Junio 2008
19
2008

Tras las excentricidades del anterior post, a muchos ha sorprendido el detalle de que el futbolista Jefferson Farfán vaya a celebrar el bautizo de su hijo con una fiesta amenizada por el Gran Combo de Puerto Rico. La gracia debe costarle unos 50 mil dólares, según la prensa local. Farfán, quien a estas alturas ya debe ser considerado millonario, se puede dar el lujo de escuchar en vivo los temas que los peruanos de la calle solo podemos regalarnos por CD. Enhorabuena, no es realmente una extravagancia. Mi viejo me recordó hace poco la bizarra versión popular de que el crack Hugo Sotil, en los días en que se paseaba en un Ferrari amarillo, gozaba al quemar billetes para prenderse los cigarrillos. Y tampoco es un delirio. A los millonarios mayores, a esos que juegan en las grandes ligas de la más obscena opulencia, parece que se les llega a zafar un perno del raciocinio. El caso más flagrante podría ser el de cierto millonario boliviano que, en pleno proceso de divorcio, le propuso a su esposa pagarle un bolo de 400.000 dólares cada vez que él le sacara la vuelta.
10
2008

Su poder nacía del polvo y al polvo debía volver. Era como si toda la cofradía de la coca hubiera surgido bajo una condena bíblica, una suerte de extraña sentencia que la conducía del génesis delictivo al más estridente armagedón policial. En el camino dejaban un rastro de episodios delirantes, excentricidades surgidas en la opulencia del crimen, que sólo fueron conocidas cuando cayeron en desgracia. El caso paradigmático fue el de Reynaldo Rodríguez López, 'El Padrino'. Tenía este hombre todos los dudosos méritos de un capo de la mafia. Pero nadie le hizo ascos hasta que su mansión reventó como una ratablanca y pasó a la historia como Villa Coca. Rodríguez López desarrolló un estrambótico gusto por los licores. Su colección sobrepasaba las dos mil piezas, de treinta países de procedencia.
04
2008

El cine ha propalado la idea de que el psicópata es un personaje con un gusto obsceno por el dolor ajeno. Quizá alguna antigua víctima de maltrato que, ya de adulto, trata de vengarse por lo que le hicieron pasar. Por estos días incluso hay en cartelera una película sobre un tipo que encierra a una mujer en el estacionamiento y abusa se ella para vengarse por todos los años en que tuvo que admirarla a pesar de su total indiferencia. El espectador promedio deduce al instante el desequilibrio del antagonista. Para alarma de algunos y zozobra de muchos, el tema es bastante más complejo. “Cientos de miles de psicópatas viven, trabajan y juegan con nosotros –tu jefe, tu amigo o tu hermana- y es posible que sigan su camino hacia la destrucción sin tener conciencia de ello”, dijo tiempo atrás un especialista estadounidense. El divulgador científico catalán Eduardo Punset trató de confirmarlo con el doctor Robert Hare, una autoridad mundial en psicología criminal. La respuesta que obtuvo fue concluyente: “Es completamente cierto”.


