25
2008

Foto: Melissa Wiese
Terminó la Cumbre del APEC. Para muchos fue un rico y largo fin de semana en el que pudieron viajar, descansar y pasarla bien. Para otros fue un fin de semana más en el que, al igual que los demás, tuvieron que trabajar (en algunos casos más de la cuenta) y levantarse temprano. Durante estos días, nuestro país fue el centro de atención de la prensa internacional (miles de periodistas extranjeros estuvieron acreditados y los canales de noticias del cable, como CNN, siguieron la cumbre al detalle). De verdad sentí que el Perú era importante y que, si somos parte de un grupo económico tan importante –del que forman parte Australia, China, Estados Unidos y Japón, entre otras potencias–, es porque estamos en camino hacia el desarrollo. Pero cuando mi moral como peruano estaba en su punto más álgido, me topé con algunas cifras que al toque me hicieron pisar tierra.
La culpa la tuvo un irónico y a la vez alarmante artículo que leí en la revista “Dedomedio”, titulado ‘Perú, primero entre los últimos’, que da cuenta de que no hay que hacernos la idea de que nuestro país es la envidia de la región y que acá todo va bien, sino que hay temas que realmente preocupan. ¿Algunos ejemplos?
20
2008

Si bien nadie puede dudar que el APEC va a ser positivo para el Perú, en este humilde espacio no estamos para ver el lado Coca Cola de la vida. Todo lo contrario. Este es un espacio para renegar, quejarnos, destilar bilis, hacer públicas nuestras frustraciones y maldecir una y mil veces nuestra condenada mala suerte. Así que aquí me tienen, dispuesto a quejarme –hoy más que nunca- porque esta nueva cumbre me ha ocasionado más de un colerón.
13
2008

Foto: SLR Jester
No creo equivocarme cuando digo que las 24 horas que tiene un día quedan cortas para todas las cosas que uno quiere hacer. Me pasa a mí, que siempre tengo que dejar para otra ocasión varias de las actividades que pienso realizar en un día, por ejemplo, leer un libro o ver tranquilo una película. A veces es por culpa de uno, que deja que se pasen las horas y no hace nada (lo que puede ser buenazo, aunque uno después se arrepienta de perder horas en las que se podría haber hecho algo “más productivo”), pero la mayoría de veces se debe a otros motivos. Algunas son obligaciones y otras cuestiones inevitables. En mi caso es por...
05
2008

“Acompáñame a comprar ropa”. Dicha por nuestra novia, esposa, o amiga, esa frase es siempre un presagio de que algo muy malo va a suceder. Es el anuncio de que se aproximan horas sombrías. La antesala de una nueva pelea. El inicio de una larga peregrinación que nos llevará a recorrer decenas de tiendas y que nos hará pedir clemencia o perder la serenidad porque ya vamos más de cuatro horas dando vueltas por todos lados y todavía no te decides maldita sea. Sí, entiéndanlo de una vez por todas y por favor déjennos tranquilos de ahora en adelante. Ir de compras con ustedes, chicas, nos jode. Un montón. ¿Quieren saber por qué?
29
2008

• Porque no entiendo la obsesión de la gente por estar a cualquier precio en la fiesta que se perfila como el juergón. ¿Acaso no hacer nada me convierte en un pavo?
• Porque me aturde ver tanto niño en la calle entorpeciendo el paso en su búsqueda frenética de golosinas.
15
2008

Un post solo para 100% fanáticos (y masoquistas)
Algunos llegaron con cartel de estrellas y otros aparecieron como por arte de magia, pero todos tuvieron una característica en común: se metieron para siempre en el imaginario de los fanáticos del fútbol, aunque no precisamente por derrochar clase y magia en el terreno de juego. Los futbolistas (o peloteros o parrilleros, como quieran decirles) que figuran en esta lista destacaron nítidamente por ser el grupo más selecto de los peores jugadores extranjeros que llegaron al fútbol peruano en los últimos veinte años.
Como en el ránking anterior, esta es una lista subjetiva. Son los que yo creo que se llevan las pifias. Tal vez me equivoque. Tal vez no. Lo cierto es que aquí comienza la votación. Esta de más decirles que ustedes pueden nominar otros “futbolistas”.
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ránkings09
2008

Foto: Cayusa
Si utilizar el celular se ha convertido en un hábito en las personas, usar Internet ya es parte de nuestras vidas. ¿Quién puede vivir sin conectarse a la red aunque solo una vez al día? Yo he hecho un ejercicio de memoria y no recuerdo cuándo fue la última vez que no lo hice. Aunque sea para ver si alguien me ha enviado un correo electrónico. Y muchas veces no es porque uno tenga la necesidad de hacerlo, sino porque a uno lo obligan las circunstancias.
02
2008

Hace poco me di cuenta de que mi celular se había convertido en mi agenda, despertador, reloj, acceso a Internet, reproductor de música y cámara fotográfica a la vez. Yo, que hasta hace algunos años –el 2005 para ser exactos– me jactaba de ser una persona antitecnología, ahora dependo casi totalmente de algunos modernísimos aparatos electrónicos y, sobre todo, de mi celular (incluso me cuesta apagarlo, algo que realmente me preocupa).
Diez años atrás, las cosas no eran así. La mayoría de personas no tenía celular. Pero en la actualidad, solo una minoría es la que no posee uno (hasta mi sobrina de cinco años tiene un teléfono móvil). Hay que reconocer que los celulares han provocado que los hábitos de las personas cambien, pero también molestan en una serie de detalles. Les doy cuatro ejemplos:
25
2008

Foto: Aldo Cavini Benedetti
Esto no es “The girls of the Playboy mansion” ni “The Hills” y yo no soy ni Hugh Hefner ni Spencer Bradt, pero eso sí es un reality. Un reality virtual. Un experimento para ver qué sienten las personas cuando están con resaca. Y me pareció que lo más honesto era sacrificarme en nombre del trabajo y desarrollar el tema a partir de la inmediata experiencia personal y la observación participante. Así que aquí me tienen. Yo, Ariel de L., estoy, en este preciso instante, con una condenada resaca. Y de las bravas. De esas que a partir de los treinta y pocos ya se empiezan a sentir con mayor intensidad, no tanto por la cantidad de alcohol que tomaste (que no fue mucho) sino por la mezcla cerveza-cigarrillo-amanecida. Pero ustedes bien valen el esfuerzo, queridísimos lectores. A continuación, todo lo que siento mientras escribo este post. ¡Salud!
18
2008

Cuando tenía doce años intenté fumar un cigarrillo. Estaba en la fiesta de un compañero del colegio y un amigo había llevado una cajetilla de Hamilton, así que de curioso le pedí uno para probar cómo se sentía. Luego de un par de pitadas –que incluyó también un par de atoradas-, me di cuenta que fumar no iba conmigo. Confieso que en los años siguientes volví a intentarlo unos cuantas veces más, sobre todo para seguir con el hábito de varios de mis amigos, pero el resultado fue el mismo: no pude.


