Septiembre 2008
19
2008

Ana tenía 13 años cuando su padre le dijo que la sacaría del colegio para llevarla a vivir con él a Los Ángeles. Pensó en todo lo que tenía que dejar y cayó en cuenta de que no era mucho: unos cuantos amigos coqueros como ella, a Sarah, una gata ingrata y agresiva y a su madre, con quien solía fumar marihuana después de clases. Mal que bien, Estados Unidos significaba toda una aventura y ella tenía ganas de probar algo nuevo. Tal vez las mismas ganas que sintió una tarde, ya en Los Ángeles, cuando los chiquillos que le vendían el speed –una droga a base de anfetamina– la invitaron a subir al auto con ellos. Sus amigos del colegio quedaron atrás, como las fiestitas de coca, hierba y speed. Una cosa era ser amiga de los proveedores de droga de los colegios y otra, formar parte de la banda.
11
2008

Ilustración: Ximena Maier para el libro "Padres, Padres" (Alfaguara) de Carmen Posadas.
El post anterior fue un poco polémico y creo que esta vez voy a tocar un tema más light, pues ya me dijeron comunista, terrorista y cosas peores por decir que no estuvo del todo mal la época de Velasco. De hecho mi padre, si lo leyó, debe de haber tenido ganas de colgarme, razones no le faltan, pero bueno, esto es solo un blog, una especie de diario virtual y yo escribo en él como cuando hablo, sin pensarlo tanto, por instinto. Pero aun así, esta vez les traigo un tema más simple pero que de alguna manera a todos nos ha tocado vivir, ya me dirán.
A las monjas alemanas les encantaban las comparaciones. Mi hermana menor era bastante más aplicada que yo y sigue siéndolo, como profesional, como madre, como mujer, como esposa, en todo. Se arregla más, lee más, trabaja más. Y así nos queremos, distintas las dos, totalmente distintas, pero desde chiquitas muy hermanas, muy amigas, muy cómplices, sobre todo porque nuestros padres jamás han hecho absurdas comparaciones, disfrutando de cada una de nosotras de manera distinta. Entonces no venía al caso el comentario de las monjas cuando decían: tu hermana se comporta mucho mejor que tú, tu hermana se saca mejores notas. No me movían un pelo esas comparaciones, porque luego a solas mi hermana y yo las remedábamos y nos reíamos, cuánto nos reíamos de esa maldita costumbre de hacer comparaciones entre niños. Tengo un amigo lindo, inteligente, buenísimo, fuerte, tiene todas las cualidades, pero cuando uno le pregunta qué está haciendo o en qué está trabajando siempre contesta en diminutivo, como que lo suyo no fuera importante, pues tiene un hermano también muy lindo pero que es abogado y además es actor y es famoso y una especie de chico perfecto. Sospecho que los han comparado mucho de niños.
03
2008

Llevo días pensando en cómo se ha complicado la vida de los niños. Hace poco le decía a una buena amiga de mi edad que –aunque suene terrible lo que voy a decir– Velasco no fue un presidente tan malo para nosotros. Ya sé que aplicó una reforma agraria que no fue justa para todos y otras medidas que no ayudan a un país a progresar económicamente sino todo lo contrario, ya lo sé. Pero a pesar de lo horrible que era el uniforme gris había algo relajado en el hecho de que todos estuviéramos iguales y a nadie se le notara cuánta plata tenía, si mucha o si muy poca, y porque recuerdo haber ido a un colegio de monjas alemanas en La Molina donde había una compañera que se llamaba Gumercinda Huamaní, cuya humildísima casa, en un cerro pelado, se veía desde la ventana de nuestro salón de clases, lo cual hoy me hace pensar que existía alguna política educativa por la cual había un cupo de becas para la gente más pobre en los colegios particulares. Y probablemente todavía exista ese derecho pero Velasco sin duda hacía que se cumpliera.


