El cazador y la liebre
19
2008

- Este es el sujeto que te ha estado amenazando de muerte, Román- dijo Mariella Siles señalándole a Javier, amordazado y maniatado, el escenario lúgubre, el salón de la primera planta vacío.
Rodríguez se acercó y comprobó que las cuerdas estaban tensas. Luego encendió un cigarrillo y quedó mirando a la mujer a la espera de nuevas órdenes. Román seguía en completo silencio. Al ver la presencia del taxista, el joven relojero trató de soltarse, de expresarse con sonidos guturales, sin éxito alguno. Román miró a la mujer para que le explicara lo que estaba sucediendo.
- Necesitamos el reloj, Román. No estamos aquí por casualidad. Necesitamos el reloj en este salón-. Su acento había cambiado. Había perdido ese tono de súplica y nerviosismo. Ahora sonaba imperativa. Ansiosa.
- No entiendo qué hacemos aquí. Ni por qué tienen a Javier en esa silla.
- El reloj, Román.
Y como si esa fuera la frase que Rodríguez estaba esperando para actuar, se movió de su sitio y se acercó a Román con cara de “mi tiempo es dinero”. Entonces el taxista miró al relojero, que seguía la escena con los ojos a punto de salirse de su órbita, y pensó que más fácil era hacerse rico y entrar en el reino de los cielos que pasar un camello por el ojo de una aguja. Y en su mente, apañándose en el silencio, rogó por ayuda divina o una cuota de buena suerte.
- Claro, no hay problema- respondió Román al ver al tipo que tenía delante.- Pero primero explíquenme qué tiene que ver Javier con las amenazas de muerte si él también recibió una.
Con un movimiento de ojos, la mujer le dio la venia a Rodríguez para que se hiciera cargo. “¡Habla cabrón!”, le ordenó éste al mismo tiempo que le arrancaba la mordaza de un tirón.
- ¡Vete Román, busca ayuda! Estos huevones nos van a mat…
La derecha de Rodríguez directa a la mandíbula le había cortado la frase en seco y le había abierto un corte en los labios. Javier escupió sangre y miró a Rodríguez, al que no se le había movido ni un solo cabello. “Cuéntale a tu amiguito que fuiste tú el de las cartitas o voy a romper la piñata”, le dijo mientras volvía a cerrar el puño.
- ¡Pero fue ella la que mató al anticuario!- gritó dejando ver sus dientes manchados de sangre. Al menos esta vez pudo terminar la frase antes de recibir un segundo guantazo. La sangre le salpicó en los pantalones a Román. Escupió y se sacudió la cabeza para recuperar el sentido, y aprovechando el silencio, agregó: Pregúntale sino qué hacemos aquí.
- No le creas, Román. Dice eso porque no tiene salida. Acaba de reconocer que fue él quien te amenazó de muerte. Ha estado jugando contigo todo este tiempo, ¿no lo ves? Yo te prometí el dinero a cambio del reloj y cumpliré mi promesa. Si tú me entregas el reloj juro que te contaré todo.
En ese momento Román entendió que no seguiría el mismo camino de Mariella Siles. Y que fuera Javier quien lo estuviera amenazando de muerte, aunque era un golpe muy bajo, le dejaba más tranquilo. Ahora se creía capaz de lidiar con el tema. Sin embargo había un asesinato de por medio y nadie podía asegurarle que al final de esta historia fuera el único. El reloj en sus manos seguía siendo su baza.
***
Conduciría él. Mariella Siles le entregó las llaves del Ford y se sentó al lado. Rodríguez, por órdenes de ella, se había quedado en casa vigilando a Javier. Era de día y no podían correr riesgos en una avenida transitada.
Fueron hasta Lince. A unas calles del hotel, donde Román había estacionado su viejo carro. El reloj de péndola había pasado la noche en la maletera como si fuera una llanta de repuesto. Mariella Siles se sorprendió cuando Román le enseñó la pieza. “¡Dios!, por el dinero a cambio pensé que lo tendrías en una caja de seguridad de un banco suizo”, y sonrió. Ella hizo lo mismo: de la maletera del Ford sacó el maletín con el dinero. Eran los veinticinco mil dólares iniciales y no el doble, como había pedido Javier.
En ese momento, el celular de Román comenzó a timbrar. Era su hermana. Atendió sin dudarlo y sin prestar atención a la mujer, que en pocos minutos había guardado el reloj en el asiento trasero del Ford y ya estaba al volante. Le llamaba desde el hospital. ¡Mamá ha despertado esta mañana! Estaba fuera de Cuidados Intensivos.
- Román, ahora lo mejor es que cojas ese dinero, te subas a tu carro y te olvides del reloj de péndola, de mí y sobre todo de ese tipo-. Volvía a tener ese aire de mujer frágil. Su mirada expresaba ruego-. Yo no soy la que da las órdenes, ni éste es mi dinero, créeme. No tengo nada que ofrecerte.
Una a una, las noticias le iban tejiendo su propia mortaja. Tenía a su madre recuperada, aunque no podía dejar de pensar en lo que le esperaba al relojero. Sonaba tan fácil subirse a su carro y olvidarse de todo…
- Juraste que cuando te diera el reloj me contarías todo y sigo esperando.
Con las manos en el volante, ella le sonrió de nuevo, encendió el auto y puso primera.
- Ya lo hice. Es todo lo que te puedo contar. Lo siento Román, pero tengo que irme.
De pie junto al viejo Nissan azul de su padre, Román la vio partir. Iría a Miraflores, claro. Él en cambio tenía un maletín lleno de dinero, una madre recuperándose y por fin se había deshecho de ese reloj de péndola que le había traído solo desgracias. Sin embargo había algo que no encajaba. Lo habían eliminado del juego de la manera más torpe y ahora estaba libre y además con recompensa. Y, viniendo de gente que mataba gente, le sonaba a coto privado de caza, y se vio la cara de liebre.



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2008
Reloj de péndola?
No sera "de péndulo"?
Como hago para leer tu cuento de las 2000 palabras?
23
2008
Genial la historia, parece simple pero no lo es...qué le va a pasar a Javier???? Esa llamada fue real o también manipulada???? es verdadero el dinero???
23
2008
Está claro que ROmán regresará a la avenida La Paz para entender de qué va el entramado de la mujer... ¿o se quedará con el dinero y se irá a ver a su madre, quien le contará el secreto del reloj?
23
2008
Debería haber más sexo. Que Román aproveche la casa del anticuario para meterse otro revolcón con esa tía.
25
2008
Ernesto:
Las dos opciones son válidas. Elegí la primera porque es la más snob que encontré debido a que es así como le llaman los franceses.
En cuanto al cuento, fue publicado con el seudónimo con el que participé (Joe Miller), solo hay que buscarlo en google.
26
2008
algún día llegarás a más de diez comentarios???? jajaja acá te estoy ayudando con uno más jajaja