Febrero 2008
27
2008

Hace poco le pregunté al prestigioso neurocientífico Kenneth Pugh, de la Universidad de Yale, cuál era su concepto de inteligencia. Pugh, un hombre que lleva años estudiando las funciones del cerebro, y que preside uno de los laboratorios más importantes de Estados Unidos, me respondió con un criterio fundamental. “En el sentido más amplio, la inteligencia es la habilidad de desarrollar nuevas habilidades y estrategias para resolver problemas. Es la capacidad de desarrollar conocimiento en un modo que se adapte a las necesidades. (Por eso) el cerebro cambia mientras la experiencia cambia”. Me parece una idea razonable para un concepto que no termina de ser definido. Ahora se habla de inteligencia emocional, de inteligencia creativa, en fin. Saltando esas vallas, no deje de ser curioso que la pregunta que motiva este post ya tenga una respuesta. Años atrás una psicóloga realizó su propia medición y concluyó lo siguiente: el hombre más inteligente del mundo fue el genio alemán Johann Wolfgang von Goethe. Y eso que el ránking no es poca cosa.
22
2008

Curiosidades como esta son parte del trajín diario de los científicos. Surgen a partir de estudios más serios, de investigaciones que intentan explicar hechos o procesos trascendentes. Un ejemplo es el estudio de la evolución de las especies. En el análisis de la selección natural hubo un momento en que los zoólogos llegaron a la conclusión de que algunas especies de hembras necesitaban el esperma de dos o más machos para fecundar. Así se llegó a la hipótesis de la competencia de espermatozoides, que, en la lucha por la reproducción del más apto, ocasionó la modificación dramática de estas células reproductivas en varias especies animales. Dicho esto, así, a grandes rasgos y trompicones, puedo decirte que el mérito al que alude tu pregunta corresponde al insecto. Mientras el espermatozoide de un ser humano mide unas 60 micras, el de la mosca del vinagre, dependiendo de su especie, varía de 300 micras hasta 60 mil micras, es decir seis centímetros. Si el dato resulta impresionante, más lo parece el método que se usó para esta última medición.
08
2008

Tarde o temprano teníamos que llegar a ciertos mitos que alimentan el imaginario popular. En este caso, la pregunta alude a cierta creencia expresada en la frase “gallinazo no canta en puna”. En principio, declaro que la misma contiene un matiz racista deleznable para este club. Y sin embargo, vale la pena indagar por su sustento. La respuesta más contundente proviene de un estudio realizado años atrás por científicos de la Universidad Peruana Cayetano Heredia (UPCH) acerca del rendimiento físico de futbolistas negros en escenarios de los andes. A muchos les sorprenderá saber que, a despecho de la superchería general, los deportistas de origen afroperuano pueden tener ventaja para aclimatarse a esas condiciones extremas.


