Junio 2008
13
2008

No sé usted, pero yo ya me cansé de escuchar que "los peruanos nunca hacemos las cosas bien", "somos flojos, incumplidos, impuntuales, quedados", "¿peruano exitoso, a quién se lo habrá quitado?, ¿qué trampa habrá hecho? y si es mujer, peor". "Sí, hemos avanzado algo pero este país no tiene remedio". O de escuchar la historia del cangrejo peruano, que no logra escapar del balde porque los demás, envidiosos, no lo dejan hacerlo.
Mitos como estos van de boca en boca quizás porque sirven de broma fácil para quienes no tienen nada creativo o interesante que decir. Esta es una mala costumbre muy arraigada e irresponsablemente discriminatoria de quienes repiten frases sin detenerse a pensar en lo que están diciendo. Pero tienen impacto: comentarios como esos van calando en nuestro subconsciente colectivo, desmereciéndonos como nación y minando nuestra autoestima nacional.
Lo que me permito proponer es no aceptar más ser cómplices de expresiones que ridiculizan a nuestra gente o, peor aun, a distintos grupos de peruanos. Propongo contribuir a erradicar el mal hábito de expresarnos mal de nosotros mismos. ¡Ya no estamos para eso!
Así como no aceptaríamos jamás que nadie hablara mal de nuestros seres queridos, no celebremos 'bromas' o comentarios de mal gusto que sistemáticamente se burlan de nosotros. Más bien, acostumbrémonos a cerrar filas tras los éxitos de otros peruanos, sin por eso considerarlos "casos raros" o excepciones de quienes desconfiar.
Hagamos como hace Antonio Orjeda en la sección Ejecutivas de este Diario, quien nos ha permitido reconocer y admirar a personas luchadoras y valientes de todas partes del país que han sabido salir adelante sin que ninguna excusa o prejuicio las detenga. Por eso siempre he celebrado las páginas que Antonio nos trae semanalmente desde hace cuatro años ya. Sus entrevistas influyen positiva y sistemáticamente en la manera cómo los peruanos nos miramos a nosotros mismos. Tienen el gran mérito de modelar en nuestro subconsciente colectivo la capacidad de reconocer nuestra excelencia individual y colectiva.
Cada entrevista nos llena de orgullo por estas peruanas que "rompieron el molde" del éxito en el Perú y son hoy ejemplo de lo que los peruanos podemos hacer cuando nos lo proponemos. ¡Así, vamos cambiando el paradigma de lo que se puede lograr en el Perú, sin importar origen, género, condición o nivel de educación!
El reto es claro entonces: no demos espacio a aquellos que tontamente restan méritos o desmerecen irresponsablemente a quienes hacen las cosas bien y tienen éxito.
Cuidemos con celo nuestra imagen entre nosotros mismos. Hablemos mejor del Perú y de los peruanos, y trabajemos así para elevar la autoestima nacional, tan necesaria para construir una nación más integrada y respetuosa de su gente.
Claro que tenemos muchísimo que resolver aún, empecemos por reconocer más a nuestra gente y nuestros logros, tal como lo hacen tantos extranjeros que hoy ven al Perú como un país que tiene la suerte de contar con personas serias, talentosas y muy competitivas. Eduquemos a nuestros hijos para que valoren su peruanidad y se sientan cada vez más orgullosos de nuestro país y de toda su gente, que es quien lo hace grande.
06
2008

Aún existen muchos escépticos frente a ciertos temas sobre si debemos o no administrar activamente nuestra carrera profesional. Existen quienes piensan que el éxito profesional es inherente a quien es inteligente, se esfuerza, es leal y además tiene un poco de suerte. Por tanto, no hay que perder tiempo preocupándose mucho por desarrollar uno mismo su carrera. Otros pierden perspectiva cuando están en situaciones de éxito y se olvidan de lo efímero del poder y lo importante que es tener siempre un plan B estructurado.
01
2008

Cuando un familiar querido necesita cirugía para recuperarse, ¿cómo buscamos al mejor cirujano? Típicamente, preguntamos a otros médicos y amigos por quién es "el mejor". Luego de investigar su trayectoria y reputación, escuchamos sus planteamientos. Si nos convence, ¡ponemos la vida de nuestro familiar en manos de quien hasta hace poco nos era una persona totalmente desconocida!
Lo mismo hacemos cuando contratamos profesionales o servicios. Buscamos a los que nos refieren como a los mejores, a quienes vienen antecedidos por su buena reputación.
Sabemos que la imagen y la reputación son generalmente muy subjetivas -y no siempre justas- ya que dependen tanto de hechos reales como de la percepción que otros tienen de nosotros. Pero no está de más recordar que, al final del día, los demás siempre nos medirán con la vara de los valores y de nuestra contribución real. Nuestra ética, profesionalismo e integridad en todos los campos de nuestra vida, tanto profesional como personal, serán los que hagan la diferencia en términos del valor de nuestro nombre, reputación y marca profesional.



