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El “Mariella Siles I”

Feb
12
2008

barco240.jpgFoto:Wouter Otto

Román sintió como el humo de su cigarrillo ascendía lentamente y le impedía ver con claridad el momento justo en que Javier le señalaba en el monitor de su computadora el recorte de un diario, donde aparecía borrosa la fotografía de un barco que a mediado de los cuarenta había naufragado de manera misteriosa en aguas piuranas. “Era el Mariella Siles I”, dijo. “Lo encontramos”.

Estaban en casa de Javier, en el centro de Lima. Román le había caído de sorpresa camino del hospital. No había dormido toda la noche, no tanto por el miedo de la primera amenaza de muerte de su vida, sino por su hermana Fátima, quien, hasta que no le pusiera al corriente “con pelos y señales”, le prohibió marcharse a su cuarto. “Le tuve que meter un palo pero no se lo creyó. Mi familia anda con los nervios deshechos”. Javier había tratado de tranquilizarlo enseñándole lo que había avanzado la noche anterior. Los dos fumaban Gold Coast y leían el recorte. Se hacía referencia a la desaparición de un barco local en las inmediaciones de la costa piurana, que podría haber pertenecido a una familia pudiente aunque no se precisaba si había víctimas. “Hablamos de 1947. Seguro en esa época se perdían barcos como ahora se pierden mototaxis. Lo importante es el nombre, MSI. Doy mi brazo a que con este barco se topó ‘El Remanso’”, dijo Javier.

Las tiendas de antigüedades de la avenida La Paz, a diferencia de las de artesanía de Petit Thouars, si bien se parecen unas con otras, apilando en la entrada taburetes, pedestales, porcelanas y cristales, tienen la prudencia de no ofrecer reproducciones. O sea que un reloj como el de péndola, que había estado en los anaqueles de la tienda del anticuario, era una pieza auténtica, con un pasado y una historia, explicaba Javier. Y eso es lo que nos falta hallar: su relación con el “Mariella Siles I”; y esa importancia que ellos todavía no eran capaces de distinguir y que a otros los llevaba a proferir amenazas de muerte.

Román aspiraba del cigarrillo hasta encender al rojo vivo sus brasas. Estaba más callado que de costumbre. “Alguien me quiere matar”, apuntó. “Alguien me está pidiendo que me aleje de ese barco –señalando a la pantalla– y del reloj de péndola”. Javier le quedó mirando sin decir nada. “¿Y si vamos a la tienda del anticuario?”, preguntó Román. “No, ahí no encontraremos nada”, le respondió Javier con seguridad. Era como si el relojero caminara sobre terreno conocido. “Lo mejor ahora es aguardar”.

***

Román cuadró el viejo Nissan a un par de calles de la Plaza Grau. Eran más de las dos de la tarde y antes de volver a casa, decidió acudir a la Capitanía Marítima del Callao. Eso de “aguardar” le sonaba a tiempo perdido. En el hospital le habían comentado que sobre barcos naufragados el lugar ideal para informarse era el puerto y después de preguntar por aquí y por allá, se había enterado de la existencia de la Dirección General de Capitanías y Guardacostas.

- Tiene que llenar este formulario y pagar la tasa correspondiente- le dijo una joven ubicada al otro lado de una mesa. Sobre su cabeza se veía un escudo con dos anclas negras cruzadas y el mapa del Perú en blanco al centro.

- Es un barco de los años cuarenta, señorita- insistió Román mientras cubría los datos en un pliego impreso-. En Piura.

La mujer cogió el papel como si no prestara atención a las palabras del taxista. Se caló los anteojos, levantó la cabeza como si fueran bifocales y comparó el documento con una plantilla que tenía en la computadora. “Es curioso –dijo la muchacha–. Sesenta años después y de pronto pareciera que todo el mundo busca al ‘Mariella Siles I’”. Román estaba sacando el dinero para pagar la tasa cuando oyó el comentario de la oficinista. ¡De qué estaba hablando! “Hace dos o tres semanas vino un hombre. Dijo que era un familiar de un superviviente. Buscaba lo mismo que usted, pero le dije lo mismo; que demoraría al menos un mes porque primero se pasaría parte al Distrito 1, de Talara o Paita, porque Callao es Distrito 2 y tenemos distintas jurisdicciones”.

En ese momento Román pensó en ir a buscar de nuevo a Javier, contarle que la persona que lo estaba amenazando de muerte había estado averiguando sobre el barco. Sin embargo, al salir de la casona de la avenida Jorge Chávez, notó que no estaba solo. Un hombre había aparecido de la nada y caminaba unos pasos detrás y se escondía tras una gorra marrón y unas gafas de sol. Y hasta que subió al carro azul de su padre, Román no pudo reconocer al sujeto que pasó de largo por la acera del frente.

Entonces encendió el carro y apuró la partida. Le temblaban las manos. Cogió por la calle Nieto rumbo al Real Felipe y de ahí por Buenos Aires, hacia Lima. Fue a la altura del Mercado Central cuando distinguió al tipo de la gorra de copiloto en un station wagon blanco. Aceleró un par de calles y bajó la marcha cuando notó que no los perdía de vista. Pensó en salir de la avenida y tomar calles pequeñas, pero, taxista de oficio, reparó que por las arterias menores muchas veces no pasa un alma y pensó que eso sería entregarse en bandeja. Siguió por Guardia Chalaca y La Marina esquivando coches sin quitarle la vista al retrovisor, hasta el cruce con Riva Agüero. Por el espejo lateral podía distinguir al carro blanco tres lugares atrás. Y por más que trataba no era capaz de reconocer a sus ocupantes. Había que zafar ya, se dijo. Entonces aprovechó el semáforo en ámbar para doblar escopetado y chirriando hacia la izquierda y dejar a sus perseguidores atascados por los vehículos que bajaban hacia El Callao.

Condujo una hora más por calles apartadas hasta que llegó a casa. Pensó en no salir el resto de ese día ni los sucesivos. Apenas al hospital y punto. Cogió todas las piezas del reloj que estaban ordenadas sobre una franela en lo alto de la cómoda y las escondió en una maleta, se quitó las zapatillas, encendió un cigarrillo y se acostó. Dentro de esa nube de humo recordó a Mersault, el único personaje al que siempre quiso parecerse de los pocos libros que había leído en su vida, El extranjero de Albert Camus. Y recordó que la historia comenzaba por la muerte de su madre y eso lo asustó. Entonces Alicia le interrumpió. Tenía una llamada telefónica.

- Román, ya va siendo hora de que te desprendas de lo que no te pertenece o acabaré con quien haga falta para recuperar la sonrisa de Mariella Siles- y colgó.

6 Comentarios

Feb
12
2008

La sonrisa de Mariella Siles...Veremos que pasa...

Publicado por: Luis Andrés Miranda Mendoza
Feb
12
2008

La llamada tuvo efecto inmediato, la desesperacion se apodero de Roman. Cogio la maleta y maldiciendo la tiro a la calle. Regreso a su cuarto e intento dormir. Horas pasaron y cuando finalmente pudo calmarse y cerrar sus ojos, sono el timbre: era Javier.

Era realmente Javier? parecia serlo, pero habia algo raro en él. Nunca lo habia visto tan ansioso. porque habia ido a buscarlo? pareciera como si se hubiera enterado de algo bastante importante. Su interes por el tema aumento subitamente. Dijo que tenia que contarle algo que habia encontrado, lo que Roman no sabia, es que Javier no le estaba contando todo lo que descubrio. Tampoco le contaria sobre aquel hombre que los persigue. Despues de todo, si Roman se enteraba quien exactamente lo perseguia iba a atemorizarse aun más, y eso haria peligrar la investigacion que estaban haciendo. Por primera vez en la historia, Javier estaba mas interesado que Roman en descubrir el misterio detras del reloj, y habia decidido que el riesgo valia la pena.

..."Pero primero, puedes decirme por que $%&$ esta el reloj en la calle?"


Adrian Lazarte

Publicado por: Adrian Lazarte
Feb
13
2008

En tu historia debería haber sexo, alcohol y drogas.Pero sobre todo sexo.Eso vende :)

Publicado por: Javier g.
Feb
15
2008

Yo apostaría por incluir a una mujer en la historia que desate diferencias entre Javier y Román después de quedar atrapados por ella. Sería chvr que además se pudiera asociar de alguna manera a la mujer con el reloj. por lo visto por ahi esta yendo la historia.
A ver pues

Publicado por: Frank
Feb
16
2008

eso del sexo estoy de acuerdo... deberia darse un polvo el roman con alguien!!

Publicado por: drussi
Feb
17
2008

Creo que caer en el sexo sería acudir al facilismo que esta historia no tiene. Valdria mas la pena ir descubriendo los misterios alrededor del reloj que llenar los posts de sexo y drogas. .

Publicado por: Anonymous
 
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