Abril 2008
30
2008
Hasta hace un tiempo hubiera respondido a esta pregunta sin mayor esfuerzo: la persona con la ocupación más rara que he conocido en mi vida es un odontólogo, profesor universitario, un tipo correcto y carismático que comparte esa vida normal con su dedicación a la artesanía. Pero no al tipo tradicional de manufactura que conocemos todos: él es un tallador de huesos humanos.
29
2008

Hace años que viajo con esa certeza, aunque las últimas noticias la están minando de una manera escalofriante: la muerte de cinco turistas franceses al caer una avioneta en Nazca a inicios de abril, un nuevo percance con otra aeronave una semana después, la evidencia de que ciertas compañías nacionales usan cafeteras en lugar de aviones para sus vuelos a provincias poco rentables. Alguien me comentó hace poco que al viajar a Ayacucho tuvo la sensación de ir en una combi. Y esto ya es mucho decir en un país donde los choferes no son especialmente responsables ni las autoridades pueden organizar un servicio de inspecciones técnicas decente. Entonces uno se aferra a clichés estadísticos elaborados en otros países que, al menos por un tiempo, sirven para tranquilizar los nervios. Pues bien, debo decir que, según una reciente comparación matemática, “el índice de muertes producidas por hora al volante frente al que se produce en avión es prácticamente el mismo”.
19
2008

El genio alemán Johann Wolfgang von Goethe escribió que “la superstición es la poesía de la vida”. A pocos visitantes de este club debe extrañar esa metáfora, porque si hay algo que enriquece las vivencias de los curiosos irredentos es la inminencia del miedo. El primer episodio de pánico que recuerdo de niño fue la enésima vez que caí enfermo y me llevaron a casa de una curandera para que me hiciera un rezo. La mujer usó el clásico huevo, que luego leyó en un caso de vidrio. Me parece recordar que diagnosticó justamente mal de ojo o quizás lo quiero creer así, porque mi condición enfermiza daba para pensar cualquier cosa. Y claro, semejante veredicto también daba para lo que fuera, como una excusa vieja, porque la idea del mal de ojo es una de las creencias más antiguas del mundo. Una de las primeras referencias está en el Museo Británico: se trata de una inscripción asiria del año 700 antes de Cristo, durante el reinado de Asurbanipal, que sería un conjuro contra el mal de ojo.
09
2008

Esta, lo admito, es una extraña curiosidad personal que resurge ahora a partir de la reciente captura de Jesús Sosa, el último integrante del grupo Colina. Como se recuerda, a Sosa se le atribuye el macabro apelativo de “Kerosene” porque solía deshacerse de sus víctimas calcinándolas. Los fanáticos de series como CSI o Detectives médicos tal vez tengan una idea de cómo ocurre este proceso más allá de las obviedades de rigor. Yo prefiero remitirme a un verdadero profesional en el campo de las investigaciones forenses: el doctor William Maples. Quiero advertirles que la explicación, como corresponde a un profesional, abunda en detalles explícitos que pueden resultar chocantes para los no iniciados.


