Deportado

Febrero 2008

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Muéstrame tu DNI

Feb
07
2008

Siempre he creído que las apariencias engañan. Que el DNI es apenas un registro de identificación, mas nunca será una prueba exacta de tu nivel de lucidez, de tu destreza física, de tu habilidad mental, de tu rapidez en los reflejos. Lógico, tonto no soy y el tiempo no solo avanza a su manera, sino que además deja huellas y marcas, heridas y cicatrices imborrables en cada uno de nosotros.

¿Cuál es el punto exacto para decirle a uno viejo? ¿Existe acaso ese instante que marca un antes y un después en la vida de un deportista? ¿Puede el DNI clavarte la chapa de veterano pese a que tus piernas responden?

Siempre sostuve que para jugar al fútbol deben hacerlo los mejores. Es decir, en plena diatriba por seguir con los mismos que nunca ganan o apostar por los chiquillos en nuestra cuasi enclenque selección nacional, mi posición era la misma: deben jugar los que mejor anden en ese momento, no los que tengan mayor proyección ni los que carguen con desvalorizados pergaminos de manteca.

Si hoy me dieran la selección nacional, yo armaría el equipo con los mejores que, según el sistema que pienso emplear, pueden llevarnos al triunfo.

Dicho esto, Manco debe estar en la selección. Bueno, ya lo está, aunque para mí debió estar hace mucho. Su caso es parecido al de Paolo Guerrero: el hoy compañero de una rubia despampanante la rompía en el Bayern B de Alemania, pero en Lima el brasileño Autuori ni lo empelotaba. Era increíble que el ex DT del Sao Paulo prefiriera a los elementos que acaparaban grabadoras en el coloso de la UNSA, en el Grau del Callao o en el Campeones del 36, por citar algunos escenarios. Cuando recapacitó, Paolín –como lo llaman ahora– jugó ante Chile, fue figura y anotó un gol de carambola.

Manco ha llegado a la selección para quedarse. No tiene 18 pero eso no importa un ápice. Su momento empieza hoy, y no mañana cuando baile a tres zagueros del Bolo, le anote un golazo al ?ncash o sirva dos pases gol ante el Aurich. Reimond tiene la chance de empezar a labrar su carrera en un club –hoy Alianza, mañana PSV o cualquier otro— en forma paralela a su paso con la blanquirroja.

En la otra esquina se encuentran dos ex pesos pesados que hoy apenas pelean en la categoría gallo. Jorge Soto y Luis Bonnet han sido dados de baja en Sporting Cristal y ambos se resisten a partir. Soto no quiere retirarse si no es con la celeste, pero Juan Carlos Oblitas no lo tiene en sus planes. Del ‘Camello’ no diré mucho porque ya escribí bastante sobre él (leer posts “Soto quiere irse” y “Soto, parte 2”). Bonnet, por su parte, quiere cumplir el año de contrato que tiene con el club. No jugará pero cobrará puntual, lo que significa que hará valer sus derechos como empleado por encima de su anhelo como futbolista.

No lo estoy criticando, sencillamente muestro las caras de una moneda que no siempre tiene dos lados. Cada historia es una puerta distinta y cada integrante del fútbol tiene la suya para contar. El caso de Soto y Bonnet es la muestra de que el DNI no cuenta para ellos: se sienten los mismos y pretenden continuar en un club grande. Sin embargo, el técnico no piensa igual. Cree que el DNI de ambos ya venció: que dieron todo y que es hora de gente nueva.

En Alianza, Arrué aparece como el evangelizador de Waldir Sáenz y en Universitario, la directiva apuesta por Ibáñez más como cábala y feeling con la tribuna. El tiempo en cancha dirá qué tan trajinado anda el documento de cada uno de ellos.

Pasa en el fútbol y nos pasó hace poco en el vóley: Milagros Moy estaba en el equipo que perdió ante Venezuela el pase a Beijing 2008, siendo la misma Moy la que perdió la calzoneta en el último partido en Atlanta 96. Para el técnico que ya no está más, el DNI de la Moy estaba intacto; para nosotros ya tenía varios sellos de agua.

Y nada. Disculpen la ausencia. Estuve (bah, estoy) de vacaciones y es primera vez que agarro una PC en una semana. No he hablado del Bolivia-Perú porque no he visto ni los goles, aunque siempre es bueno escuchar opiniones, en este caso, las de ustedes.

La de cierre: vamos Horna, vamos Chino, que todo puede pasar. Hasta el lunes.

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