Ombligo del Mundo

Abril 2007

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WAIKI WAYNA PICCHU

Abr
28
2007

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A medida que subía, cantaba. No estaba muy consciente de lo que hacía, por eso mejor tarareaba algo. Tenía miedo, y no es de cobarde decirlo, por eso decidí derrocar los silencios autoritarios y me eché a cantar. Busqué en mi memoria discográfica y hallé aquella melodía en la que Nacho Vegas habla de las alturas, de las cuestas que sube y baja todos los días, como Sísifo. “Si pudiera elegir/solo un deseo/pediría vivir/siempre cerca del cielo”, repetía una y otra vez mientras trepaba el imponente Wayna Picchu (Cerro Joven), ese precioso monte verde de postal que cuida la espalda del Machu Picchu (Cerro Viejo). Y sin darme cuenta ya estaba arriba, en la cima, sin canciones y con la respiración acelerada: sentado al borde de un precipicio recordaba todos los juramentos que había incumplido, incluso aquel que decía que abandonaría la idea loca de surcar pendientes imposibles.

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El hombre que casi conoció a Tony Montana

Abr
24
2007

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- Por favor, ayúdame, solo necesito saber una cosa: ¿Está el señor James hospedado en este hotel?

- Por décima vez le digo que no, S-E-Ñ-O-R.

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CUY-DAME

Abr
20
2007

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A primera vista parece una rata. A segunda, también. Petrificado en un plato, con las patitas crocantes mirando al cielo y la boca abierta exigiendo clemencia tardía, el cuy seduce e invita a sus comensales al gran festín: devorarlo con las manos y saborear, así y solo así, esa carne tan particular e intensa, casi pegada a la piel, que puede convertir por unos minutos al más puritano de los parroquianos en un cavernícola gourmet.

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MI PELUQUERA, MI AMIGA

Abr
16
2007

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Me desperté como todos los días: con malas noticias. Que un degenerado violó a su hija, que secuestraron a un empresario, que mataron a un inocente, que un tico se desintegró después de chocar con un poste. Siempre es lo mismo, lamentablemente. Lo peor es que, cual masoquista, repito la misma operación cada mañana cuando el televisor se enciende de manera automática. No me queda otra: no puedo salir de casa sin estar informado (o alertado). Dos voces me saludan a las seis en punto y me dan el menú de titulares. No sé qué pasa, pero casi nunca me cuentan cosas positivas. ¿No las hay? Así comienza la jornada, con un desayuno traumático que no alimenta. Indigesta.

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¡BIENVENIDOS A LA CRIPTA…!

Abr
12
2007

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Mi estimada de pelos amortiguados se fue. Una pena. Los días pintados de sol no brillarán igual, y menos con este frío que gobierna hoy por hoy la ciudad: está granizando afuera, las calles pierden su silencio madrugador y dan paso a esa orquesta sinfónica de pequeños petardos de hielo. ¡Buuuu! Me faltan manos para enumerar la cantidad de amigos que he despedido en aeropuertos, terminales y bares. No hay nada más desolador –así sea tu suegra- que aquel retorno al lugar que hasta hace algunas horas fue compartido. De niño me juré que solo lloraría en velorios, así que cuando alguien se va siempre trato de poner la mejor cara: “Ya nos veremos pronto, bonita”, “hermano, qué son seis meses”, “regresa cuando quieras”. Sin embargo, ese viajecito de vuelta a lo cotidiano suele matarme y reventarme la cabeza con canciones tristes y episodios dignos de repetirse. En fin, el libro aún está por la mitad y de alguna manera tenemos que terminar la historia.

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UN POQUITO DE RESPETO

Abr
09
2007

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Debo confesar que he pecado y en Semana Santa: quería matar a ese sujeto vestido con camiseta de fútbol y con cara de europeo, quien profetizaba endemoniado, cual barra brava, la no existencia de Dios. Colgado de uno de los balcones de la discoteca Mamá Africa, el tipejo ese y algunos hinchas más, también con facciones de “guiris”, le gritaban grosería y media a una multitud de parroquianos -entre ellos yo-, que caminábamos junto a una cruz de madera y otra de eucalipto representando el Vía Crucis de Jesús. Eran las 4 y 20 de la mañana. Viernes, obvio. Dos niños que juntos suman 15 años de edad los miran con terror, mientras que aquellos pobres sujetos, intoxicados de rabia y alcohol, agitan sus polos al viento y cantan lo que pueden. Pienso: ¿Cómo no se caen? La procesión continúa, pero ya no es lo mismo. Al menos para mí.

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Radiografía de Cusco para Semana Santa

Abr
04
2007

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Esta, sin duda, será “la” Semana Santa. De eso no me queda duda. El inacabable Polanco, mi correligionario leal, llegó ayer de visita y la mitad de los bares de San Blas tuvieron el privilegio de conocer su sed. Pero eso no es todo: la niña de cabellos de resortes y cintura endemoniada vendrá el viernes santo para acabar con mi inmaculado exilio. Estoy más feliz que perro con dos colas.

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VOLVER A EMPEZAR

Abr
01
2007

Por fin encontré casa. Es grande y blanca y tiene un patio en la entrada con una pileta deshidratada en medio y un perrito juguetón –de dudoso pedigrí– al que llaman Oso. No tiene salida directa a la calle. Y eso es lo mejor, dice mi nueva casera, ya que así no me tendré que preocupar por los ladrones (obviamente, dicha seguridad se ve reflejada en la renta). Para llegar hasta mi puerta azul uno tiene que pasar cerca de una galería de arte, de un restaurante turístico, saludar a la vecina que se descuelga de una ventana y, finalmente, abrir una reja de dos candados. No me imagino llegando con seis copas encima. Bueno, sí lo hago, pero trato de no angustiarme, ya que después de subir y bajar una y otra y otra vez las escaleras de piedra que cruzan Cusco mis piernas no tienen ganas de seguir buscando. Además, este es un lugar seguro. Lo dice la casera.

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