24
2008
Llevo escribiendo este post desde hace un mes, quizás un poco más. No soy bueno para las despedidas, pero igual me encantan. Detesto a aquellos que prefieren no dar la cara por temor a lagrimones o a los más cobardes que en la agonÃa de una velada deciden marcharse sin decir una sola palabra. No, para eso no sirvo. Me gusta el sufrimiento y mucho. Más aún, la sensación de ausencia y la necesidad de volver a repetir todo. Eso que llaman extrañar, supongo. Por eso ahora, envuelto en un mar de llanto, en crisis de melancolÃa, les digo gracias y hasta pronto.
05
2008

Un mar de velas alumbra la última cruz antes de entrar al templo del Señor de Qoyllur Rit’y. Decenas de fieles se aferran a ellas en oración mientras atrás, un grupo de pabluchas y danzarines corretean al ritmo de un incansable bombo. Imposible no inclinar la cabeza y elevar algún pedido, agradecer por el solo hecho de estar ahÃ, de pie, tras un largo viaje. La noche es frÃa, se respira agua al pie del nevado de Qolquepunko, en el paraje de Sinak’ara, donde descansa la sagrada imagen. Puntos de fuego se divisan por todos lados. Se calcula que han llegado 80 mil personas en los nueve dÃas de fiesta. La estampa es, quizás, la más bella que me ha tocado ver desde que llegué al Cusco, y la más anhelada. Sin embargo, la felicidad no es completa, como siempre: la hermosa postal blanca que decora esta festividad se ha ido descascarando con el paso de los años, dando paso a la inclemente piedra. Una imagen más que triste, por la cual también elevo una plegaria para que no desaparezca.
22
2008

QuerÃa compartir con todos un artÃculo que publiqué en el diario sobre el café El Ayllu, el cual dejará su tradicional esquina por “diferencias económicasâ€? con la gente del Arzobispado del Cusco, propietarios del local, quienes afirman que la familia Beltrán Paz no quiere pagar un precio justo por el lugar. Me imagino que todos los que han pasado por la Ciudad Imperial lo conocen. Y si no, los invito a que se den una vuelta antes de que nos abandone. Es en estos momentos cuando pienso en todos aquellos que se rasgan las vestiduras defendiendo a su Cusco querido, hoy, al menos el centro histórico, vendido a intereses foráneos. No sé, me gustarÃa saber que piensan.
07
2008

Al pie de la cruz de la Iglesia de San Francisco, la pequeña Rosa y sus hermanos luchan por dejar constancia de su fe: vela en mano tratan de estampar la cera al cemento, claro está, siempre a un costado para que el viento no borré su ilusión. Mi vela llena de sentimiento descansa muy cerca de la de ella. Es niña y es bella, más aún cuando cierra sus ojitos y eleva una plegaria. Su figura conmueve tanto que podrÃa colocarla en una estampita como la Melchorita o la Sarita. Su madre está cerca, repartiendo ponche a las casi cien personas que han llegado hasta el templo para rendirle culto a la cruz. Es una noche frÃa, pero alegre. Todos están celebrando la fiesta del Cruz Velacuy, que se inicia en Cusco el 2 de junio con la folclórica velada y culmina, dos (a veces tres) dÃas después, en medio de reflexiva algarabÃa, llanto y baile. En la calle son miles los que deambulan buscando fe, ya sea por la lealtad que le tienen a determinada imagen o por la juerga que ofrecen los que están de “cargoâ€?. Por eso, Rosita, pese a que casi es medianoche, sigue despierta. Riendo. Rezando.
30
2008

Para el presidente de la República, Alan GarcÃa Pérez, uno de los máximos héroes de la nefasta conquista occidental fue un cobarde. Cahuide, aquel guerrero que prefirió lanzarse a un abismo desde la mÃtica torre de Sacsayhuamán antes de morir a manos de un español, no merece ser reconocido como un icono Inca. Es más, para el lÃder aprista, el general inca y su temeroso acto son culpables de la actitud que hoy por hoy suelen asumir los peruanos frente a la vida: derrotista. Unos amigos cusqueños, muy orgullosos ellos, me decÃan que GarcÃa Pérez, “centralista y autoritarioâ€?, reflejaba en su comentario no solo el odio a la capital imperial y sus habitantes, sino también, su poco respeto por la historia. Otros, muy pocos, decÃan que sÃ, tal vez, quizás, Cahuide no tuvo los cojones bien puestos para enfrentar a los españoles. Si fue valiente o no el aguerrido militar, si se trata de una leyenda de las enciclopedias escolares o de una farsa, queda en la percepción de cada uno, y no dependerá de lo que diga ni un mandatario ni los libros de historia ¿O no?
24
2008
Los dÃas en Cusco han cambiado. La lluvia se alejó con sus nubarrones y nos dejó mañanas soleadas, más no calurosas. El frÃo, aún no tan inclemente, comenzó a saturar de prendas a los transeúntes, cual michelines, en especial a aquellos que se ganan la vida en la calle, como es el caso de las chicas de las “llamadas, llamadasâ€?, las señoras de los kioscos, los guÃas informales, las incombustibles jaladoras de masajes o los periodistas. Una media mañana, deambulaba por las calles con Yrma, Flor y Diana, las chicas bravas (y guapas) del periodismo cusqueño, quienes cansadas de escuchar mis gélidas quejas decidieron llevarme a un local ubicado en una esquina humeante, frente al hospital de EsSalud, la calderÃa de Anita Mora. Aún con las manos petrificadas y con los pies como bolsa de hielo de cinco soles, al parecer por una precaria gripe, me tomé un revitalizador caldo de panza de cordero, con su ajà más. El resultado: una experiencia alucinante y sabrosa que no solo calmó mi exagerado estómago, sino también, esa tembladera irracional que me tenÃa descompuesto.
16
2008
La noche en que nos conocimos acabamos bebiendo cierto elixir endiablado al pie de su cama, allá, en algún lugar perdido de San Blas. Regresábamos de Mamá Ã?frica, decepcionados por el poco éxito que tuvimos y con las ganas de matar a ese par de andrajosos con olor a hierba y melena de cartón que se llevaron a las pequeñas de nacionalidad desconocida. Resignados por nuestra suerte, en su cubil mágico brindamos, reÃmos y al final, después de confesiones innecesarias, me marché por el caminito de piedra pensando en la niña de cabellos rojos que me despreció y en lo bueno que es tener un aliado cuando batallas como esas se pierden. DÃas después me lo crucé en la calle, siempre despreocupado y sonriendo, acompañado de otro muchacho, más delicado y con menos pelos en la cara que él. Lo tenÃa de la mano y lo besaba en el cuello, en plena papada. “Nos vemos en el bar, ya vuelvoâ€?, me dijo y asà fue. Desde entonces, hace un año, nos vemos casi siempre, y casi siempre recuerdo como perdimos aquella noche en la que él no tenÃa la más mÃnima intención de salir victorioso.
08
2008
En medio de su taller en Calca, Jesús Venero lucha por darle vida a la muerte. Decenas de huesos descansan sobre una mesa de trabajo a la espera de ser elegidas, de ser las afortunadas piezas que conformarán la próxima obra de arte. No es fácil, pueden pasar años hasta que aparezca “la indicadaâ€?, como en el amor. Por eso, don Jesús no se agobia, al contrario, aprovecha el tiempo de espera y retoma la pintura, su primera pasión, y también recicla aquella novela eterna que por fin tiene punto final. No descansa, eso es para vagos y para aquellos que decidieron que es mejor dejarse llevar por la parca que enfrentar el dÃa a dÃa. Por eso y para ellos, tras 40 años como artista, nos regala aquella receta que le permite tener siempre una sonrisa energizante y conservar el esqueleto firme: uno tiene que disfrutar lo que hace, hacer su trabajo con felicidad absoluta. Asà de sencillo. Lo demás es puro cuento.
24
2008

Tuve un sueño. Estaba sentado frente a la plaza de San Blas brindando con algunos amigos, cerca de la cascada iluminada, mojado y con la sonrisa extendida. No recuerdo bien de que hablábamos, quizás por el alcohol, pero estoy seguro que la charla era más que amena. A mi lado, siempre apuesto, estaba el entrañable Ricky y más allá, mi querido chino Contreras. Ambos lucÃan bien, pese a los años y a lo mucho que no los veÃa. Se les extraña tanto y se notaba porque no me cansé de abrazarlos, besarlos y repetirles que los quiero. MarÃa también departÃa con ellos y con varios correligionarios más, cusqueños e internacionales, que completaban la banda. De repente, la inestabilidad risueña me llevó al agua y desperté con la cara pegada cual calcomanÃa en la ventana del avión. Un caballero con voz femenina anunciaba que afuera, bajo el cielo color piscina, a cinco grados los parroquianos luchaban para controlar el tatatatatata de sus dientes: “Bienvenidos a la ciudad del Cuscoâ€?.
14
2008

La historia de Huama, una localidad ubicada en el distrito de Lamay, en la provincia de Calca, es digna de resaltar. Hasta ahora sigo pensando que se trata de un cuento andino, mágico por donde se le viera, con personajes de carne y hueso que, después de tanto luchar, lograron derrotar a ese demonio que los poseÃa de cuando en vez. En Huama acabaron con el alcoholismo después de que diez de sus pobladores murieran de cirrosis. He aquà un artÃculo que publiqué en el diario El Comercio y que me gustarÃa que lean porque es de las experiencias más positivas que me han pasado en la vida.


