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    <title>Pequeño Detalle</title>
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    <updated>2008-10-06T16:01:24Z</updated>
    <subtitle>María Luisa del Río Labarthe.Periodista y narradora. Se ha especializado en el relato corto y es aficionada a la fotografía.  Es autora del libro “No mires atrás? (Lima, 2006, Editorial Solar). Colabora con las revistas Somos, Aqua, Cosas, elgourmet.com, Rolling Stone, Etiqueta Negra y Dedomedio. Ha vivido en Manhattan, en la costa norte del Perú, donde administró el bar La Tribu; y en la selva amazónica, donde trabajó en un proyecto de desarrollo con comunidades jíbaras, dirigiendo un boletín de noticias. Acaba de publicar el libro Cusco Bizarro (Aguilar 2008) después de una larga estadía en el Valle Sagrado de los Incas. </subtitle>
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    <title>Para decir adiós</title>
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    <published>2008-10-01T06:49:33Z</published>
    <updated>2008-10-06T16:01:24Z</updated>

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        <![CDATA[<p><img alt="adios.jpg" src="http://blogs.elcomercio.com.pe/pequenodetalle/adios.jpg" width="394" height="295" class="mt-image-center" style="text-align: center; display: block; margin: 0 auto 20px;"/>No sé por dónde empezar ni cómo explicar por qué, pero esta es la última vez que escribo en este blog, Pequeño Detalle, que nació en febrero y que está llegando a su entrada número 30, y creo que ya es momento de decir adiós. Quiero agradecer a los editores de la web de El Comercio por tan gentil invitación, a los lectores, amigos y familiares que me han acompañado y más que nada en el mundo a mi linda niña, porque sin ella no solo no habría blog, sin ella yo no habría publicado ninguno de mis dos libros y sin ella no sería nada. Y me hubiera encantado seguir, pero uno tiene que ser honesto y decir "hasta aquí llegué". Perdónenme. Nunca me he sentido segura de ser una buena madre, no la que mi preciosa hija se merece, nunca con el amor incondicional que nuestros niños sí nos tienen a nosotros y, ciertamente el destino solo se encargó de que creciera en mí esa inseguridad en algunos momentos difíciles de mi vida. Por eso quise que esta fuera mi tema, los niños, mi gran interrogante, mi gran reto. </p>]]>
        <![CDATA[<p>Siempre pensé que ser mamá era algo tan natural, que cuando me llegara el día las cosas iban a fluir sin cuestionamientos, pero tengo que confesar que no fue así, que desde el primer momento dudé, sufrí, me cuestioné infinitamente como ser humano capaz de dar amor y muchas veces lo hice bien y otras no supe entregarme. Aun así, y con una niña preciosa que todavía busca mi calor al dormir y al despertarse, y que todavía no me juzga ni me reprocha mis inagotables errores, creo que ser mamá es un regalo y solo puedo decir que tenemos que creer en nosotros como padres, siempre, aunque la casa se nos caiga encima y nuestro matrimonio se convierta en un fracaso más y nuestro sueño de formar una familia se ría de nosotros en nuestra cara. El amor es el amor, y siempre habrá que reinventarlo, renovarlo, reacomodarlo, pero sobre todo darlo y recibirlo con gratitud. Y cuando las cosas vayan mal, miremos en la carita a nuestros niños y expliquémosles con amor qué diablos está pasando, que somos humanos, que nada es perfecto, que a veces las cosas no van como nosotros queríamos que fueran, que los seres humanos no siempre nos amamos como pensamos que nos amaríamos, que por más planes que uno haga en esta vida nada nos asegura un camino feliz y perfecto, que no existen los príncipes ni las princesas, que nada ni nadie es totalmente bueno ni totalmente malo, aunque creamos que no lo van a entender. Ellos entienden el lenguaje del amor, ellos comprenden hasta lo más complicado si el lenguaje es el del amor y si nuestros ojos y nuestros corazones no mienten. Yo, que estoy atravesando un río ancho y tormentoso en este momento de mi vida, elijo escuchar a mi corazón y tengo fe en que al final todo va a salir bien y que vamos a ser felices andando por nuevos caminos, más sanos, más sinceros con nosotros mismos, pero para eso necesito un poco de silencio. Gracias otra vez por acompañarme y por creerme, gracias por comprender mi decisión. Es momento de escuchar a nuestros propios corazones,  que nunca mienten.</p>]]>
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    <title>Creo en ti</title>
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    <published>2008-09-19T05:11:19Z</published>
    <updated>2008-10-06T16:02:38Z</updated>

    <summary>Foto: Martin Johansson Ana tenía 13 años cuando su padre le dijo que la sacaría del colegio para llevarla a vivir con él a Los Ángeles. Pensó en todo lo que tenía que dejar y cayó en cuenta de que...</summary>
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        <![CDATA[<div style="text-align: center;"><img alt="NiñoFumando400.jpg" src="http://blogs.elcomercio.com.pe/pequenodetalle/Ni%C3%B1oFumando400.jpg" width="400" height="269"></div><strong>Foto: <a href="http://www.flickr.com/photos/mertzim/8281482/" target=_blank>Martin Johansson</a></strong>

<p>Ana tenía 13 años cuando su padre le dijo que la sacaría del colegio para llevarla a vivir con él a Los Ángeles. Pensó en todo lo que tenía que dejar y cayó en cuenta de que no era mucho: unos cuantos amigos coqueros como ella, a Sarah, una gata ingrata y agresiva y a su madre, con quien solía fumar marihuana después de clases. Mal que bien, Estados Unidos significaba toda una aventura y ella tenía ganas de probar algo nuevo. Tal vez las mismas ganas que sintió una tarde, ya en Los Ángeles, cuando los chiquillos que le vendían el speed –una droga a base de anfetamina– la invitaron a subir al auto con ellos. Sus amigos del colegio quedaron atrás, como las fiestitas de coca, hierba y speed. Una cosa era ser amiga de los proveedores de droga de los colegios y otra, formar parte de la banda.</p>]]>
        <![CDATA[<p>Ana era consciente de las dimensiones del riesgo y eso fue lo que más le atrajo del asunto. Su padre, mientras tanto, salía a trabajar a las 8 de la mañana y no volvía hasta bien entrada la noche. La prueba de fuego para Ana no tardó en llegar: robar autos de 20 mil dólares y venderlos en 3 mil para financiar la juerga diaria, que demandaba un promedio de 200 dólares por noche. La plata le empezó a sobrar. Había que picar alto con las emociones y entregarse a los efectos del LSD y la heroína. 3 mil dólares por el primer auto robado, 3 mil por el segundo, a la tercera no la hizo. ..</p>

<p>El policía federal que la detuvo le decomisó una chaveta y un arma calibre 25 que ella nunca se atrevió a usar. Luego vinieron los juicios, los abogados, los jueces de menores, el encierro. Comenzó el ciclo de los tratamientos médicos y las recaídas, la desesperación de Ana para volver a la drogas y la de su papá por verla en libertad, aunque eso significara solo un traslado de la prisión de menores a una clínica siquiátrica. Ahí la cosa resultó más “sencilla”: dormir o llorar, dormir o vomitar, dormir o arañar las paredes. Pero al enfermero de turno se le agotó la paciencia cuando descubrió que Ana burlaba al personal con un cartón que contenía 100 dosis de LSD bajo la almohada. 100 dosis de ácido lisérgico disfrazado de curiosas sonrisitas de Mickey Mouse y el Pato Donald. Y otra vez a la calle. Entonces su padre la embarcó en un avión, antes que la policía volviera a tocar el intercomunicador de su departamento. Su madre la esperaba en el aeropuerto Jorge Chávez con un papel en el bolsillo donde tenía apuntada la dirección de un centro de rehabilitación de drogadictas en Cieneguilla. Al verla, Ana recordó la última vez que ellas habían conversado. Fue el día en que se atrevió a confesarle que su padrastro la tocaba desde hacía muchos años. NO SEAS MENTIROSA, le dijo, NO TE CREO. Fue entonces que su padre se la llevó a Los Ángeles, pero allá tampoco nadie cuidó de ella, como siempre.<br />
Cuando yo la conocí tenía 16 años  y estaba en Cieneguilla, rehabilitándose. Todavía era una chiquilla. Me contó que cuando recién llegó a ese lugar tenían que dormirla porque se daba de cabezazos contra la pared. “Estoy aprendiendo a creer en Dios, pero una vez fuera voy a tener cuidado porque todavía tengo al bichito que me tienta. A veces me dan unas ganas horribles y lloro, me parece que me voy a volver loca”, me dijo. Y yo, que había ido a entrevistarla para hacer un reportaje, en 1994, nunca me atreví a publicar nada sobre ella, que de hecho Ana no se llama, y nunca supe más de ella, pero me quedó clara una cosa: cuando tus hijos te cuenten algo, por muy fuerte que te parezca, CRÉELES.    <br />
</p>]]>
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    <title>Frater Perfectus</title>
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    <published>2008-09-11T18:28:19Z</published>
    <updated>2008-10-06T16:04:03Z</updated>

    <summary> Ilustración: Ximena Maier para el libro &quot;Padres, Padres&quot; (Alfaguara) de Carmen Posadas. El post anterior fue un poco polémico y creo que esta vez voy a tocar un tema más light, pues ya me dijeron comunista, terrorista y cosas...</summary>
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        <![CDATA[<p><img alt="frater.jpg" src="http://blogs.elcomercio.com.pe/pequenodetalle/frater.jpg" width="238" height="361" class="mt-image-center" style="text-align: center; display: block; margin: 0 auto 20px;"/><br />
<small><small><strong>Ilustración: Ximena Maier para el libro "Padres, Padres" (Alfaguara) de Carmen Posadas.</strong></small></small></p>

<p>El post anterior fue un poco polémico y creo que esta vez voy a tocar un tema más light, pues ya me dijeron comunista, terrorista y cosas peores por decir que no estuvo del todo mal la época de Velasco. De hecho mi padre, si lo leyó, debe de haber tenido ganas de colgarme, razones no le faltan, pero bueno, esto es solo un blog, una especie de diario virtual y yo escribo en él como cuando hablo, sin pensarlo tanto, por instinto. Pero aun así, esta vez les traigo un tema más simple pero que de alguna manera a todos nos ha tocado vivir, ya me dirán. <br />
A las monjas alemanas les encantaban las comparaciones. Mi hermana menor era bastante más aplicada que yo y sigue siéndolo, como profesional, como madre, como mujer, como esposa, en todo. Se arregla más, lee más, trabaja más. Y así nos queremos, distintas las dos, totalmente distintas, pero desde chiquitas muy hermanas, muy amigas, muy cómplices, sobre todo porque nuestros padres jamás han hecho absurdas comparaciones, disfrutando de cada una de nosotras de manera distinta. Entonces no venía al caso el comentario de las monjas cuando decían: tu hermana se comporta mucho mejor que tú, tu hermana se saca mejores notas. No me movían un pelo esas comparaciones, porque luego a solas mi hermana y yo las remedábamos y nos reíamos, cuánto nos reíamos de esa maldita costumbre de hacer comparaciones entre niños. Tengo un amigo lindo, inteligente, buenísimo, fuerte, tiene todas las cualidades, pero cuando uno le pregunta qué está haciendo o en qué está trabajando siempre contesta en diminutivo, como que lo suyo no fuera importante, pues tiene un hermano también muy lindo pero que es abogado y además es actor y es famoso y una especie de chico perfecto. Sospecho que los han comparado mucho de niños.</p>]]>
        <![CDATA[<p>La escritora española Carmen Posadas, en su libro “Padres, padres”  (Alfaguara) describe con mucho humor a este hermano ejemplar que ella llama Fráter Perfectus, ese que todo lo hace bien, ese hermano con el que siempre nos están comparando, aunque ella se refiere más bien al antipático, al que de alguna manera consciente compite con su hermano. (Ojo, este antipático espécimen no tiene nada que ver con mi hermana). Dice Posadas: Normalmente, suele ser mayor que nosotros y tiene tres formas notables de actuar:<br />
La PRIMERA viene derivada de su condición de perfecto y consiste en creerse alguien importantísimo. A Fráter Perfectus no se le puede molestar cuando está estudiando (o cuando está con amigos o usando la computadora). Hay que pasar de puntitas delante de su habitación y, por supuesto, nunca, nunca se le debe importunar pidiéndole algo prestado. Según él, las cosas de su propiedad no están hechas para que las toquen seres no-perfectos que podrían romperlas o deteriorarlas. <br />
Por otra parte, además suele ocurrir que tal elemento logra que los padres también lleguen a creer que él es perfecto, y eso no es lo peor, lo realmente grave es que entonces surgen las odiosas comparaciones. </p>

<p>He aquí la SEGUNDA forma notable por la que Fráteres Perfectus constituye un obstáculo en las relaciones con los padres. No resulta nada fácil llevarse bien cuando a uno le están recordando todo el día, por ejemplo:<br />
-Mónica ha sacado todo sobresalientes y un solo notable. A ver que notas traes tú esta vez.	Y existen Fráteres Perfectus con todo tipo de talentos variados. Los hay estudiosos como el ejemplo antes mencionado, pero los hay también deportistas:<br />
-Si. Arturo, nuestro hijo mayor, está en el equipo de baloncesto. Javier, en cambio, sólo hace deportes de sillón. Está todo el día viendo la tele. ¿Por qué no serás como tu hermano?</p>

<p>Y, por ultimo, el TERCERO de los Fráteres Perfectus y más desagradables, sobre todo para las chicas, es el guapísimo o guapísima. He aquí como ejemplo el comentario cristiano de una madre bien intencionada.<br />
-No te preocupes, Ximena. Es cierto, tu hermana es guapísima, pero tú eres tan buena persona...</p>

<p><strong>Mala Costumbre</strong><br />
Las comparaciones son odiosas, ya se sabe, afirma Posadas y ciertamente no descubre la pólvora, en el fondo todos lo sabemos, ¿pero podemos aguantarnos o se nos escapa comparar, como un vicio? Lo malo es que todos estamos continuamente comparando a unos con otros. A veces son los padres los que, con ánimo de corregir a su hijo, ponen como ejemplo a su hermano que hace mejor esto o aquello, pero no se dan cuenta que tal actitud no beneficia a nadie. Aquel al que se quiere corregir lo toma muy mal, y al que ponen como ejemplo tiende a mirar por encima del hombro a su hermano y creerse “alguien”. Más tarde será el tiempo el que se encargue de demostrarle que no existe nadie perfecto y, a veces, ésta es una lección que resulta muy dura de aprender.<br />
</p>]]>
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    <title>Los años maravillosos</title>
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    <published>2008-09-03T15:33:53Z</published>
    <updated>2008-10-06T16:05:08Z</updated>

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        <![CDATA[<p><img alt="años.jpg" src="http://blogs.elcomercio.com.pe/pequenodetalle/a%C3%B1os.jpg" width="400" height="276" class="mt-image-center" style="text-align: center; display: block; margin: 0 auto 20px;"/></p>

<p>Llevo días pensando en cómo se ha complicado la vida de los niños. Hace poco le decía a una buena amiga de mi edad que –aunque suene terrible lo que voy a decir– Velasco no fue un presidente tan malo para nosotros. Ya sé que aplicó una reforma agraria que no fue justa para todos y otras medidas que no ayudan a un país a progresar económicamente sino todo lo contrario, ya lo sé. Pero a pesar de lo horrible que era el uniforme gris había algo relajado en el hecho de que todos estuviéramos iguales y a nadie se le notara cuánta plata tenía, si mucha o si muy poca, y porque recuerdo haber ido a un colegio de monjas alemanas en La Molina donde había una compañera que se llamaba Gumercinda Huamaní, cuya humildísima casa, en un cerro pelado, se veía desde la ventana de nuestro salón de clases, lo cual hoy me hace pensar que existía alguna política educativa por la cual había un cupo de becas para la gente más pobre en los colegios particulares. Y probablemente todavía exista ese derecho pero Velasco sin duda hacía que se cumpliera.</p>]]>
        <![CDATA[<p> Y Gumercinda, que obviamente era tímida, llevaba el mismo uniforme que los demás y nadie la hacía sentir que era menos que nadie. Y si bien intentar meter el quechua en los colegios fue un fracaso, al menos los niños supimos desde bien pequeños, que en nuestro país había otros niños que hablaban otro idioma que nosotros no hablábamos y, en buena cuenta, que no éramos los únicos, que había algo más detrás de esas montañas. <br />
Recuerdo que Velasco cerró la importación y que económicamente era una locura, un escándalo, de acuerdo. Pero como nadie te vendía unas zapatillas All Star  de 140 soles, todos teníamos unas North Star de 30 o en su defecto unas Dunlop de 10 y estábamos contentos y tranquilos. El yogurt era Laive, hecho en el Perú, delicioso, de coco, de lúcuma, de fresa, de uva, y uno podía cortarlo con un cuchillo porque en esa época sí existían los yogures “aflanados”, hasta que entró la importación y todos se convirtieron en bebibles y con sabor a chicle y, como obviamente eso es más barato de producir, chau yogur Laive aflanado, delicia con la que mi mamá nos engreía al menos una vez a la semana. Y nuestro carro era un escarabajo que tenía una calcomanía de no sé qué color, que significaba que ese carro no podía circular, digamos, los miércoles, con lo cual no sé si Velasco pretendía disminuir la contaminación o si era más bien una medida de ahorro porque la gasolina estaba subsidiada y no alcanzaba para tanto carro, no lo sé, pero el resultado era genial, era rico saber que cierto día de la semana, o andabas en bicicleta o te quedabas en casa, era rico no ver tanto tráfico en las calles, era delicioso no escuchar alarmas porque el Perú, simplemente, no producía alarmas.  Y las manzanas no eran gigantes y chilenas y rojas y transgénicas, con esa cáscara como de cera y un sticker pegado, sino verdes y durísimas y acidísimas y un poquito enanas y feas, pero nos parecían deliciosas. Y juguetes, creo que ni había, lo que producía BASA tenía que satisfacer nuestras expectativas y las muñecas eran o chicho bello o apachurrito made in Perú, y en la tele las opciones eran el Chavo del Ocho o Yola Polastri o Petete o Marco o Heidi, en blanco y negro. Y caminar una cuadra para ir a buscar a un amiguito no era un peligro y los niños vivíamos aventuras que nuestros padres ni se imaginaban, porque había más espacio físico y sicológico entre ellos y nosotros. Y las fotos se podían tocar y las cámaras tenían rollo y las computadoras no existían, ni los celulares, ni muchas cosas más que ahora usamos y que son muy cómodas, pero que a mí me duele ver en manos de los niños, porque soy una pituca misia o una hippie anticuada o una sentimental comunistoide o qué sé yo, de verdad que no me lo cuestiono tanto, pero siento una terrible nostalgia...  <br />
</p>]]>
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    <title>Tú predica, nomás</title>
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    <published>2008-08-28T04:15:35Z</published>
    <updated>2008-10-06T16:05:50Z</updated>

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        <![CDATA[<p><img alt="Nezareth.jpg" src="http://blogs.elcomercio.com.pe/pequenodetalle/Nezareth.jpg" width="398" height="261" class="mt-image-center" style="text-align: center; display: block; margin: 0 auto 20px;"/></p>

<p>Daniel Titinger es un escritor talentoso y es editor de la exitosa revista peruana Etiqueta Negra. Hace un par de años publicó el libro <em>Dios es peruano</em>. Hace unos meses fui a su casa y me mostró unos videos de youtube de un niño trujillano famoso que predica la palabra de Dios por el mundo entero, ganando muchísimo dinero con eso. El niño ya tiene catorce años y muy pocas ganas de dejar ese trabajo tan rentable. Sus padres son sus principales auspiciadores. Una mina de oro, digamos. Daniel Titinger ha tenido la generosidad de cederme los derechos de un artículo suyo publicado en El País. Nadie tan talentoso como él para describir una realidad tan insólita. Un horror. Espero que lo disfruten tanto como yo...</p>]]>
        <![CDATA[<p><br />
<strong>LA ÚLTIMA PARÁBOLA DEL NIÑO PREDICADOR</strong></p>

<p><strong>Por Daniel Titinger</strong></p>

<p>Decían que el niño no era humano. Entonces él tenía seis años, una Biblia gruesa en las manos pequeñitas, un traje oscuro que le quedaba enorme, y decía en plazas públicas, al norte del Perú: <em>Cristo viene y qué cuenta le vas a dar al Señor.</em> Había gente que lo tocaba sólo para cerciorarse de que fuera un niño, y su madre dice ahora, ocho años después: «Hay gente que ignora el poder de Dios». <br />
Nezareth es el primogénito de una pareja de cristianos evangélicos, pastores misioneros que caminaban con sus Biblias y sus guitarras por la ciudad de Trujillo, en la costa norte del Perú, y por los pueblos que la rodean. Nezareth Casti Rey Castillo Valderrama fue concebido casi como una profecía bíblica. En sus recuerdos más precoses, aparece mamá leyéndole los salmos como si fueran cuentos de cuna y papá, Andrés Castillo, cargándolo en un púlpito mientras cantaba. La leyenda personal de su padre dice además que a los 17 años tuvo una revelación: Dios se le habría aparecido en sueños para decirle que le iba a dar un hijo que sería poderoso y que viajaría por el mundo predicando el Evangelio. Le dijo además que debía llamarlo Nezareth, porque Nezareth quiere decir El enviado de Dios. Su madre, cuando tenía tres meses de embarazo, también habría soñado con Dios. En aquel sueño, Dios le habría confirmado que su hijo iba a ser un instrumento en sus manos. Nezareth Casti Rey creció escuchando esas historias acerca de su grandeza, y fue criado a imagen y semejanza de esas visiones de sus padres. No se trata de una leyenda, dicen ellos: es la promesa que les hizo Dios.<br />
Pronto cumplirá 14 años. En realidad, ya no parece un niño. Nezareth predicó por primera vez cuando tenía tres años en una iglesia escondida en Paiján, al norte de Trujillo. Se oyó acerca del Niño Predicador en pueblos cercanos y hasta ellos fue a predicar Nezareth Casti Rey. Cumplió cuatro años y empezó a escribir canciones. Llenó plazas donde muchos lo aplaudieron y otros se divertían como en un espectáculo freak. Hay quienes creían que no era humano. <br />
A los seis años, la portorriqueña Wanda Rolón, una famosa pastora evangélica, lo llevó a Puerto Rico. En San Juan, Nezareth Casti Rey predicó dos días en un coliseo con miles de fieles. Hay un famoso video en YouTube visitado por casi un millón de curiosos. Corresponde al segundo día de prédica en Puerto Rico. Allí, Nezareth se mueve con la elocuencia de un cantante de heavy metal en estado éxtasis. Lleva un terno oscuro, una corbata gris y se le ve tan pequeño que parece una parodia de algo: exhorta a la gente señalándola con el dedo; habla con cariño y se pone una mano en el corazón. Los creyentes lo siguen aplaudiendo, pero entre los visitantes de YouTube no ha tenido la misma suerte. Existen videos que ridiculizan ese mensaje bajo los títulos «Niño predicador payaso», «El puto niño predicador», «Mutilando al niño predicador», «Anticristo Superstar», «Nezareth Castillo, el niño predicador, es Satanás». <br />
Sus compañeros de aula, en el colegio, saben que Nezareth Casti Rey se ausenta de clases cada cierto tiempo para cumplir con una agenda de presentaciones en Venezuela o México o Chile o Estados Unidos o Ecuador o Bolivia o República Dominicana o Puerto Rico, países que la mayoría de ellos apenas conoce de oídas. </p>

<p><strong>Por Dios y por la plata</strong><br />
Para un evangélico, tener dinero es una bendición de Dios. No está mal ni tiene por qué sentirse culpable: si trabaja, Dios quiere que tenga dinero, y el resto de su comunidad celebrará su suerte. Los predicadores –los hay en todo el mundo– suelen ganar bien si son exitosos; es decir, si congregan a mucha gente. Y eso ocurre porque Dios glorifica y bendice. Como a Nezareth, por ejemplo. Ser un talentoso niño predicador puede ser muy rentable. Hay gente que fue impactada por el mensaje y le da mil dólares, cinco mil, una casa, un auto. Cuando Wanda Rolón invita a Nezareth a Puerto Rico pide a los miles de fieles que se congregan en sus presentaciones que den dinero a la familia Castillo Valderrama. «Dinero para bendecirlos», ha dicho, está en los videos. Hay predicadores evangélicos que piden a los fieles dar el billete más grande que tengan en el bolsillo como ofrenda. A veces los acusan de estafar a la gente con el viejo cuento de la salvación, pero el obrero, dirán, es digno de su salario, y no hay de qué avergonzarse. Las iglesias del mundo, cuando invitan a Nezareth, también pueden hacer ofrendas voluntarias, pero en ese caso, a diferencia de las ofrendas de los fieles, «el dinero se lo das en un sobre en las manitos», te dirá una voz por teléfono. Nezareth Casti Rey no es un niño normal. Predica; es decir, gana dinero. El Niño Predicador no es más que un niño que trabaja.</p>

<p><strong>We are the world</strong><br />
Hay niños predicadores en todo el mundo, y la historia de Nezareth Casti Rey también es fascinante por ser igual a otras. En el conjunto está la peculiaridad: algo está ocurriendo, creen los evangélicos, quienes adoctrinan a los niños en su religión, los instruyen en la Biblia y no hay nada extraordinario ni milagroso en ello. Es casi un acto de supervivencia frente a otras religiones más antiguas y poderosas y gobernadas por adultos: un niño evangélico puede garantizar la continuidad de su religión, que está en franco ascenso demográfico, y a los cinco años de edad ya es capaz de hablar de Dios con la misma naturalidad con la que pide chocolates. <br />
En Brasil, Ana Carolina Dias es una niña que predica desde los dos años. La pastora más pequeña del mundo, le han dicho, y se cree que sana enfermedades incurables, entre ellas el sida. En el mismo país, Marcos Ferreira do Santos, de 16 años, expulsa demonios desde que tenía cinco. En Panamá, los hermanos Dailyn y Kevin Patiño predican desde los dos y tres años de edad. Son hijos de un pastor que, cuando sus niños predicaron por primera vez, dijo: «El Espíritu Santo dirigió todo». En Estados Unidos, es famoso el caso del niño Terry Durham, The Little Man of God, quien no sólo predica, sino que lo hace con un ritmo gospel que incita al baile. En Lima, Perú, donde hay más de tres millones de evangélicos, hubo en el 2007 un Festival Evangélico de Niños Predicadores al que asistieron seis mil niños. Seis mil. </p>

<p><strong>Cortesía de Daniel Titinger</strong></p>

<p><br />
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<p><br />
<object width="425" height="344"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/aSViplMbb2w&hl=en&fs=1"></param><param name="allowFullScreen" value="true"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/aSViplMbb2w&hl=en&fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowfullscreen="true" width="425" height="344"></embed></object></p>

<p><br />
</p>]]>
    </content>
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    <title>Nada fashion</title>
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    <published>2008-08-20T17:07:57Z</published>
    <updated>2008-10-06T16:06:30Z</updated>

    <summary> Ilustración: Madameyoli Vivimos en una sociedad profundamente machista donde la mujer siempre tiene que estar arregladita y flaca y preciosa. Eso, proyectado a las niñas pequeñas y en esta época absolutamente materialista que nos ha tocado vivir, está creando,...</summary>
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        <![CDATA[<p><img alt="fash 1.jpg" src="http://blogs.elcomercio.com.pe/pequenodetalle/fash%201.jpg" width="261" height="280" class="mt-image-center" style="text-align: center; display: block; margin: 0 auto 20px;"/><br />
<small><small><strong>Ilustración: Madameyoli</strong></small></small></p>

<p>Vivimos en una sociedad profundamente machista donde la mujer siempre tiene que estar arregladita y flaca y preciosa. Eso, proyectado a las niñas pequeñas y en esta época absolutamente materialista que nos ha tocado vivir, está creando, para mí, pequeños mounstritos probablemente muy hermosos, pero repugnantes. Me refiero a la necesidad que tienen las niñas de ahora de tener un montón de ropa y de parecerse mucho a las princesas y de ser muy fashion y de no engordar y de tener el pelo muy largo y muy lindo como el de la Barbie. Debo confesar que detesto a las barbies, pero ese es otro tema. </p>]]>
        <![CDATA[<p>Nuestras niñas, desde los dos o tres años, ya quieren escoger su ropa, ya se estresan si la media tiene hueco o si el zapato está un poco sucio, ya miran a las reinas de belleza como modelos, ya hablan de gordura. Hace poco estuve entrevistando a una manicurista muy exitosa que tiene un local bastante grande encima del Metro de Jesús María, y me llamó mucho la atención la cantidad de niñas haciéndose las uñas en la sección de manicure infantil. No me horrorizan esas cosas pero sí me deprimen. Y como mi hijita ya va al jardín y la influencia es inevitable, al menos estoy tratando de enseñarle ciertas cosas que le van a permitir ser una niña ubicada, humilde, con personalidad, atractiva por lo que es y no por su pelo o por sus ojos o por su ropa. Mi hija es muy linda, lo digo porque con eso demuestro que mi visión de las cosas no nace del resentimiento ni de una necesidad de protegerla de un mundo que la va a discriminar por fea, no, al contrario, y a veces incluso pienso que eso me preocupa más. Me preocupa que todo el tiempo le digan que es preciosa porque eso puede convertirla en una niña antipática que cree que se lo merece todo.  Me preocupa que empiece a preguntar quién es más bonita entre sus amigas, me preocupa que todas las mañanas piense con tanto afán qué se va a poner para ir al nido. Me preocupa que crezca sin saber que hay niños que jamás se sacan lo que tienen puesto porque no tienen otra cosa que ponerse. Me preocupa que diga “esta chompa no me gusta” cuando hay niños muriéndose de frío en las alturas. Me preocupa que crea que la belleza es un mérito. Me preocupa que pronto empiece a hablar de gordura y de flacura.  <br />
Voy a poner todo de mi parte para que aprenda que la gente vale por lo que lleva dentro, que la belleza es un accesorio que se agradece pero no una herramienta, ni un arma ni un trofeo. Voy a decirle hasta el cansancio que eso de que la buena es bonita y la mala fea, típico de los libros de princesas de Disney, es una estupidez pero sobre todo una gran mentira. Mientras tanto, le estoy enseñando que ella es única y que no tiene que parecerse a nadie. Cuando escoge una combinación supuestamente muy “huachafa”, como zapatos de charol con pantalón de buzo rosado y chompa roja, le digo que está muy linda así y que ha elegido muy bonito. No quiero acomplejarla, ni formatearla, ni reprimirla en sus gustos, y no me importa que la gente en la calle piense que “la he vestido mal”, no me interesa. Quiero que sea auténtica y que se sienta siempre cómoda con su elección, sea cual sea. Me deprime ver a una niñita llena de bobos y de lazos y de colitas, toda apretada, incomodísima, preocupadísima por agradar y que, cuando por fin se anima a comerse un helado después de horas desfilando para los demás, termina llorando desconsoladamente porque le cayó un poco de helado en el zapatito blanco apretadísimo y eso, en su mundo artificial y recontra tenso es, sin duda alguna, una tragedia.<br />
Hace un par de años vi una película maravillosa llamada Pequeña Miss Sunshine, sobre una niña gordita y bastante normal, que es invitada a un concurso de belleza en California y viaja hasta allá con su familia absolutamente disfuncional, y es entrenada por su abuelo para bailar en el certamen. La película es maravillosa porque nos enseña mucho acerca de qué es lo que realmente importa en la vida y de lo valioso que es tener una personalidad única, sin presiones, sin modas, sin complejos. Probablemente muchos de ustedes la vieron, yo he escogido un par de videos para que la recordemos con cariño o nos animemos a verla. La niña que actúa en esa película tiene anteojos, es gordita y su ropa no es nada del otro mundo. De hecho, ella no gana el concurso, pero gana algo mucho más importante, gana dignidad, autenticidad, autoestima, fuerza espiritual.  </p>

<p></p>

<p><object width="425" height="344"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/yzszwT4uTAY&hl=en&fs=1"></param><param name="allowFullScreen" value="true"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/yzszwT4uTAY&hl=en&fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowfullscreen="true" width="425" height="344"></embed></object></p>

<p><object width="425" height="344"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/SjgfRPOWKVM&hl=en&fs=1"></param><param name="allowFullScreen" value="true"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/SjgfRPOWKVM&hl=en&fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowfullscreen="true" width="425" height="344"></embed></object></p>

<p>  <br />
</p>]]>
    </content>
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    <title>Mater Amantísima</title>
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    <published>2008-08-13T01:45:52Z</published>
    <updated>2008-10-06T16:07:03Z</updated>

    <summary> Ilustración: Portada del libro Mi mamá (Anthony Browne) A veces pienso que no soy buena madre porque no soy de las más sacrificadas y entregadas. Amo a mi hija y vivo para ella, pero tarde o temprano busco mi...</summary>
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        <![CDATA[<p><img alt="mater.jpg" src="http://blogs.elcomercio.com.pe/pequenodetalle/mater.jpg" width="351" height="273" class="mt-image-center" style="text-align: center; display: block; margin: 0 auto 20px;"/><br />
<small><small><strong>Ilustración: Portada del libro Mi mamá (Anthony Browne)</strong></small></small></p>

<p>A veces pienso que no soy buena madre porque no soy de las más sacrificadas y entregadas. Amo a mi hija y vivo para ella, pero tarde o temprano busco mi espacio, mi desarrollo personal y sé que sin eso no podría vivir. Por eso hoy, en lugar de seguir hablando de la importancia de ser una madre con vida propia y un poco de independencia, dejaré que mis lectores se entretengan con un excelente texto de la escritora española Carmen Posadas, autora de un libro muy interesante (uno de los tantos que ha escrito ella) que se llama <em>Padres, padres (e hijos, hermanos y demás especies)</em>, en el que hace una descripción genial de esa especie de mamá gallina que yo no quiero ni puedo ser, en un divertido texto que se llama <em>Máter Amantísima</em>. Con ustedes...</p>]]>
        <![CDATA[<p><em>Máter Amantísima</em> siempre es mujer. En realidad, parece completamente inofensiva, es una madre generosa dispuesta a todo con tal de proteger a sus polluelos. <em>Máter Amantísima  </em>es ésa que cuando su hijo/a tiene gripe lo cuida como si fuera el ángel de la guarda: un caldito aquí, una aspirina allá... Tampoco le importa que la despierten a las cuatro de la mañana porque su hijo tiene hipo, y ella siempre da soluciones a todo. Admirable. Fantástica. Madre solo hay una.<br />
Sin embargo, éste es uno de los tipos de madre más peligrosos que se conocen, no sólo para los hijos, sino para toda la familia. Tiene el agravante de que su influencia sobre todos suele ser indeleble y a veces sólo se manifiesta después de muchos años, cuando el último de los hijos se ha hecho mayor. Pero hasta que esto ocurre, ella resulta la madre perfecta. Con <em>Máter Amantísima </em>se puede contar siempre, es incondicional, es el cómplice perfecto para ocultar todo lo que uno prefiere mantener en secreto:<br />
-Esto no se lo contaremos a tu padre, porque si se llega a enterar... –dice <em>Máter Amantísima.</em><br />
Resulta comodísimo tenerla como aliada contra todos los elementos hostiles, como el padre, y también en el colegio:<br />
-¿Que has jalado en cuatro cursos? No importa, iré a hablar con el profesor. Seguro que te tiene manía y eso no se lo consiento. Me va a oír.<br />
Cosas como éstas dice <em>Máter Amantísima </em>y luego resulta que es verdad, que ella logra solucionar hasta los problemas más gordos.<br />
Naturalmente, todo esto estaría muy bien si uno no creciera nunca y si a la par no aumentaran los problemas con lo que se encuentra la gente a medida que se va haciendo mayor. En realidad, sería una lotería una mamá siempre ahí, haciendo de pararrayos para librarnos de todo mal, incluidos, evidentemente, los problemas que tarde o temprano surgen con el padre, quien, poco a poco, a fuerza de ocultarle lo que pasa con el hijo, se ha ido convirtiendo en el malo de la historia.  Pero esto es imposible, Un día, la realidad se impone y cada uno tiene que solucionar sus propios problemas, con la dificultad añadida de que, como nunca lo ha hecho, no tiene ni idea de por dónde empezar.<br />
Pero existe otro problema casi más gordo que el de tener que enfrentarse con la realidad por primera vez. Éste surge en el preciso momento en que los hijos empiezan a vivir su vida sin la ayuda de nadie. <em>Máter Amantísima</em> se queda sin contenido en la familia y comienza a comportarse de un modo rarísimo. <br />
Lo que ocurre es que este tipo de madre, que siempre ha vivido por y para sus hijos, ve que de pronto sus hijos ya no la necesitan, que se han hecho mayores. Entonces no sabe qué hacer. Existen diversas reacciones frente a un momento tan difícil y todas son dolorosas, tanto como para ella como para los demás miembros de la familia. Tenemos a la <em>Máter Amantísima </em>que de pronto pasa de ser una persona generosa, entregada, que nunca pensaba en sí misma, a convertirse en alguien que se queja todo el día. La queja más recuente suele ser el hecho de que ella ha entregado su vida, su juventud y todo su amor a los hijos. “Y mira ahora qué pago estoy recibiendo. ¡Tener hijos para esto!”<br />
De nada sirve decirle que nadie le pidió sacrificio tan inconmensurable, que en la vida existen muchas otras cosas con las que puede sustituir su papel de madre, pero ella seguirá sintiéndose traicionada.<br />
Otras comienzan a tener todo tipo de achaques: un día, taquicardia; otro, una subida de presión...En fin, cualquier cosa para que le hagan un poco de caso y, desgraciadamente, toda atención será poca porque no se trata de un problema que se solucione con cariño.<br />
La tercera reacción de las madres que se quedan sin función parece un poco más cómica pero, en realidad, no lo es. Les ocurre a mujeres activas, optimistas, positivas, y suele consistir en que de pronto comienzan a desplegar una actividad frenética, sobre todo en los temas domésticos. Día y noche limpian y relimpian los cristales, friegan, barren. En algunos casos, si la economía de la familia lo permite, redecoran de cabo a rabo la casa. Esta actividad, sin embargo, no parece mejorar su estado de ánimo.<br />
-Quítate de ahí, vago, más que vago. ¡Lo manchas todo!<br />
-Vete a la cocina. No se puede estar en el salón, acabo de encerar el suelo por tercera vez.<br />
<em>Máter Amantísima </em>no es ninguna broma. </p>

<p><small><small><small><small><strong>Tomado del libro <em>Padres (padres e hijos, hermanos y otras especies),</em> de Carmen Posadas, editorial Alfaguara.</strong></small></small></small></small></p>]]>
    </content>
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    <title>Más corazón, menos garras</title>
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    <published>2008-08-06T03:45:53Z</published>
    <updated>2008-10-06T16:07:27Z</updated>

    <summary> Ilustración de Nati Vásquez Llevo ya un buen tiempo pensando en los juguetes, no como objetos que me interesen mayormente, aunque son geniales, sino como parte de una especie de enfermedad o vicio del que de alguna manera yo...</summary>
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    <content type="html" xml:lang="es" xml:base="http://blogs.elcomercio.com.pe/pequenodetalle/">
        <![CDATA[<p><img alt="niñojugetes-OK.jpg" src="http://blogs.elcomercio.com.pe/pequenodetalle/ni%C3%B1ojugetes-OK.jpg" width="402" height="402" class="mt-image-center" style="text-align: center; display: block; margin: 0 auto 20px;"/><br />
<strong>Ilustración de Nati Vásquez</strong></p>

<p><br />
Llevo ya un buen tiempo pensando en los juguetes, no como objetos que me interesen mayormente, aunque son geniales, sino como parte de una especie de enfermedad o vicio del que de alguna manera yo también soy parte. Me refiero a que los niños de la ciudad ahora tienen demasiados juguetes. Cuando yo era niña, mis juguetes eran un poco viejos o heredados o muy sencillos o no me interesaban mayormente porque podía divertirme más andando en el jardín, con uno que otro perro y uno que otro hermano o primo. Y de pronto un pajarito encontrado muerto era el juguete, y el juego consistía en cómo darle sepultura de la mejor manera, quizás con flores. Suena recontra cursi, lo sé, pero no puedo dejar de sentir pena cuando veo a los niños de ahora sin otros niños, sin jardín, y a cambio muchos videos y juguetes y clases por las tardes y talleres y planes y más planes. </p>]]>
        <![CDATA[<p>Y también me pongo triste en los parques, cuando nuestros niños cogen un juguete ajeno, y nosotros, con cierto miedo a que su dueño vaya a pensar que queremos llevárnoslo, le decimos “deja eso que no es tuyo, devuelve”, o algo así. Qué importa (lo digo bien en serio) de quién es el juguete. ¿No se trata de compartir? Y no hablo de volvernos amigos de lo ajeno, no, solo de ser más relajados con esa estupidez de dejar siempre claro quién es el dueño de las cosas. Un niño tan pequeño ni siquiera debería ser dueño de nada, solo disfrutar. Y me llaman la atención esas madres que, cuando sus niños no quieren prestar un juguete, no les recuerdan que es bueno compartir, como que algunas veces el no compartir fuera una manera de protegerse o de darse su lugar o de no hacerse tan vulnerables. Qué disparate.</p>

<p>El domingo pasado, mi hija de tres años y medio encontró un leoncito en la banca de un parque y después de preguntar a todos los que andaban por el parque, y comprobar que nadie lo reclamaba como suyo, se lo apoderó, y ahora se llama Reyleón y ella lo cuida mucho porque dice que lo encontró solito y que naaaaadie venía a recogerlo y que él seguía ahí solito, solito estaba, y que ella lo recogió y que de repente podía venir otra niña a decirle que le devolviera a su leoncito pero no vino nadie, no mami? Y así, hasta que se hizo de noche y llegó la hora de volver a la casa y el leoncito subió al auto con nosotros y durmió en la cama con nuestra hija “porque tiene frío, mami” y ahora ella es su mamá y lo cuida porque lo dejaron solito en una banca y naaaaadie lo recogía, polbecito.</p>

<p>Y sí pues, ahora Reyleón duerme con ella y van juntos a todos lados y es un poco viejo y sucio pero ciertamente se hace querer, mucho más que todas las barbies y ponys y barneys y minnies que lo rodean, porque su historia es única, porque tiene una historia, y me encantaría que siga yendo de mano en mano, siempre con una historia a cuestas, cada vez más viejo y más sucio y más rotito... y más querido.</p>]]>
    </content>
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    <title>Mala leche</title>
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    <published>2008-07-24T20:25:59Z</published>
    <updated>2008-10-06T16:08:46Z</updated>

    <summary> Ilustración: Alberto Montt Cuando se trata de nutrición infantil, ponemos harta atención al tema del calcio. Las madres damos de lactar a nuestros hijos todo el tiempo que podemos -al menos yo le di teta a la mía hasta...</summary>
    <author>
        <name>María Luisa del Río</name>
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    </author>
    
    
    <content type="html" xml:lang="es" xml:base="http://blogs.elcomercio.com.pe/pequenodetalle/">
        <![CDATA[<p><img alt="leche-condensada-copy.jpg" src="http://blogs.elcomercio.com.pe/pequenodetalle/leche-condensada-copy.jpg" width="400" height="306" class="mt-image-center" style="text-align: center; display: block; margin: 0 auto 20px;"/><br />
                                                <strong><small><small>Ilustración: Alberto Montt</small></small></strong></p>

<p>Cuando se trata de nutrición infantil, ponemos harta atención al tema del calcio. Las madres damos de lactar a nuestros hijos todo el tiempo que podemos -al menos yo le di teta a la mía hasta los 2- y luego del destete buscamos la manera de reemplazar el calcio. Y es aquí donde me atrevo a tocar un tema conflictivo que, probablemente, va a generar muchos comentarios en contra y hasta rabietas, pero bueno, no escribo para que me aplaudan sino para decir la verdad, desde mi experiencia y lo que investigo como periodista y como madre. Entonces, valiéndome de la revolucionaria teoría del reconocido médico peruano Sacha Barrio en su libro "La gran revolución de las grasas", voy a meterme con un alimento que para mucha gente es sagrado: la leche de vaca y las fórmulas que se venden en la farmacia. Dice Sacha Barrio, quien trabaja en el Perú luego de haber terminado un postgrado en medicina herbolaria en la Universidad de Medicina Tradicional China de Nanjing, que de todas las fuentes de calcio que ofrece la naturaleza, estas dos están muy lejos de ser la mejor opción a considerar.   </p>]]>
        <![CDATA[<p>Uno de los varios problemas que presenta la leche de vaca comienza con la práctica universal de la pasteurización. Louis Pasteur fue un padre de la ciencia y salvó miles de vidas cuando nos presentó la realidad de las bacterias como microorganismos invisibles. Sin embargo -dice el Doctor Barrio- la pasteurización de la leche no es una solución científica porque con ella se destruyen sus enzimas y vitaminas naturales, además de alterar sus proteínas. Sin embargo no pasteurizarla haría imposible envasarla y conservarla en cajas de cartón o en latas.<br />
La leche de vaca tiene cuatro veces mayor cantidad de proteínas que la leche humana y solo la mitad de carbohidratos. Para digerirla, se necesitan sus enzimas naturales, pero la pasteurización elimina dichas enzimas, el exceso de proteína láctea no digerida se acumula y fermenta en nuestro aparato digestivo, obstruyendo los intestinos con una especie de fango pegajoso que se llama caseína y, por acumulación, parte de estos residuos pasan a la sangre. Conforme esta flema va aumentando por el consumo diario de leche, el cuerpo se defiende empujándola hacia afuera a través de la piel (acné y manchas) y los pulmones (catarros y mucosidades), mientras que el resto se descompone en el interior, formando también mucosidades y dando lugar a infecciones, reacciones alérgicas y rigidez en las articulaciones por depósito de calcio. Muchos casos de asma crónica, alergias, sinusitis, infecciones al oído y acné han sido y pueden ser curados con tan solo eliminar los productos lácteos de la dieta, ya sean pasteurizados o no.<br />
<strong>El calcio</strong>    <br />
Otro problema de la leche es la proporción entre fósforo y calcio. La leche de vaca contiene 97 mg de fósforo por cada 100g, comparada con tan solo 18mg/100g en la leche materna. Y resulta que los niveles altos de fósforo inhiben la absorción del calcio. El doctor Frank Oski, jefe del departamento de pediatría del centro médico de la Universidad Estatal de Nueva York, nos dice que solo las comidas con una proporción de calcio / fósforo igual o superior que 2 a 1 pueden ser utilizadas como fuentes primarias de calcio. La leche de vaca tiene una proprción de 1,27 a 1. Por lo tanto, se concluye que la leche de vaca no es fuente primaria de calcio, porque la cantidad de fósforo que contiene inhibe su absroción, a diferencia de la leche humana que tiene una proporción de 2,35 a 1. <br />
Pero como tampoco podemos dar leche materna a nuestros hijos eternamente, y ya que nos sobran argumentos contra la leche de vaca, comparemos el contenido de calcio de la leche con el de otros alimentos en el siguiente cuadro. </p>

<p><strong>100 GRAMOS</strong><strong>    /  CONTENIDO DE CALCIO</strong><br />
Leche	                                                      / 118 mg<br />
Brócoli	                                                      / 130 mg<br />
Perejil	                                                      / 203 mg<br />
Kiwicha	                                                      / 222 mg<br />
Higos secos	                                      / 230 mg<br />
Almendras	                                      / 254 mg<br />
Sardinas	                                                      / 400 mg<br />
Ajonjolí	                                                    / 1160 mg</p>

<p>Ya sé que quitarle la leche a los niños pequeños suena tremendo, sobre todo para ellos, que tienen en la leche a su alimento preferido a la hora de levantarse y de dormir y hasta cuando están enfermos, pero una vez que nos armamos de valor y aprendemos a reemplazar el supuesto calcio de la leche de vaca por otras fuentes mucho más ricas de calcio, la salud de nuestros hijos puede mejorar notablemente. Lo digo por experiencia. Ustedes me dirán si se atreven. </p>]]>
    </content>
</entry>

<entry>
    <title>¿Teatro para niños?</title>
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    <id>tag:blogs.elcomercio.com.pe,2008:/pequenodetalle//66.5281</id>

    <published>2008-07-15T02:55:47Z</published>
    <updated>2008-10-06T16:09:22Z</updated>

    <summary> Hace unos meses se me ocurrió hablar bien de la película peruana &quot;Valentino&quot; y muchos lectores de este blog se molestaron conmigo por elogiar una película peruana que consideraban malísima y muy pobre en efectos especiales. Nunca entendí por...</summary>
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        <name>María Luisa del Río</name>
        <uri>http://blogs.elcomercio.com.pe/pequenodetalle/</uri>
    </author>
    
    
    <content type="html" xml:lang="es" xml:base="http://blogs.elcomercio.com.pe/pequenodetalle/">
        <![CDATA[<p><img alt="teatro.jpg" src="http://blogs.elcomercio.com.pe/pequenodetalle/teatro.jpg" width="300" height="379" class="mt-image-center" style="text-align: center; display: block; margin: 0 auto 20px;"/></p>

<p>Hace unos meses se me ocurrió hablar bien de la película peruana "Valentino" y muchos lectores de este blog se molestaron conmigo por elogiar una película peruana que consideraban malísima y muy pobre en efectos especiales. Nunca entendí por qué tanto descontento, pero al menos hoy les prometo que voy a hacer lo contrario: criticar una obra para niños hecha en el Perú. <br />
Hace unos días recibí una bonita invitación a una obra de teatro que se llama "El Niño que cayó dentro de un libro", promocionada como "una aventura para toda la familia". David Carrillo, el director de la obra, dice en un texto publicado en el cuadernillo que nos regalaron al entrar, que cuando él era niño sus padres lo llevaban al teatro a ver obras ideadas para compartir en familia, y que eso le gustaba porque no lo subestimaban, es decir, que no lo trataban como a un bebito con chupón. David, cariñosamente, dedica el montaje al bebé que está creciendo en el vientre de su esposa. </p>]]>
        <![CDATA[<p><br />
Hasta ahí todo sonaba muy bonito la tarde del sábado, a la que yo había ido con una niña y un niño, ambos de 3 años, igual que muchos otros padres de familia acompañados de niños incluso menores y también mayores, en el auditorio de la Biblioteca Nacional, que tiene una sala muy moderna. Pero luego vino la acción y con ella, la desilusión. ¿Por qué lo digo? Porque si bien la obra cuenta con la buena actuación de un niño llamado Joaquin Escobar y de actores conocidos y buenos como Sergio Galliani, Camila Mac Lennan y Christian Ysla, y por más que la escenografía, el vestuario y el sonido tienen mucho nivel, lo que les importa a los niños más pequeños es pasarla bien y aquí lo pasan muy mal. Lo que promete ser una tarde divertida se convierte en un conjunto de frustraciones y represiones que me hicieron acordar a mi colegio de monjas alemanas. </p>

<p>Aquí unos cuantos ejemplos:<br />
1. Prohibido ingresar con comida, como que a los niños no les hiciera ilusión entrar al teatro como se entra al cine, con galletas, canchita o lo que les guste comer.<br />
2. Luego de ingresar sin nada para comer y acomodarse en los asientos, la obra empieza veinte minutos después "porque hay que esperar a la gente que todavía no llega", según nos dijo el chico que nos acomodó en nuestra fila.<br />
3. Cuando por fin se llenó la sala y empezó la obra, ya con los niños cansados y aburridos de esperar, resultó que tenía diálogos un poco complicados, metáforas con el juego de ajedrez incomprensibles para un niño menor de 6 o 7 años y un volumen insuficiente para un público infantil que es bullicioso por naturaleza...y aquí viene lo más increíble...<br />
4. Los acomodadores y el propio director se paseaban por entre las filas de asientos pidiéndonos a los padres que mantuviéramos tranquilos y en silencio a nuestros niños. </p>

<p>Luego de enumerar todo lo prohibido, me permito unos cuantos consejos al director:<br />
1. Que se informe un poco más acerca de la sicología de los niños más pequeños, que no están en edad de estar sentados y calladitos sino de moverse y hacer bulla porque -ya lo dije- es su naturaleza.<br />
2. Que si esa es su manera de trabajar no diga que es una obra apta para toda la familia, sino que no se recomienda para niños menores de 6, 7 u 8 años, dependiendo de la madurez y la capacidad del niño de entender un lenguaje complejo y, sobre todo, de estar quietecito, que por lo demás no es una virtud sino el reflejo de una educación un tanto castrante. <br />
3. Que empiece puntual y que no haga que los que sí respetaron el horario, tengan que esperar a los impuntuales de siempre.</p>

<p>Los niños se merecen que haya espectáculos para ellos y, sin duda, "El niño que cayó dentro de un libro", escrita por Alan Ayckbourn, es una historia bonita y divertida, pero de ninguna manera para toda la familia. Los niños no son tontos pero sí son niños.</p>]]>
    </content>
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    <title>¡Qué gordo estás!</title>
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    <published>2008-07-08T15:31:49Z</published>
    <updated>2008-10-06T16:09:56Z</updated>

    <summary> Ilustración: Natalia Vásquez Cada vez que voy al Parque de las Leyendas veo más familias de gordos caminando lentamente, como elefantes, señalando con una mano a los animales y con la otra comiendo bolsas enormes de papas fritas o...</summary>
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        <name>María Luisa del Río</name>
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        <![CDATA[<p><img alt="ninosenvio[1].jpg" src="http://blogs.elcomercio.com.pe/pequenodetalle/ninosenvio%5B1%5D.jpg" width="400" height="372" class="mt-image-center" style="text-align: center; display: block; margin: 0 auto 20px;"/><br />
<div style="text-align: right;"><small><small><strong>Ilustración: Natalia Vásquez</strong></small></small></div></p>

<p>Cada vez que voy al Parque de las Leyendas veo más familias de gordos caminando lentamente, como elefantes, señalando con una mano a los animales y con la otra comiendo bolsas enormes de papas fritas o galletas o helados o qué sé yo.  Lo cierto es que la comida chatarra cada vez es más barata, y que  en el Perú entre el 15 y el 18% de niños padece de sobrepeso u obesidad y esta enfermedad afecta sobre todo a los niños que tienen entre 6 y 9 años. Esta situación se da en mayor porcentaje en las ciudades de la costa, donde los niños que no viven en el campo se pasan la mañana sentados en una carpeta y la tarde en la computadora o frente al televisor, comiendo sin parar, y se agrava con el tiempo porque los padres no estimulan hábitos de vida saludables en los niños y corren el riesgo de desarrollar diabetes mellitus tipo II, enfermedades respiratorias, hipertensión arterial, alto colesterol y de reducir la esperanza de vida hasta en diez años.</p>]]>
        <![CDATA[<p>Esta vez no me voy a detener en el tipo de alimentación que debemos darle a nuestros niños porque estoy segura que todos lo sabemos perfectamente y que, si optamos por lo fácil, no es por ignorancia sino porque no tenemos ganas de complicarnos la vida comprando alimentos más sanos y preparándolos con más esmero. Más bien, voy a recurrir al capítulo “El niño gordo” del libro “Un niño seguro de sí mismo” de la sicóloga y sicoterapeuta Paola Santagostino. <br />
La autora asegura que un problema común que enfrentan los padres es cómo actuar ante las continuas peticiones de alimentos por parte de un niño que ya sufre de sobrepeso. Decirle que no radicalmente solo lo hará sentirse más reprimido, por lo tanto más víctima, y no pondrá fin al problema. Por el contrario, el niño verá crecer su ansiedad y terminará robando comida.<br />
Muchas veces los niños disfrazan otras necesidades que ni siquiera ellos saben explicar, pidiendo comida. Por ejemplo: una gran ansiedad originada por otras causas o incluso el aburrimiento, es decir: el niño pretende llenar con comida un vacío que viene provocado por la falta de actividad, de estímulos, de intereses, de afecto. Entonces –dice Santagostino- el primer problema a superar para ayudar a un niño en estas condiciones consiste en que seamos capaces de reconocer sus verdaderas necesidades y ofrezcamos estímulos que los “alimenten” en el sentido más amplio de la palabra y obviamente si estos estímulos se convierten en actividades físicas, estaremos ayudándolos a superar su problema de sobrepeso. Pero aquí viene el problema: a los niños gordos les cuesta más moverse, tienden a hacer el menor ejercicio posible y se crea un círculo vicioso: mientras más gordos menos activos, y mientras menos activos, más engordan...<br />
Para desbloquear esta situación es bueno hacer un esfuerzo por encontrar una actividad que les guste a ellos. También es cierto que resulta recomendable una dieta, no tanto reduciendo la cantidad de comida, como modificando su calidad. <br />
 <br />
<strong>El gordo es rechazado</strong><br />
El niño gordo sabe perfectamente que hay algo en él que no es del todo normal y siempre están los compañeros para recordárselo con sus bromas. Con frecuencia, y de una forma totalmente involuntaria, los padres empeoran las cosas con sus formas de afrontar el problema con llamadas de atención y reproches que lo hacen sentir más abiertamente “no aceptado” e intentar calmar con comida la ansiedad, el dolor y la insatisfacción que siente hacia sí mismo. Sin embargo, este círculo vicioso se puede superar, no hablando directamente de su sobrepeso y haciéndole sentir que se le quiere y se le acepta como es, al mismo tiempo que se dan unos pasos concretos para solucionar su problema, los mismos que involucran a toda la familia: no pretendamos que un hijo se “controle”, si el refrigerador está lleno de exquisiteces y la despensa de galletas y chocolates.<br />
</p>]]>
    </content>
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    <title>Duerme con tu bebé</title>
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    <published>2008-07-02T06:51:27Z</published>
    <updated>2008-10-06T16:10:29Z</updated>

    <summary> Foto: Andie Hamilton Tendríamos que parir en nuestra casa, confiadas en que todo va a estar bien, trabajando con nuestras contracciones, recibiéndolas, aceptándolas, respirando al ritmo de nuestro cuerpo, sintiendo a nuestro hijo bajar, salir, y abrazarlo inmediatamente. Tendríamos...</summary>
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        <![CDATA[<p><img alt="andie%20hamilton.jpg" src="http://blogs.elcomercio.com.pe/pequenodetalle/andie%2520hamilton.jpg" width="400" height="245" class="mt-image-center" style="text-align: center; display: block; margin: 0 auto 20px;"/><br />
<div style="text-align: right;"><small><small>Foto: Andie Hamilton</small></small></div><br />
Tendríamos que parir en nuestra casa, confiadas en que todo va a estar bien, trabajando con nuestras contracciones, recibiéndolas, aceptándolas, respirando al ritmo de nuestro cuerpo, sintiendo a nuestro hijo bajar, salir, y abrazarlo inmediatamente. Tendríamos que ponérnoslo en la teta al instante, calatito y calientito, tendríamos que dormir abrazadas a ellos desde la primera noche, sintiendo sus latidos y los nuestros encontrarse, por fin, allá afuera. Pero nos afeitan y nos ponen un enema y luego una epidural y nos gritan que pujemos o nos cortan al toque porque cualquier razón es buena para una cesárea y luego sale nuestro hijo y se lo lleva alguien que no sabemos ni cómo se llama ni él o ella saben cómo se llama nuestro niño y le sacan sangre y luego lo meten en una cuna de vidrio y el bebé no nos ve la cara hasta el día siguiente y, para cuando por fin se unió de nuevo a la persona que lo ha llevado dentro nueve meses, ya está tan pero tan asustado que ni a mamar atina. Qué manera tan violenta tenemos de traerlos al mundo. Pero ya que no vamos a parir en nuestra casa, al menos hagamos algo natural por ellos: dejémoslos dormir en nuestra cama. </p>]]>
        <![CDATA[<p>No lo digo yo, o bueno, sí lo digo yo, pero también lo dice la sicóloga infantil española Rosa Jové, madre de dos niños y autora del libro Dormir sin lágrimas (Editorial La esfera de los libros, 2007). </p>

<p><strong>¿Por qué funciona tan bien dormir con niños?</strong><br />
Los niños necesitan permanentemente a su cuidador cerca. Vienen dotados para registrar la más mínima señal de su ausencia y poder llamarlo. ¿Has notado que si intentas dejar a tu hijo en la cuna se despierta antes que si duerme en tus brazos? Desde la antigüedad, las madres se dieron cuenta de ello y, por eso, en la historia de la humanidad los niños han sido y son portados atados al cuerpo de la madre. <br />
Ese “radar”que tienen para sentir cuándo hay alguien cerca y cuándo no, es malinterpretado como un vicio. Nada de eso, dice Jové, y cita a la sicoanalista Anna Freud, hija de Sigmund Freud:<br />
“Mantener un contacto íntimo y cálido con el cuerpo de otra persona mientras se concilia el sueño es una necesidad primigenia y connatural a cada niño...La necesidad biológica del lactante, de la presencia constante del adulto que lo cuida, ha sido completamente ignorada en la cultura occidental donde se expone a los bebés a largas horas de soledad, debido a la idea errónea de que es más saludable que los pequeños duerman solos”.</p>

<p><strong>¿Y no querrán dormir siempre con nosotros?</strong><br />
No. En una encuesta en el año 2004 en Barcelona a un grupo de madres, la autora Rosa Jové seleccionó a las que dormían con sus bebés de forma voluntaria y habitual. Es decir, que tomaron la iniciativa de dormir con sus bebés libremente desde el comienzo y que le permitieron dormir con ellos hasta que el niño quisiera. <br />
Resultados: la mayoría ya no dormía con ellos entre los 3 y 4 años. Ninguna de las que tenían hijos mayores de 6 confesó que el niño durmiera ahora habitualmente con ellas (aunque en ocasiones, por estar enfermos, sí lo hicieran) y ninguno de ellos lo hacía pasada esa edad. </p>

<p>Por último, todos podemos dar fe de que dormir con nuestros hijos y, en general, dormir pegaditos a las personas que amamos, es altamente terapéutico, para bebés, para niños y para adultos. ¿Alguien podría negarlo? <br />
</p>]]>
    </content>
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    <title>La divina competencia</title>
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    <published>2008-06-24T01:14:02Z</published>
    <updated>2008-10-06T16:11:24Z</updated>

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        <![CDATA[<p><img alt="competencia.jpg" src="http://blogs.elcomercio.com.pe/pequenodetalle/competencia.jpg" width="399" height="300" class="mt-image-center" style="text-align: center; display: block; margin: 0 auto 20px;"/></p>

<p><br />
Quizás suene muy hippie todo esto, pero creo que la competencia es un error que se disfraza de virtud. Lo descubrí a los doce años, una vez en la que, después de haber entrenado duro con el equipo de vóley de mi colegio, me dejaron sentada en la banca el gran día del partido, delante de mis padres y hermanos, porque no era yo la que mejor mataba ni la más alta, y lo que importaba –recién entonces vine a enterarme– era ganar, ganar a toda costa al equipo contrario. Me sentí muy mal.</p>]]>
        <![CDATA[<p>Y sobre ese tema discutía hace poco con mis hermanos, ya grandecitos todos, en una sobremesa de domingo. Yo decía que todos los niños que conforman un equipo y han entrenado deberían participar de los juegos deportivos, aunque sea dejándolos entrar por 10 minutos a la cancha, pero jamás dejarlos sentados en la banca. Pero no todos estaban de acuerdo conmigo. Algunos de ellos me decían que estamos en un mundo cada vez más competitivo, que las cosas son así, que yo en qué planeta vivo y que en una competencia, de lo que se trata es de ganar...<br />
Me quedé callada, pensando en cuánto fomentamos esa moral competitiva entre nuestros hijos. Desde muy niños, para postular a un colegio por el que luego habrá que pagar un montón de plata, tienen que dar un examen y ganarle a los otros niños porque no hay suficientes vacantes para todos. Pero lo peor es lo que nosotros mismos fomentamos, por ejemplo: “Mira cómo Sebastián come toda su comida y por eso va a crecer y tú te vas a quedar enana”. O peor: “Ves cómo Camila no llora cuando su mamá la deja en el nido y tú sí? Y eso que ella es más chiquita que tú, ¿ah?”<br />
Los niños pronto empiezan a sentir que tienen que competir para ganarse el aprecio de los demás, que tienen que hacer las cosas mejor que los otros o antes que los otros, que tienen que crecer más que el otro, tener más juguetes, y así, poco a poco, desde cosas muy sencillas hasta quién celebra el cumpleaños más sofisticado y quién recibe más regalos y quién se saca mejor nota y quién corre más rápido y quién pega más fuerte, y una serie de estupideces que los va llenando de ansiedad y despojando de su espontaneidad, de su pureza y su falta de prejuicios, pero a cambio los prepara para este mundo horrible donde todos corremos detrás del reconocimiento y de la belleza física y del dinero y de los mejores puestos de trabajo y del celular con blackberry y del último Ipod, sin detenernos por un instante a pensar en qué carrera tan absurda se nos está yendo la vida ni qué es realmente lo que nos hace felices a nosotros, sin mirar al otro, sin hacer caso a esa vocecita interior, muy parecida a la de un anuncio publicitario de un auto de lujo, que nos dice, tarde, mañana y noche: no seas un perdedor, el mundo es de los <em>winners</em>. <br />
Hace unos días tuve una discusión con unos niños bien prepotentes que le arrancharon un juguete a mi hijita y su respuesta fue decirme <em>loser</em>, perdedora en inglés… Basura, pues. ¿Sí o no? Ustedes dirán, yo ya hablé mucho, como siempre.</p>

<p><object width="425" height="344"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/NaaEOzz9Jkc&hl=en"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/NaaEOzz9Jkc&hl=en" type="application/x-shockwave-flash" width="425" height="344"></embed></object></p>]]>
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    <title>Mi papá</title>
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    <published>2008-06-13T04:14:19Z</published>
    <updated>2008-10-06T16:11:53Z</updated>

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        <![CDATA[<p><img alt="2008.jpg" src="http://blogs.elcomercio.com.pe/pequenodetalle/2008.jpg" width="352" height="352" class="mt-image-center" style="text-align: center; display: block; margin: 0 auto 20px;"/></p>

<p>Cuando era chibolo se tomó 20 cocacolas para demostrarles a sus primos que podía, y sobrevivió. También se metió un borrador a la nariz y tuvo que sacárselo un doctor. Fue a un colegio de curas gringos y, a la primera que uno de ellos se atrevió a pegarle con la regla, él le contestó con otro reglazo que le costó el despido (por fin lo consiguió) y el pobre fue a parar a un internado en Chosica donde hizo a sus mejores amigos, unos que le duran para toda la vida y con los que hasta ahora se junta, a pesar de que todavía le queda la angustia de los domingos por la tarde,cuando tenía que decirle chau a sus amigos y hermanos y subirse a un tren para dormir en su frío colegio. Desde entonces, los domingos a las 6 de la tarde, entra en una especie de crisis que él disimula mirando televisión hasta quedarse dormido.</p>]]>
        <![CDATA[<p> A sus sesentaitantos años tiene un montón de canas pero también un montón de pelo. Cuando éramos chicos fumaba tanto que cuando había que dibujar a la familia en el colegio, lo dibujábamos fumando. Hasta que un día, el pobre, hizo la promesa de no fumar como quien hace un sacrificio religioso, a cambio de que yo ingresara a la universidad y yo (...adivinaron) no ingresé a la primera y el pobre igual no volvió a fumar y hace no muchos años me confesó que hasta ahora le provoca un cigarrito de vez en cuando, pero se aguanta. <br />
Mi papá no tiene miedo a nada físico, puede pelearse con cualquiera, puede correr olas de dos metros en su kayac, puede caminar de noche por cualquier lugar, pero también es muy vulnerable si uno lo critica o si le hace un desplante o si se siente solo. Puede ponerse muy nervioso por nada, puede llorar por ver sufrir a un animal y es tierno con sus nietos. Desde muy niños nos enseñó a quitarle las rueditas a las bicicletas, o mejor, a no ponérselas nunca. Nos lanzaba por el jardín, de bajada, de un empujón, cuando los pies con las justas nos llegaban al pedal y, si nos caíamos, nos volvía a lanzar. Nos agarraba de la mano en las olas más grandes y se hundía con nosotros, una y otra vez, hasta que perdiéramos el miedo al mar. El polo más paja que he tenido en mi vida me lo trajo él de Ecuador en los años setentas, un polo de lycra pegadito con la foto de los Bee Gees, un éxito. <br />
Los domingos cocinaba como todo un chef y se quejaba un poco con nosotros porque, después de la tremenda resaca del sábado por la noche (la nuestra, claro), no nos animábamos a acompañarlo con unas chelas. Qué aburridos son, nos decía. Hasta que hace poco dejó de tomar y desde entonces está más flaco y más guapo y con más físico para las olas pero, claro, le provoca harto volver a tomarse una chela mientras ve jugar a la U, pero se aguanta, bien macho. <br />
No es de los típicos cariñosos, nada de emociones navideñas ni de cursilerías, pero si le pides algo va a mover el cielo y la tierra para apoyarte. Tampoco ha sido un padre celoso –algo que yo no hubiera soportado– pero si le traíamos un novio nuevo se aseguraba de que tuviera los cojones bien puestos, nada más. <br />
Puede ser tremendamente regañón pero es una de las personas más justas que conozco. No atraca con ironías ni con frases de doble sentido ni con sutilezas. Las cosas claras o nada. En una época, hace varias décadas, fue director del Instituto Peruano de Seguridad Social y sé que no lo hizo por dinero porque sus honorarios eran tan pero tan ridículos, que enmarcaba los cheques sin cobrarlos y los colgaba de la pared. Lo hizo porque quería un sistema más justo para los pensionistas y por eso mismo peleó, contra viento y marea, contra esa burocracia alucinante que hace veinte o treinta años lo era aun más. <br />
Cuando veo con qué cariño trata al carro de segunda que se acaba de comprar, pienso en cómo le habrá dolido y angustiado que yo, a los veintitantos años, me llevara su auto para salir de noche y, de lo más joya, no volviera hasta el día siguiente, en una época en que no existían los celulares. Pero nunca me dijo nada... caballero, recontra caballero. <br />
Feliz día, Papá.     </p>]]>
    </content>
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    <title>El sol y la luna</title>
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    <published>2008-05-29T03:19:27Z</published>
    <updated>2008-10-06T16:12:39Z</updated>

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        <![CDATA[<p><img alt="hormiga04.jpg" src="http://blogs.elcomercio.com.pe/pequenodetalle/hormiga04.jpg" width="400" height="165" class="mt-image-center" style="text-align: center; display: block; margin: 0 auto 20px;"/></p>

<p>Ya he hablado antes del profesor José María Firpo, un maestro de escuela uruguayo maravilloso que murió en 1970. Firpo tenía un fichero con los nombres de cerca de 4000 alumnos que tuvo y las fotografías de todas las clases con las que trabajó en sus treinta años de actividad escolar. Estos preciosos textos sobre el sol y la luna pertenecen a uno de sus libros, titulado “¡Qué porquería es el glóbulo!”, donde el maestro recopila los escritos más ingeniosos de sus niños.</p>]]>
        <![CDATA[<p></p>

<p><img alt="dibujo-sol-y-luna[1].gif" src="http://blogs.elcomercio.com.pe/pequenodetalle/dibujo-sol-y-luna%5B1%5D.gif" width="198" height="192" class="mt-image-center" style="text-align: center; display: block; margin: 0 auto 20px;"/><ul><br />
	<li>Para llegar al sol se demoran como 80 años y eso que uno va a 200 kilómetros por hora y uno, si se pone a ir, se aburre, y a lo mejor, si va solo, no tiene con quién hablar, ni con quién jugar a la baraja, y si mira para abajo, capaz que se marea y se desmaya.</li><br />
	<li>Yo tengo un tío que siempre dice que se casó por culpa de la luna, y ahora la tengo que aguantar a ésta.</li><br />
	<li>El sol es muy grande y tiene muchos rayos alrededor. Cuando sale, tenemos luz. El sol alumbra de día. Yo nunca vi salir al sol de noche. El sol tiene más luz que la luna porque de día podemos jugar a la pelota y de noche no.</li><br />
	<li>Si no fuera por el sol, no habría sombra para descansar cuando hace calor.</li><br />
                <li>De noche, la luna es muy clarita, y va caminando y dando vueltas, y tiene 7 chivas. A mí me gusta mirar la luna todas las noches.</li><br />
	<li>El sol es un astro poderosísimo, eso se puede comprobar porque si nosotros tenemos calor en la tierra, qué no será si tomamos un avión y subimos 10 ó 20 kilómetros.</li><br />
	<li>La tierra es un poroto al lado del sol.</li><br />
	<li>Yo no podría vivir nunca en la luna porque el aire de aquí es más fuerte que el de allá y, si uno va, se le inflan todas las venas y revienta, y se hace mil pedazos.</li><br />
	<li>Cuando el sol sale parece una papa.</li><br />
	<li>El sol le da fuerza a la luna para que nos alumbre la tierra de noche. Si no hubiera sol, la tierra tendría que ser alumbrada con bombitas.</li><br />
	<li>A la luna nadie puede llegar y si llega no puede vivir, porque allá arriba hay otra clase de mófera. Y si uno se mete dentro de esa mófera, revienta en seguida.</li><br />
	<li>La luna sigue a la tierra como un cachorro a su dueño.</li><br />
	<li>Yo digo que si quisiéramos ir al sol tendrían que ir algunos sabios con chiquilines de 10 a 12 años, como nosotros. Entonces los sabios les van enseñando dónde tienen que ponerse cuando lleguen al sol, cómo tienen que hacer la casa, y el idioma que tienen que hablar allá, y eso. Entonces cuando lleguen, los niños ya son hombres sabios, de tanto oír a los otros, y los sabios ya se murieron, y entonces cuando llegan, los entierran en el sol.</li><br />
</ul></p>]]>
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