Mayo 2008
28
2008

Ya he hablado antes del profesor José María Firpo, un maestro de escuela uruguayo maravilloso que murió en 1970. Firpo tenía un fichero con los nombres de cerca de 4000 alumnos que tuvo y las fotografías de todas las clases con las que trabajó en sus treinta años de actividad escolar. Estos preciosos textos sobre el sol y la luna pertenecen a uno de sus libros, titulado “¡Qué porquería es el glóbulo!”, donde el maestro recopila los escritos más ingeniosos de sus niños.
20
2008

Ilustración de Natalia Vásquez
http://natalia.sugarpop.org/
Está de moda desde hace más de 10 años, diagnosticar a los niños inquietos y con problemas de concentración como niños con Síndrome de Deficiencia de Atención o TDAH: Trastorno de Déficit de Atención con Hiperactividad. Una doctora muy amiga mía me dice que cuando no se sabe bien cuál es la enfermedad o cuando esta no existe realmente, se le pone por delante la palabra “síndrome”. Otra amiga me cuenta que en algunos colegios caros de Lima, se diagnostica con esta “enfermedad” a los niños más inquietos y se les envía al sicólogo o siquiatra del colegio para que diagnostique y recete una pastilla muy fuerte y muy dañina. Algo, definitivamente, que el niño no tiene opción de rechazar. Y nadie le pregunta si le parece buena o mala idea tomar una droga cuando todavía es menor de edad.
14
2008

Cuando nace nuestro primer hijo, aunque suene trillado, nos convertimos en madres de la noche a la mañana. Nadie nos dijo exactamente cómo era eso o, mejor dicho, todo el mundo nos advirtió, pero estábamos tan seguras de que la íbamos a hacer linda, que no escuchamos, confiadas en que dentro de nuestra inmensa y linda barriga había un ángel.
Melanie Gallagher es una gran amiga. La conozco desde que nacimos, una muy cerca a la otra, y desde entonces no hay mayor placer que echarnos en una cama a conversar. Sí, en una cama, cada cual abrazada a un cojín o una almohada, hablando horas de horas. Cuando éramos niñas lo hacíamos todo el día. Cuando éramos jóvenes más, pues vivimos juntas un tiempo. Ahora, cada vez que podemos, ponemos a las hijas a jugar y mientras tanto nos echamos en su cama matrimonial o en la mía, a hacer lo mismo que venimos haciendo hace unos 30 años: hablar y hablar y hablar...
Melanie escribió algo extraordinario para la revista Padres hace un año y yo, la última vez que me eché en su cama a conversar de todo mientras nuestras hijas jugaban del otro lado de la ventana, hace unos pocos días, la convencí de prestármelo para el blog. Los comentarios, por favor, diríjanlos a ella, a la Melanie. La gran Melanie.
03
2008

Mi mamá nunca se molesta por nada. No se queja. No le gusta cocinar ni lavar ropa ni limpiar la casa y hasta ahora ha sabido librarse de esos quehaceres domésticos dejándonos, a sus hijas, la misma poca maña para todo lo casero. A ella le gustaba diseñar ropa que se vendía en unas tiendas de Miraflores, manejar todo el día con nosotros dentro del auto, olvidarse de alguno de sus cinco hijos si este no atinaba a subirse cuando ella ponía primera y arrancaba, dejar olvidados anteojos y llaves en cualquier lugar inesperado y proponernos buscar entre varios disfraces que guardaba dentro de un baúl y escoger uno para armar una pequeña obra musical improvisada mientras ella tocaba el piano. Y eso también lo sigue haciendo, ahora con sus nietos.


