brazo, por cábala y bautizó a sus hijos nombres tan, digamos, polémicos como Spring, Tip y Jet. </p>

<p>Todo eso lo hacía único y memorable. Pero a pesar del éxito, Ledgard se vio obligado a abandonar las pantallas locales debido a las reformas del gobierno militar, que confiscó la televisión privada a inicios de los años setenta. Kiko viajó a España con sus once hijos y no perdió tiempo: valiéndose de contactos, logró conducir una versión mejorada de “Haga negocio con Kiko”, el programa “Uno dos tres”. Pregúntenle a cualquier español de más de cuarenta años por “Uno dos tres” y se darán cuenta de su enorme importancia. Ledgard dejó Lima por culpa de las circunstancia pero no arrugó en Madrid. ¿Arrugar? Él era una especie de Big fish peruano, alguien que había caminado todos los rumbos y nunca aceptaba un no por respuesta. Así que en Madrid hizo lo único que le quedaba, ser él mismo: se lo vio un día, corriendo en pleno set perseguido por un novillo para deleite de la platea. O volando por efecto de los globos de helio en un programa infantil. </p>

<p><object width="425" height="344"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/nC4WmMHLlsM&hl=es&fs=1"></param><param name="allowFullScreen" value="true"></param><param name="allowscriptaccess" value="always"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/nC4WmMHLlsM&hl=es&fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"></embed></object></p>

<p>En 1981, triunfante, volvió a Lima para conducir un programa en canal 4, pero esta vez las cosas no salieron bien. La fotografía de su cuerpo inconciente tendido boca abajo en las baldosas del jardín del Country todavía impactan. Ledgard salvó de morir pero nunca fue el mismo. </p>

<p>—A mí me falla el coco. </p>

<p>Dijo en una de las últimas entrevistas que concedió para la prensa peruana. Es cierto que su salud mental y física nunca fue la misma, que la caída canceló para siempre sus planes de retorno a la televisión. Pero lo que nunca varió fue el humor de un tipo que a los setenta y cinco años seguía usando medias de distinto color y tres relojes en el brazo. Veamos pues esta caída aparatosa no como una tragedia, sino como un capítulo más en la vida de un hombre que vivió contagiando su energía infinita en tiempos pre Red Bull, y que murió mientras dormía plácidamente, en Madrid, a las seis de la mañana de un día de octubre de 1995. Puesto número 13. La caída de Kiko Ledgard.</p>

<p><strong>Comparto con ustedes el testimonio que envió un lector sobre este momento de la TV. Muchas gracias a Ángel.</strong><br />
"Fui testigo directo de la transmisión del accidente.<br />
Las imágenes se propalaron ese mismo día por América TV, entre las tres y cuatro de la tarde a modo de Flash noticioso.<br />
Esa tarde, tras regresar del colegio y haberle dado curso al respectivo almuerzo, me senté a ver mi telenovela diaria (no recuerdo su nombre). De repente, cortaron y vi que un tipo caminaba y hacía equilibrio sobre la angostísima baranda de un lugar con jardines y árboles alrededor. Segundos después, observé cómo el peso de su cuerpo ganó la batalla y lo hizo inclinarse hacia su derecha. La caída era inminente. Sus brazos se sacudieron con fuerza, como intentando volar o ahuyentar a las garras de la muerte. Todo fue inútil: el hombre siguió cayendo. Una mujer gritó impresionada: "!se cayó¡". La cámara se desplazó hacia el filo del balcón y enfocó el vacío: el cuerpo de Kiko Ledgard yacía boca abajo en el suelo. Un charco de sangre rodeaba su cabeza. No había narración o comentario de fondo, ni subtítulos. Cortaron la imagen y se vio a Jet, la hija de Kiko, siendo presa de un ataque de nervios, mientras que una ambulancia se llevaba al conductor. Acabó el flash. Quedé pasmado. Corrí a contarle a mi madre. Ella no podía creerlo y de inmediato sintonizó la radio.<br />
Este triste hecho puso fin a la exitosa carrera de Kiko Ledgard. Atrás quedaron los sintonizados programas de concurso que muy acertadamente dirigía. Todo su ingenio, energía y gracia quedaron aplastados con el golpazo que se dio en el cemento. A partir de ese día, Kiko fue muriendo de a poquitos".</p>]]>
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    <title>14. Laura Bozzo y las axilas</title>
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    <published>2008-11-16T02:10:28Z</published>
    <updated>2008-11-17T19:25:29Z</updated>

    <summary> Todo por dinero Seamos justos: Laura en América fue un programa legendario. La fina construcción de sus escenarios, la doméstica hondura de sus entuertos, la procaz ironía de sus diálogos, la indigencia documental de sus invitados, los llantos precisos,...</summary>
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        <![CDATA[<p><img alt="POST LAURA BOZZO.jpg" src="http://blogs.elcomercio.com.pe/santalima/POST%20LAURA%20BOZZO.jpg" width="380" height="275" /></p>

<p><strong><font color="#990000">Todo por dinero</font></strong></p>

<p>Seamos justos: Laura en América fue un programa legendario. La fina construcción de sus escenarios, la doméstica hondura de sus entuertos, la procaz ironía de sus diálogos, la indigencia documental de sus invitados, los llantos precisos, el milimétrico control de los tiempos de cada una de las rabietas de la conductora, la ira incontenible, todo eso era el insumo de una producción que dio al Perú y a su gente la oportunidad de ser famosos en más de veinte países. Porque no hay que ser mezquinos, Laura fue célebre y nos puso en el ojo del mundo. Hasta en la Cuba de los hermanos Castro circulan hoy DVDs que compilan los mejores episodios de un programa que, como una gran terapia en vivo, logró que los peruanos sacaran a flote sus más íntimas paltas. El sábado 27 de noviembre de 1999, Laura Bozzo no hizo más que confirmar esa vocación por la antropología en vivo. “Haría cualquier cosa por dinero”, se llamó el episodio. Casi nadie ha podido olvidarlo. </p>

<p><object width="425" height="350"> <param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/PckHwAF6XwM"> </param> <embed src="http://www.youtube.com/v/PckHwAF6XwM" type="application/x-shockwave-flash" width="425" height="350"> </embed> </object></p>]]>
        <![CDATA[<p>Inspirada en una idea original de Cristina Saralegui, reina madre del género, la producción de Laura en América quiso mezclar la habitual presencia de descamisados, calatos y menesterosos con algo de humor. No olvidemos que el público de los sábados pedía entretenimiento, no conflictos. ¿Qué somos capaces de hacer en vivo y en directo por unos dólares? La mente traviesa de los creativos supo bombardear la pantalla con el último grito del ingenio televisivo: bañarse casi desnuda en una tina con ranas (US$ 30 dólares), comer un rocoto entero (US$20), besar a un desconocido (US$ 30), gatear en pleno set (US$ 20). No parecía una mala idea. Sobre todo considerando el plato fuerte de la noche, la prueba final que iba a avinagrar para siempre la memoria de generaciones de peruanos: lamer las axilas y los pies de un fisicoculturista que no se había bañado en 48 horas. </p>

<p>Y eso que, si lo que dicen algunos asistentes de producción de la época es cierto, en el estudio donde se grababa Laura en América había duchas especialmente acondicionadas para que los invitados se jabonaran antes de salir a escena. Pero esa es otra historia. El especial en cuestión tenía como propósito mostrar al todo el Perú el espíritu chonguero y lúdico de nuestra gente. Había que cuidar cada detalle, ya que el éxito del espacio había llevado a Laura Bozzo a traspasar las fronteras: ese mismo mes, la prensa de espectáculos dio la noticia de que la ‘Abogada de los pobres’ aparecería en la poderosa cadena Telemundo. Los directivos del gigante estadounidense habían comprado cien capítulos de prueba. </p>

<p>Y les encantó.</p>

<p>Casi nadie puede olvidar el programa Hago todo por dinero, aunque hay que decir que en esos días pocos admitieron haber visto esas imágenes. En el Lima de esa época, nadie reconocía ser seguidor Laura. Daba roche, vergüencita. Era un fenómeno curioso: la gente solo comentaba el programa aclarando que lo había sintonizado de casualidad, “haciendo zapping”. Sin embargo, el raiting le daba altísima sintonía no solo en el CD de donde provenían sus descamisados, sino también en los confortables sillones de la clase alta nacional. El Perú todavía no vivía el boom gastronómico, pero siempre fuimos un país exquisito con los sabores. Esa lengua en la axila era demasiado.</p>

<p>Las imágenes provocaron múltiples manifestaciones de rechazo. Cartas de quejas llenaron por igual las bandejas de entrada de diarios respetables y pasquines de a china. La revista TV+ se pronunció: “El último fin de semana de noviembre será recordado como el momento en que se traspasaron los límites. La polémica acerca de los contenidos de los talk shows nunca había despertado una reacción tan sólida por parte de diversos sectores de la sociedad civil”. El Defensor del Pueblo, Jorge Santistevan de Noriega, pidió a la Presidencia del Consejo de Ministros que las entidades de estatales se abstuvieran de patrocinar con avisos el programa de Laura Bozzo. La broma no daba risa, apestaba.</p>

<p>En este punto, es preciso decir que la abogada Bozzo siempre se jactó de no tener límites. “Soy una loca de mierda”, dijo más de una vez ante colegas de todas las nacionalidades. Sin embargo, su biografía registra invariablemente que, cuando algo sale mal, la culpa es de otro. Luego de la emisión del programa y el repudio general que provocó, Laura fue contundente en su defensa: “Fue una idea de mi productor”. Alberto Rojas, un buen hombre que hoy dirige el programa Fuego Cruzado, agachó la cabeza y aceptó el exceso. La censura fue casi unánime. Hasta Cristina Saralegui salió a criticar a su pequeña aprendiz: “Solo muestra la peor cara de un país tan noble como el Perú”, dijo. Laura Bozzo, envalentonada por su naciente éxito en Miami, se defendió recordándole a la cubana su amarillento pasado: “Cristina fue más radical aún porque ofreció US$ 50 para que las personas se bañen en heces, algo asqueroso; y le entregó dinero a una señora por lamer no solo las axilas, sino todo el cuerpo sudoroso de un hombre”. Imagínense. </p>

<p>Al final, nada detuvo a la Bozzo. Meses más tarde, el programa iría aún más lejos al mezclar miseria y propaganda política, llevando a Lucrecia Orozco para hablar sobre el tema “Papá, quiero que me reconozcas”. No es necesario recordar quién era ese padre en fuga, lo tuvimos cinco años en Palacio. El olfato televisivo de Laura Bozzo fue vital para construir la imagen que en el planeta se tiene de los peruanos del nuevo siglo, o sea, tipos sin dentadura que acuchillan en polladas y violan a sus sobrinas con un somnífero en el caldo. Sonriamos al mundo, pues, con estos 32 dientes (que los peruanos sí tenemos,) al recordar juntos el programa que, un sábado, nos dio imborrables minutos de regocijo familiar. Puesto número 14: Laura y las axilas.  </p>]]>
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    <title>15. La pestaña postiza de Gisela</title>
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    <published>2008-11-06T19:49:57Z</published>
    <updated>2008-11-13T20:47:57Z</updated>

    <summary> El día que apareció la Señito En 1987 la televisión local era como vieja quinta: prendías el aparato y te encontrabas las caras de siempre. Roxana Canedo te despertaba a las seis de la mañana con las noticias (malas),...</summary>
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        <name>Juan Manuel Robles</name>
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        <![CDATA[<p><img alt="post gisella.jpg" src="http://blogs.elcomercio.com.pe/santalima/post%20gisella.jpg" width="400" height="374" /></p>

<p><strong><font color="#990000">El día que apareció la Señito </font></strong></p>

<p>En 1987 la televisión local era como vieja quinta: prendías el aparato y te encontrabas las caras de siempre. Roxana Canedo te despertaba a las seis de la mañana con las noticias (malas), luego Club 700 y su moralina, a las once la cocina de Teresa Ocampo en el 4 y al mediodía la repetición de La casa de enfrente, previo paréntesis con el Hermano Pablo e himno nacional de rigor. Así parecían divertirse las amas de casa entonces. Pero el miércoles 28 de octubre de ese año iba a ocurrir algo inesperado. “Se lanza Aló Gisela” fue todo lo que dijo El Comercio ese día, en la pequeña página de RADIO / TV. Eran pocas palabras para un fenómeno inmenso.</p>

<p><object width="425" height="344"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/bob06CF5R6E&hl=en&fs=1"></param><param name="allowFullScreen" value="true"></param><param name="allowscriptaccess" value="always"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/bob06CF5R6E&hl=en&fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"></embed></object></p>]]>
        <![CDATA[<p>El programa fue uno de los últimos grandes aciertos de Genaro Delgado Parker. El broadcaster quería hacer un espacio similar al que por entonces tenía en Argentina Susana Jiménez (a la vez inspirado en Rafaella Carrá). La idea era simple: una conductora rubia y carismática, un teléfono y llamadas del público. Regalos, entretenimiento, concursos. Se sabe que Roxana Canedo también estuvo en el casting para elegir a la conductora. Al final, Delgado Parker se decidió por la vedette más cotizada de Risas y Salsa, una mujer que ya había brillado con luz propia en musicales del programa cómico, una chica con ojos inmensos que jamás pasaba desapercibida. </p>

<p>El 28 de octubre a las 12 del mediodía, Gisela apareció por primera vez en las pantallas de Canal 5. Tenía 24 años. No había grandes libretos ni esquemas. Gisela se maquilló ella sola y se colocó pestañas postizas para resaltar sus ojazos. La desenvoltura de Gisela frente a cámaras estaba fuera de discusión (no cualquiera muestra las piernas con tal aplomo), pero había un detalle que, sin dudas, significaba un riesgo para Panamericana. Gisela era una mujer del pueblo, de barrio, sin mayor instrucción ni roce, una madre soltera que había tenido que lidiar con los obstáculos de la supervivencia, una chica pobre salvada de la mediocridad gracias al digno oficio de las tangas. Pero ahora tendría que hablar con amas de casa habituadas aún a los tiempos de la aristocracia televisiva. Tendría que demostrar demasiadas cosas. “Dijistes”, “nadies” y “enantes”, podrían escapársele en cualquier momento y eso sería un desastre. </p>

<p>Pero bastó que Gisela contestara el teléfono (un teléfono ochenteno con disco) para que todas las dudas se despejaran. </p>

<p>— Gisela por aquí. ¿Y por allá?</p>

<p>Era la primera vez que a un personaje popular se dirigía así al televidente. Porque una cosa era Ferrando y su propio circo: Gisela tenía que dialogar y ser una compañía. La conductora no tuvo miedo de mostrarse tal cual era, y quizás ese fue el secreto de su éxito. En ese primer programa, los productores quisieron darle una sorpresa para tentar al raiting. Llevaron al estudio de televisión a la pequeña hija de Gisela, Ethel y la conductora no pudo evitar el llanto. Las lágrimas hicieron que una de las pestañas postizas se le cayera. Lo que podría haber matado de vergüenza a cualquier mujer frente a miles de televidentes, a ella solo le produjo risa: se quitó la otra pestaña y sonrió. Gisela había creado su propio génesis. </p>

<p>Gisela Valcárcel supo rápidamente que sus modales y manías iban a hacer que muchas mujeres se identifiquen con ella. Así, acuñó el apelativo “señito”, un término empalagoso y un tanto vulgar que seguramente ningún productor habría recomendado, pero que ella supo convertir en sello propio, en muletilla cómplice, en marca registrada.</p>

<p>De ahí en adelante, Gisela Valcárcel construyó su propio imperio, creó un salón de belleza, una revista con su nombre e incluso publicó su propia biografía Ventiló su vida privada y negoció la transmisión en vivo de su matrimonio con el futbolista Roberto Martínez. Hoy es icono habitual incluso en las más refinadas revistas de moda, un referente de éxito femenino para todos los estratos. Por eso su debut como conductora ocupa el puesto 15 del rating. </p>]]>
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    <title>16. Chile 4. Perú 0.</title>
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    <published>2008-10-30T09:20:35Z</published>
    <updated>2008-11-24T12:50:08Z</updated>

    <summary> Hay golpes en la vida La noche del domingo 12 de octubre de 1997, millones de peruanos encendieron su TV poseídos por el ciego fervor del optimismo: era como si por primera vez en décadas alguien nos hubiera dado...</summary>
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        <name>Juan Manuel Robles</name>
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        <![CDATA[<p><img alt="post peru chile.jpg" src="http://blogs.elcomercio.com.pe/santalima/post%20peru%20chile.jpg" width="350" height="246" /></p>

<p><strong><font color="#990000">Hay golpes en la vida</font></strong></p>

<p>La noche del domingo 12 de octubre de 1997, millones de peruanos encendieron su TV poseídos por el ciego fervor del optimismo: era como si por primera vez en décadas alguien nos hubiera dado licencia para soñar. La selección peruana de fútbol se encontraba en cuarto lugar de la tabla y solo faltaban dos fechas para el fin de las Eliminatorias a Francia 98. Una clasificación no había estado tan cerca desde 1981, cuando solo un empate con Uruguay en Lima nos daría el boleto de avión a España. Esta vez, Perú tenía tres puntos de ventaja con respecto a su más cercano perseguidor. Solo debía empatar y mantener el cuarto puesto para empezar a hacer las maletas. Pero había un detalle: el partido era de visita y se jugaba contra el más histórico de nuestros rivales. La selección de Chile nos esperaba en Santiago dispuesta, literalmente, a matar.</p>

<p><object width="425" height="344"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/EbLnEqpR6Is&hl=en&fs=1"></param><param name="allowFullScreen" value="true"></param><param name="allowscriptaccess" value="always"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/EbLnEqpR6Is&hl=en&fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"></embed></object></p>]]>
        <![CDATA[<p>No creo que exagerar si digo que mucha gente soñó con ese partido las noches previas al domingo. Imágenes de la blanquirroja agitándose con el viento frío de Santiago aparecieron en las visiones oníricas de muchos por esos días. ¿Por qué tanta emoción? Porque Perú jugaba bien, era un máquina elegante que tejía triangulaciones con precisión de filigrana. Balerio sacaba con aires de líbero, Maestri pivoteaba y el Chorri aparecía para recordar que en estas tierras el fútbol también se baila (y no por casualidad el partido más hermoso de la historia de los mundiales fue el Perú - Brasil). Reynoso tenía la sólida fineza de quienes no consideran digno que un defensor reciba un salario por reventar la pelota. El equipo funcionaba tan bien que Perú anotaba con delanteros menores: ni Julinho ni Carty jugaban en ligas internaciones ni tenían peso en la región. </p>

<p>Y fue justamente Carty el que había anotado el gol del triunfo en el 2 a 1 con el que Perú había ganado a Uruguay en Lima la fecha anterior, después de estar perdiendo 1 a 0. Fue un gol horrible, como de Karate Kid haciendo la patada de la grulla, pero fue el que nos dio la victoria y la esperanza (Chile perdió ese mismo día frente a Argentina). Los números le cuadraban al Perú, el sueño era posible y en toda Lima las caravanas hicieron colapsar el tránsito de Miraflores. Desde ese momento, una fiebre que los menores de 20 años no conocían se apoderó del país. </p>

<p>Todos alucinamos con Francia. </p>

<p>Los que nunca habíamos visto a Perú en un mundial conversábamos con los amigos acerca de la asombrosa posibilidad de intercambiar la figurita de Zidane con la de Waldir Sáenz, la de Sucker con la de Juan Jayo, en las páginas vacías del álbum que Navarrete ya estaría diseñando previendo el más elevado tiraje. Hacíamos esas bromas por chongo, pero había ansiedad y, aunque suene cursi, ilusión en estado puro. ¿Cómo nos iría en el sorteo de grupos? Se rumoraba que dos cadenas de hoteles habían enviado sus propuestas a la Federación Peruana de Fútbol para el alojamiento del combinado patrio en tierras francesas. Eso no tenía nada de extraño (también se había hecho ofertas similares a la federación Chile), lo llamativo era que todos comentaban eso como una confirmación de un futuro mundialista que, esta vez, no podía sernos esquivos. </p>

<p>Conforme pasaron las semanas y se acercó el día del encuentro, un viejo asunto salió a la superficie. La rivalidad histórica entre los países vecinos enrareció el ambiente. La eterna competencia patriotera apareció como el combustible demencial de las declaraciones más destempladas. El optimismo peruano (cosa rara en un país en que ser escéptico es un innato escudo de protección) ofendió al técnico Nelson Acosta y varios futbolistas. “Chile merece respeto. Allá nos han mirado en menos. Piensan que el partido ya lo tienen ganado, y yo digo que están muy equivocados”, dijo Iván Zamorano, astro chileno que se perdería el encuentro por una lesión. El técnico Acosta declaró:</p>

<p>—En Perú no nos han tratado bien. Si hasta por ahí dijeron que nos metieron brujos para que se lesionaran algunos jugadores. Nosotros ni tenemos brujos tan potentes ni nos preocupamos de esas cosas.</p>

<p>Y he aquí un elemento adicional en el folclor de esos días. Los brujos. Las supersticiones. La hechicería. El chamán del Norte llegó a la concentración de La Videna para regar sus buenas vibras. El técnico Juan Carlos Oblitas no lo dejó entrar. El programa de Pe a Pa de la televisión chilena invitó a dos videntes. Uno peruano, que leía el futuro en hojas de coca y el otro chileno, que leía las cartas. El peruano dijo que Perú ganaba y el chileno dijo ver una misteriosa “P”.  Todavía se especula si aquella fue una bien planeada estrategia para que nos confiáramos. Si fue eso, vaya que les salió bien.</p>

<p><object width="425" height="344"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/fwcC8wC8hi4&hl=en&fs=1"></param><param name="allowFullScreen" value="true"></param><param name="allowscriptaccess" value="always"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/fwcC8wC8hi4&hl=en&fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" width="425" height="344"></embed></object></p>

<p>El domingo 12 de octubre de 1997 tuvimos ocasión de soñar por última vez. Panamericana TV inició la transmisión a las ocho de la noche. La selección había viajado en un avión del Fuera Aérea. En el aeropuerto, Alberto Fujimori en persona les dio a los jugadores un abrazo de buena suerte. Lo que se venía era grande. Eddie Fleischman y Micky Rospigliosi tenían por misión comentar un partido que podía ser histórico, grabar sus voces en la gloria mayor. </p>

<p>Pero no hubo gol peruano que celebrar ni gritar. Chile nos ganó 4 - 0 con tres anotaciones del Marcelo Salas. Y nadie pudo olvidar nunca la cara del “matador” riéndose de los peruanos. Risa de chibolo mataperrero: cómo dolía esa felicidad. Toda la tensión que, de hecho, sintió Chile antes del partido, se disipó en un estallido de júbilo en el minuto 13. A la mierda con los brujos, esto era fútbol de verdad y la noche se venía encima. Reynoso estuvo en la peor noche de su vida, el juego bonito duró solo un tiempo y a Jayo le sacaron la roja. Al final, solo quedó la canasta llena y un mensaje para aquellos escépticos que creen que el fútbol no te hace llorar. A ser peruano otra vez, a soltar lágrimas en medio del absurdo: la municipalidad de Miraflores había cerrado la avenida Arequipa para facilitar la celebración peruana. </p>

<p>—El fútbol da revanchas. </p>

<p>Dijo Fleischman con cara de autogol. La victoria de Chile sobre Perú nos sacó del mundial de Francia, fue una cachetada a un país que rara vez sabe de optimismos, fue una pesadilla que aún duele. Los cuatro goles dañaron la autoestima de una nación, nos devolvieron al muro de los lamentos, al pavimento de las frustraciones. Por si fuera poco, tras el pitazo final nos dimos cuenta que ganarle a Chile en la guerra virtual del fútbol hubiera significado mucho, era una forma simbólica de superar el pasado, de empezar otra vez. Pero, luego perder de forma tan categórica, Perú volvió a Lima con la resaca de lo todo vivido empozada en el alma, perdiendo hasta nuevo aviso la licencia para soñar. 4 a 0 de Chile en Santiago. Puesto 16.</p>]]>
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    <title>17. Magaly y las &quot;prostivedettes&quot;</title>
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    <published>2008-10-22T09:14:44Z</published>
    <updated>2008-10-24T21:48:55Z</updated>

    <summary> Quien siembra vientos Aunque muchos analistas sobones trataron de negarlo a los cuatro vientos, en el verano del año 2000 el país estaba al borde del desastre. Crecían los rumores de que las elecciones próximas iban a ser solo...</summary>
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        <![CDATA[<p><img alt="Post Prostivedettes.jpg" src="http://blogs.elcomercio.com.pe/santalima/Post%20Prostivedettes.jpg" width="400" height="300" /></p>

<p><strong><font color="#990000">Quien siembra vientos</font></strong></p>

<p>Aunque muchos analistas sobones trataron de negarlo a los cuatro vientos, en el verano del año 2000 el país estaba al borde del desastre. Crecían los rumores de que las elecciones próximas iban a ser solo una fachada, un montaje con ganador de antemano, pero en los canales nadie hablaba de eso, ya saben, este era un país con futuro. El oficialismo había copado todas las instancias del aparato estatal, los jueces eran títeres del poder y a los candidatos de oposición Andrade y Castañeda apenas se les daba la cobertura de los noticieros, pues la señal abierta había sido capturada por Vladimiro Montesinos (luego sabríamos cómo). ¿Por qué demoro tanto en arrancar con el tema? Porque el contexto, en este caso, sí importa. El 1 de febrero de 2000, mientras miles de peruanos luchaban por devolvernos algo de la decencia perdida, Magaly Medina escribió desde su cubil de producción el peor capítulo de la TV peruana, un ampay casi pornográfico que superó con creces la más mínima noción de escrúpulos profesionales: el escándalo de las prostivedettes.</p>]]>
        <![CDATA[<p>El video fue promocionado como un Informe Especial. Magaly TV se transmitía en ese entonces a través de la señal de los hermanos Samuel y Mendel Winter, quienes habían conseguido el manejo de Frecuencia Latina luego de una burda maniobra legal del régimen. Aunque entonces todavía no salían a la luz los casetes que mostraban a los Winter recibiendo dinero de Montesinos, la línea periodística del canal mostraba un evidente entendimiento entre los directivos y el gobierno. Magaly Medina, que siempre se ha jactado de ser una periodista seria, no tuvo ningún problema en ser parte de ese aparato de manifiesta desinformación. </p>

<p>Su coartada: ella solo hacía espectáculos. </p>

<p>Sin embargo, ese lunes por la noche Magaly iba a sobrepasar todos los límites, al convertirse en la autora intelectual de la colocación de una cámara oculta en un cuarto de hotel. Magaly contrató a un amigo de su productor y pareja, Ney Guerrero, para armar una emboscada periodística contra dos de las vedettes más cotizadas de entonces: Yesabella y Mónica Adaro. La idea era probar que ejercían la prostitución y así asestarles un golpe mortífero. Todo sucedió como lo planearon. La cámara, con luz infrarroja, grabó el encuentro sexual con lujo de detalles, apenas diminutos mosaicos de censura borroneaban lo obvio. El raiting superó toda expectativa. Se desconoce si Magaly titubeó. Se presume que no.</p>

<p>Un ampay de esta magnitud no podía difundirse sin el respaldo del canal de televisión. Como señaló en su momento el crítico de televisión Fernando Vivas, Magaly, que ya para entonces comenzaba a sentir el rigor de las demandas de sus víctimas, no tuvo otra alternativa que alinearse con el régimen. Es muy probable que nadie le haya sugerido el reportaje de las prostivedettes (crueldad no le faltaba para hacerlo por iniciativa propia), pero las circunstancias que hicieron posible la difusión de un material como ese fueron, evidentemente, políticas. </p>

<p>El video desvió la atención de todo un país y dio un mensaje claro: la televisión basura sería la norma y los directivos pro-montesinistas no harían nada para cambiar esa situación, es más, la avalaban. El video significó una verdadera bomba. Magaly lo había logrado: la historia de la TV peruana no podría escribirse nunca más sin incluir su nombre. La vida privada era el insumo de un negocio que —acaso ya lo sabía— resultaría ser su mina de oro personal, la que aseguraría su vida y la de su familia. </p>

<p>Ella, que solo seis años atrás, en el programa Fuego Cruzado, había criticado a Ferrando porque “ha hecho de la humillación a la gente el insumo para su raiting”, se convertía en la más grande depredadora de la pantalla chica. </p>

<p><object width="425" height="344"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/E6kZ-5JFTJI&hl=en&fs=1"></param><param name="allowFullScreen" value="true"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/E6kZ-5JFTJI&hl=en&fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowfullscreen="true" width="425" height="344"></embed></object></p>

<p>Sin embargo, también es justo decir que Magaly calzó perfectamente con una época en que la vida privada empezó a disolverse y redefinirse. Desde hace algunos años, Internet es la piscina inacabable en la que miles de chicos despechados colocan un video teniendo sexo con su ex novia, grandes celebridades aparecen con las nalgas al aire, las adolescentes hacen striptease en línea y los secretos más escabrosos se saben. Y nadie se araña por eso. Magaly no solo tuvo un magistral sentido de la oportunidad, sino que coincidió con un momento en que la tecnología alcanza tal sofisticación fisgona que el pudor va haciéndose elástico como un chicle. Nada de esto exculpa a la conductora, ojo, pero todo líder es producto de su tiempo y ella no escapa a esta regla. </p>

<p>Ocho años después de lanzar este video, Magaly Medina sería encarcelada por cometer el delito de difamación contra el futbolista Paolo Guerrero. A pesar de que su programa hacía tiempo que había bajado el tono (se eliminó la secuencia “Sin confirmar” y nunca más se metió una cámara en una alcoba), muchos vieron la carcelería como una especie de castigo acumulado. Nadie puede negar que existe cierta justicia en la condena, en la imagen de Magaly esposada. Percibir las cosas así es cruel: ¿pero quién promovió esa trivialización del drama íntimo? ¿Quién nos enseñó a regodearnos en la sala de nuestra casa mientras el objeto de la burla del vive una pesadilla psiquiátrica? Conmovió lo que dijo Magaly cuando la conducían a la carceleta: “espero que mi mamá no esté escuchando esto”. Ella, la mujer a la que nunca le importó la familia de ninguno de sus ampayados, que se llenó la boca diciendo que ese es el precio de la fama, ahora suplicaba que su madre no la viera en el momento de mayor desamparo de su existencia. </p>

<p>En ese momento, muchos pensaron en la mamá de Mónica Adaro. </p>

<p>El valor histórico del video de las prostivedettes obliga a incluirlo en esta lista, pero he decidido no colocarlo en línea. No puedo reproducir algo en lo que no creo, porque ese ha sido justamente el problema madre: apretando Play contribuimos a alimentar una forma de hacer periodismo que quizás pueda hacernos reír y pasar un buen rato, pero que no nos gustaría nunca acosando a nuestras novias, madres o hijos. Las imágenes de Mónica Adaro y Yesabella teniendo sexo son una macha en el prontuario de Magaly, pero también en el nuestro, en el del público peruano que no pudo contener su morbo, que no pudo evitar volverse talibán y, lejos de sentir compasión, tirar piedras de desprecio a un par de mujeres por hacer ciertas cosas (si se fijan, la honorabilidad del sujeto al que se contrató para la cópula quedó intacta, así de imbéciles somos). Magaly Medina y las prostivedettes: puesto 17. </p>]]>
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    <title>18. La banda del Choclito</title>
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    <published>2008-10-13T20:49:11Z</published>
    <updated>2008-10-14T21:02:13Z</updated>

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        <![CDATA[<p><img alt="post choclito.jpg" src="http://blogs.elcomercio.com.pe/santalima/post%20choclito.jpg" width="313" height="402" /><br />
<FONT SIZE="1"> <em>Foto: <a href="http://www.arkivperu.com/">Arkiv Perú</a> </a></em></FONT></p>

<p><strong><font color="#990000">¡De rodillas! </font></strong></p>

<p>Antes del cable y su zapping-metralleta, la vida era más simple: uno ponía la antena en forma de V para captar bien el 5, o la giraba un poco para que la imagen del 4 no brincara locamente, o le pegaba una cachetada al aparato National para que en el 2 la lluvia cesara y volviera la calma. Eran otros tiempos, el apartheid social no determinaba el contenido de la televisión en casa y casi todo el mundo veía lo mismo: pitucas y calatos reíamos democráticamente con Risas y Salsa los sábados por la noche, <em>por primera vez la vi /no me pude controlar / hasta me puse a pensar que sería para mí</em>. Corrían los albores de los ochenta, la televisión privada renacía tras largos años de control militar. Entonces apareció en las pantallas el mafioso más pequeño y carismático de la historia, un criminal vestido de esmoquin con un puro en la boca y los más temibles secuaces al servicio del hampa.</p>

<p><object width="425" height="344"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/2dqoNXBfkzg&hl=en&fs=1"></param><param name="allowFullScreen" value="true"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/2dqoNXBfkzg&hl=en&fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowfullscreen="true" width="425" height="344"></embed></object></p>]]>
        <![CDATA[<p>La banda del Choclito apelaba a una exageración bastante obvia, pero muy efectiva en su simpleza. El enano —un enano de circo— dirigía a una sarta de manganzones. Y qué manganzones. Nunca en la televisión cómica peruana hubo tal esfuerzo de los creativos a la hora de plantear caracteres. Guayabera sucia, Mapache, Ojitos lindos. Todos ineptos, peruanazos. Con solo mencionarlos uno hace una mueca de risa, y eso que han pasado más de veinte años. No hacía falta inventarles una psicología, un patrón de comportamiento: los sujetos de la banda funcionaban con solo vestirlos y ponerles metralleta, eran caricatura en carne y hueso, una viñeta bien dibujada y ya. Uno gozaba con el solo planteamiento de un universo criminal tan criollamente disparatado: la historia que seguía importaba muy poco. </p>

<p>De ahí que lo mejor del sketch fuera justamente la presentación inicial de cada personaje, a cargo de cachacienta voz del Ronco Gámez (luego reemplazado por Guillermo Rossini). Era la fábula semanal reinventada, el perfil individual que apelaba a la vieja tradición peruana de “batir” al amigo, al compañero de chamba. Petipán era “gorgojo de quinua”, “delincuente probeta” o “grifero de chachicar”. Guayabera sucia, interpretado por Álvaro Gonzales, era el hombre menos higiénico del planeta: “nuestro encanto de la televisión mundial, como será de cochino que para votar no usa tinta indeleble sino su propia carca”. Y mientras los presentaban, la cámara se detenía en un close up del rostro de cada uno escuchando la nueva chapa sin poder contener la risa (y, a veces, picándose un poco), llevando el límite ese tortuoso ejercicio nacional de resistencia al que llamamos “tener correa”. </p>

<p>—Como será de chiquito que está esperando ganar el clásico de cuyes. </p>

<p>Por desgracia el resto era lo de siempre: golpe fácil, insulto al por mayor y misiones confusas, gritos, ningún diálogo que recordar ni libreto redondo. Daba risa, pero hay que admitir que esa risa era coreográfica: un enano golpeando a todos con un mazo de piñata como el del capitán cavernícola. Los golpes de Petipán eran reales y dolían, contó Gonzales en un documental años después. Y seguramente lo eran, la verdad, pues sin esos golpes no había historia, los lapos reemplazaban gruesamente lo que en dramaturgia se conoce como “acción”. “¡De rodillas!, ¡Imbécil!”, “¡Sonsonazo!” decía Petipán. Nadie va a negar que la comedia tenía su encanto, pero la genialidad estaba lejos, mucho más lejos de lo que quieren verla, a veces, nuestros ojos nostálgicos. </p>

<p>De todos modos, la Banda del Choclito se instaló en el imaginario de varias generaciones de peruanos, su encanto nos recuerda a una televisión con (algunas) ideas, una señal abierta que más tarde sería tomada por bandidos de verdad que utilizaron de fachada a cómicos ambulantes. Petipán y sus secuaces recibieron el premio mayor de toda ficción que se respete, a saber, instalarse entre los referentes del mundo real y adquirir vida propia, una existencia autónoma que va más allá de casetes viejos, y por eso ocupan el puesto 18 del ranking. </p>]]>
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    <title>19. La patada de Alan</title>
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    <published>2008-10-08T10:43:51Z</published>
    <updated>2008-10-09T11:20:09Z</updated>

    <summary> (O la flexión de la rodilla para empujar infiltrados) La política peruana es, a veces, una pollada demencial llena de chavetazos y tacles, casi nada nos asombra, pero ya saben, Alan García siempre encuentra la forma de ser memorable....</summary>
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        <![CDATA[<p><img alt="patada2.jpg" src="http://blogs.elcomercio.com.pe/santalima/patada2.jpg" width="400" height="289" /><br />
<p><strong><font color="#990000">(O la flexión de la rodilla para empujar infiltrados) </font></strong></p></p>

<p>La política peruana es, a veces, una pollada demencial llena de chavetazos y tacles, casi nada nos asombra, pero ya saben, Alan García siempre encuentra la forma de ser memorable. Y no hablamos de la versión 1.0 del estadista que entre el 85 y el 90 provocó que tantos lectores de este blog abandonaran para siempre jamás la tierra del inca que sol ilumina (o debiera decir, el Inti), aquel que manejó la nación como si se tratara de un veloz y descarrilado tren eléctrico. No. Hablamos del individuo que diez años más tarde volvió al Perú con perfume socialdemócrata y una maleta cargada de lecciones mercantiles, un hombre nuevo en busca de redención, un candidato febril que, luego de perder las elecciones del 2001, se dio de lleno a la abnegada tarea de ser la voz del pueblo ante al régimen de Alejandro Toledo. Y en esas andaba cuando ocurrió algo catastrófico. El 14 junio de 2004, García vivió una de esas experiencias que el azar esculpe con juguetón esmero solo en las biografías de grandes hombres. Lo peor: todos lo vieron por la tele.</p>

<p><object width="425" height="344"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/oamdsIA8TS8&hl=en&fs=1"></param><param name="allowFullScreen" value="true"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/oamdsIA8TS8&hl=en&fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowfullscreen="true" width="425" height="344"></embed></object></p>]]>
        <![CDATA[<p>El hecho ocurrió durante una marcha de protesta de la CGTP a la que Alan García había asistido puntualmente, con corbata y con estandarte, con Mulder y Del Castillo. Quizás muchos se pregunten qué hacía Alan en uno de esos paros sindicales que hoy tanto deplora, pero no voy a ensayar una respuesta: este blog no es sobre política. El caso es que en medio de la manifestación, el ciudadano Jesús Lora se interpuso en el camino de García. Fue cosa de segundos. El líder político no pudo contenerse, e hizo lo que todo hombre de acción debe hacer ante un obstáculo: sacárselo de encima y seguir el rumbo. </p>

<p>Lo malo es que había cámaras. </p>

<p>Millones de peruanos vieron a García en pleno exabrupto, la noticia dio la vuelta al mundo. Al día siguiente, sin embargo, el líder aprista quiso negarlo todo. “Creí que era un infiltrado y lo empujé con la rodilla, pero sin ocasionarle daño alguno”, declaró. Dijo también que usó la pierna porque tenía las manos ocupadas. Tales declaraciones provocaron la airada reacción de Lora, un hombre con problemas mentales, epilepsia y tartamudez, pero con el suficiente coraje como llegar hasta el local del partido con una pancarta en la que exigía a Alan la rectificación. En respuesta, según Lora, unos búfalos salieron a buscarlo y le dieron su merecido. </p>

<p>—Es falso que haya sido un simple empujón. Fue una patada, todavía me duele el <a href="http://www.bodyhelp.es/coxis.html">coxis</a>.</p>

<p>Dijo un ilustrativo Lora a los diarios. El Apra quiso minimizar el tema. La congresista Mercedes Cabanillas dijo: “Es un operativo psicosocial para tapar los escándalos de corrupción del entorno del presidente Toledo. Alan García solo flexionó la pierna para evitar que este señor obstaculizara la labor de la prensa”. Sin embargo, los esfuerzos eran inútiles: una imagen vale más que mil palabras. La gente empezó a sentir conmiseración por Lora, un trabajador simple del Perú profundo. Alan García es un hombre grande, inmenso, de metro noventaitrés de estatura: una patada suya debía doler. Acaso por un repentina activación de la memoria histórica colectiva, muchos compatriotas empezaron a sentirse identificados con la indefensa víctima.</p>

<p>Lo que parecía una anécdota, pasó a ser un tema delicado. Datum registró lo inevitable: la popularidad de García cayó más de diez puntos. Los enemigos políticos se frotaron las manos y utilizaron el hecho para atacarlo. Hasta el sicólogo Artidoro Cáceres se pronunció: “García ha demostrado una falta de equilibrio en sus conductas. Es un peligro público”. Por si fuera poco, Lora decidió poner una denuncia contra García ante la Policía Nacional. Heriberto Benítez, del FIM, metió su cuchara y dijo: “El ex presidente podría ser sancionado con una pena de hasta cuatro años de prisión por mentir en la manifestación que rindió ante la policía sobre el puntapié que le dio a Jesús Lora Cisneros. Mintió porque dice que no hubo agresión alguna”.</p>

<p>Presionado por las circunstancias, Alan García decidió hacer lo único que le quedaba. El 9 de noviembre de 2004, acudió a la casa de Jesús Lora para pedirle disculpas (con <a href="http://www.youtube.com/watch?v=1_XLj3M2UYM">golpe de pecho</a> incluido). Como era de esperarse, le dio la exclusiva a un canal de televisión, cuyas cámaras grabaron el tierno abrazo entre García y Lora. El líder aprista se comprometió a dar 200 dólares mensuales para el tratamiento médico de Jesús. Al término de la reunión, los periodistas le preguntaron a Lora si había perdonado a García. Su respuesta fue contundente:</p>

<p>—Pobrecito, él ha bajado en las encuestas, ¿qué voy a hacer?</p>

<p>Para algunos, la patada de Alan es solo un desafortunado acto reflejo muscular propiciado por el tumulto. Para otros, la confirmación visual del carácter explosivo y errático del hoy presidente del país. En todo caso, lo que es un hecho es que Lora perpetró el más grave de los errores que puede cometer un ser humano: trató de robarle cámara a Alan García. Eso no se hace, muchachos. Puesto número 19. </p>]]>
    </content>
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    <title>20. El adiós de Ferrando</title>
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    <published>2008-10-02T01:16:09Z</published>
    <updated>2008-11-03T06:26:19Z</updated>

    <summary> Un comercial y no regreso Ya habíamos pasado la mitad de los noventa, la década del optimismo idiota, de la paz recobrada y del mercado libre con olor a Cajita Feliz, pero en el estudio de televisión de Augusto...</summary>
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        <name>Juan Manuel Robles</name>
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        <![CDATA[<p><img alt="post ferrando.jpg" src="http://blogs.elcomercio.com.pe/santalima/post%20ferrando.jpg" width="340" height="253" class="mt-image-left" style="float: left; margin: 0 20px 20px 0;"/></p>

<p><strong><font color="#990000">Un comercial y no regreso</font></strong></p>

<p>Ya habíamos pasado la mitad de los noventa, la década del optimismo idiota, de la paz recobrada y del mercado libre con olor a Cajita Feliz, pero en el estudio de televisión de Augusto Ferrando nada se movía de su sitio. Parecía una máquina del tiempo, una cápsula anacrónica inmune a los vientos globales, a los espectaculares cambios de la industria del espectáculo. En el set todo seguía igual. Los mismos chistes bobos, la misma cortina coral de presentación, el mismo maleteo al negro del grupo (Tribilín), la misma forma de anunciar productos de pie frente a un micrófono —rezago de los días de radio— que había caducado varias décadas atrás. ¿Quiénes veían a Ferrando entonces? Casi nadie. Mi abuelita, telemaníaca como pocas, ya no lo sintonizaba por aburrido y vulgar. El raiting le era esquivo. Pero el sábado 11 de junio de 1996 todos parecían quererlo otra vez, como si enterarse de su partida hubiera bastado para sacar nuevas cuentas y darle la final absolución. Ese día, Ferrando congregó al país para lanzar el adiós más triste de la historia de la tv peruana. </p>

<p><object width="425" height="344"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/R_AMvznNrno&hl=en&fs=1"></param><param name="allowFullScreen" value="true"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/R_AMvznNrno&hl=en&fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowfullscreen="true" width="425" height="344"></embed></object></p>]]>
        <![CDATA[<p>El broadcaster Genaro Delgado Parker, fundador de Panamericana Televisión, llamó ese día al programa para mandarle un afectuoso abrazo de despedida. Ferrando, con la lágrima fácil que lo caracterizó en los últimos años, le reprochó en público no haber asistido al set. “No cumpliste con tu palabra de estar presente en mi despedida, pero lo que soy se lo debo a Panamericana Televisión”, dijo. Y sí, Ferrando fue uno de los descubrimientos más fructíferos del viejo zar de las telecomunicaciones. Y también un discípulo en el difícil arte de ganar más dinero. </p>

<p>Como bien anota el escritor Toño Angulo en el libro <em>Llámalo amor, si quieres</em>, Ferrando encontró la forma de hacer que su set de televisión fuera un gran negocio. Todos esos anuncios, que rebasaban en cantidad los límites contractuales y que atiborraban la escenografía de Trampolín a la fama, eran pagados con dinero que iba a parar directamente a los bolsillos de Ferrando. El canal solo cobraba por la tanda publicitaria, ese fue el trato. “Él sí que la supo hacer”, dijo con sorna Delgado Parker en una entrevista que le hizo Jaime Bayly. Viniendo de quien viene, la frase perturba. </p>

<p>Ese último día, en el set, también estaban  Carlos Álvarez, Guillermo Rossini y Pablo de Maledengoitia. Había trescientas personas. Semanas atrás, Ferrando había anunciado su retiro pero pocos creyeron que hablaba en serio. Aficionado a la peliculina, excesivamente histriónico y manipulador con su público, Ferrando ya había jugado con el corazón de sus seguidores cuando en 1990 amenazó al país con irse a vivir a Miami si el pueblo no le daba la victoria al candidato Mario Vargas Llosa. Ganó Alberto Fujimori y Ferrando no solo se quedó en Lima, sino que aceptó una visita del presidente en vísperas de las elecciones de 1995.  </p>

<p>A la distancia, el programa de Ferrando suena a mercado bullanguero, a plaza pública invadida por cómicos ambulantes y ambulantes que de cómicos tenían muy poco. Algo desafinaba en esa yuxtaposición de bromas, de maleteos al pobre, chistes machistas, y gags baratos como eso de batir a una señora gringa con por no saber hablar el castellano. En los noventa, las camisas XL brillaban pero Ferrando no: “ese es más feliz que maricón con dos potos”, decía el Negro y se mataba de la risa a la hora del lonche. </p>

<p>Claro, también había espacio para la ternura. Nadie olvida los insospechados retos para el público, esa exigencia semanal de cosas insólitas (a ver, cien soles al que me traiga una gallina con permanente). Una vez, Ferrando pidió un gallo tuerto y una mujer del público sacó un gallo de su bolso y también una tijera para operar allí mismo al improbable animal. Todo por la promesa de unas zapatillas Tigre, una docena de tarros de leche Gloria, una cocinita. Esas cosas volvían a la memoria de muchos, cuando el sábado de junio, al final, Ferrando varió su muletilla para decir: </p>

<p>—Un comercial y no regreso.</p>

<p>Lo que vino después fue doloroso, aun para sus detractores más cáusticos. La salud del viejo Ferrando se fue deteriorando cada vez más, los diarios chicha le perdieron el respeto y se metieron en su vida privada cuando su hijo Chicho lo acusó de haberlo abandonado a su suerte. En 1999, tres años después de estas imágenes, Ferrando murió triste, envejecido, flaco, sin brío, pidiendo que le den la oportunidad de volver a la tele. </p>

<p>A pesar de sus excesos, Trampolín a la fama es recordado con una sonrisa de nostalgia, de perdón. Porque hay una distancia kilométrica entre la cocina Surge de Ferrando y el carrito sanguchero de Laura Bozzo. Hay una distancia larga entre la mujer humilde que se desmayaba cuando ganaba un Volkswagen escarabajo y la adolescente que jura haber sido violada por su tío en pleno set. Porque una cosa es hacer de la pobreza el insumo para el chongo y la risa fácil, y otra cosa es convertir la pobreza en miseria simulada, en gresca delincuencial con libreto incluido. Por eso brilla Ferrando, el improvisador de metro noventa, el demagogo adorable, el déspota llorón, el hombre que no pudo ser Don Francisco: puesto número 20 de ranking. </p>]]>
    </content>
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    <title>21. Abimael y “Zorba el griego”</title>
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    <published>2008-09-26T15:44:54Z</published>
    <updated>2008-09-30T19:16:52Z</updated>

    <summary> La melodía tenebrosa No podemos olvidar lo que realmente nos atemoriza y por eso, porque tuvimos miedo, todos recordamos bien estas imágenes. Han pasado dieciséis años desde la captura de Abimael Guzmán, pero el líder de Sendero Luminoso todavía...</summary>
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        <name>Juan Manuel Robles</name>
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        <![CDATA[<p><img alt="Post Abimael.jpg" src="http://blogs.elcomercio.com.pe/santalima/Post%20Abimael.jpg" width="365" height="273" /></p>

<p><strong><font color="#990000">La melodía tenebrosa</font></strong></p>

<p>No podemos olvidar lo que realmente nos atemoriza y por eso, porque tuvimos miedo, todos recordamos bien estas imágenes. Han pasado dieciséis años desde la captura de Abimael Guzmán, pero el líder de Sendero Luminoso todavía consigue perturbarnos: pocas cosas en nuestra historia son tan espeluznantes como este pedazo de cinta en el que Abimael baila la danza del Syrtaki con Elena Iparraguirre y la cúpula de su movimiento fanático. El jueves 7 de febrero de 1991 el país conoció por primera vez a los protagonistas del más grande movimiento terrorista peruano de todos los tiempos, y vaya forma de conocerlos: en plena juerga de camaradería y con su ‘presidente’ pasado de copas. </p>

<p><object width="425" height="350"> <param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/oz9l_A2o_Uk"> </param> <embed src="http://www.youtube.com/v/oz9l_A2o_Uk" type="application/x-shockwave-flash" width="425" height="350"> </embed> </object></p>

<p><FONT SIZE="1"> <em>Video: <a href="http://elblogdecayo.blogspot.com/">El Blog de Cayo</a> </a></em></FONT></p>]]>
        <![CDATA[<p>Sucedió por la noche, en medio de un sorpresivo discurso a la nación del entonces presidente Alberto Fujimori. El mandatario puso al país al día sobre los avances de la lucha antisubversiva y encontró la ocasión justa para divulgar el contenido de los casetes incautados en por la Dircote en un operativo realizado el 31 de enero de ese año. Las imágenes más llamativas mostraban a Abimael celebrando con altos mandos de Sendero el fin del Congreso Nacional del Partido. Bailaba una melodía que los viejos cinéfilos reconocieron al instante, pues era el tema emblema de la película Zorba el griego, protagonizada por Anthony Quinn en 1964.</p>

<p>Fujimori se despachó a su antojo contra Abimael al pasar el videíto. “Le gusta la jarana, el trago, deben notar ustedes que hay además joyas, licores finos que muy poco tienen que ver con la imagen de líder revolucionario, con la imagen de austeridad que se había prefabricado, aquí lo tienen ustedes en una vulgar farra financiada con dinero que no dudamos proviene del narcotráfico”, dijo el Chino con ese particular castellano que hoy nos suena a cinismo y a corrupción, pero que entonces consiguió la atención de un país que vivía ansioso por ver, cuanto antes, algún destello de esperanza. </p>

<p>Abimael Guzmán era un hombre de carne y hueso, existía y tenía vida social, se jaraneaba. Solo había que atraparlo. Ponerle las manos encima y encerrarlo en una jaula.</p>

<p>El presidente atribuyó el hallazgo al Servicio de Inteligencia Nacional y al uso de lo que llamó “una nueva estrategia”. Al día siguiente, diputados y senadores alabaron el golpe al terrorismo. La revista <em>TV +</em> publicó: “el video capturado por al policía a los senderistas es, sin duda, el clip más impactante de los que se hayan realizado en el país. Todo un gol presidencial de antipropaganda subversiva...”. </p>

<p>Era simple. En ese tiempo Fujimori todavía podía hacer lo que hacen todos los tiranos: escribir la Historia a su conveniencia, arrogarse los triunfos de otros. Hoy sabemos que fueron los agentes del Gein, grupo especial de la Dircote, quienes planearon las exitosos golpes contra Sendero, a pesar de la desconfianza manifiesta de Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos. Pero entonces pocos sabían la verdad: solo teníamos enfrente a un terrorista danzando mientras, por su culpa, el país se llenaba de sangre allá afuera. Tarata no ocurría aún, pero estaba a la vuelta de la esquina. </p>

<p><object width="425" height="344"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/ha_8vUYzwUw&hl=en&fs=1"></param><param name="allowFullScreen" value="true"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/ha_8vUYzwUw&hl=en&fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowfullscreen="true" width="425" height="344"></embed></object></p>

<p>Las imágenes constituyeron además un crimen de otro tipo, acaso menor en comparación a los graves genocidios de Sendero. Porque con este video Abimael arruinó el para los peruanos el sereno disfrute de escuchar una composición tan hermosa. Creada por Mikis Theodorakis para la banda sonora de la película Zorba el Griego —de ahí que hasta ahora se cometa el error de llamarla por el nombre del filme—, la danza del Syrtaki se hizo tan célebre después de la película que se convirtió prácticamente en un himno para los griegos. Cuando una dictadura de derecha tomó el poder en Grecia en 1967, Theodorakis, izquierdista, lideró en su país una resistencia armada clandestina. Su música fue prohibida por las autoridades, y el compositor perseguido, encarcelado y exilado. En este contexto, la Danza del Syrtaki se volvió un grito de rebeldía, un llamado a las resistencia contra tiranías que se repitió en todo el mundo. Pero ahora, frente al país, Guzmán torcía el valor simbólico de la obra para celebrar su propia cruzada de crimen y frivolidad.</p>

<p>Guzmán imitó una coreografía entrañable (vean a Anthony Quinn) y se quedó en memoria colectiva de toda una nación. Hasta hoy, muchos evocan las imágenes del líder de Sendero bailando cuando en algún viejo bar un pianista toca los primeros acordes de la danza de Zorba. El baile de Abimael nos devuelve a una época que no queremos repetir jamás, nos hace pensar en quiénes éramos en ese entonces, en lo que fuimos capaces de hacer, en resumen: verlo así nos sigue dando miedo y por eso el célebre intento dancístico ocupa el puesto 21 del ranking.  </p>]]>
    </content>
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    <title>22. El &quot;clic&quot; de Tula</title>
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    <published>2008-09-20T23:13:26Z</published>
    <updated>2008-09-22T18:54:01Z</updated>

    <summary> Nos cuidamos como adultos Estas imágenes son de hace muy poco pero ya hicieron historia. El martes 6 de mayo de 2008, a hora de almuerzo, Tula Rodríguez hizo un alto a su rutina televisiva para lanzar un mensaje...</summary>
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        <name>Juan Manuel Robles</name>
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        <![CDATA[<p><img alt="postTula.jpg" src="http://blogs.elcomercio.com.pe/santalima/postTula.jpg" width="365" height="273" /></p>

<p><strong><font color="#990000">Nos cuidamos como adultos</font></strong></p>

<p>Estas imágenes son de hace muy poco pero ya hicieron historia. El martes 6 de mayo de 2008, a hora de almuerzo, Tula Rodríguez hizo un alto a su rutina televisiva para lanzar un mensaje a la nación. El tema a abordar no carecía de trascendencia: había que revelar ante la opinión pública lo que acababa de ocurrir en lo más recóndito su vientre interior por obra y gracia de un gerente de saco y sonrisa. Sentada en el set de televisión, Tula se dirigió a sus miles de seguidoras (cuántos caldos se habrán quemado ese día) no solo para contarles de su embarazo, sino para decir muy alto que el cuento de la Cenicienta existe, que si ella puede usted también, Señito, que vale la pena soñar. </p>

<p><object width="425" height="344"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/HeSeUu5baEE&hl=en&fs=1"></param><param name="allowFullScreen" value="true"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/HeSeUu5baEE&hl=en&fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowfullscreen="true" width="425" height="344"></embed></object></p>]]>
        <![CDATA[<p>El responsable del milagro era el ya famoso Javier Carmona, por entonces aún en proceso de separación de su esposa, Gisela Valcárcel. El romance entre Tula y Carmona se había ventilado con furor semanas atrás, era todo un lío de tangas que involucraba a las hijas predilectas de bataclanismo nacional. Como se sabe, Gisela y Tula comenzaron siendo vedettes y terminaron como cotizadas animadoras en la televisión local. Ambas fueron muy pobres y llegaron lejos. Ambas fueron acusadas de vulgares en los altos fueros de la prejuiciosa sociedad limeña. Ahora, el amor de un alto ejecutivo las enfrentaba, y eso generó muchas carátulas. Tula, que primero negó cualquier relación con un hombre casado (ella no es de esas, dijo), tomó la audaz decisión de contar frente a cámaras no solo su embarazo, sino  los detalles de la noche mágica en que conoció al príncipe en el Gran Baile. </p>

<p>—Fue en la preventa del canal. Bailamos toda la noche y hubo un clic. </p>

<p>Parecía la narración de un cuento de hadas con milagro ginecológico incluido: un doctor le había dicho a Tula que nunca podría ser mamá. Ahora, no solo iba a ser mamá gracias al saludable esperma de un hombre bueno, sino la mujer pública de uno de los ejecutivos más poderosos de la televisión local. De paso, Tula anunciaba feliz que se retiraba del programa. Pero en medio todo el culebrón, muchos se detuvieron a preguntarse: ¿Qué diablos era un clic? </p>

<p>No era una interrogante menor. ¿Qué rayos hacía Tula estirando como plastilina ese verbo que solemos relacionar con un inofensivo Mouse? Los reyes de la farándula peruana son especialistas en acuñar términos y este parecía ser un nuevo ejemplo. Hacer clic podía entenderse como el balbuceo natural de una mujer que no encontraba palabras en medio de tanta explosión de dicha. ¿Tula maltratando el idioma? Bueno, no hubiera sido la primera vez. Sin embargo, la cosa resulta ser más compleja. </p>

<p>Analicemos un instante el término “clic”. El siempre aguafiestas diccionario de Real Academia de la Lengua Española se refiere al término como la onomatopeya de ciertos sonidos, como el de el gatillo de un arma o la activación de un interruptor. O como la pulsación de un Mouse. Más amplio y desprejuciado, el idioma inglés nos acerca sutilmente al cerebro de Tula Rodríguez. En su segunda acepción, el Cambridge define <em>to click</em> (o sea, hacer clic) así: <em>to become friendly</em>. Y pone de ejemplo: <em>Liz and I really clicked the first time we met</em>. El diccionario Collins también recoge esta acepción: <em>(of two people) to get on well together</em>. Y pone este perturbador ejemplito: <em>I met him at a dinner party and we clicked straight away.</em> </p>

<p>Desconocemos como anda el inglés de Tula, pero es un hecho que su “clic” no es tan descabellado como a algunos pudo parecerle. Acaso alguna vez la RAE acoja el juguetón anglicismo. Lo cierto es que Tula Rodríguez colgó las tangas para luchar por su sueño, encaró prejuicios, tiró arroz a quienes tuvieron el noble propósito de refinarla y en mayo de 2008 dejó a un país con la boca abierta e hizo que sociólogos, políticos y periodistas hablaran de ella en radios, periódicos y programas de tv. Por eso ocupa el puesto 22 de nuestro ránking. Si quieren ver las imágenes, vayan al video y hagan clic. (Como Tula y Carmona).</p>]]>
    </content>
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    <title>23. Susy Díaz muestra el 13</title>
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    <published>2008-09-16T08:13:12Z</published>
    <updated>2008-09-17T14:31:25Z</updated>

    <summary> La nalga por una curul Borges dijo que la democracia era una exceso de la estadística y la verdad, viendo estas imágenes, da ganas de creerle. La vedette Susy Díaz no era precisamente una gran lectora del escritor argentino,...</summary>
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        <name>Juan Manuel Robles</name>
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        <![CDATA[<p><img alt="susydiaz.jpg" src="http://blogs.elcomercio.com.pe/santalima/susydiaz.jpg" width="350" height="208" /></p>

<p><strong><font color="#990000">La nalga por una curul </font></strong></p>

<p>Borges dijo que la democracia era una exceso de la estadística y la verdad, viendo estas imágenes, da ganas de creerle. La vedette Susy Díaz no era precisamente una gran lectora del escritor argentino, pero vaya forma de convertirse en la confirmación material de todos los temores que despierta ese Godzilla esquizofrénico al que llamamos “voto libre”. En el verano de 1995, Susana Ivonne Díaz Díaz se pintó un número 13 en la nalga y se lanzó al Congreso de la República. Casi nadie la tomó en serio, los políticos viejos se rieron de ella, pero 10.280 ciudadanos libres con Libreta Electoral al día valieron más que cualquier argumento. Y todo con un número que nadie quería, el 13.</p>

<p><object width="425" height="350"> <param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/Zx_NltIBzug"> </param> <embed src="http://www.youtube.com/v/Zx_NltIBzug" type="application/x-shockwave-flash" width="425" height="350"> </embed> </object></p>]]>
        <![CDATA[<p>El número rojo en la nalga de Susy dio la vuelta al mundo y fue impreso a todo color no solo en los tabloides locales, sino en la historia política de nuestro atolondrado país.  “Susy da cucú por un voto”, tituló un diario chicha. Agencias de noticias y canales de televisión voltearon la mirada a la vedette peruana que, de pronto, imitaba a la Cicciolina en el propósito de conseguir un escaño en el Parlamento. César Hildebrandt entrevistó a la Susy. Enrique Chirinos Soto la invitó al muy formal programa que conducía en el desparecido canal de cable Monitor. El recordado Pedro Secsec de Ocurrió Así la invitó a Miami para hacerle una entrevista en Telemundo: antes de viajar, Susy tuvo que sacar visa. </p>

<p>Pero las imágenes que hoy vemos con candor —y que escandalizaron a los más altos fueros de la iglesia— tienen historia. Todo empezó con la invitación del líder del Movimiento Independiente Agrario (MIA), el empresario pesquero Julio Chu Meriz. Chu le dijo a Susy que, para las elecciones, necesitaba en sus filas un rostro popular que atrajera a las masas. Al principio, la vedette no estaba muy segura: la política es sucia y ella, sin ninguna preparación, iba a recibir toda clase de pedradas. Pero un pensamiento la animó: aunque nadie votase por ella, las cámaras acudirían a su llamado y eso le permitiría subir sus bonos en el mundo del espectáculo. Si no alcanzaba la curul, al menos le lloverían contratos.</p>

<p>Susy Díaz aceptó el reto. Sin embargo, los obstáculos llegaron al instante: solo quedaba libre el número 13 (nadie lo quería) y ella era muy supersticiosa. ¿Qué llevar a buen puerto esa aventura disparata?</p>

<p>Una biografía aún inédita de Susy Díaz escrita por la periodista Claudia Victoria, cuenta que fue Iris Samanamud, editora de Espectáculos del diario Ajá, quien le dio a Susy Díaz la idea de emular a la Cicciolina, Iona Staller. Incluso, le sugirió mostrar un seno como la modelo y actriz porno. Pero Susy sabía perfectamente en qué país estaba y prefirió una estrategia mejor: hacer de su cuerpo su propio símbolo. Dice el libro:</p>

<p><em>En su departamento de Miraflores, Susy Díaz, Iris Samanamud y la reportera Carla Chévez comenzaron a diseñar. Susy Díaz se bajó la falda, las pantis de coco y Carla delineó con lápiz labial rojo, el primer trece en el trasero de la vedette, el cual sería desde entonces su frente de campaña. Pero el roce de las pantis de coco con el labial convertía el número en una mancha que difícilmente soportaría el furor de la campaña, el calor del verano y al revoltoso público. El problema se resolvió con una tijera y medio pliego de cartulina roja. Colocado el nuevo trece, Susy Díaz caminó hacia la pared, giró el rostro hacia atrás y levantó su falda flexionando las rodillas para enaltecer la nalga que acogía el símbolo de su campaña. Las carcajadas de Iris y Carla en signo de aprobación fueron suficientes. Susy Díaz estaba lista para lanzarse al Congreso.</em></p>

<p>Como durante los primeros ensayos paseándose con la nalga al aire habían atraído la atención de más de un varón metemano, Susy tuvo que conseguir su propio vehículo de transporte a prueba de mañosos, al que bautizó como Chuchumóvil.  </p>

<p>El resto es historia. Susy Díaz resultaría electa congresista de la República y pocos meses más tarde entraría al hemiciclo por la puerta grande cargando una Constitución Política en una mano y un diario Ajá en la otra. Ha pasado más de una década desde entonces y hemos visto muchas cosas raras por televisión, pero el 13 en la nalga de Susy golpea aún nuestra memoria colectiva, nos causa una risa fresca mezclada con auténtico pavor sociológico, y por eso ocupa el puesto 23 del ranking. </p>]]>
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    <title>24. Toledo a Carlos Espá: ¡cobarde!</title>
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    <published>2008-09-10T16:23:13Z</published>
    <updated>2008-09-14T01:26:16Z</updated>

    <summary> Indignémonos, pues. Alejandro Toledo nunca supo manejar a la prensa: al contrario, cada esfuerzo por dominar al potro lo hacía salir disparado y caer con roche, de bruces en el fango. Pero a pesar de la permanente tensión, no...</summary>
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        <![CDATA[<p><img alt="Espa_Toledo.jpg" src="http://blogs.elcomercio.com.pe/santalima/Espa_Toledo.jpg" width="365" height="273" /></p>

<p><strong><font color="#990000">Indignémonos, pues. </font></strong></p>

<p>Alejandro Toledo nunca supo manejar a la prensa: al contrario, cada esfuerzo por dominar al potro lo hacía salir disparado y caer con roche, de bruces en el fango. Pero a pesar de la permanente tensión, no fue hasta octubre de 2004 que el ex presidente dejó bien claro, en vivo y en directo, cuánto podía molestarle una investigación periodística. La noche del domingo 3 el programa Cuarto Poder, de América Televisión, difundió un video a la cúpula País Posible celebrando en torno a una mesa después de conseguir una inscripción supuestamente irregular ante el Jurado Nacional de Elecciones. No era un video contundente ni mucho menos una bomba capaz de hacer tambalear al régimen, pero el presidente perdió los papeles y cogió su celular para dejarnos uno de los momentos más explosivos de la tv peruana.</p>

<p><object width="425" height="344"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/RcLCrZ0zQdM&hl=en&fs=1"></param><param name="allowFullScreen" value="true"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/RcLCrZ0zQdM&hl=en&fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowfullscreen="true" width="425" height="344"></embed></object></p>]]>
        <![CDATA[<p>El conductor de Cuarto Poder era por esos días Carlos Espá —conocido en los hogares del Perú profundo como ‘muerto fresco’— y fue él quien tuvo que recibir la llamada de Su Excelencia. El reportaje insinuaba que País Posible habría falsificado firmas para conseguir su inscripción en 1998, cosa que involucraba directamente al partido de gobierno. En el video-primicia, se veía a Toledo diciendo: “Ha habido un trabajo exigente, concienzudo, desde las personas que han transcrito, digitado y rechequeado”. El principal acusador era Rafael Rey, congresista de oposición vinculado en los noventa a Alberto Fujimori, enemigo del régimen toledista y conspicuo representante del ala más intransigente de la derecha conservadora nacional.</p>

<p>Toledo llamó para quejarse y gritó:</p>

<p>—El periodismo que acaba usted de hacer es canallesco y no se lo permito. ¡Es usted un cobarde!</p>

<p>No parecía Alejandro Toledo, más bien parecía Fernando Armas haciendo de Alejandro Toledo: un solo de histrionismo y griterío doméstico. Una performance. Carlos Espá no se quedó atrás. Cuando el presidente le dijo “innoble”, el periodista respondió “eso no se lo permito”, y levantó el dedo en señal de desafío. Es obvio que eso no se hace con un presidente de la República, pero bueno: apanar al Cholo, burlarse de él y vilipendiarlo, fue el deporte nacional de la prensa durante esos años. ¿La razón de tanto ataque? La falta de carácter del mandatario, su conducta disipada y resacosa, su impuntualidad legañosa, su informalidad cantinera y, claro, cierta dosis de racismo por parte sus almidonados críticos. </p>

<p>La cosa terminó mal. Trascendió que Toledo exigió disculpas públicas a Espá y al equipo de prensa de Cuarto Poder. El equipó se negó a ceder en su posición y el orgullo herido pudo más que el pensamiento racional: al final, Carlos Espá, Rossana Cueva y Julio Aliaga (la cúpula del programa) renunciaron aduciendo que la directiva del canal no los había respaldado suficientemente, cosa que fue negada por el entonces presidente de directorio de Plural TV, Antonio Miró Quesada. Sea como fuere, fue el fin de “muerto fresco” en las pantallas de televisión. </p>

<p>Aunque de estilo sobrio y sin mayores muecas, cero carisma y harta etiqueta, Carlos Espá es recordado como el mejor conductor que tuvo Cuarto Poder, las señoras aún lo saludan en Wong, y por eso su altercado terminal con el ex mandatario —esa ejecución mediática vía satélite— ocupa el puesto 24 del ránking. </p>]]>
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    <title>25. Julián Legaspi: ¡Que empiece la juerga!</title>
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    <published>2008-09-01T10:25:08Z</published>
    <updated>2008-11-03T06:29:04Z</updated>

    <summary> Foto: Revista TV +. Archivo El Comercio. El caballero de la noche Como bien saben los amos del raiting, Lima se escandaliza con asombrosa facilidad. O sea, es la ciudad perfecta para que un tipo en moto cocainómano y...</summary>
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        <![CDATA[<p><img alt="caligulaN.jpg" src="http://blogs.elcomercio.com.pe/santalima/caligulaN.jpg" width="297" height="400" /><br />
<FONT SIZE="1"> <em>Foto: Revista TV +. Archivo El Comercio. </a></em></FONT></p>

<p><strong><font color="#990000">El caballero de la noche</font></strong></p>

<p>Como bien saben los amos del <em>raiting</em>, Lima se escandaliza con asombrosa facilidad. O sea, es la ciudad perfecta para que un tipo en moto cocainómano y seductor se convierta en el héroe maldito juvenil que llenará de inspiración la mente de toda una camada de chibolos soñadores. En 1993, la televisión peruana emitió el grito de batalla más recordado de su historia: “¡Que empiece la juerga!”. Era el actor Julián Legaspi en el papel que con solo veinte años lo lanzaría a la fama: un chico malo con chaqueta de cuero inspirado en Fernando de Romaña, más conocido como Calígula, atractivo delincuente juvenil asesinado en 1992 en circunstancias que hasta hoy son un misterio. La serie se llamó <em>El Ángel vengador</em> y nunca antes los adolescentes anhelaron con tal vigor la motocicleta propia.</p>

<p><object width="425" height="344"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/Je7IIg1Cwgg&hl=en&fs=1"></param><param name="allowFullScreen" value="true"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/Je7IIg1Cwgg&hl=en&fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowfullscreen="true" width="425" height="344"></embed></object></p>]]>
        <![CDATA[<p>Casi desconocido hasta entonces, Julián Legaspi resolvió briosamente la caracterización de Calígula, le dio alma y gestos de patancito a un personaje que, pese a la abrumadora prensa que había generado el caso policial, permanecía borroso para el gran público. Legaspi se olvidó de Fernando de Romaña y creó un mito de sabor nacional: un arribista seductor sin escrúpulos, envuelto en el narcotráfico y en la extorsión a chicas “bien” a las que les era fácil seducir. Era obvio que Legaspi se sentía tan cómodo en el papel como su trasero en la moto que se habituó a conducir por Lima nocturna (nunca tan recreada como en esta serie). Calígula ficticio era el nuevo prototipo de mujeriego amoral, el bacán por antonomasia, el mechador pero bonito, el guerrero. </p>

<p>Legaspi parecía profesar una velada adoración al personaje. En todo caso, le era imposible ocultar cierta fascinación post adolescente. Poco antes del estreno, dijo: “Me pareció bacán ser el seductor, me gustó. Me llegué a encariñar con Calígula, pienso que Fernando de Romaña hizo cosas que van en contra de la moral, de la ley pero a su manera vivió feliz, hizo lo que quiso”. También confesó que tenía miedo de que alguien que se hubiera quedado con ganas de pegarle al verdadero Calígula se la agarre con él. “Él peleaba mostro y tiraba Tae Kwon, a él no se atrevían a pegarle. Pero de repente alguien me ve a mí y se desquita”. </p>

<p>Sin embargo, por encima de todos sus desmanes, el Calígula ficticio era el amo de la noche renacida: la noche que el país aprendía a descubrir después de una década de aislamiento, crisis total y coches bomba. Y quizás por eso el momento más recordado del personaje no es alguna de sus tantas peleas, ni los revolcones con las mejores hembritas de la nueva generación de actrices lindas, sino su llamado efervescente a disfrutar de la nocturnidad (la juerga), pura rutilancia en las sombras. Así se lo recordará durante años: escribiendo con desenfreno sus particulares Diarios de Motocicleta.  </p>

<p>No hubo chico de entre doce y dieciocho que no deseara meterse en la piel de Calígula, y quien diga lo contrario miente. Los adolescentes imitaban la mirada de Legaspi (sin éxito). Impostaban la voz como él, calcaban su artillería gestual frente al espejo, alucinaban ejecutar sus patadas voladoras, soñaban hacer llorar a Vanessa Robbiano. </p>

<p>La producción, de Iguana, corrió a cargo de Luis Llosa, que entonces vivía la cúspide de su carrera haciendo películas en Hollywood. Ninguna teleserie peruana había logrado concitar tal atención sin salir al aire. Circularon toda clase de historias antes del estreno de El Ángel vengador, Calígula. Se dijo, por ejemplo, que Julián Legaspi era demasiado flaquito para el papel, y por esa razón tuvo una rígida rutina de ejercicios físicos. Se mencionó también que el casting original pretendía poner actores formados y con experiencia, y que la pareja resultante fue Baldomero Cáceres y Bárbara Cayo. Pero que prefirieron arriesgar por chicos muy jóvenes para que la historia se acerque más a la precocidad fatal de los protagonistas del caso policial. Sesenta muchachitas se presentaron en el casting. Quedó Leslie Stewart como la chica “emblema” del galán, y ella se convirtió en símbolo sexual de una época.  </p>

<p>El verdadero Calígula dejó para siempre este mundo después de recibir cuatro balazos al borde de la carretera a Cieneguilla, pero la ficción televisiva creó un icono noventero que no muere, que persiste en instalarse en la memoria junto a las sirenas policiales con las que empieza <a href="http://www.youtube.com/watch?v=HTDtI4GNa0s">esa canción de EMF</a> que daba inicio a capítulo. Julián Legaspi y su noctámbulo vigor: puesto 25 en el raiting. Y que empiece la juerga.</p>]]>
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    <title>26. Carlos Cacho, una chica</title>
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    <published>2008-08-26T08:37:23Z</published>
    <updated>2008-08-27T08:48:20Z</updated>

    <summary> Ella era un travesti Alegrémonos: la televisión peruana estuvo alguna vez peor de lo que está (y eso es mucho decir). En el verano del 2002 la pantalla se convirtió en el jardín inexplorado donde emergieron las flores más...</summary>
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        <![CDATA[<p><img alt="cacho.jpg" src="http://blogs.elcomercio.com.pe/santalima/cacho.jpg" width="365" height="274" /></p>

<p><strong><font color="#990000">Ella era un travesti</font></strong></p>

<p>Alegrémonos: la televisión peruana estuvo alguna vez peor de lo que está (y eso es mucho decir). En el verano del 2002 la pantalla se convirtió en el jardín inexplorado donde emergieron las flores más venenosas. Cómo olvidar a Carlos Cacho, el maquillador predilecto de la farándula devenido de pronto en temible conductor de televisión gracias al encanto creativo de Michelle Alexander. Desde sus inicios en la tele, Cacho fue un gay confeso que predicaba el amor libre y la tolerancia sexual, vendiéndose sensible y moderno, un peruano de avanzada, un chambeador. Pero lo que no imaginaba es la pequeña ciudad de Lima podía tolerarlo gay, pero no travesti. Beto Ortiz lo sabía y sacó a la luz los videos de Cacho vestido y maquilado como una mujer en diversos concursos de belleza de ambiente. Se veía linda, pero ese pasado lo condenó.</p>

<p><object width="425" height="350"> <param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/K48EIbTnb7k"> </param> <embed src="http://www.youtube.com/v/K48EIbTnb7k" type="application/x-shockwave-flash" width="425" height="350"> </embed> </object></p>]]>
        <![CDATA[<p>Carlos Cacho había ganado popularidad con Mil Disculpas, un programa que se lanzó al difícil reto de hacerle la competencia a la ya imbatible Magaly Medina. En enero de ese año, el maquillador había dado su mayor golpe: el ampay que demostraba la existencia de un romance furtivo entre Álvaro Maguiña y Jessica Tapia, narradores de televisión de canal 4. Él estaba casado y ella ya tenía fecha de boda con su novio de toda la vida, así que el videíto fue una bomba. La chica canceló boda y el periodista se separó de su mujer. Cacho sonreía. Un nuevo cazador de ampays había nacido. </p>

<p>Hasta César Hildebrandt se interesó en entrevistarlo. </p>

<p>Pero la fama tiene un costo y la guerra por raiting le iba a deparar a Carlos Cacho sorpresas inimaginables. Beto Ortiz, que conducía por esos días Dios nos libre y el programa de biografías Vidas Secretas, había decidido hacerle la vida imposible al maquillador. El conductor anunció un revelador reportaje sobre Carlos Cacho para Vidas Secretas. Los diarios chicha rumoraban que el reportaje incluiría un video en que el maquillador aparecía consumiendo drogas, y testimonios que lo hacían sospechoso de padecer una terrible enfermedad. Si años atrás la televisión de Fujimori había llenado la pantalla de lodo estupidizante, ahora la dictadura del raiting nos dejaba en las cloacas de show. </p>

<p>El 1 de abril de 2002 Beto Ortiz lanzó las primeras imágenes de Cacho travestido para concursos de belleza (en uno de los cuales resultó ganador), con el alias de Mónica Malpartida. Los casetes daban cuenta del periplo de Cacho por discotecas de ambiente entre 1996 y 1997, con diversos atuendos que sugerían el travestismo como una forma de vida y no una afición eventual. Justificando la difusión del material, Ortiz dijo a los medios: “Cacho cayó en la piconería porque no aceptó que le digamos travesti. Pero no entiendo por qué se ofende si es realmente un travesti. Eso es una persona que hace florecer la mujer que tiene adentro y se viste con plumas y lentejuelas y él lo hace, y ahí están las pruebas”.</p>

<p>A la distancia, parece absurdo que las imágenes representaran un ataque. Sin embargo, Cacho sintió el golpe y vaya que le costó sobreponerse. Una semana después de la difusión de las imágenes, Red Global canceló el programa Mil Disculpas. Adujeron reestructuración, pero los rumores no tardaron en llegar. El diario Correo dijo: “el propio Genaro Delgado Parker ordenó el levantamiento del programa pues hay rumores de otro video”.</p>

<p>La sordidez de nuestra farándula y sus tristes métodos de demolición se resumen nítidamente en estas imágenes, que ocupan el puesto 26 de nuestro ranking. </p>]]>
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