La dignidad del lavaplatos
09
2008
F es el dueño y el cocinero del restaurante. Para cocinar sintoniza una radio de música latina que no me hace ninguna gracia, no porque me disguste sino porque me recuerda aquellas noche de juerga eterna que disfrutaba en Lima. Martina siempre está apurándolo, gritando el nombre de los platos y buscándome con la mirada para encargarme alguna tarea más, casi siempre algo que ya cumplí y que me ordena que vuelva a hacer alegando que lo hice mal. Martina tiene cuarenta años y está embarazada por segunda vez. Quizás por eso F le aguanta todo en silencio. Según Ro, la camarera ecuatoriana, la pareja teme el riesgo de que su próximo hijo nazca con retardo mental u otra deficiencia. El día que conocí a su primera hija comprobé que era un temor real. La niña chupaba las servilletas de papel y la madre no sabía cómo frenar su manía.
Los primeros días en el restaurante limpiaba los platos con gran rapidez. Hay que tirar los restos a un tacho de basura y luego echarles un chorro de agura con la manguera del fregadero antes de apilarlos. Muchos de los platos regresaban de las mesas casi intactos, sobre todo si se trataba del segundo plato. Al principio no me fijaba en ello, pero supongo que el ocio es el motor de la imaginación. F nos da de comer a mí y a Ro. Siempre es una ensalada y un pedazo de carne o de pescado. Cuando toca pescado preferiría no comer nada, es un trozo chicloso. Ro me dice que es un pescado muy caro y yo le refuto aduciendo que si de algo conozco es de pescados, y que hasta donde yo sé ningún pescado es chicloso. Me da asco pero lo como, en mi piso nunca tengo nada qué comer, siempre me olvido que aquí los supermercados cierran a las ocho, los baratos.
En un momento me sentí tentado a comer los restos, que yo llamaría la mayoría, de los platos. Cuando el estómago gruñe es legítimo dudar sobre si tirar a la basura un pedazo casi intacto de carne jugosa o darle un mordisco. Esas milésimas de segundo de indecisión son la dignidad del lavaplatos. Si Martina hubiera sido la lavaplatos no le habría costado nada decidir. Los tomates que los clientes no tocaban ella los reciclaba. Le preguntaba a F si podían usarlos para otra ensalada y sin esperar la respuesta de su marido los ponía en un plato limpio. CONTINUARÁ...



09
2008
Hola Sergio;
Talves hayas visto la pelicula de Clint Eastwood sobre la boxeadora que queda paralitica. Pues en ella, la chica trabajaba como mesera y no ganaba mucho, pero como tenia que ingerir muchas calorias para boxear, pues cada vez que un cliente dejaba algo de carne en su plato ahi mismo se lo comia o se lo guardaba en el bolsillo para despues. De estar en el caso que relatas, yo preferiria hacer eso a comer un pescado de porqueria. Menos mal que aca en Peru, todavia los vegetales no son tan caros como en Europa para que los "reciclen" en los restaurantes.
Saludos.
16
2008
hoal:
se lo que te pasa y es dificil asumir una labor que consideras no es para tu level, a parte del trato que te dan esas personas , tranquilizate, y no personalices las cosas canaliza tus energias en ver los aspectos positivode la vida, no personalizes las cosas y proyectate, aprende en tu trabajo, que harias tu siendo el dueño de un negocio asi...recuerda que lo que estas pasando es temporal....cuidate mucho y suerte.
un abrazo,
pd:
te entiendo por que stoy pasando por la misma sensacion que tu.
y continua por favor.
laverda no creo que perjudicar tu estomago sea dignidad, yo melo comeria.