19
2007

A casi un mes de habernos casado, todavía hay gente que me pregunta por qué me casé, y sinceramente no creo que exista una respuesta precisa para eso, es decir, lo he intentado explicar en los relatos que encantado he compartido con ustedes, pero dar una respuesta exacta y científica es imposible. Por ahora siento que tomamos la decisión correcta. Algunos dirán que es demasiado prematuro para sacar ese tipo de conclusiones, y estoy totalmente de acuerdo. Lo que trato de decir es que no ando con cara de perdido por el mundo preguntándome por qué lo hice. Estoy contento y punto.
10
2007

De vuelta a la capital luego de una refrescante y relajante luna de miel mancoreña y sin ganas de trabajar nunca más les escribo este post. No malinterpreten mis ganas de no trabajar, pero sucede que la vida por esas tierras norteñas transcurre a un envidiable ritmo ajeno al estrés tan propio de una ciudad como nuestra plomiza Lima, que uno quisiera quedarse allá eternamente y dedicarse a lo que sea sin la necesidad de vivir constantemente pensando en cómo pagar esto o aquello. En Máncora y alrededores la vida es vida. El resto, no existe. Pero bueno ya estoy aquí y les escribiré a manera de diario acerca de cómo fueron esos primeros días de casado.
Una vez que llegamos, nos recibieron mis amigos Anita y el ‘Chino’ (‘Cachuchín’ para los patas), una pareja que tienen un pequeño restaurante llamado “El Sitio” en la entradita de Máncora. Comimos un par de pizzas y de frente nos fuimos en mototaxi al hotel Peña Linda, ubicado en el límite de Pocitas con Vichayito. Por ser casi medianoche la tarifa fue de 10 soles. “De día cobran 7 soles nomás” me dijo el chofer cuando vio mi cara de sorpresa. Sucede que no es común pagar más de 2 soles por esos vehículos, pero el hotel está como a veinte minutos por una trocha y normal cuesta eso. Una vez en el hotel, un amable guardián nos llevó hasta el bungalow que justo quedaba en la misma playa. Realmente increíble y bastante recomendable.
28
2007

Como deben suponer, estas líneas las estoy escribiendo desde mi luna de miel en una cabina de Internet a diez metros de la playa en Máncora. Muchas gracias por los buenos deseos y comentarios llenos de buena vibra antes y después del matrimonio. De saque les cuento que mi hermana mayor, Verónica, llegó de sorpresa dos días antes, así que una de mis ausentes fue uno de los mejores presentes para mí. Ya se imaginarán lo feliz que me puse cuando entré a la casa de mi mamá el jueves y de pronto apareció ella. Nos abrazamos fuerte, muy fuerte, y no paramos de reír. Reímos como dos minutos, siempre abrazados. Fue un esfuerzo de mi papá y de ella misma que nunca olvidaré.
Trataré de resumir lo mejor que pueda lo que fue el matri para evitar que mi esposa se aburra solita en la playa y también para no perderme ni un rayo de sol en este paraíso norteño que nunca tiene pierde. Soy un convencido de que no hace falta salir del Perú para disfrutar la vida, y en este caso, la vida de recién casados.
20
2007

Como ya muchos deben saber, este sábado me caso, es decir, este es mi último post como soltero. Y justamente de eso quiero escribir. Por estos días, si estornudo, la gente me dice “uy tus últimos estornudos de soltero”, si me río, escucho un “aprovecha que después ya nada es risas”, y si me tomo unas cervezas con mis amigos, oigo un “tus últimas chelas con los patas”. Todo lo que haga o deje hacer faltando tan poco para mi matrimonio, será lo último.
Sinceramente no considero que las cosas vayan a cambiar mucho después de la firma del documento que nos acredite como marido y mujer ante la ley. Un buen punto para esta afirmación es que ya vivimos juntos y la convivencia hasta ahora ha sido de lo más satisfactoria, aunque debo reconocer que la relación ha sido llevada al límite con el tema del matrimonio. Hemos discutido, hemos tenido peleas, y Ale ha querido dormir en el cuarto de Julieta una vez, pero pude persuadirla y convencerla de que no era una buena idea dormir distanciados, así que hasta ahora no dormimos separados, pero faltó poquito.
05
2007

Este mes me caso. En 19 días, Alejandra y yo estaremos dándonos el sí que marcará nuestras vidas para siempre. Ya casi todo está encaminado para ese momento. Los partes están distribuyéndose y la ropa que usaremos en el matrimonio también está lista. Bueno, a mi pantalón le falta un retoque pero ya casi está. Alejandra ya se hizo las pruebas de maquillaje y me parece que de peinado también (no tengo mucha información sobre esos puntos). Lo que me falta es comprar las cervezas y el tema de la música. ¡Ah! me olvidaba que todavía no he mandado a hacer los aros, eso creo que sí es importante.
24
2007
Faltando un mes para mi matrimonio todavía no sé bien quiénes estarán presentes en la ceremonia. He hecho mi lista y seguramente ya pronto les estará llegando la invitación a esos amigos y familiares que consideramos cercanos, pero es imposible determinar finalmente cuántos tendrán tiempo ese día o a cuántos esa mañana simplemente no les provoque estar.
Lo que definitivamente sé es que dos personas importantes para mí no podrán compartir con nosotros esa fecha tan especial. No sé por qué, pero siento que son dos personas que marcaron mis primeros años de vida.
12
2007

Hace pocos días me enteré que un amigo mío - que también es periodista- se había separado y está a punto del divorcio. Todavía recuerdo ese matrimonio al que asistí hace apenas un año. Fue de día, como quiero que sea el mío, y en la recepción me divertí hasta la inconsciencia producto del alcohol y los incontables bailes que me metí con damas, amigas, señoritas, señoras y señoronas.
Se veían tan felices juntos que cualquiera hubiera pensado por esos días que la unión sería eterna, tal cual dijo el sacerdote. Pero en solo doce meses, después de tanto amor y tantas promesas proclamadas, ahora cada uno hace su vida como si nunca se hubieran casado, como si todo eso que vimos y vivimos los que permanecimos cerca hubiera, sido parte de un programa que se levantó del aire sin previo aviso a los televidentes por falta de ráting.
03
2007

Cuando decidimos casarnos o convivir, por lo general estamos convencidos de que también queremos tener hijos. La procreación es prácticamente una ley natural de los seres vivos. Por supuesto que otros animales no tienen la concepción matrimonial o conyugal que tenemos los humanos, pero el concepto familiar no es exclusivo de los homo sapiens. La gran mayoría de los seres vivos quiere inmortalizar su paso por la tierra mediante su descendencia.
Pero no siempre los hijos vienen dentro de un matrimonio o una convivencia. Como en mi caso, mi primera y única hija, Julieta, nació luego de una relación de tres años que ya se había terminado. Fue una situación totalmente extraña y maravillosa a la vez. Sabíamos que había un minúsculo ser creciendo rapidísimo y hacíamos denodados intentos por salvar una relación extinguida que siempre pensamos inquebrantable. Lo cierto es que nuestra unión como pareja había estallado de tal manera que volver a juntar los pedacitos iba a tomar muchísimo más de nueve meses.
24
2007

Cuando anuncié que me casaba, algunos me dijeron que ahora sí venía lo bueno. Que una cosa es ser enamorados y otra muy distinta es vivir bajo el mismo techo. La convivencia no es fácil, me aseguraron. Intentando enfrentar nuestros temores naturales a compartir los espacios, hace dos meses decidimos adelantarnos al matrimonio, así que Alejandra y yo ya vivimos bajo el mismo techo, en el tercer piso de un tranquilo y antiguo edificio barranquino.
Luego de sesenta días puedo decirles que el "servinacuy" hasta el momento no nos ha representado ningún problema, todo lo contrario, siento que nos ha unido más. Lógicamente es una opinión bastante ligera tomando en cuenta que los matrimonios teóricamente son para siempre, por lo que dos meses no representan nada de tiempo. Lo cierto es que aún no hemos tenido ninguna pelea por esos detalles que generalmente desencadenan tragedias. Los dos somos sumamente desordenados, así que por eso no peleamos cuando la ropa queda esparcida por todo el cuarto una vez que decidimos despojarnos de ella.
13
2007

Luego de ver algunas reacciones a mi última entrega quiero reiterar que el matrimonio es de dos personas y precisamente somos Alejandra y yo los que, juntos, tomamos las decisiones. Además, Alejandra no es una autómata programada para no tener opinión. Ella es una mujer muy inteligente que cuestiona a los demás y también se cuestiona a sí misma. Entonces, no es que yo cruelmente esté privando a Ale de entrar por la alfombra roja de una iglesia hasta el altar donde debería estar esperándola al lado de un sacerdote. Si hemos pensado en hacer el matrimonio únicamente por civil es por una cuestión de ser consecuentes con nuestro comportamiento frente a la Iglesia. No nos creemos rebeldes ni contestatarios, simplemente pensamos que es lo correcto al menos en esta etapa de nuestras vidas. Y sepan que no es tan fácil como uno cree teniendo una inmensa carga social y familiar detrás de los dos. De pasadita, aclaro que no es por tacaño que no me caso por la Iglesia. Es más, el civil no sale nada barato. Pero cuando escribo de precios y me alarman las cifras es porque me pongo en el bolsillo de todos... y bueno, tampoco es que yo sea sobrino de Bill Gates como para andar regalando la plata.
Tras este intento de aclaración, quiero contarles que ya elegimos el lugar al que iremos de luna de miel. Hemos escogido algo dentro del Perú, tal vez emulando lo hecho por nuestros padres en sus respectivos matrimonios. Los de Ale se fueron a Iquitos y los míos escogieron Cusco. Selva mis suegros, sierra mis viejos. Así que nosotros costa. Nos vamos a Máncora.


