Enero 2008
29
2008
Un vistazo a los más recientes lanzamientos de la escena local
Ultramotor. Foto: Paco Sanseviero
ULTRAMOTOR – “El rayo‿
Como en su magnífico -y ya bastante lejano- debut, la banda de César Zamalloa aquí no se anda con chiquitas: una trituradora bien afilada, una sucesión de trepanaciones involuntarias, el segundo álbum de esa locomotora hardcore llamada Ultramotor comprende diez brevísimos estallidos de urgencia y precisión guitarrera que, imaginamos, podrían provocar daños permanentes en los aparatos auditivos más frágiles. Todos los temas parecen el mismo, pero eso no importa: “El rayo‿ funciona menos como una colección de canciones que como una experiencia sensorial, una catarsis cimentada en el ruido y la horrísona persistencia de tres instrumentos (la guitarra de Zamalloa, el bajo de Alfonso Montesinos, la metralleta de Constantino ÿlvarez) que interactúan ensimismados en una forma muy particular de reproducir e interpretar la densidad del caos. Un disco para sentirse sucio, viscoso, peligroso y vivo. De-men-cial.
11
2008

Segunda parada de Deep Purple en Lima. Miércoles 20 de febrero, Estadio Nacional. A poco más de diez años desde aquella vez en la Universidad de Lima. Una visita que no puede pasar desapercibida, aunque tal vez no llegue a entusiasmar a todos. Dejamos el espacio libre para que usted, señor lector, manifieste su complacencia, su disconformidad o su indiferencia.
Esa noche, la del 22 de marzo de 1997, abandonamos la por entonces cancha de fútbol de la Universidad de Lima con un gusto agridulce o, si vale, con sentimientos encontrados: habíamos visto a Deep Purple, esa banda de la que supimos primero de oídas, mediante el delirante anecdotario de un viejo hippie del barrio que tenía todos sus discos y para quien el “Machine Head‿ era casi La Biblia, y que luego escuchamos, por recomendación del mismo personaje, que ya no usaba el pelo largo ni llevaba flores estampadas en el polo y que ahora trabajaba de 9 a 5, con traje y corbata; sí, habíamos visto a Deep Purple, con conocimiento de causa, habiéndonos sumergido ya cientos de veces en los consabidos “Smoke on the Water‿, “Highway Star‿ y “Child in Time‿, pero no habíamos tenido la suerte de ver en escena la excéntrica figura del elemento fundamental de la banda: Ritchie Blackmore, el maestro. Y eso no fue fácil de digerir: en su lugar, un tipo muy técnico, zorro y puntilloso con las cuerdas: Steve Morse (ex Kansas), pero así y todo, nada que ver con el titular, que ya se había peleado por enésima vez con Ian Gillan.


