Diciembre 2007
19
2007

A casi un mes de habernos casado, todavía hay gente que me pregunta por qué me casé, y sinceramente no creo que exista una respuesta precisa para eso, es decir, lo he intentado explicar en los relatos que encantado he compartido con ustedes, pero dar una respuesta exacta y científica es imposible. Por ahora siento que tomamos la decisión correcta. Algunos dirán que es demasiado prematuro para sacar ese tipo de conclusiones, y estoy totalmente de acuerdo. Lo que trato de decir es que no ando con cara de perdido por el mundo preguntándome por qué lo hice. Estoy contento y punto.
10
2007

De vuelta a la capital luego de una refrescante y relajante luna de miel mancoreña y sin ganas de trabajar nunca más les escribo este post. No malinterpreten mis ganas de no trabajar, pero sucede que la vida por esas tierras norteñas transcurre a un envidiable ritmo ajeno al estrés tan propio de una ciudad como nuestra plomiza Lima, que uno quisiera quedarse allá eternamente y dedicarse a lo que sea sin la necesidad de vivir constantemente pensando en cómo pagar esto o aquello. En Máncora y alrededores la vida es vida. El resto, no existe. Pero bueno ya estoy aquí y les escribiré a manera de diario acerca de cómo fueron esos primeros días de casado.
Una vez que llegamos, nos recibieron mis amigos Anita y el ‘Chino’ (‘Cachuchín’ para los patas), una pareja que tienen un pequeño restaurante llamado “El Sitio” en la entradita de Máncora. Comimos un par de pizzas y de frente nos fuimos en mototaxi al hotel Peña Linda, ubicado en el límite de Pocitas con Vichayito. Por ser casi medianoche la tarifa fue de 10 soles. “De día cobran 7 soles nomás” me dijo el chofer cuando vio mi cara de sorpresa. Sucede que no es común pagar más de 2 soles por esos vehículos, pero el hotel está como a veinte minutos por una trocha y normal cuesta eso. Una vez en el hotel, un amable guardián nos llevó hasta el bungalow que justo quedaba en la misma playa. Realmente increíble y bastante recomendable.


