Lavaplatos
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Hermano Candela (capítulo que debería ir más adelante pero escribí ahora)

May
18
2008

Cuando uno recuerda su etapa escolar piensa que fue un momento en el cual se encontraba protegido de cualquier ataque, sobre todo si iba a un colegio privado y de sacerdotes como el mío. Pero ahora me parece que ese lugar era uno de los más peligrosos. Las peleas eran parte de la rutina y se peleaba hasta que uno de los luchadores sangrara, no importaba que ya se hubiera rendido. Los castigos del jefe de disciplina eran castigos militares, violentos y como consecuencia de una sentencia que no admitía apelaciones, casi un juicio con jueces sin rostro. Y todos habíamos querido en algún momento al Hermano Candela, el más temible de todos sin que nadie lo supiera.

El Hermano Candela era un hombre pequeño, de piel oscura y modales refinados cuando atendía a los padres de familia. Había nacido en la selva y por eso su acento lo convertía en un personaje gracioso. Siempre vestía guayaberas blancas o celestes, aún en invierno, y le gustaba estar rodeado por los alumnos de los primeros años. Siempre regalaba caramelos y repartía caricias que los niños reclamaban, pues ser querido por el Hermano Candela equivalía a vivir en el paraíso, era una cuestión de jerarquía. Además era una persona justa, lo importante para él no eran las buenas notas o una conducta ejemplar. Valoraba que los niños fueran niños, esa condición era suficiente para ejercer el perdón como guía espiritual, título que se había ganado desde hacía varias generaciones. Daba caricias en la nuca o repartía peñizcos en la ingle a quienes se peleaban por sentarse a su lado, porque sentarse a su lado era como compartir un altar. Se sofocaba con facilidad y no hablaba demasiado con el resto de religiosos, sacerdotes españoles que nunca lo llamaban por su nombre, bastaba una seña con la mano y el Hermano Candela corría a recibir órdenes. Cada vez que me cruzo con algún sacerdote por Madrid pienso en qué suerte habrá corrido la vida del Hermano Candela. Espero que no le haya ido tan bien como a los otros. El padre María José, así le decíamos, se desligó de la orden después que se descubrió una estafa al colegio. Él no era el estafador pero fue su culpa porque actuaba como apoderado legal, entonces decidió abandonar los hábitos y se marchó a vivir con una viuda del colegio a quien consolaba desde hacía varios años. El padre Paul no llegó a ser nombrado director como lo esperaba, pero logró que su programa de radio se convirtiera en uno de televisión. El padre Paul, rubio y deportista, al llegar al colegio los alumnos siempre lo encontraban corriendo en la pista atlética. Continúo mañana..., me voy a ver un documental en la 2 sobre Perú, El País anuncia que el premier Jorge del Castillo es uno de los entrevistados. ¿Contará algún chiste?

2 Comentarios

May
18
2008

Yo estudie en el Colegio La Salle de la Congregacion de los Hermanos del mismo nombre. Al igual que en tu caso, tambien tuvimos un rector de secundaria al que le deciamos "Hermano Oso", no solo por su caracter estricto, disciplinado y poco amistoso sino por su figura que era baja y rechoncha pero lo suficientemente fuerte para amedrentar al alumno mas rebelde. Si el rector de primaria te castigaba maximo con una chicotada, del hermano Oso lo mas suave que recibirias era una cachetada, asi que imaginate; daba la impresion de haber sido un jefe de campo de concentracion nazi.
Si quieres reirte de la politica peruana te recomiendo que escuchcs a los Chistosos por RPP, porque del Castillo ya perdio toda gracia desde que se volvio facho.

Publicado por: richardqt
Jun
10
2008

Yo vi ese documental, fue domingo por la noche.
Me encandila cuando se trata de ver la realidad peruana desde la postura mas imparcial. Me complacería que se viera en Perú. Ni modo.
Canela en Córdoba

Publicado por: canela
 
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