Septiembre 2007
24
2007

Cuando anuncié que me casaba, algunos me dijeron que ahora sí venía lo bueno. Que una cosa es ser enamorados y otra muy distinta es vivir bajo el mismo techo. La convivencia no es fácil, me aseguraron. Intentando enfrentar nuestros temores naturales a compartir los espacios, hace dos meses decidimos adelantarnos al matrimonio, así que Alejandra y yo ya vivimos bajo el mismo techo, en el tercer piso de un tranquilo y antiguo edificio barranquino.
Luego de sesenta días puedo decirles que el "servinacuy" hasta el momento no nos ha representado ningún problema, todo lo contrario, siento que nos ha unido más. Lógicamente es una opinión bastante ligera tomando en cuenta que los matrimonios teóricamente son para siempre, por lo que dos meses no representan nada de tiempo. Lo cierto es que aún no hemos tenido ninguna pelea por esos detalles que generalmente desencadenan tragedias. Los dos somos sumamente desordenados, así que por eso no peleamos cuando la ropa queda esparcida por todo el cuarto una vez que decidimos despojarnos de ella.
13
2007

Luego de ver algunas reacciones a mi última entrega quiero reiterar que el matrimonio es de dos personas y precisamente somos Alejandra y yo los que, juntos, tomamos las decisiones. Además, Alejandra no es una autómata programada para no tener opinión. Ella es una mujer muy inteligente que cuestiona a los demás y también se cuestiona a sí misma. Entonces, no es que yo cruelmente esté privando a Ale de entrar por la alfombra roja de una iglesia hasta el altar donde debería estar esperándola al lado de un sacerdote. Si hemos pensado en hacer el matrimonio únicamente por civil es por una cuestión de ser consecuentes con nuestro comportamiento frente a la Iglesia. No nos creemos rebeldes ni contestatarios, simplemente pensamos que es lo correcto al menos en esta etapa de nuestras vidas. Y sepan que no es tan fácil como uno cree teniendo una inmensa carga social y familiar detrás de los dos. De pasadita, aclaro que no es por tacaño que no me caso por la Iglesia. Es más, el civil no sale nada barato. Pero cuando escribo de precios y me alarman las cifras es porque me pongo en el bolsillo de todos... y bueno, tampoco es que yo sea sobrino de Bill Gates como para andar regalando la plata.
Tras este intento de aclaración, quiero contarles que ya elegimos el lugar al que iremos de luna de miel. Hemos escogido algo dentro del Perú, tal vez emulando lo hecho por nuestros padres en sus respectivos matrimonios. Los de Ale se fueron a Iquitos y los míos escogieron Cusco. Selva mis suegros, sierra mis viejos. Así que nosotros costa. Nos vamos a Máncora.
05
2007

Faltando setenta días exactos para el matrimonio, les puedo informar que la ceremonia no será católica ni budista ni cristiana ni de los últimos días ni de los primeros, es decir nada de iglesias. Hemos tomado la decisión de ser consecuentes con nosotros mismos luego de asumir que solo vamos a misa cuando alguno de nuestros amigos se casa o cuando muere alguien querido. A pesar de que ambos hemos sido criados en hogares católicos, creemos en la bondad o maldad del ser humano como tal y no como partícipe de algún culto.
Seguramente, por mi formación, mis futuros hijos seguirán algunas tradiciones del catolicismo y cuando crezcan escogerán su propio camino, pero tampoco pretendo profundizar en el tema de las religiones porque tiende a ser un punto muy susceptible en la mayoría de personas y porque finalmente esa no es la idea de este blog. Como muchos de ustedes sospecharán, la decisión trae consigo algunas desilusiones familiares que espero poco a poco sean comprendidas en el sentido de que el matrimonio es de Alejandra y mío y somos nosotros quienes debemos sentirnos cómodos.


