Febrero 2007
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2007

Ser nombrado embajador de Unicef debe de ser una gran responsabilidad para ti...
Más que responsabilidad, me siento muy orgulloso de ayudar a una entidad como Unicef y de poder trabajar para ellos. En realidad es un honor que me hayan llamado para esto porque para que te nombren embajador te hacen una revisión de pies a cabeza sobre tu vida (risas).
¿Y en qué consiste tu trabajo?
Es intentar trasmitir a la gente cuáles son los trabajos que hace Unicef en el Perú y también acompañarlos a los trabajos de campo. Existen diferentes proyectos en los que gente de este organismo va a determinadas comunidades campesinas o de bajos recursos para intentar lograr una mejora en la crianza y a los derechos del niño, tanto en alimentación, salud y en autoestima para un desarrollo mejor en la sociedad. Asimismo, existen programas como el "Buen inicio" en el que a la madre se le incentiva al chequeo prenatal, a que el niño no sea desnutrido, sino que desde el vientre de la madre esté bien alimentada, a prodigar afectos, una serie de cosas que en casa tenemos, pero que quizá una persona que esté lejos de la capital no conoce. La educación en el interior del paÃs es diferente. A todas esas cosas he intentado seguir aportando. Todas esas cosas son el regalo que la música te da.
¿Esto ha hecho que te sientas más cerca a tu paÃs?
Yo siempre he tenido un acercamiento muy grande con mi patria, cada vez que me levanto en la mañana y me pongo a pensar si prefiero estar en el Perú o en Miami, escojo seguir acá. Uno de mis próximos viajes será a Huancavelica y deseo ir a la selva, especÃficamente a visitar a las comunidades de los Shapra y los Candoshi, lugares donde el 70% de la población tiene hepatitis B.


