Diciembre 2007
30
2007

¿Y LA BONANZA?
La canasta solía ser una especie de oasis de abundancia para el empleado de a pie que gasta zapatos y vive ajustando la billetera, estirando las fichas hasta el bendito día 30. No importaba lo mal que nos fuera o lo hiperinflacionada que estuviera la economía, la canasta de fin de año era siempre algo que se llevaba a casa como un premio, una medalla de oro en la maratón de la supervivencia, una recordatorio de que, aun con cochebombas e ineptos en el poder, el fin de año podía ser una isla regalona con dimensiones de fiesta romana. Mi tía trabajaba para el sector público y la canasta que yo conocí de niño era esa: solo era posible cargarla con las dos manos y estaba envuelta en un papel celofán amarillo, como una carpa en miniatura cuidadosamente confeccionada. Daba pena abrirla, tan linda.
27
2007

QUE LEVANTE LA MANO QUIEN NUNCA ODIÓ UN REGALO
La Navidad ya pasó y dejó en el piso todos esas envolturas rasgadas. Qué frenética puede ser la gente cuando va a recibir algo gratis, o sea, ¿no pueden retirar con cuidado la cinta scotch? De Mamá para Hijo. De Hijo para Hermano. De Papá para Mamá. Qué leeeeendo. Beso. Aplausos. Sorpresa fingida. Como todos los años, las familias intentan pasarla bien, alejan la tensión, miran lo que les tocó sonriendo sin sonreír, abrazando sin abrazar. No nos engañemos: el 90% de los regalos se entregan por obligación. Los das porque tienes que darlos. O sea, no puedes dejar de darle algo a mamá. Ni a papá. Y si estás arañando los treinta, tampoco puedes olvidar a tus hermanitos-sanguijuelas. No puedes quedar como cerdo en la época de los pavos. Y a veces, esta obligación llena el arbolito de regalos absurdos.
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Fin de Año24
2007

¿NOS PONEMOS M?S LLORONES EN NAVIDAD?
Una de las cosas que más me divierte de ser peruano es nuestro melodramático sentido de la vida —y la muerte—, esa capacidad de convertir cada acto en símbolo, o peor, en parábola, y crear así nuestra propia e infinita tragedia nacional. Somos tejedores naturales de malas noticias, nos encanta narrar un autogol, y este es un rasgo milenario que, paradójicamente, convive en esquizofrénica armonía con esa habilidad nuestra de ser felices sin mayor excusa que una causita rellena. Todo iba bien este fin de año. La bonanza nos tenía hipnotizados con su ímpetu voraz y sus franquicias de logotipos rimbombantes. Los gringos aprobaron el TLC y aunque pocos entienden cómo se come eso, en la atmósfera se respiraba el sedante perfume de la prosperidad: la gente no tenía más dinero pero estaba dispuesta endeudarse más que nunca, porque el futuro se veía hermoso como el más despejado horizonte. Y entonces, como un manguerazo de agua helada, vino la noticia bomba. Wong ya no es peruano.
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Fin de Año20
2007

ESCENAS NAVIDEÑAS DE UNA FAMILIA COMÚN
Mi hermana mayor ha llegado desde Bolivia para pasar las fiestas con nosotros. Ella vive en Santa Cruz y solo la veo una vez al año. Mis padres y mis hermanos menores la reciben en casa y yo me uno al entusiasmo general comprando un panetón donofrio. Sonreímos todos, recordamos cosas, vemos una película con Jhonny Deep. Por iniciativa de mi hermana, decidimos —tardíamente— armar el arbolito. No somos una familia muy entusiasta de la Navidad, pero ella insiste, supongo que un hogar es más hogar con un pino de plástico, eso dice la gente, así que acordamos encontrarnos la noche del miércoles para armar el árbol. Cancelo citas y cambio planes. Llega un punto en que te das cuenta de que eso de los “pequeños momentos” existe, es real, la vida se escurre como una gran cascada y es bueno capturar las fotografías mentales que luego darán forma a ese rompecabezas dulzón que es la melancolía. Un chocolate caliente, un panetón, la tele encendida y ramitas en el piso.
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Fin de Año17
2007

¿EN QUÉ PIENSAN LOS HOMBRES DEL MAÑANA ESTA NAVIDAD?
Acabo de encontrar esta misiva navideña en una polvorienta calle de la ciudad. Está escrita en una hoja de espiral arrancada. Su autor, presumiblemente, es un niño. Aunque la caligrafía era deplorable, he logrado transcribirla para ustedes. Veamos.
“Querido Papá Noel,
Este año quiero decirte primero que nada que no me gustó mucho mi regalo del año pasado, no lees bien las cartas que te dan y eso no me gusta, bueno, me he portado bien, mi mamá no ma pegado (salvo 2 veses pero por las puras) y quiero pedirte que puedas cumplir el deceo que tengo pues soy un niño peruano y si Dios es peruano seguro que tú también. Mi deseo máximo es un play station 3, y si me lo cumples voy a ser el más bueno, me meteré a las clases del padre Roberto, es bueno el padre Roberto, vive x acá y nos predica; y a mi hermanita ya no la voy a cachetear aunque sea una cojuda, te juro.
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Fin de Año13
2007

OH OH
Ya sé que el título de este post parece uno de esos provechosos manuales de bolsillo que pueblan la bitácora de Inés Temple, mujer-batalla en minifalda. Pero no, estamos en Santa Lima, el blog del hombre de a pie, el de los ratos libres en la oficina, el que lees mientras tu jefe no te observa, caleta nomás, huyendo de los censores del área de Sistemas (palomillas de Windows), esos que ya te quitaron el Messenger y que bloquearon sin piedad cualquier búsqueda en Google que contenga la cadena de caracteres lindsay + lohan + nude. En fin. Tú que estás cerca de tus amigos, de tu tierra y de tu hogar, sabes que en diciembre pasan muchas cosas raras, y que una de esas cosas muy raras es la práctica sistemática de El amigo secreto. Sorteo de rigor. Papelitos. Tu nombre. El suyo.
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Fin de Año11
2007

NUEVA TEMPORADA
El tráfico en las calles aumenta. La gente se apretuja y las luces de colores tintinean con nerviosismo demencial. Las tarjetas de crédito se sobregiran y los chibolos, como Gremlins a media noche, se transforman en manipuladores monstritos que te gritan en la oreja lo chévere que está ese Play Station 3, aquel Ipod touch, esa laptop Vaio en oferta. Las niñas de trece piden el primer piercing y las más grandecitas y engreídas un par de siliconas respetables que vendrían de maravilla en el verano, ya pues, mami, prometo portarme bien (luego me portaré mal). Las ramas muertas y en reposo de un árbol de mentira salen de la caja otra vez y, como todos los años, forman esa estructura cónica que imita un pino del Norte. En la tele, Valeria Massa te dice felices fiestas y hasta parece que sus ojos te miraran. Hasta parece que a la Navidad le importaras un poquito.
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Fin de Año09
2007
Los chicos de Videos El Comercio me llevaron a hacer un recorrido alusivo a las series de mi blog, con ocasión de la publicación de Lima freak. Quisiera compartir el resultado con ustedes.
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Fin de Año08
2007

ES EL FIN
Se acabó. Este es el fin de la serie Climaticidio. El sol ya se siente y el verano se vislumbra, las chicas empiezan a usar sandalias y las faldas van apareciendo, poco a poco. Esta semana hemos llegado a los veinte grados. Así que bueno, como suele decir cierto blogger amigo mío a la tercera cita, mejor lo dejamos ahí. De lejos, el del clima ha sido el tema más vapuleado desde la existencia de este blog. Los lectores han estado a punto de abandonarme y en algunos casos he bajado al mínimo histórico de visitas. Aunque sospecho que, como siempre, algunos ya se habían acostumbrado y luego me preguntarán: “Juanma, ¿qué fue del clima?”.
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Climaticidio05
2007

ESA TORTURA SIN NOMBRE
Es hora de salir a trabajar. La vida es horrible, piensas, es triste que el reloj despertador de plástico se malogre justo dos días después de comprarlo nuevecito en el Jirón de la Unión. Ahora solo queda ponerte el traje y salir volando. Total, ¿quién necesita la ducha en casos de emergencia? Para eso está el señor Axe for men. Tshh. TshhhhhhHhhhhhh. Pero un momento, oh Dios, el verano ya llega y hace calor: has transpirado más de lo normal. Ese pelo, mira ese pelo. Y encima, en la oficina no hay aire acondicionado. Caballero, nomás, a ducharse. Hoy parece un mal día: la tele muestra dramáticas escenas de dolor. Abres la ducha, prendes la llave eléctrica y ¡PLUM!, una explosión de estrellitas azules. Chesu. Volaron los plomos. ¿Por qué a mí?, clamas en solitario. Estás calato. La tele se apagó por el cortocircuito, así que revisas el reloj de plástico y entiendes que no hay tiempo. Y entonces, piensas. ¿El agua fría mata? Decides probar. Tres, dos, uno. Allá voy…
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Climaticidio02
2007
ESTE MIÉRCOLES 5 EN LA FERIA DE MIRAFLORES
Me gusta escribir, o eso creo al tocar el primer ejemplar impreso de mi libro. Me gusta la débil resistencia del teclado cada vez que aplasto alguna de sus letras-cubito. Es una rara especie de música, una percusión monocorde y tenaz, como el murmullo de una lluvia leve que cae en un techo de calamina una tarde en que las nubes se percuden, tan sucias de gotitas. Me gusta escribir desde que lo hice por primera vez en alguna máquina lenta y en la pantalla azul del word perfect 5.1. Porque puede que entonces haya sido un niño y las palabras fueran torpes y mis lecturas ingenuas, pero lo que hice desde el primer instante, desde el momento mismo en que me abalancé a armar el costoso muro de un párrafo entero, fue contar cosas que pasaban instantáneamente a colarse en las lagunas encantadas de la memoria. Oraciones que eran sin querer el reflejo de un tiempo, el testimonio verbal de una época.



