Enero 2008
29
2008

En honor a la verdad, el último jueves amanecí de mal humor. A las cuatro de la mañana, cual canchita reventando en una olla gigante, miles de petardos destrozaron los angustiados sueños de aquellos que, por esa noche, pernoctaban en San Blas. A los pocos segundos, cuando parecía que el diluvio había terminado, trompetas reventaron los infortunados tímpanos de los que aún intentaban dormir. Pensé que podría tratarse de una serenata, quizás de un “After Party Folclórico?. Sin María en casa (y en cama) decidí vestirme y salir a chismosear. Grande fue mi sorpresa al encontrarme en plena calle Tanda Pata con una comparsa alegre y vistosa, comandada por una hermosa bailarina de piernas peludas. “¡Salud compadre!?, me dijo uno de ellos y me estiró un vasito con una extraña sustancia adentro. Brindé con cortesía y me sumé a la celebración. Amanecía y con ello se despejaba la mala vibra. La fiesta recién comenzaba.
22
2008

Cae la lluvia sobre la Plaza de San Blas. Es mediodía y es sábado. Los artesanos que suelen instalarse en este recinto para vender sus trabajos comienzan a recoger todo. Juan Cárdenas Flores no. Él decide tapar con unas bolsas de plásticos su reducido estante y con paraguas en mano continúa de pie, siempre tratando de ganarse la vida. Algunos muchos lo saludan con respeto, más aún ahora que ganó el tradicional Santuranticuy, con lo que se convirtió en el mejor artesano del 2007. Se emociona cuando se lo recuerdo, pero no se deja seducir por la arrogancia. Sigue limpiando humildemente sus valiosas piezas de plata. No obstante, sabe que fue un galardón duro de roer, ya que postuló más de 20 veces. Por eso lo festeja, aunque afirma que el mejor premio que se puede llevar a su casa es la sonrisa de un cliente cada vez que le compra alguna de sus pequeñas obras de arte.
07
2008

Sin lugar a duda, el 2007 considero que ha sido “el año?, mi año, ya sea en lo profesional como en lo sentimental: la vida me trajo al Cusco para continuar la carrera de periodista (redactor, editor, jefe de mesa, fotógrafo, caña, mensajero), y de pasadita me presentó a la niña de mis sentidos, mi querida María, con quien me caso en marzo próximo (¡¡Ahhhhhhhhhhhhhh!!). Por eso, para cerrar la buena vibra y en agradecimiento a esta hermosa ciudad, decidí recibir el nuevo año en la Plaza de Armas y dar mis respectivas vueltitas en ese mar de gente infestada de alcoholes, pólvora y alegrías. Sinceramente, una experiencia alucinante que compartí brindando con amigos, abrazando a extraños, recordando a los que están lejos y, como no, al gran Ricky, que este año se nos adelantó en su bicicleta azul. Así, también, aprovechando las uvas y aquel paseo agitado en el cuadrilátero central, agradecí por todo lo recibido, en especial por este espacio que puedo compartir con Ustedes, Contigo, sobre las vivencias de un corresponsal en la capital imperial.


