13
2008
Un año sin Néctar. Un año sin papá.
El Día de la madre de 2007, un domingo 13 de mayo, Deyvis Orosco se despertó a las seis de la mañana con el timbre de su teléfono celular. Un amigo lo llamaba pidiéndole una confirmación que él no tenía: el accidente de papá y los chicos. Ese fue el inicio: luego la casa llena de gente y los periodistas y las cámaras en la puerta. Luego a Buenos Aires a recoger las cosas: en el hotel estaba la chompita azul con la que papá había despedido a Dayvis en el Jorge Chávez: chompita azul, jean, zapatillas azules y blancas, así se subió al avión mi papá. Luego a pelearse con todo el mundo en la prensa, que los deudos, los fundadores, los impostores. Abogados. Luego a cantar en el Estadio Nacional y antes de cantar tomarse una manzanilla caliente para los nervios. Luego Telefónica, somos más, pagamos menos. Luego a los estudios de televisión, ser actor. Y así se pasa un año: una sola vuelta al sol pero cuántas cosas dan vueltas.
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08
2008

La más pedida
Los cinéfilos saben bien donde vi por primera vez a Marisela Puicón. Cómo olvidarlo. Fue en la película Días de Santiago, de Josué Méndez, y aun ahora puedo reconstruir con nitidez una escena de alcoba en que la chica seduce al altamente palteado ex combatiente nacional Pietro Sibille, súbito beneficiario de la desnudez de esa muchacha. Los más cinéfilos y memoriosos me corregirán rápidamente, y dirán que en verdad Marisela apareció en las sábanas blancas de los cines antes, mucho antes, como parte del elenco que dio vida célebre casting de Pantaleón y las visitadoras (sí, ese de Tatiana Astengo y Cía.). El caso es que nunca la había visto en vivo, tan de cerca y terrenal que parecía una imitadora de sí misma, más pequeña de pensado (soñado) y repartiendo un volante impreso en papel couché que la mostraba cantando solo con la parte superior de un bikini: el volante —lo tengo aquí— dice Marisela Puicón y Los Latinos, en letras fucsia intenso, como sus párpados, como sus labios, como el vestido que lleva puesto en este preciso instante… en su página web.
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04
2008

Foto: Captura revista Cosas
Sucesos que antes no se veían
1. La semana pasada mi amigo Z me escribió para invitarme a su cumpleaños número 31. El sábado vengan a Mamá Batata, dijo en el email, con signos de exclamación y un no sé qué de picapica virtual. Me quedé en silencio frente a mi pantalla, haciendo círculos bobos con el cursor. Finalmente, tecleé: “pero z., ese local ha sido acusado de racismo. no tienes otra opción?”. Acaso mi amigo Z lo desconocía, y acaso yo no lo recordaba tan nítidamente, pero era cierto: el año pasado un tipo denunció que allí lo discriminaron, no lo dejaron entrar y encima lo golpearon los vips. Fue un roche. A pesar de que soy drástico para estas cosas, decidí ceder porque bueeeeno (encogimiento de hombros), Z es súper buena onda y me corrompió con un argumento simple: “Juanma, juerga es juerga”. Y sí, juerga es juerga. La madrugada me sorprendió, eufórico de alegría, celebrando el envejecimiento sutil de mi amigo al ritmo de El Embrujo. Cumbia pura en un lugar acusado de racismo duro, pensé. ¿Entraría aquí la gente que, allá por la periferia arenosa, hizo famoso al Grupo 5 varios años antes de la súper moda pop actual? Qué curioso: la cumbia arma la fiesta vigilada por gorilas vip. ¿Será este un síntoma de integración? ¿O solo pura monería?
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29
2008

El arbolito en la manzanita
Me acabo de comprar un iPod de 80 GB y lo primero que hice es exactamente lo que están pensando: le puse cumbia. La tecnología de este adminículo está diseñada para el más hermético autismo, ya saben, para cerrar puertas y ventanas y viajar sin rumbo por los caminos largos del universo interior. Así que supongo que muchos se preguntarán qué hago escuchando cumbia en un iPod si para eso basta subirse cualquier combi: la cumbia no es precisamente esa clase de música a la que acudes cuando quieres estar en paz con el alma, sino todo lo contrario. Sin embargo, y en mi defensa, diré que no hay nada más delicioso que percibir las cuerdas del bajo cumbiero justo en el oído, y que el bombardeo de timbales puede traer la delicia tibia de un Norte portátil y personal. Relájate en ti mismo, limeño. Mientras tanto, afuera, la masa aprende del líder el fino arte de agarrarse a patadas. Todo huele a smog.
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25
2008

Encuentro entre grabaciones de La Pre.
1. Yo que Deyvis no la hacía. Quiero decir: cargar con el peso monumental del recuerdo del padre, el gran Jhonny, y coger el micrófono con 23 mil personas al frente, es para orinarse de miedo, desaparecer, ocultarse detrás de un Arbolito. Es cierto que Deyvis Orosco cantaba desde niño en las voces de Néctar, que conocía los escenarios, que iba a ser solista, pero igual, ver a todo ese mar de gente, miles de bocas con un nudo en la garganta, caras tristes por la muerte que llegó sin avisar en esa combi maldita, es algo brutal para un chico de veinte años. Eso, solo eso, me hace respetar al tipo que ahora se aproxima hacia mí en los estudios de grabación de Chroma, con los pantalones de jean desteñidos en degradé, el polo rojo apretado y las zapatillas blancas de preuniversitario común. Los rayitos rubios en el pelo terminan de completar el cuadro: el destino era este, pues.
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20
2008

Foto: Carlos Díaz
Antes del Arbolito
Jhonny Orozco retornó al Perú luego de vislumbrar un fracaso seguro en tierras argentinas para Néctar, el grupo que había formado con “Papita” Hinostroza. Los más críticos biógrafos dicen que incluso llega a olvidarse de lo que alguna vez fue su proyecto de vida. Sin embargo, un hecho fortuito cambia la historia. Por esta época, cuando ya el Néctar tenía a Livio Pereira como nuevo vocalista, la suerte parece llegar para los chicos de Hinostroza. En Bolivia, un productor escucha el único disco de Néctar y nota la festiva reacción de la gente en una discoteca. La acogida es tan buena, que el mismo productor los lleva a La Paz.
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17
2008

Foto: www.ircproducciones.com
El efímero periplo de un extraño de pelo largo
Esta vez, les pido que antes de continuar leyendo vean el video de Youtube que está colgado al final del post. El grupo que aparece en las imágenes es, evidentemente, Néctar. Lucen como Néctar, visten como Néctar, bailan como Néctar y, sobre todo, se oyen como Néctar. Pero, ¿y el vocalista Jhonny Orosco? No está, y eso es raro si hablamos de uno de los primeros materiales fílmicos que existen del conjunto de cumbia más famoso de los últimos tiempos, desaparecido trágicamente hace ya casi un año. Pero… un momento, escuchen la voz del hombre que canta, escúchenla bien y díganme. ¿No es la voz de Jhony? ¿No es evidentemente la inconfundible voz de la última leyenda de la cumbia peruana? Este video, colgado en Internet por un fan argentino de Néctar, es una joya no solo por su carácter documental, sino porque revela lo que pudo ser, salvando distancias, una especie de caso Milli Vanilli de sabor nacional.
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12
2008

El deseo camuflado
Una de las taras más deliciosas de esta ciudad linda es la incapacidad de cierta gente de decir: sí, me gusta. Sucede con el sexo libre y también con la cumbia nacional. “Me llega la cumbia pero ese día estaba taaaan ebria, no saes, huevona. Me puse a bailar con Pío y di vueltas con el Embrujo, malazo”. La creatividad desarrollada por siglos para buscarle eufemismos al simple acto de gozar es alucinante. Da risa. Siguiendo con la analogía del sexo, se dice sobre la cumbia: Me gusta, pero no creas que yo soy así, ah. ¿Por qué esta hablo de esto? Por la clase de comentarios que he recibido en el primer post de la nueva serie, ayfós de todos los calibres y hasta alguien que dijo “te me caíste”, inventándome acaso un inmerecido pedestal, tarima o wáter de cultura. Todo por la cumbia.
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09
2008

Nueva temporada
El otro día soñé con cumbia. Fue un sueño raro, inverosímil, tosco, pero no puedo decir que la haya pasado mal. Había luces de neón y palmeras de plástico. Yo iba vestido con un terno negro, llevaba en la sangre mucho alcohol y por eso la muchedumbre daba vueltas en mi mente. En eso apareció Dayvis Orozco —juro que era él— y me dio una palmada en el hombro. Lo miré y me dije: no somos tan distintos. Luego se esfumó en la vaporosa muchedumbre. Hacía calor, mucho, y cuatro diablitas que bailaban en torno mío: sonreían y entrecerraban los ojos a ratos, coquetas, y casi parecían estar a mi alcance cuando un camarógrafo de Videos Niky se atravesó en mi camino para poder capturar bien lo que pasaba en el escenario. Nilver Huárac sonreía desde lejos con un celular en la oreja. Las trompetas me masajeaban esa parte del cerebro que uno consume cuando va a aparearse, y todo se puso más hot cuando vi a Maricarmen Marín en minifalda ejecutiva. Dios es peruano. Trémulo de emoción, me acerqué a la chica para decirle:


