Agosto 2008
25
2008
Y lo hago por vocación. El del corrector de estilo (editor de textos, supervisor de originales, etc.) es un noble oficio que bien puede tomar como suyo el lema de este taxi (“Esfuerzo es éxito”), pero también es versátil y hasta divertido (si supieran todo lo que uno encuentra en el camino de la corrección). Reconozco que no es muy popular entre el común de la gente, como el taxista que me llevaba al diario y me preguntó qué hacía, cuál era mi chamba. Al responderle comprendí que algo andaba mal. “Corrijo”, le dije. "¿A quién, seño?", increpó. “Corrijo textos”, le dije sin ánimo de confundirlo más. Al llegar al jirón Lampa la conversación se había terminado.
04
2008
No pensaba postear sobre los puntos suspensivos. Me parecía irrelevante, insulso, una pérdida de tiempo, pero estos días he vuelto a creer que es importante precisar al respecto. Hace años, cuando dictaba en pregrado, varios de mis alumnos me sorprendieron con la extraña costumbre de poner siete, ocho, quince puntos suspensivos. Mayor sorpresa fue escuchar a coro la justificación: “Más suspenso, pues, miss…


