El secreto del reloj
26
2008

Cuando Román llegó a la avenida La Paz comenzó a entender de qué iba toda esta historia de relojes, amenazas de muerte y dinero. Aparcó a un lado de la calle y se acercó a la casa. Dentro, Javier ya no era el mismo de hace un momento, ese joven maniatado que encajaba derechazos. Ahora estaba libre de pies y manos, muy cerca de la lámpara y concentrado en el reloj de péndola.
Misteriosamente tenía a su disposición una cartuchera con pinzas, una linterna en la frente y público en primera fila. Mariella Siles fumando de sus mentolados y Rodríguez de brazos cruzados, vigilantes. Román tanteó la perilla de la puerta, que no estaba del todo cerrada y dejó entrar en la casa un halo espeso de luz blanca. Los tres ahí dentro, al unísono, arrastraron la mirada hacia la entrada. El joven taxista llevaba en la mano el maletín con el dinero. Después de meditarlo había vuelto para entregarlo a cambio del relojero. Veinticinco mil dólares menos en el bolsillo, pero ningún muerto en su conciencia. Como si nunca los hubiese tenido, se dijo.
- ¡Puta madre, Claudia, dime que hace este idiota acá!- renegó Rodríguez mirando a la mujer. Javier, como si no fuera asunto suyo, volvió al reloj.
- ¡Román, qué haces aquí!- dijo ella mientras se iba acercando al joven. Entonces Rodríguez se le adelantó y cogió a Román, y lo llevó hasta la silla.
- No voy a repartir el dinero entre cuatro, mujer. Eso no fue lo acordado- discrepó el matón y señalando a Javier, agregó: - Éste al menos ahora es necesario, pero este mocoso, dime tú. Te dije que no era buena idea.
- No debiste volver, Román- insistió ella. Había perdido ese aire de dueña de la situación y mujer decidida. Su inesperada presencia y la reacción de Rodríguez le habían abierto un flanco vulnerable.
- No quiero tu dinero. Vine a dejártelo y a que dejes libre a Javier- dijo el joven.
- ¡Mira a tu amiguito, huevón!- intervino Rodríguez volteándole la cara hacia un lado-. ¡A mí me parece que en este momento está mucho mejor que tú!- Javier seguía en lo suyo. Tenía abierto el reloj y metía mano en sus partes como si lo que estuviera pasando con él no fuera cosa suya-. Esto no es Indiana Jones ni el Código Da Vinci, estúpido. Aquí no hay FBI ni Interpol. A lo mucho un par de policías malparados que jamás le dicen no a pequeños incentivos. Esto no es más que tráfico de arte y dinero fácil por un tubo. Y tu amiguito es socio nuestro.
Román quedó mirando al relojero, que desde que había llegado, por fin había soltado las pinzas. La mujer, a un lado, miraba la escena con un brazo cruzado en el pecho y la mano sujetando el codo del otro, empinado y con el cigarrillo en la punta de los dedos. Aunque bajito, seguía diciendo: “No debiste volver, Román, no debiste”.
- Ya sabe que yo estoy bien, ¿por qué no le devuelves su dinero y le dejas ir?- preguntó Javier, que al oír la palabra socio, pensó en eso del derecho a voz y voto.
- Es buena idea- reafirmó la mujer-. Igual ya no contábamos con ese dinero y para mañana todos habremos desaparecido.
Rodríguez, que en cuestión de minutos había pasado de ser el asalariado guardaespaldas de la dama al iracundo amo de la situación, sacó de atrás un revólver de tambor de plata y se la mostró a Román por el lado del cañón. “Estos son mis negocios, muchacho. Y no me gusta que gente estúpida como tú se interponga en ellos. Te estás jugando el pellejo por un traidor y enchuchado por esta idiota, y eso me da miedo porque no estás pensando con la cabeza. Te conviertes en un peligro”. Entonces Román vio cómo el arma de Rodríguez cruzó por su oreja y lo último que oyó fue un golpe seco antes de caer desplomado.
El sonido de las campanadas del reloj despertó a Román espantado. Se sentía ido y le costó trabajo reconocer el lugar y la gente con la que se encontraba. Javier y Rodríguez discutían, la mujer observaba en silencio. El relojero trataba de explicarle al traficante sobre el funcionamiento de un aparato de esas características. El reloj había dado nueve campanadas y en realidad eran las ocho de la mañana. Entonces Javier había tratado de corregir el sincronismo adelantando la aguja corta de las horas y después la larga de los minutos hasta ponerlo en hora. Ahora convenía esperar a que quedara centrado.
- Está claro que no son las iniciales- explicó Javier- por tanto debe ser algo relacionado con los atrasos de los que habló en su momento Román. Debe dar algo así como las coordenadas del lugar donde se encuentran los cuadros.
- ¡Mierda, y yo que decía que esto no tenía nada que ver con Indiana Jones!- prorrumpió Rodríguez. Ni él ni nadie en el salón se había percatado que Román había salido de su desmayo, lo que le sirvió para ir enterándose de los pormenores desde la silla a la que ahora él estaba atado.
- Ya revisamos la casa de arriba abajo. La verdad es que estoy un poco cansada y si ese reloj no nos revela donde guardó las obras de arte ese anticuario, cojo estos veinticinco mil y me doy por bien servida- comentó la mujer.
- No seas idiota, estamos hablando de cuadros por los que solo en Brasil nos darían al menos un millón de dólares- refutó Rodríguez.
- Román me contó que la primera vez el reloj marcó un atraso de cuarenta minutos. La segunda creo que fueron catorce. Si todo va como dices- Javier miraba a Rodríguez, que no perdía la seriedad con su cabello engominado- entonces el tercer retraso debe marcarnos el sitio donde están los cuadros.
Una hora después el reloj volvió a marcar las nueve campanadas. Los tres habían esperado todo el tiempo en silencio a ver si el reloj, que ahora funcionaba sin percances, marcaba el último retraso y les revelaba su secreto. Y en el momento de las campanadas, cada uno lo confirmó con su reloj de pulsera y la sensación fue agria. La péndola funcionaba en perfectas condiciones y no se había atrasado ni un minuto. Entonces un sonido inesperado capturó su atención. Era la voz de Román:
- Yo sé dónde se esconden esos cuadros que ustedes andan buscando.



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donde?? donde??? me mata la curiosidad!
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no puedo más! quiero saber que sucede!
escribe pronto!
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buen giro...
interesante
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Cada día se pone mejor!!!
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Después del temblor caería bien que Román salga bien parado y se lleve todo.
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quiero saber en donde estan esas obras............
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2008
Es realmente interesante, esta historia tiene mucho misterio y espero poder recibir los capitulos siguientes para no quedarme en ascuas. Facinante