Pobres hombres
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¿Con promiso o sin promiso?

Dic
01
2008

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Foto: Shelley Panzarella

Hay algo en lo que hombres y mujeres definitivamente no estamos coincidiendo. Por supuesto y como siempre, no hablo de la totalidad de la muestra (siempre hay hombres tradicionales y mujeres vanguardistas que arruinan mis teorías); pero lo cierto es que hoy, lo que la mayoría de mujeres quiere es lo que la mayoría de hombres esquiva. ¿De qué hablamos? Del bendito y temible COMPROMISO. Las damiselas están obsesionadas con asegurarse un futuro "eterno" al lado de su actual pareja, y los machos, lo único que quieren es relajarse y alejarse de esa promesa de tener que pasar del punto A al punto B... o debería ser al punto C: el punto del casamiento.

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La metamorfeosis

Nov
18
2008

kafka 2.jpgFoto: Sagaris

Uno va a una tienda y, entre toda la ropa que le gusta, hay una prenda que parece ser la perfecta. Nos la probamos, nos miramos en el espejo de un ínfimo camarín, incluso nos soltamos una sonrisita para ver cómo se nos verá en estados de felicidad, y comprobamos que ese vestido o esa camisa son perfectos para nuestros cuerpos. Hay un enamoramiento entre la persona y el pedazo de tela que viene desde de China o de Tailandia. Ya en la casa, la sacamos de la bolsa, la olemos, volvemos a enamorarnos y esperamos el momento perfecto para ponérnosla. El tiempo pasa y esa prenda que era maravillosa, ya no lo es tanto. El uso constante ha hecho que los puños empiecen a gastarse, perdimos un botón y le cocimos uno diferente, se anchó el cuello y perdió el olor a nuevo. Por supuesto, cualquier otra prenda que veamos expuesta en una vitrina, será mejor que nuestra antes entrañable prenda: hoy, vieja y aburrida.

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¿De qué hablan las mujeres?

Nov
04
2008

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Juntarme con mis amigas ya no es tan fácil como hace unos años. Necesitamos de una tediosa seguidilla de mails para organizarnos y ponernos de acuerdo en un lugar y una fecha. ¿Pero saben qué? Tanta burocracia vale la pena con tal de pasar unas horas con mis cómplices de siempre. Me imagino que ustedes imaginarán los encuentros femeninos como un té de tías, donde tomamos un tecito de naranja y comemos alfajorcitos de maicena. También imagino que podrían creer que nos juntamos solo para intercambiar nuestras últimas habilidades en el spinning y el Facebook o que nuestros temas oscilan entre los trapos y los tacos. Si imagino bien, pues ustedes imaginan mal. No son reuniones de tappers, son más bien reuniones de destappers, donde cada una es libre de contar lo que quiera y mientras más oscuro y bizarro sea lo que cuente, pues mejor. Por supuesto ustedes siempre son un tema recurrente y si creen que somos sensibles y discretas al mencionarlos, nuevamente se equivocan. ¿Quieren entonces saber de qué hablamos las mujeres cuando estamos solas? ¿Están listos para esta confesión? Yo no, pero ahí vamos.

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Me llega cuando llega

Oct
23
2008

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Es un cliché, yo lo sé. Ya se dijo de todo, puede ser. Ha sido prostituida por todas las revistas femeninas del mundo y probablemente ha sido usada como una excusa o una acusación por todos los hombres y mujeres que habitamos esta tierra linda y mugrosa. ¿Pero acaso por estar tan manoseada, no la debo tocar yo? ¿No sería un acto grosero ignorarla y no darle el protagonismo que se ha ganado en la vida de todos? Claro que sería grosero. Entonces pido disculpas por el cliché y prometo intentar esquivar esos mismos puntos que vienen tocando en los espectáculos para mujeres y en los libros de S/.15. Con ustedes, la regla desde mi óptica macho-feminista… ¿qué tal ese término?

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Míos de mí

Oct
14
2008

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Hace unos días miraba a mi sobrina de poquísimos años restregarle a su hermano menor que todo lo que había en su casa era suyo. Mío, mío, mío, le decía mientras le arrancaba todo lo que el pobre se llevaba a las manos. Viendo esa opresión dictatorial me di cuenta que las mujeres queremos ser dueñas de todo. Debemos ser posesivas probablemente desde que estamos en las barrigas de nuestras madres, porque esa barriga también es mía. Somos posesivas con nuestros hermanos, nuestros amigos, nuestros profesores, nuestros hijos y, claro, con nuestros hombres. Pero como no nos basta solo con ellos, elegimos a los que fueron para que de alguna manera sigan siendo nuestros. Eso de llamarlos “ex” es una formalidad, son solo exiliados que dejaron la patria sin perder la nacionalidad, por lo menos eso queremos creer las mujeres.

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¿Quién es el jefe?

Oct
02
2008

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Cuando regresé de Buenos Aires a vivir nuevamente en Lima tenía la única y gran misión de encontrar trabajo en una agencia de publicidad como redactora creativa. Mi situación era incierta: no tenía mayor experiencia laboral y los pocos contactos que había conseguido nunca contestaron. Era yo, mi carpeta de trabajos y una lista que conseguí en Internet, con los nombres y teléfonos de los directores creativos de todas las agencias de Lima. Y con el mismo cuajo con el que se presentan meseras en audiciones Hollywoodenses, yo llamé a cada uno de esos nombres que correspondían exclusiva y únicamente a hombres. Me entrevisté con todos, habrán sido más de diez. Días después y esperando tener noticias de algún interesado, me di cuenta de que no importaba en qué agencia iba a terminar trabajando; fuera donde fuera iba a ser indiscutible que mi jefe sería hombre y eso iba a ser divertido, por lo menos para mí.

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Hombres espejo

Sep
16
2008

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Odio los días previos a la Navidad, odio las visitas al otorrinolaringólogo, odio tener que sacar visa y odio los tallarines largos. Odio las hipocresías, las malas noticias y la ropa sucia cuando la necesitas limpia. Odio los caracoles de tierra, la flema, la pornografía, el frío, las alarmas, los plazos, las deudas, los fiascos; odio los gallinazos y los millones de cables que inundan la ciudad. Pero de todas las cosas que odio, hay una que me resulta por lejos la más insoportable. Odio cuando me veo en el espejo y me siento un cachalote que no cabe en el baño de lo gorda que está. Y es que las mujeres tenemos días en los que entramos en trompo, nos ponemos gafas masoquistas y nos calificamos con las notas más bajas. Esos días lloramos, pataleamos, maldecimos nuestro cuerpo y nuestro armario, y por supuesto descargamos toda nuestra rabia con los hombres, como si ustedes tuvieran algo que ver con nuestra frustración. En esos días, fijo hay mecha.

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Pobres enemigas

Sep
11
2008

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Foto: Enrique Cúneo

Tengo muy claro de qué va este blog y sé que no es de fútbol. Pero no puedo dejar pasar esta euforia y por eso decido rebelarme y escribir. El partido de ayer me hizo llorar, y aunque he llorado otras veces por la selección, debo confesar que siempre fue de pena y no de dicha y alegría como esta vez. Este llanto será inolvidable.

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Fuchi Ball

Sep
05
2008

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Dicen que de las cosas menos importantes, la más importante es el fútbol. El fútbol como fenómeno más que como un deporte. El fútbol como pertenencia más que como una afición. El fútbol como pasión, como euforia y algarabía; el fútbol como una guerra; el fútbol como la vida. Dicen que solo el fútbol ha unido lo imposible y ha roto lo inquebrantable; que su magia ha llevado a tener al mundo entero frente a una pantalla, espectando una final, una patada, una tapada, una jugada, un penal, un silbido, una lesión, una derrota, un triunfo, una gambeta. Se han dicho tantas cosas lindas del fútbol que no es difícil adivinar quién lo ha hecho. Los hombres nacieron con el chip del amor por la redonda y nosotras con el vicio de estar siempre reventando las pelotas.

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Las magas

Ago
28
2008

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De todos los pecados que he expuesto en mis artículos, este es el primero del que me siento libre de polvo y paja, y por el que puedo gritar sin remordimiento y a viva voz: ¡Soy inoceeeente! Pero al margen de mi sospechosa conciencia relajada, me veo en la obligación de escribir sobre este tema por las recurrentes súplicas y comentarios desesperados que muchos lectores me han hecho llegar, pretendiendo una explicación para un fenómeno que aparentemente viene creciendo sin mesura. Un fenómeno que representa a una plaga devoradora, a un ejército succionador, a un pelotón entrenadísimo para cumplir objetivos muy específicos. Algunos las llaman las sangronas, yo he preferido rebautizarlas como las magas: desaparecen todo lo que pueden.

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