Octubre 2007
24
2007
Faltando un mes para mi matrimonio todavía no sé bien quiénes estarán presentes en la ceremonia. He hecho mi lista y seguramente ya pronto les estará llegando la invitación a esos amigos y familiares que consideramos cercanos, pero es imposible determinar finalmente cuántos tendrán tiempo ese día o a cuántos esa mañana simplemente no les provoque estar.
Lo que definitivamente sé es que dos personas importantes para mí no podrán compartir con nosotros esa fecha tan especial. No sé por qué, pero siento que son dos personas que marcaron mis primeros años de vida.
12
2007

Hace pocos días me enteré que un amigo mío - que también es periodista- se había separado y está a punto del divorcio. Todavía recuerdo ese matrimonio al que asistí hace apenas un año. Fue de día, como quiero que sea el mío, y en la recepción me divertí hasta la inconsciencia producto del alcohol y los incontables bailes que me metí con damas, amigas, señoritas, señoras y señoronas.
Se veían tan felices juntos que cualquiera hubiera pensado por esos días que la unión sería eterna, tal cual dijo el sacerdote. Pero en solo doce meses, después de tanto amor y tantas promesas proclamadas, ahora cada uno hace su vida como si nunca se hubieran casado, como si todo eso que vimos y vivimos los que permanecimos cerca hubiera, sido parte de un programa que se levantó del aire sin previo aviso a los televidentes por falta de ráting.
03
2007

Cuando decidimos casarnos o convivir, por lo general estamos convencidos de que también queremos tener hijos. La procreación es prácticamente una ley natural de los seres vivos. Por supuesto que otros animales no tienen la concepción matrimonial o conyugal que tenemos los humanos, pero el concepto familiar no es exclusivo de los homo sapiens. La gran mayoría de los seres vivos quiere inmortalizar su paso por la tierra mediante su descendencia.
Pero no siempre los hijos vienen dentro de un matrimonio o una convivencia. Como en mi caso, mi primera y única hija, Julieta, nació luego de una relación de tres años que ya se había terminado. Fue una situación totalmente extraña y maravillosa a la vez. Sabíamos que había un minúsculo ser creciendo rapidísimo y hacíamos denodados intentos por salvar una relación extinguida que siempre pensamos inquebrantable. Lo cierto es que nuestra unión como pareja había estallado de tal manera que volver a juntar los pedacitos iba a tomar muchísimo más de nueve meses.


