<?xml version="1.0" encoding="utf-8"?>
<feed xmlns="http://www.w3.org/2005/Atom">
    <title>Confesiones de Taxi</title>
    <link rel="alternate" type="text/html" href="http://blogs.elcomercio.com.pe/confesionesdetaxi/" />
    <link rel="self" type="application/atom+xml" href="http://blogs.elcomercio.com.pe/confesionesdetaxi/atom.xml" />
    <id>tag:blogs.elcomercio.com.pe,2007-10-25:/confesionesdetaxi//59</id>
    <updated>2008-11-21T05:52:29Z</updated>
    <subtitle>Oscar Lora Phun Editor de la revista PC World y comunicador apasionado de las tecnologías de la información y la imagen audiovisual.  Frecuentemente se moviliza en taxis, en los que por lo general encuentra a conductores con gran predisposición para la conversación. En este blog resumirá esas tertulias. Si no hay historia que contar, habrá alguna noticia que comentar. Abróchese el cinturón y disfrute la &quot;carrera?.</subtitle>
    <generator uri="http://www.sixapart.com/movabletype/">Movable Type Publishing Platform 4.01</generator>

<entry>
    <title>Q.E.P.D. ¡Salud!</title>
    <link rel="alternate" type="text/html" href="http://blogs.elcomercio.com.pe/confesionesdetaxi/2008/11/qepd_salud.html" />
    <id>tag:blogs.elcomercio.com.pe,2008:/confesionesdetaxi//59.6932</id>

    <published>2008-11-21T05:21:47Z</published>
    <updated>2008-11-21T05:52:29Z</updated>

    <summary>Foto: Consuelo Vargas.Lima, viernes 21 de noviembre del 2008.- Eran cerca de las once de la noche y aquella sería una de las últimas carreras de la jornada para el taxista de esta historia, pues tenía un deber ineludible que...</summary>
    <author>
        <name>Óscar Lora</name>
        <uri>http://blogs.elcomercio.com.pe/confesionesdetaxi/</uri>
    </author>
    
    
    <content type="html" xml:lang="es" xml:base="http://blogs.elcomercio.com.pe/confesionesdetaxi/">
        <![CDATA[<div align="right"><img alt="Velorio.jpg" src="http://blogs.elcomercio.com.pe/confesionesdetaxi/Velorio.jpg" class="mt-image-left" style="margin: 0pt 20px 20px 0pt; float: left;" width="400" height="180" /><font style="font-size: 0.8em;"><i>Foto: Consuelo Vargas.</i></font><br /></div><i>Lima, viernes 21 de noviembre del 2008.- </i>Eran cerca de las once de la
noche y aquella sería una de las últimas carreras de la jornada para el
taxista de esta historia, pues tenía un deber ineludible que cumplir:
dar el último adiós a su entrañable vecino.<br />
 <div><br /></div>]]>
        <![CDATA[Hacía 40 años que el conductor conocía a Don Ricardito. Era un tipo fenomenal y lleno de chispa, según lo recordaba aquel día el chofer. El taxista cincuentón nunca se alejó del barrio al que llegó de pequeño; creció pero siempre se mantuvo en la misma vecindad en la que conoció toda la familia de su hoy difunto amigo. Compartió la infancia y juventud con los hijos del Don Ricardo y aún hoy, ya en la adultez, y cada quien con familia propia, siguen cultivando aquella amistad.<br /><br />Mientras conducía el auto, el taxista parecía ir haciendo un recorrido mental paralelo, entre los recuerdos del vecindario, relatándome algunos pasajes que divisaba en su camino de memorias. Sentenciaba que el difunto era buen amigo, pero que de ninguna manera calificaba para que su imagen adornara algún altar, pues le conoció más de una maña.<br /><br />A sus 86 años, don Ricardito deja una viuda y numerosa prole. Uno de los hijos no vive en el Perú, y el taxista no sabía si habría venido a ver su viejo. Así que era probable que en unas horas se encontrara con su antiguo compañero de mataperradas infantiles.<br /><br />Pero aunque no serían las circunstancias más felices para reunirse con los viejos muchachos, el chofer aseguró que esa noche habría muchas lágrimas pero también toneladas de risa. Para el llanto hurgaba en su memoria los recuerdos vividos junto al finado, y para las risas empezaba a hacer un repaso mental de su repertorio de chistes.<br /><br />Me contó que ya imaginaba cómo sería esa larga noche. Después de llegar a su morada, dejar el auto y cambiarse, caminaría algunos metros hasta la casa del difunto. Decía que más de uno terminaría borracho en aquel velorio, pues algún aguardiente no dejaría de circular en toda la noche, especialmente en el momento de los chistes.<br /><br />El conductor también dijo tajante que aquella costumbre moderna de celebrar las exequias en velatorios no iba con él. El mejor ejemplo que citaba para darse la razón era el caso uno de sus tíos, quien vivía, igual que el propio taxista, en Ate. Cuando falleció, el funeral de este pariente fue en un velatorio en Jesús María, muy lejos -se lamentó-, así que asistieron pocos. Precisó que algunos de estos locales cierran durante la madrugada y agregaba como inconveniente de los mismos, que los acompañantes que vienen de lejos no pueden quedarse. En cambio, cuando el velorio es en casa, hay cuartos y camas para descansar, cocina para calmar el hambre y mucho cariño para acoger a los visitantes.<br /><br />Por eso, me explicó, que aunque no tiene testamento, le ha encargado claramente a su esposa, que cuando muera lo velen en su casa, en su barrio de toda la vida, y así todos sus familiares y amigos tengan las facilidades para darle el último adiós como es debido: en una amanecida, entre lágrimas, chistes y tragos.<br />]]>
    </content>
</entry>

<entry>
    <title>El viejo y el mar</title>
    <link rel="alternate" type="text/html" href="http://blogs.elcomercio.com.pe/confesionesdetaxi/2008/11/el_viejo_y_el_mar.html" />
    <id>tag:blogs.elcomercio.com.pe,2008:/confesionesdetaxi//59.6810</id>

    <published>2008-11-11T05:22:21Z</published>
    <updated>2008-11-11T05:40:46Z</updated>

    <summary>Foto:Renzo GiraldoLima, 11 de noviembre del 2008.- Después de más de cuatro décadas de esforzado trabajo, tres de ellas aportando a un sistema de beneficios sociales para su retiro, el amable taxista toma las cosas con paciencia, a pesar de...</summary>
    <author>
        <name>Óscar Lora</name>
        <uri>http://blogs.elcomercio.com.pe/confesionesdetaxi/</uri>
    </author>
    
    
    <content type="html" xml:lang="es" xml:base="http://blogs.elcomercio.com.pe/confesionesdetaxi/">
        <![CDATA[<img alt="caminata.jpg" src="http://blogs.elcomercio.com.pe/confesionesdetaxi/caminata.jpg" class="mt-image-left" style="margin: 0pt 20px 20px 0pt; float: left;" width="400" height="180" /><font style="font-size: 0.8em;"><i>Foto:Renzo Giraldo</i></font><br /><i>Lima, 11 de noviembre del 2008.-</i> Después de más de cuatro décadas de
esforzado trabajo, tres de ellas aportando a un sistema de beneficios
sociales para su retiro, el amable taxista toma las cosas con
paciencia, a pesar de que aún no recibe un centavo de pensión como
jubilado.<br /><br /> ]]>
        <![CDATA[Su expresión y su piel parecen curtidas por el implacable sol y la irritante sal que vuela imperceptible en la brisa, acumulados durante décadas de trabajo en alta mar.<br /><br />Su vida como marino no ha sido fácil –dice–, y él mismo se declara un hombre de poca educación, pero de mucha agudeza a la hora de analizar y resolver los problemas, especialmente los de tipo laboral.<br /><br />Durante sus numerosos años como pescador de una bolichera el hombre no desaprovechó toda faena que se le puso delante. Hoy con nostalgia, lamenta que aquellas interminables jornadas que duraban semanas o meses lo mantuvieran alejado de su familia. Trataba de paliar la ausencia en el hogar con días de intensas vivencias al lado de sus hijos, cuando estaba en tierra. Recuerda que llevaba a sus pequeños, hoy convertidos en hombres, durante días seguidos a pasear, a comer y a conversar.<br /><br />La recompensa monetaria por las sacrificadas faenas no era poca para la familia. En algunas temporadas había logrado sacar unos S/4.000 soles mensuales (en promedio) y, además, de acuerdo a las normas laborales de su sector, junto con cada pago se incluían los beneficios sociales de ley.<br /><br />Durante más de 35 años aportó a la Caja del Pescador. Aunque dice haber sido uno de los impulsores de los beneficios legales para los hombres de mar, denunció que muchas juntas directivas incurrieron en manejos delictivos, llevando la institución a la deriva.<br /><br />Los últimos cinco años laborales los ocupó trabajando en una corporación pesquera, hasta que un día, cuando tenía 65, lo llamaron al departamento de recursos humanos para agradecerle por sus servicios prestados, darle 20 mil soles por compensaciones e invitarlo a retirarse. Aquel día sacó cuentas mentales, de aquellas para las cuáles dice ser hábil, y concluyó que: un pequeño no puede pelear contra un gigante (si quisiera seguir trabajando en ese lugar), que la oferta de los 20 mil soles –fuera de los beneficios de ley- era generosa, y que además ya era tiempo de retirarse.<br /><br />Ya en el retiro cambió las faenas sobre las arrulladoras olas, por jornadas sobre calamitosos caminos llenos de huecos y desvíos. Tuvo que reemplazar el aire puro del océano por un mar de contaminación urbana. Sus aguas ya no están repletas de peces y lobos de mar, sino de apresuradas combis y furiosos vehículos con otros lobos al volante. Hoy ya no echa las redes en busca de peces, sino de pasajeros que regatean la tarifa, en su taxi.<br /><br />Conduce un taxi, pues todavía no puede cobrar su mensualidad como jubilado. Cuando debía comenzar a cobrar su pensión, para la cual había aportado durante más de tres décadas, la Caja del Pescador no accedió a realizar el pago y tuvo que entablarle un juicio, relata.<br /><br />Ya lleva dos años de abogados, juzgados y tiempo invertido. Inclusive la sentencia salió a su favor, pero la Caja apeló. Así que su abogado le dice que será cuestión de seguir con el proceso un año más.<br /><br />El afirma que tiene suerte, que no le falta para vivir, así que me anuncia que esperará pacientemente, pues ya avanzó la mayor parte del camino en el litigio. Agradece a la providencia tener medios para subsistir, porque de lo contrario –reflexona– su situación sería muy diferente. El veterano recuerda casos de jubilados que injustamente no reciben su pensión, por eso sentencia que para muchos “es triste llegar a viejo en el Perú”. Pero felizmente para él no, pues cuando acabe el proceso, lo esperan, además de su pensión mensual, sesenta mil soles por los devengados.<br />]]>
    </content>
</entry>

<entry>
    <title>Sentido variable</title>
    <link rel="alternate" type="text/html" href="http://blogs.elcomercio.com.pe/confesionesdetaxi/2008/10/sentido_variable.html" />
    <id>tag:blogs.elcomercio.com.pe,2008:/confesionesdetaxi//59.6654</id>

    <published>2008-10-28T04:05:03Z</published>
    <updated>2008-10-28T04:21:17Z</updated>

    <summary><![CDATA[ &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Al fondo puede verse la fila de carros aguardando que terminen de pasar los vehículos “en contra”, para lanzarse por la misma pista a la señal del policía. (Foto: Oscar Lora )Lima, 27 de octubre del 2008.- Son...]]></summary>
    <author>
        <name>Óscar Lora</name>
        <uri>http://blogs.elcomercio.com.pe/confesionesdetaxi/</uri>
    </author>
    
    
    <content type="html" xml:lang="es" xml:base="http://blogs.elcomercio.com.pe/confesionesdetaxi/">
        <![CDATA[
<p>
</p><div align="left"><img alt="Roosevelt.jpg" src="http://blogs.elcomercio.com.pe/confesionesdetaxi/Roosevelt.jpg" class="mt-image-left" style="margin: 0pt 20px 20px 0pt; float: left;" width="400" height="180" /><i>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <font style="font-size: 0.8em;">Al fondo puede verse la fila de carros aguardando que terminen de pasar
los vehículos “en contra”, para lanzarse por la misma pista a la señal
del policía. (Foto: Oscar Lora )</font></i><br /></div><br /><i>Lima, 27 de octubre del 2008.-</i> Son conocidas las calles de un solo
sentido y calles de doble sentido, pero son menos comunes las de
sentido variable. No es algún adelanto vial, sino una curiosa
improvisación, en medio de tanta calle bloqueada o rota por los
trabajos de construcción. Esta peculiar situación se ha presentado en
la segunda cuadra de la calle Roosevelt en el centro de Lima.<br /><br />]]>
        <![CDATA[<p>Tal como fuera anunciado hace algunas semanas, a partir de estos días se reabrió el tránsito en forma normal en el Paseo de los Héroes Navales, frente al Palacio de Justicia y frente al hotel Sheraton. Bueno, casi en forma normal. Al llegar al mencionado paseo uno puede mirar con asombro cómo los carros nuevamente pueden circular en esa vía. Como para no creerlo después de tanta postergación a los plazos anunciados inicialmente para concluir los trabajos.<br /><br />Sin embargo, todavía falta terminar las obras en una cuadra, la número 12 de Lampa. Eso obliga a todos los vehículos que llegan en tropel por una amplia avenida (Paseo de los Héroes Navales) a meterse como en un embudo por los dos carriles que ofrece la única salida posible: el jirón Carabaya. Pero… aquí entró a tallar la curiosa solución para que el atolladero solo sea de una cuadra.<br /><br />Al ingresar al centro esta mañana el embudo de carros podía verse desde el Palacio de Justicia, sin embargo me sorprendió que después de avanzar una cuadra del Jr. Carabaya los vehículos eran desviados por la calle Roosevelt para que retomaran la Av. Lampa.<br /><br />Esta maniobra demanda recorrer la cuadra dos de la calle Roosevelt en sentido contrario al habitual. Durante todos estos meses de construcción muchas calles han cambiado de sentido, pero no es el caso de esta. Después de avanzar esa cuadra en contra, se puede ver los automóviles en sentido opuesto aguardando la señal de los policías para lanzarse a todo lo ancho por la misma pista, en el sentido habitual de la calle. O sea, la pequeña cuadra cambia de sentido al compás del silbato, las señales y exasperación de los policías asignados a la zona.<br /><br />El taxista se sorprendió de la medida adoptada para hacer fluir el tráfico, se quejó de que de todas formas las calles del centro siguen bloqueadas por las construcciones. Finalmente reconoció que el tráfico está un poco más fluido que antes.<br /><br />Por la noche, al pasar por la misma calle, advertí que ya no hay policías y que el sentido de Rosevelt es el habitual. ¿No se parece a la carretera Panamericana en verano que varía de sentido por la mañana y por la tarde? Es algo parecido, pero aquí cambia cada dos o tres minutos.<br /></p>]]>
    </content>
</entry>

<entry>
    <title>¿Todo tiempo pasado fue mejor?</title>
    <link rel="alternate" type="text/html" href="http://blogs.elcomercio.com.pe/confesionesdetaxi/2008/10/todo_tiempo_pasado_fue_mejor.html" />
    <id>tag:blogs.elcomercio.com.pe,2008:/confesionesdetaxi//59.6484</id>

    <published>2008-10-24T07:51:00Z</published>
    <updated>2008-10-24T06:31:57Z</updated>

    <summary>Foto: Dante Piaggio. Lima, 24 de octubre del 2008.- Con trote marcial, una formación de jóvenes avanzaba por una calle del centro de Lima, ocupando un carril de vehículos. Se trataba de los alumnos de una de las academias premilitarizadas...</summary>
    <author>
        <name>Óscar Lora</name>
        <uri>http://blogs.elcomercio.com.pe/confesionesdetaxi/</uri>
    </author>
    
    
    <content type="html" xml:lang="es" xml:base="http://blogs.elcomercio.com.pe/confesionesdetaxi/">
        <![CDATA[<img alt="Desfile01.jpg" src="http://blogs.elcomercio.com.pe/confesionesdetaxi/Desfile01.jpg" class="mt-image-left" style="margin: 0pt 20px 20px 0pt; float: left;" width="400" height="180" /><i><font style="font-size: 0.8em;">Foto: Dante Piaggio. </font><br />Lima, 24 de octubre del 2008.-</i> Con trote marcial, una formación de jóvenes avanzaba por una calle del centro de Lima, ocupando un carril de vehículos. Se trataba de los alumnos de una de las academias premilitarizadas que existen en esta parte de la ciudad. Tanto patas como chicas cantaban a viva voz secundando a su instructor una serie de frases que no logré comprender. Me recordó épocas pasadas cuando algunos pelotones pasaban ocasionalmente con ese cantar cadencioso por la calle donde vivía, quitándome el sueño a las seis de la mañana.<br /><br /> ]]>
        <![CDATA[También me recordó los entrenamientos de instrucción premilitar en el colegio, lo absurdas que años después me parecerían las frases que ahí coréabamos trotando y cuán divertidas resultaban esas sesiones (de catarsis). Y es que siempre resultaba más entretenido pasar el tiempo en el patio (haciendo lo que sea) que gastar las horas en clases. No estoy en contra de la milicia, pero me sigo preguntando por qué los desfiles escolares hasta hoy emulan a los de los militares.<br /><br />Volviendo al pelotón de muchachos, al taxista, de unos setentaitantos años, también le recordó sus épocas de escolar. Dijo que los cantos hacían que el cansancio se aligerara. Claro que el cuerpo tenía mucha más energía en esa época, puntualizó.<br /><br />Las clases de instrucción pre militar del chofer eran los domingos. “¿Domingos?”, le pregunté con asombro y lo confirmó. Marchaban, trotaban y aprendían a usar un fusil, disparando contra un muñeco vestido con los colores de la bandera chilena. En mis épocas de escolar ya no había fusil, bayoneta ni muñeco, solo marchas, ranas, paso de desfile y poca o ninguna mención a Chile.<br /><br />El conductor agregó que asistían a clases con la convicción de que debían estar preparados ante la posibilidad de que se produjera una guerra con nuestro vecino del sur.<br /><br />Pero luego vino la lamentación, al explicar que el ideal patriótico por defender nuestro suelo se ha esfumado entre los jóvenes. Y no solo ese ideal, sino muchos otros, debido a que la educación se ha relajado completamente.<br /><br />En sus tiempos, recordó, los escolares recibían merecidas tandas, como castigo. Hoy en los colegios no pueden ponerle un dedo a los alumnos, porque los padres denuncian a los profesores, reflexionó. Agregó que los muchachos de hoy han perdido el respeto, que no se cede los asientos en los ómnibuses y etc. etc. La lista siguió, hilvanando una sarta de desilusiones, según él motivadas por un relajo generalizado en la actualidad.<br /><br />Culpaba de todo al sistema educativo, pues dijo que antes en el colegio era donde se aprendía la moral, el civismo, el patriotismo, la urbanidad y muchas otras cualidades, además de las materias académicas.<br /><br />Le pregunté cómo eran una de esas clases de antaño me miró, sacó unos cálculos respecto a mi edad y me dijo: “pregúntale a tu padre, él sí debe saber cómo era la buena educación de antes”.<br /><br />Terminó sus comentarios diciendo que ni siquiera las guerras de hoy son como las de antes, donde se ponía a prueba el valor en la lucha cuerpo a cuerpo. Hoy los conflictos se resuelven con arsenales que son disparados a kilómetros de distancia del enemigo.<br /><br />A veces las guerras resultan ineludibles, y aunque exigen una mezcla de inteligencia y coraje, no creo que sea el método adecuado para poner a prueba el valor de una persona o de un pueblo. Peleando de cerca o remotamente, o ya sean modernas o de antaño, los enfrentamientos armados siempre traen destrucción y muerte. Seríamos más civilizados y felices, evitándolas a toda costa.<br /><br />¿Realmente todo tiempo pasado fue mejor?<br />]]>
    </content>
</entry>

<entry>
    <title>Ovni en Lima</title>
    <link rel="alternate" type="text/html" href="http://blogs.elcomercio.com.pe/confesionesdetaxi/2008/10/et_phone_home.html" />
    <id>tag:blogs.elcomercio.com.pe,2008:/confesionesdetaxi//59.6467</id>

    <published>2008-10-13T06:17:17Z</published>
    <updated>2008-10-13T08:30:51Z</updated>

    <summary>Lima, 13 de octubre del 2008.- En una de esas aquellas conversaciones misceláneas, hablando superficialmente de todo un poco, el taxista, algo subido de peso y ya entrado en canas, reflexionaba sobre la supremacía tecnológica de los EE.UU. Pero el...</summary>
    <author>
        <name>Óscar Lora</name>
        <uri>http://blogs.elcomercio.com.pe/confesionesdetaxi/</uri>
    </author>
    
    
    <content type="html" xml:lang="es" xml:base="http://blogs.elcomercio.com.pe/confesionesdetaxi/">
        <![CDATA[<img alt="ovni01.jpg" src="http://blogs.elcomercio.com.pe/confesionesdetaxi/ovni01.jpg" class="mt-image-left" style="margin: 0pt 20px 20px 0pt; float: left;" width="400" height="180" /><i>Lima, 13 de octubre del 2008.-</i> En una de esas aquellas conversaciones
misceláneas, hablando superficialmente de todo un poco, el taxista,
algo subido de peso y ya entrado en canas, reflexionaba sobre la
supremacía tecnológica de los EE.UU. Pero el comentario no quedó ahí,
sino que trajo una explicación que literalmente llegaba hasta las
estrellas.<br /><br /> ]]>
        <![CDATA[Con voz serena y movimientos calmados al conducir, el tío afirmaba que los estaodunidenses tienen la delantera en tecnología desde que… En ese momento hizo una pausa, dudando si continuar con su relato. Me echó una mirada, supongo que evaluando si yo valía la pena como para gastar sus cuerdas vocales, y prosiguió: “Desde que capturaron esa nave”. No me inmuté con su comentario.<br /><br />Evidentemente comencé a preguntarle más acerca del tema y casi por cucharitas le pude sacar la idea completa. Se trataba de un ovni que se estrelló en los EE.UU. hacía muchos años. No supo precisarme muchos datos del acontecimiento, aunque creía que había sido en Nuevo México. Imaginé que se refería a la famosa nave de Roswell.<br /><br />De acuerdo al chofer, en aquella nave viajaban tres parientes de E.T., dos adultos y un niño. Los dos primeros murieron con el impacto, pero el menor logró sobrevivir, fue criado por el Gobierno de los EE.UU. en secreto y reveló muchos adelantos científicos, ya que tiene una inteligencia superdotada en comparación con los humanos. O sea que, dentro del universo alienígena, somos medio brutos. El taxista luego me dijo que imaginara un poco y me diera cuenta de que con tantos vuelos que realizan, en osadas travesías, es lógico que alguna nave sufra un accidente.<br /><br />No podía dejar de preguntarle cómo es que sabía todo aquello, detallándole que no es información que esté al alcance de la mayoría. Aclaró que sabía todo eso porque salio publicado en el diario “Última hora”, el cual dejo de circular hace ya años. Hoy, también comentó, la tarea de divulgar las noticias sobre los amigos de Jean-Luc Picarkd, es del diario “Extra”.<br /><br />Pero luego venía la mejor parte del relato, la cual seguramente hubiera cautivado a Fox Mulder. Sin que le preguntara, dijo que él creía en todas esas cosas porque había visto un platillo volador. La historia se hacía más interesante y el narrador ya se sentía bastante confortable con la conversación, así que ya no tuve que sacar los datos por cucharitas.<br /><br />A principios de los años setenta, yendo por la Av. Tomás Valle, cerca al aeropuerto, el automóvil del taxista súbitamente se apagó. Antes de que pudiera averiguar el motivo de la falla, el conductor quedó petrificado al ver estacionado en la pampa adyacente un enorme artefacto que parecía ser una nave espacial.<br /><br />Con la forma de un cigarro y las dimensiones de una casa de dos pisos, la nave emitía una luz cegadora que solo permitía mirarla por breves instantes. Delante del artefacto, figuras antropomorfas caminaban, explorando el terreno. Eran extraterrestres, y según recordaba el taxista, los pudo ver a unos 50 metros de distancia. No lo suficientemente cerca como para distinguir el rostro. Lo que recuerda es que llevaban trajes plateados, pero no un plateado cualquiera, sino un color indescriptible, que jamás ha vuelto a ver.<br /><br />No sabe cuántos minutos estuvo observando la escena, pues cayó en una especie de estado traumático paralizante, durante el cual perdió la noción del tiempo, relató. Después de abordar la nave, los extraterrestres despegaron. Tampoco lo hicieron como nuestras naves, sino que partieron a una velocidad increíble, casi como una bala, volando sobre el automóvil del taxista.<br /><br />Temblando de miedo, volvió a su casa y contó lo sucedido, al siguiente día se contactó con un periodista y fueron a ver el lugar del incidente. Aunque en la pampa encontraron la huella de tres círculos enormes marcados sobre la tierra, la noticia nunca salió publicada, dijo.<br /><br />Durante los 15 días siguientes al incidente, recordó el taxista, no pudo dormir, pues en medio de la noche se levantaba a mirar al cielo, temeroso de que volvieran los visitantes. Debido a aquella vivencia, el taxista comenzó a creer en las historias de extraterrestres, como las que encontraba en “Ultima Hora” y la que me relató del niño E.T. , Agregó que no cuenta mucho esta experiencia, porque usualmente no le creen.<br /><br />La carrera llegaba a su fin y le pregunté si conocía a Sixto Paz. “¿Quién es él me preguntó?”. Brevemente le expliqué de las conferencias y todo el rollo con los extraterrestres del señor Paz, al menos lo poco que sé por las noticias, no porque yo sea seguidor de ovnis.<br /><br />Con una inmensa curiosidad reflejada en su mirada y el tono de voz, me preguntó más sobre Sixto Paz. Le dije que en verdad yo no sabía casi nada de él. La carrera terminó, así que le dije que buscara en Internet y que encontraría bastante material al respecto. <br /><br />Después de pagar y agradecer, bajé del auto, mientras el taxista también agradecía y repetía para sí, “Sixto Paz”. Al parecer el septuagenario quedó impresionado al saber que hay personas y grupos dedicados a los extraterrestres en Lima.<br /><br />Curiosamente al concluir este texto, antes de colocar el título, acabo de hacer una pausa y en History Channel están transmitiendo la historia de un ovni avistado en Arequipa y perseguido por un piloto de nuestra FAP, pero al parecer la fecha es distinta a la del relato del taxista y el modelo del ovni totalmente diferente.<br />]]>
    </content>
</entry>

<entry>
    <title>Un &quot;momentitou&quot;</title>
    <link rel="alternate" type="text/html" href="http://blogs.elcomercio.com.pe/confesionesdetaxi/2008/09/un_momentitou.html" />
    <id>tag:blogs.elcomercio.com.pe,2008:/confesionesdetaxi//59.6289</id>

    <published>2008-09-29T17:09:03Z</published>
    <updated>2008-09-29T17:19:56Z</updated>

    <summary>Foto: Hans BerninzonLima, 29 de setiembre del 2008.- Alguna celebración, de aquellas que no faltan en esta ciudad, había cerrado algunas calles, incluyendo varias cuadras de la Av. Pardo en Miraflores, obligando a los vehículos a serpentear entre los jirones...</summary>
    <author>
        <name>Óscar Lora</name>
        <uri>http://blogs.elcomercio.com.pe/confesionesdetaxi/</uri>
    </author>
    
    
    <content type="html" xml:lang="es" xml:base="http://blogs.elcomercio.com.pe/confesionesdetaxi/">
        <![CDATA[<div align="right"><img alt="trafico_miraflores_02.jpg" src="http://blogs.elcomercio.com.pe/confesionesdetaxi/trafico_miraflores_02.jpg" class="mt-image-left" style="margin: 0pt 20px 20px 0pt; float: left;" width="400" height="180" /><font style="font-size: 0.8em;"><i>Foto: Hans Berninzon<br /></i></font></div><i>Lima, 29 de setiembre del 2008.-</i> Alguna celebración, de aquellas que no
faltan en esta ciudad, había cerrado algunas calles, incluyendo varias
cuadras de la Av. Pardo en Miraflores, obligando a los vehículos a
serpentear entre los jirones y tramos de vías que quedaron abiertos
como rutas provisionales. Aquel sábado no estaba en un taxi, sino
parado en la acera esperando uno, soportando decenas de irascibles
manos que rabiosas se estampaban sobre el timón haciendo aullar el
claxon ante el menor intento de ralentizar la marcha de la procesión de
vehículos. Por eso me puse un poco más allá, para no estorbar cuando
detuviera un taxi y también evitar que los cláxones vinieran
acompañados de saludos a toda mi parentela.<br /><br />
 ]]>
        <![CDATA[El paso era lento. Los vehículos apenas lograban avanzar pocos metros antes de volver a detenerse, así que mi espera se prolongaba. Pero no importa cuán infernal pudiera tornarse el tráfico, ya sabemos que la viveza criolla no conoce límites y alguno de sus más dignos representantes peruanos hubiera podido hacer gala de su maestría y, por ejemplo, detenerse en medio de la caravana forzada a negociar una carrera con un posible pasajero, o a avisarle a Maricuchi, quien oportunamente se cruzó en el laberinto, que la fiesta de esta noche será en casa de Petunia.<br /><br />¿Dije representantes peruanos? ¡Vaya! ¡Cómo calan los estereotipos! ¿Por qué no hubiera podido tratarse de un ciudadano de un país de aquellos rotulados como del primer mundo? Eso no es posible, ¿verdad? Los estereotipos siempre presentes,señores.<br /><br />Al avanzar unos metros descubrí que parte del atolladero que hacía larga mi espera, se debía a un vehículo detenido en plena avenida. Ah. Porsiaca, en esa cuadra de Pardo no hay carril de estacionamiento.<br /><br />El vehículo detenido tenía toda la pinta de pertenecer a algún criollazo conductor: parqueado en medio de la avenida y ajeno a todo el pandemonio que ocasionaba. Eso sí, como mandan las buenas costumbres de la viveza, con las luces de emergencia encendidas. ¿O no se han dado cuenta de que si uno prende las intermitentes ya adquiere el derecho a detenerse donde le venga en gana? Ah y si alguien tiene la osadía de increpar la maniobra, uno puede gritar con todo derecho: “Imbécil. ¿No ves que están prendidas las luces?”. Aunque eso no aplica en el examen del Touring, claro.<br /><br />Volviendo al enredo vehicular, el automóvil compacto estaba lleno de pasajeros; todos sentadidos en su lugar disfrutando amenamente de la conversación, aunque no había chofer. De tanto en tanto un colorado de edad mediana se asomaba desde el balcón frente al cual estaba detenido el auto y cruzaba miradas y señas con los ocupantes del vehículo. Su acento delataba que no era peruano: “Un momentitou ya voy abajou”, gritaba desde el balcón animando a sus compañeros a tener paciencia, paciencia que por supuesto que les sobraba. ¡Qué tal raza! Comentaban algunos afectados por la astucia del colorado, al igual que lo hacían algunos transeúntes testigos.<br /><br />De pronto una cuatro por cuatro ploma con circulina encendida y rótulo de “Patrullero”, apareció en el lugar y al percatarse de la situación se detuvo a arreglar las cosas.<br /><br />“Ahora sí te fregaste, gringo baboso”, pensé, esbozando interiormente una sonrisa. Ya estaba asumiendo que era estadounidense. Perdón. Otra vez los estereotipos. En realidad nunca supe de qué país provenía.<br /><br />Con lentes oscuros y masticando chicle, uno de los policías bajó del patrullero y se acercó al vehículo, claramente infractor. Sostuvo un breve diálogo con los ocupantes, quienes solo atinaban a señalar el balcón de la agencia de viajes donde antes se había asomado el gringo.<br /><br />Se asomó una vez más y esta vez sus palabras fueron para el policía: “Un momentitou, ya casi terrminan de hacerr el boletou”. El custodio del orden esperó un minuto, al cabo del cual el colorado salió y repitió algo similar a lo que ya había dicho. Lo hizo unas tres o cuatro veces más. El tombo ya no sabía qué hacer: volvía a hablar con los ocupantes, revisaba los papeles que traía en la mano, se acercaba a su compañero del patrullero y dirigía el tránsito indicando a la procesión que rodeara el vehículo mal estacionado.<br /><br />El “momentitou” duró cerca de 10 minutos, mientras continuaba el atolladero, el desfogue con los cláxones y la ausencia de taxis. Ahora yo cambiaba de opinión y pensaba que el tarado era el policía, por no ser firme como seguramente lo hubiera sido con un peruano. No sé si ese presentimiento es acertado o solo se trata de otro estereotipo.<br /><br />Finalmente el regordete colorado bajó a paso ligero y sostuvo una breve charla de un minuto con el custodio, en medio de las miradas de intriga e indignación de los testigos de la osadía. No sé que conversaron, pero tanto el policía como el extranjero apuraron el paso a sus vehículos y se marcharon. En ese momento también llegó un taxi, el cual abordé.<br />]]>
    </content>
</entry>

<entry>
    <title>Diagnóstico erróneo</title>
    <link rel="alternate" type="text/html" href="http://blogs.elcomercio.com.pe/confesionesdetaxi/2008/09/diagnostico_erroneo.html" />
    <id>tag:blogs.elcomercio.com.pe,2008:/confesionesdetaxi//59.6119</id>

    <published>2008-09-16T22:28:33Z</published>
    <updated>2008-09-16T22:50:34Z</updated>

    <summary>Lima, 16 de setiembre del 2008.- “¡Muchacha bruta!” Vociferó el taxista a una chiquilla que imprudentemente apareció de la nada entre los vehículos delante del taxi en movimiento. La chica había cruzando raudamente la avenida, segundos después de que el...</summary>
    <author>
        <name>Óscar Lora</name>
        <uri>http://blogs.elcomercio.com.pe/confesionesdetaxi/</uri>
    </author>
    
    
    <content type="html" xml:lang="es" xml:base="http://blogs.elcomercio.com.pe/confesionesdetaxi/">
        <![CDATA[<img alt="botellas.jpg" src="http://blogs.elcomercio.com.pe/confesionesdetaxi/botellas.jpg" class="mt-image-left" style="margin: 0pt 20px 20px 0pt; float: left;" width="400" height="180" /><i>Lima, 16 de setiembre del 2008.- </i>“¡Muchacha bruta!” Vociferó el taxista
a una chiquilla que imprudentemente apareció de la nada entre los
vehículos delante del taxi en movimiento. La chica había cruzando
raudamente la avenida, segundos después de que el semáforo le indicara
que no lo hiciera y además, por la mitad de la cuadra, no por el
crucero peatonal.<br /><br />
 ]]>
        <![CDATA[Aunque el automóvil iba a baja velocidad, pues recién retomaba la marcha por el cambio de luz en el semáforo, y aunque la joven estuvo más o menos lejos de ser arrollada, sí ocasionó una brusca frenada del vehículo, además de las expresiones airadas del chofer.<br /><br />“Si la atropellaba ahí venían los problemas”, me daba las quejas el conductor, explicando que aunque el SOAT correría con los gastos, esa hubiera sido una noche sin ganancias para él. La hipotética situación, imaginada por el taxista, planteaba que después de atropellarla hubiera tenido que auxiliar a la muchacha, llevándola al hospital. A continuación la policía le hubiera exigido el correspondiente análisis para determinar el nivel de alcohol en su sangre. “¿Y quien crees que tiene que pagarlo? –lanzaba la adivinanza”.&nbsp; “Uno mismo, pues –renegaba”. “La Policía te toma la muestra, pero tú tienes que pagarla”, detallaba.<br /><br />Con todos esos engorrosos trámites, aquella hubiera sido una noche de trabajo perdida, en caso de haber ocurrido el atropello, relataba, aún con el enfado aglutinado en la garganta. Pero aún había más motivos para despotricar. Aseguraba que conocía de más de un caso en el que los profesionales de la salud habían confundido las muestras de sangre, atribuyendo erróneamente los grados de alcohol de algún borrachín al volante, a otro conductor.<br /><br />Los médicos no saben hacer su trabajo, generalizaba –injustamente-; pero no solo lo mencionaba por aquellos casos de muestras intercambiadas&nbsp; que decía conocer de cerca, sino por una experiencia más cercana: la de su propia madre. <br /><br />Ya con la cólera disipada, recordaba que cuando aún era adolescente y su madre bordeaba los 40 años, la mujer llegó un día desconsolada a casa. Entre lágrimas relató que le habían detectado cáncer y que le quedaba muy poco tiempo de vida.<br /><br />El taxista no precisó los motivos por los cuales su madre se negó a someterse a tratamiento alguno y, resignada a su destino, y comenzó los preparativos terrenales para dejar a su familia lo mejor preparada para su inminente partida.<br /><br />Pero pasaron las semanas y los meses y la salud de su madre cuarentona, ni siquiera menguaba. Al cabo de pocos años llegaron a la conclusión de que habían errado en el diagnóstico. “Por eso no les creo a los médicos”, sentenciaba. <br /><br />El año pasado y con 82 calendarios encima, nuevamente le diagnosticaron cáncer a su madre. Esta vez sí está confirmada la enfermedad en la mujer. “Pero fíjate, más de 40 años después de que se equivocaron, recién tiene cáncer”, concluía con su relato.<br />]]>
    </content>
</entry>

<entry>
    <title>El viernes, sin falta</title>
    <link rel="alternate" type="text/html" href="http://blogs.elcomercio.com.pe/confesionesdetaxi/2008/09/entrada.html" />
    <id>tag:blogs.elcomercio.com.pe,2008:/confesionesdetaxi//59.5911</id>

    <published>2008-09-02T04:48:06Z</published>
    <updated>2008-09-04T17:08:34Z</updated>

    <summary>(Foto: Dante Piaggio)Lima, 04 de setiembre del 2008.- De épocas de mayor holgura económica, el taxista conservaba algunos tesoros en casa, algunos almacenados en su clóset. Su trabajo como ingeniero químico le había procurado los ingresos suficientes para vivir sin...</summary>
    <author>
        <name>Óscar Lora</name>
        <uri>http://blogs.elcomercio.com.pe/confesionesdetaxi/</uri>
    </author>
    
    
    <content type="html" xml:lang="es" xml:base="http://blogs.elcomercio.com.pe/confesionesdetaxi/">
        <![CDATA[<img alt="terno_02.jpg" src="http://blogs.elcomercio.com.pe/confesionesdetaxi/terno_02.jpg" class="mt-image-left" style="margin: 0pt 20px 20px 0pt; float: left;" width="400" height="180" /><i><font style="font-size: 0.8em;">(Foto: Dante Piaggio)</font><br />Lima, 04 de setiembre del 2008.</i>- De épocas de mayor holgura económica, el taxista conservaba algunos
tesoros en casa, algunos almacenados en su clóset. Su trabajo como
ingeniero químico le había procurado los ingresos suficientes para
vivir sin preocupaciones monetarias durante largo tiempo. Pero como
nada dura para siempre y menos un trabajo, los últimos años había
tenido que buscarse el sustento mediante a un empleo más modesto, que
sin embargo tenía como gran ventaja la ubicación del centro laboral: a
escasas cuadras de su casa.<br /><br /> ]]>
        <![CDATA[Sin embargo, cuando la nueva compañía adquirió un enorme terreno en el otro extremo de la ciudad, en las afueras de Lima metropolitana, las cosas comenzaron a cambiar para el protagonista de esta historia. El plan de la empresa era construir un gran complejo al cual mudarían todas sus las instalaciones, e inclusive la vivienda del propio dueño.<br /><br />Los argumentos de taxista en contra del proyecto no se hicieron esperar y recomendó a los directivos de la organización no seguir con el plan, o al menos no como fue estructurado inicialmente. La premisa que el hoy hombre del volante esgrimía era que la compañía debía conservar una oficina en un distrito céntrico para facilitar las reuniones de trabajo a los ejecutivos, representantes de las compañías clientes. En opinión del conductor, la parte industrial de la organización era la única que debía ser mudada a las afueras de la ciudad.<br /><br />Pero como las decisiones ya estaban tomadas, solo quedaba acomodarse a la situación, así que el ingeniero le solicitó al dueño de la compañía un aumento de sueldo debido a que movilizarse diariamente hasta la nueva oficina le representaría un gasto adicional. Sin embargo, al no llegar a un acuerdo que satisficiera a ambas partes, el empleado optó por dejar la organización el día que se mudaran.<br /><br />Como tampoco hay plazo que no se cumpla, el poco esperado y triste día llegó y con él se inició para el sexagenario una nueva etapa laboral, ahora detrás del volante de su auto, convertido en taxi. Muchos de sus compañeros de trabajo continuaron en la empresa e incluso se mudaron cerca del nuevo complejo y matricularon a sus hijos en colegios de la zona. Según relataba, ellos pudieron hacerlo porque sus viviendas eran alquiladas, pero en su caso, el cambio era complicado porque su casa es propia y hubiera tenido que venderla para irse a vivir cerca a la empresa.<br /><br />Con cierta resignación recordaba, le apenó alejarse de la compañía en la que laboraba, pero a su edad la permanencia en un puesto fijo parecía que no era algo que le importara de sobremanera. No reveló muchos detalles de su vida actual, pero dejó entrever que sus hijos ya eran adultos independientes, así que parecía que los asuntos&nbsp; laborales y la manutención de una familia no estaban ya entre sus preocupaciones primordiales.<br /><br />Ahora, otras cosas parecían ocupar su mente, como, por ejemplo, qué hacer con la gran cantidad de ropa acumulada durante años en su clóset. Prendas de buenas marcas y muy bien conservadas, pero que ya no le quedan. Su plan era regalarlas para que alguien más las aproveche.<br /><br />Otra de las preocupaciones para el taxista, en ese momento, era llevar bien la cuenta de cuántos días iba tomando antibióticos debido a una gripe. Cuando conversamos ya estaba en el cuarto día de medicación y planeaba terminar el tratamiento al día siguiente, independientemente de si la enfermedad se hubiera ido o no. El objetivo era llegar al sábado sin ingerir tales fármacos, pues ese día era el cumpleaños de su sobrina y la celebración prometía mucha diversión, especialmente porque asistiría una dama a la que pretendía gilear.<br /><br />Por eso, ya se había comprado una corbata “bien chévere” y unos zapatos “campeones”, para que vayan a tono con el terno. Un terno importado que guardaba en su ropero desde hacía muchos años y que gracias a que bajó de peso recientemente, podría volver a lucir ese día, si todo llegaba a salir según lo planeado, pues todavía le restaba resolver un inconveniente.<br /><br />Dada la importancia que revestía la fiesta para el hombre, había llevado el terno a la lavandería con casi una semana de anticipación; sin embargo, cuando el miércoles previo al agasajo fue a recoger la prenda, según la fecha acordada y detallada en la orden de servicio, solo le entregaron el saco y le dijeron que lamentaban el retraso pero que el pantalón lo tendrían listo para la siguiente semana.<br /><br />Entonces montó en cólera. Y parece que fue serio el asunto porque en la recreación de los acontecimientos que me relataba, su indignación comenzó a fluir, elevando el volumen de su voz y adquiriendo un tono de enfado. La razón por la que no estaba listo el trabajo era debido a que el establecimiento donde dejó el traje solo es un acopiador de prendas, las cuales en realidad son procesadas en una lavandería grande, con la cual parecía que no habían realizado las coordinaciones debidas para el trabajo. El taxista agregó que esa modalidad de trabajo es común entre las pequeñas lavanderías (o sea acopiadores) de esa zona.<br /><br />Aquel jueves, cuando me relataba todo esto, mostraba el recibo cuidadosamente depositado en uno de los compartimentos del tablero del auto. Le habían prometido tener el pantalón listo al día siguiente. Claro que la promesa fue hecha después de que el chofer les explicara con voz muy firme que necesitaba el terno para el sábado, día en que estaría ocupado antes de la fiesta, muy ocupado como para encargarse del recojo.<br /><br />El taxista remarcaba que no permitiría que su participación en la fiesta, planeada con tanto esmero, fuera arruinada por una tontería, de un momento a otro. Ah, también les advirtió a los encargados de la lavandería que regresaría acompañado de la policía si no le entregaban el terno el viernes, según lo pactado nuevamente. “El viernes, sin falta”, le reiteraron.<br />]]>
    </content>
</entry>

<entry>
    <title>El último lonche de cumpleaños</title>
    <link rel="alternate" type="text/html" href="http://blogs.elcomercio.com.pe/confesionesdetaxi/2008/08/afasdf.html" />
    <id>tag:blogs.elcomercio.com.pe,2008:/confesionesdetaxi//59.5671</id>

    <published>2008-08-16T03:49:36Z</published>
    <updated>2008-08-18T03:30:40Z</updated>

    <summary>Lima, 18 de agosto del 2008.- Mientras avanzábamos en el caótico centro limeño, el chofer maldecía las obras de construcción que hacían más lenta su marcha, apagaba el motor cuando la espera en algún semáforo o atolladero prometía ser larga,...</summary>
    <author>
        <name>Óscar Lora</name>
        <uri>http://blogs.elcomercio.com.pe/confesionesdetaxi/</uri>
    </author>
    
    
    <content type="html" xml:lang="es" xml:base="http://blogs.elcomercio.com.pe/confesionesdetaxi/">
        <![CDATA[<img alt="lonche_02.jpg" src="http://blogs.elcomercio.com.pe/confesionesdetaxi/lonche_02.jpg" class="mt-image-left" style="margin: 0pt 20px 20px 0pt; float: left;" width="400" height="180" /><i>Lima, 18 de agosto del 2008.-</i> Mientras avanzábamos en el caótico centro
limeño, el chofer maldecía las obras de construcción que hacían más
lenta su marcha, apagaba el motor cuando la espera en algún semáforo o
atolladero prometía ser larga, pero remataba cada situación con algún
comentario jocoso para hacer llevadero su día.<br /><br />]]>
        <![CDATA[Y si el alcalde de Lima merecía soeces calificativos, no era solo porque sus obras fueran la causa del paso de tortuga al que todos los vehículos están obligados a seguir por estos días, sino también porque era la forma de hablar del renegón chofer. Términos similares eran también aplicados, por ejemplo, al referirse a su propio hijo.<br /><br />Faltaban ya pocas horas para el cumpleaños de su vástago universitario y para celebrarlo el muchacho le había pedido un lonche en un tradicional restaurante del centro de Lima y cien soles como regalo. Aunque el taxista reconocía que no era un gasto oneroso, muy a su estilo, se quejaba: “Este huevón me está haciendo gastar”.<br /><br />La celebración incluiría solo a padre, hijo y a la enamorada de este, porque cuando le dijo a su viejo que pretendía añadir a uno de sus yuntas como invitado, el cascarrabias le contestó: “Tas cojudo. A tu flaca, atraco. Pero a tu pata, nica”, relataba, seguido de una carcajada.<br /><br />Pero ese no es el único tipo gastos que le ocasiona el muchacho –explicaba-, pues “siempre me pide plata para sus huevadas”. Afortunadamente para el renegón, esas huevadas no son juergas, licor o trivialidades, sino cursos, muchos cursos. Además, empeñosamente, el pata había tomado siempre las alternativas intensivas para terminar el aprendizaje en menos tiempo. Al parecer no le es difícil al muchacho manejar ese ritmo de estudios, considerando que ingresó en el primer intento a la San Marcos, tras acabar la secundaria.<br /><br />En forma paralela a la universidad, el empeñoso alumno ha estudiado inglés y ahora se encuentra aprendiendo francés, pues ya tiene planes de emigrar del país junto con su enamorada, cuando terminen la carrera el próximo año, según detallaba su padre.<br /><br />En ese punto, el relato del taxista se hizo más cadencioso. Las lisuras y las carcajadas se hicieron a un lado y con seriedad, casi con resignación, confesó que quisiera que su hijo se quedara en el Perú; pero que no se lo ha propuesto ni lo hará, no solo porque la decisión no le corresponde a él, sino también porque tiene la certeza de que el muchacho tendrá un buen futuro afuera. En cambio, en el Perú –reflexionaba el cincuentón- con las habilidades que tiene puede que le vaya muy bien, pero eso no está garantizado. Acá no siempre le va bien a los más brillantes.<br /><br />Así que, regresando al lonche, las maldiciones por el gasto eran solo su forma grotesca de expresarse, pues aclaraba estar orgulloso de su muchacho y sentirse contento de compartir ese ágape. Ese lonche de cumpleaños. Quizás el último que comparta con su hijo, en varios años.<br />]]>
    </content>
</entry>

<entry>
    <title>El mero tráfico</title>
    <link rel="alternate" type="text/html" href="http://blogs.elcomercio.com.pe/confesionesdetaxi/2008/08/el_mero_trafico.html" />
    <id>tag:blogs.elcomercio.com.pe,2008:/confesionesdetaxi//59.5575</id>

    <published>2008-08-09T07:12:05Z</published>
    <updated>2008-08-09T07:15:30Z</updated>

    <summary> Lima, 09 de agosto del 2008.- La congestión vehicular no es &quot;privilegio&quot; de nuestra capital. Muchas otras localidades en el mundo adolecen de este mal y la ciudad de México es famosa por compartir -quizás en mayor magnitud que...</summary>
    <author>
        <name>Óscar Lora</name>
        <uri>http://blogs.elcomercio.com.pe/confesionesdetaxi/</uri>
    </author>
    
    
    <content type="html" xml:lang="es" xml:base="http://blogs.elcomercio.com.pe/confesionesdetaxi/">
        <![CDATA[<span lang="ES-MODERN">
<p><img class="mt-image-left" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 20px 20px 0px" height="200" alt="IMG_3195b.jpg" src="http://blogs.elcomercio.com.pe/confesionesdetaxi/IMG_3195b.jpg" width="440" /><em>Lima, 09 de agosto del 2008</em>.- La congestión vehicular no es "privilegio" de nuestra capital. Muchas otras localidades en el mundo adolecen de este mal y la ciudad de México es famosa por compartir -quizás en mayor magnitud que en Lima- esta agobiante característica.</p></span>]]>
        <![CDATA[<span lang="ES-MODERN">
<p>Advertido ya por amigos y por información disponible en Internet, que para salir del aeropuerto no es recomendable para un extranjero abordar un taxi en la calle, sino tomar los de servicios autorizados, fui hasta el mostrador de la compañía Sitio 300. ¿Suena conocida la recomendación? Pues sí. Así que las explicaciones están de más, aunque tal vez haya que hacer hincapié en una situación que se vive con mucha intensidad por estos días en la ciudad de México: los secuestros. Este tema ha causado la indignación de la ciudadanía y de mucha gente alrededor del mundo a raíz del secuestro de un niño. El caso no tuvo un final feliz pues el menor fue asesinado.</p>
<p>Después de adquirir el boleto correspondiente en el mostrador, abordé el vehículo, debidamente rotulado, cuyo conductor vestía pulcramente. Resulta que no cualquier taxi puede brindar el servicio de transporte en el aeropuerto, al menos no para recoger pasajeros. Unicamente pueden operar las empresas debidamente autorizadas por el aeropuerto, como Sitio 300. </p>
<p>Pero la autorización del aeropuerto no se limita a la compañía, sino que también otorga una licencia especial a los taxistas que deseen trabajar en el terminal aéreo y que, por supuesto, cumplan con ciertos requisitos. Uno de tales requisitos es aprobar un examen de conocimientos de la profesión. El pata que me llevaba, se lamentó de que estuvo muy cerca de aprobar, pero se quedó por un par de punto, mismo examen de admisión. Pero así como las universidades ofrecen por acá segundas opciones para el ingreso, el aeropuerto también les brinda una oportunidad similar a los desaprobados.</p>
<p>La segunda oportunidad consiste en volver a dar el examen, pasando previamente por un curso de 15 días (unas 4 o 5 horas diarias). Este curso incluye, además de todas las reglas de manejo que debe saber todo conductor, otros temas, como primeros auxilios. Otra de las características del sistema de ingreso como chofer de taxi en el aeropuerto, es aprobar un examen médico, el cual incluye un chequeo general. "Tienes que estar sano para que te entreguen la licencia" me decía el conductor, detallando que la revisión incluye inclusive la verificación de que la persona no tenga hongos en los pies. El examen se repite cada 2 años.</p>
<p>Como menciné, estos requisitos son para quienes trabajan en el aerpuerto. Afuera, con los taxis comunes de la calle, la cosa cambia y los requisitos son mucho menos exigestes.</p></span>]]>
    </content>
</entry>

<entry>
    <title>De Leysi Suárez a las juergas estridentes</title>
    <link rel="alternate" type="text/html" href="http://blogs.elcomercio.com.pe/confesionesdetaxi/2008/07/de_leysi_suarez_a_las_juergas.html" />
    <id>tag:blogs.elcomercio.com.pe,2008:/confesionesdetaxi//59.5408</id>

    <published>2008-07-23T05:01:06Z</published>
    <updated>2008-07-23T05:10:05Z</updated>

    <summary>Foto: Revista D&apos;FarándulaLima, 23 de julio del 2008.- Pidiendo perdón o asegurando que no se arrepentía, Leysi Suárez acaparó ayer varias columnas de la sección de espectáculos en diversos diarios locales, incluyendo el que iba ojeando en el taxi. Al...</summary>
    <author>
        <name>Óscar Lora</name>
        <uri>http://blogs.elcomercio.com.pe/confesionesdetaxi/</uri>
    </author>
    
    
    <content type="html" xml:lang="es" xml:base="http://blogs.elcomercio.com.pe/confesionesdetaxi/">
        <![CDATA[<div align="right"><img alt="leysi.jpg" src="http://blogs.elcomercio.com.pe/confesionesdetaxi/leysi.jpg" class="mt-image-left" style="margin: 0pt 20px 20px 0pt; float: left;" width="400" height="180" /><font style="font-size: 0.8em;"><i>Foto: Revista D'Farándula</i></font><br /></div><i>Lima,
23 de julio del 2008.-</i> Pidiendo perdón o asegurando que no se
arrepentía, Leysi Suárez acaparó ayer varias columnas de la sección de
espectáculos en diversos diarios locales, incluyendo el que iba ojeando
en el taxi. Al ver la foto de la cantante y actriz, el taxista murmuró
algunos comentarios que me resultaron ininteligibles en un primer
momento. Aunque exhibía una expresión de satisfacción, no me
quedó claro si decía que le parecía destacable o lamentable la polémica
foto.<br /><br id="ijod" />

 ]]>
        <![CDATA[La voluptuosa artista había posado desnuda con nuestra bandera peruana
sobre un caballo y la publicación de las imágenes, reproducidas ayer en
la prensa local, provocó la protesta de congresistas y diversas
personalidades.<br id="ijod1" />
<br id="ijod2" />
Mirando nuevamente la foto, el conductor elogió la belleza de la
escultural artista y agregó que en el Perú se puede hacer cualquier
cosa y no pasa nada, a diferencia de lo que ocurre en otros países como
EE.UU. Al respecto, y sin dar mayor importancia al asunto de la
cantante, pasó a contarme que uno de sus familiares, quien radica en
EE.UU., lamenta haber tenido que cambiar ciertos hábitos para adaptarse
al estilo de vida de ese país.<br id="ijod3" />
<br id="ijod4" />
Algo que le causa frustración a aquel familiar del conductor,
establecido desde hace más de 15 años en tierras gringas, es que no
puede organizar juergas a todo volumen. En el barrio donde reside el
protagonista de la historia, solo se permite el alboroto de una fiesta
hasta las 7 u 8 de la noche y siempre con la música a un volumen
moderado, según relató el taxista. "Basta que un vecino se queje y te
jodiste", dijo, citando a su familiar emigrante.<br id="ijod5" />
<br id="ijod6" />
Pero ese peruano de jaranas frustradas tiene la suerte de venir a
nuestro país cada año y entonces, agregó el chofer, se desquita. Cierra
su cuadra con una cerca de esteras, contrata un equipo de sonido y arma
una juerga misma fiesta patronal, con todos los vecinos invitados. El
emigrante ha confesado que siente una enorme satisfacción en la fiesta,
a la cual califica el taxista como el desfogue preciso para toda esa
estridente juerga reprimida durante casi 12 meses. Detalló que su
familiar se siente feliz con la música a todo volumen, vociferando en
la reunión y hasta rompiendo botellas, si se presenta la ocasión.<br id="ijod7" />
<br id="ijod8" />
"Vamos a los yunaited", le propone de vez en cuando el juerguero al
taxista y la respuesta es siempre la misma: que aunque en el Perú vive
modestamente, puede parar la olla y darle educación a sus hijos; así
que prefiere permanecer con la familia y los amigos y gozar de las
fiestas caseras de escandalosos decibeles. Pero, eso sí, le pide por
favor, que le reserve la misma oportunidad para sus hijos adolescentes,
quienes quizás pronto sí decidan emigrar.]]>
    </content>
</entry>

<entry>
    <title>Machismo mortal</title>
    <link rel="alternate" type="text/html" href="http://blogs.elcomercio.com.pe/confesionesdetaxi/2008/07/machismo_mortal.html" />
    <id>tag:blogs.elcomercio.com.pe,2008:/confesionesdetaxi//59.5159</id>

    <published>2008-07-17T17:18:13Z</published>
    <updated>2008-07-17T20:21:06Z</updated>

    <summary>Foto: AgenciasLima, 17 de julio del 2008.- Una expresión meditabunda etiquetaba el rostro del taxista, delatando que aquella mañana su mente orbitaba en alguna preocupación más allá del volante. Imaginé que se trataba de algún problema personal, pero no me...</summary>
    <author>
        <name>Óscar Lora</name>
        <uri>http://blogs.elcomercio.com.pe/confesionesdetaxi/</uri>
    </author>
    
    
    <content type="html" xml:lang="es" xml:base="http://blogs.elcomercio.com.pe/confesionesdetaxi/">
        <![CDATA[<div align="right"><img alt="cirugia02.jpg" src="http://blogs.elcomercio.com.pe/confesionesdetaxi/cirugia02.jpg" class="mt-image-left" style="margin: 0pt 20px 20px 0pt; float: left;" width="400" height="180" /><font style="font-size: 0.8em;"><i>Foto: Agencias</i></font><br /></div><i>Lima, 17 de julio del 2008.-</i> Una expresión meditabunda etiquetaba el rostro del taxista, delatando que aquella mañana su mente orbitaba en alguna preocupación más allá del volante. Imaginé que se trataba de algún problema personal, pero no me dediqué a decifrar la situación y no fue necesario pues espontáneamente el conductor se animó a contarme el rollo que traía en la cabeza. Se trataba de la historia de un pasajero que acaba de llevar, cuyo caso lo dejó meditando en qué pasaría si algo similar le ocurriera a él mismo.<br /><br />]]>
        <![CDATA[Sin precisar la edad, describió a su pasajero como un muchacho de apariencia muy saludable y de talante alegre y jovial, quien le comentó que era empresario, que viajaba mucho por el país, que acababa de ser operado y que aún estaba en tratamiento por su enfermedad.<br /><br />Orquiectomía es el nombre de la operación practicada al joven empresario mediante la cual le extirparon un testículo, después de haberle diagnosticado cáncer a ese órgano.<br /><br />Lo que le llamaba la atención y le causaba preocupación al taxista acerca del relato de su pasajero operado, fue la forma asintomática en la que se había desarrollado la enfermedad. Según la historia que recordaba, el muchacho llevaba una vida saludable en términos de alimentación y actividad física; y solo fue una ligera molestia en los testículos que lo condujo una semana después de haber surgido, a acudir a una consulta médica. La sorpresa para el paciente fue grande debido al diagnóstico y al procedimiento requerido para erradicar la enfermedad –según el relato.<br /><br />Otro detalle de la historia que causó impresión y cierta conmoción en el taxista, fue que durante su tratamiento el empresario, que hasta entonces consideraba que se trataba de una enfermedad muy poco común, conoció a varios pacientes en la misma condición.<br /><br />Pero la historia guardaba un detalle más. Su pasajero también le relató que supo de algunos casos –poco frecuentes, supongo- de pacientes que se negaron a someterse a la operación, debido a una postura machista y que por ello finalmente fallecieron. Frente al diagnósitico y al tratamiento planteado, el joven de la historia autorizó al médico a proceder con la operación y le precisó que si fuera necesario, extirpara ambas glándulas de la fertilidad (y fuente de hormonas). El taxista dijo estar de acuerdo con esa actitud.<br /><br />Me resultaba difícil creer que por una peculiar percepción de la virilidad se prefiera la muerte, así que en un principio tuve dudas sobre la veracidad de la última parte de la historia. Sin embargo, en días posteriores pensé en que sí podría tener sentido, ya que recordé múltiples testimonios de profesionales de la salud, que en algún momento me han contado de pacientes que no acuden a una necesaria consulta médica, por factores como vergüenza, temor o por confiar exclusivamente en métodos folclóricos de curación.<br />]]>
    </content>
</entry>

<entry>
    <title>No al paro</title>
    <link rel="alternate" type="text/html" href="http://blogs.elcomercio.com.pe/confesionesdetaxi/2008/07/no_al_paro.html" />
    <id>tag:blogs.elcomercio.com.pe,2008:/confesionesdetaxi//59.5208</id>

    <published>2008-07-09T04:16:46Z</published>
    <updated>2008-07-09T04:31:01Z</updated>

    <summary>Foto: Lino ChipanaLima, 09 de julio del 2008.- Mientras que desde hace algunos días un polémico spot televisivo anima a la población a rechazar el paro del día de hoy, el mismo mensaje se muestra en unas inmensas pancartas, desplegadas...</summary>
    <author>
        <name>Óscar Lora</name>
        <uri>http://blogs.elcomercio.com.pe/confesionesdetaxi/</uri>
    </author>
    
    
    <content type="html" xml:lang="es" xml:base="http://blogs.elcomercio.com.pe/confesionesdetaxi/">
        <![CDATA[<div align="right"><img alt="MARCHA_01.jpg" src="http://blogs.elcomercio.com.pe/confesionesdetaxi/MARCHA_01.jpg" class="mt-image-left" style="margin: 0pt 20px 20px 0pt; float: left;" height="180" width="400" /><i><font style="font-size: 0.8em;">Foto: Lino Chipana</font></i><br /></div><i>Lima, 09 de julio del 2008.-</i> Mientras que desde hace algunos días un
polémico spot televisivo anima a la población a rechazar el paro del
día de hoy, el mismo mensaje se muestra en unas inmensas pancartas,
desplegadas a lo largo de Paseo de la República, las cuales tal vez
hayan sido también esparcidas en otras zonas de la ciudad.<br />
<br />
 ]]>
        <![CDATA[El repetitivo texto de “El Perú no puede parar. No al paro” (o algo muy similar), exhibido en los lienzos, no pasó desapercibido ni para el taxista ni para mí hace un par de días. El conductor de aquella carrera, me comentó que el día de hoy saldría a trabajar de manera normal y que esperaba que el señor Mario Huamán (secretario de la CGTP) cumpla su palabra de realizar una marcha pacífica; agregó que deseaba que no haya actos de violencia que puedan dañar su vehículo de trabajo.<br /><br />Los paros no son un buen negocio para los taxistas, expresó luego el quincuagenario chofer, detallando que tanto el día previo como el posterior a estos eventos, hay muchos pasajeros apurados por movilizarse a realizar las diligencias que no podrán completar el día de la protesta, pues evitarán salir a la calle. Pero, a pesar de este incremento en la demanda, no se puede transportar a todo el mundo&nbsp; –me explicó-, así que las ganancias de esos días no son muy diferentes a las de una jornada estándar.<br /><br />Sin embargo, se lamentó el conductor, un día menos de trabajo debido al paro, significa un faltante en el ingreso familiar. Uno se programa para tener un ingreso durante la semana -me explicó- y al dejar de trabajar, se pierde parte de ese ingreso y a uno lo descuadra económicamente.<br /><br />Por eso, aun bajo el riesgo de toparse con un poco amigable piquete de manifestantes, ese chofer dijo que hoy saldrá cautelosamente en busca del sustento familar para la semana. Al igual que la gran mayoría de trabajadores, también deberé ir con la misma premisa y con la misma precaución. Muy probablemente las condiciones serán complicadas para conseguir transporte público de cualquier tipo, especialmente si es hacia el mismo Cercado de Lima, el escenario principal de las manifestaciones.<br />]]>
    </content>
</entry>

<entry>
    <title>Protección contra mujeres seductoras</title>
    <link rel="alternate" type="text/html" href="http://blogs.elcomercio.com.pe/confesionesdetaxi/2008/06/proteccion_contra_mujeres_sedu.html" />
    <id>tag:blogs.elcomercio.com.pe,2008:/confesionesdetaxi//59.5074</id>

    <published>2008-06-29T03:11:40Z</published>
    <updated>2008-06-30T16:48:55Z</updated>

    <summary>Lima, 28 de junio del 2008.- A pesar de que prefiero no abordar aquellos taxis donde el conductor va protegido por una reja de fierro, en ocasiones no tengo más remedio que tomarlos, ya sea por la premura o por...</summary>
    <author>
        <name>Óscar Lora</name>
        <uri>http://blogs.elcomercio.com.pe/confesionesdetaxi/</uri>
    </author>
    
    
    <content type="html" xml:lang="es" xml:base="http://blogs.elcomercio.com.pe/confesionesdetaxi/">
        <![CDATA[<img alt="labios_01.jpg" src="http://blogs.elcomercio.com.pe/confesionesdetaxi/labios_01.jpg" class="mt-image-left" style="margin: 0pt 20px 20px 0pt; float: left;" height="180" width="400" /><i>Lima, 28 de junio del 2008.- </i>A pesar de que prefiero no abordar
aquellos taxis donde el conductor va protegido por una reja de fierro,
en ocasiones no tengo más remedio que tomarlos, ya sea por la premura o
por la escasez de estos vehículos de servicio público (debido a la hora
punta o por encontrarme en una zona poco transitada).<br /><br /> ]]>
        <![CDATA[En las ocasiones en las cuales he subido a estos carros con chofer acorazado, he encontrado el asiento delantero bastante incómodo debido a la reja. En general, aquella medida de protección&nbsp; me produce -curiosamente- una poco confortable sensación de inseguridad durante todo el viaje.<br /><br />Diversos choferes me han comentado que esa malla les resulta incómoda para conducir y, peor aún, les impide maniobrar las puertas y ventanas de automóvil; pero me explicaban que deben utilizarla por disposición de seguridad, instaurada por el dueño del vehículo. Sin embargo, en la carrera de esta historia, los motivos del taxista para emplear esa protección metálica eran otros, entre los cuáles resaltaba el protegerse de las mujeres de delictivas intenciones y especialmente de aquellas que destilan seductoras insinuaciones.<br /><br />Mientras nos dirigíamos al centro de Lima, el conductor explicaba que prefiere trabajar en zonas periféricas de la ciudad y que evita hacer carreras en los distritos de Miraflores, San Borja, San Isidro o surco, por ser muy peligrosos. Intrigado por su enunciado, esperé la explicación que se alistaba a lanzar. El taxista reveló que muchos de sus colegas han sido asaltados, justamente en los mencionados distritos, por sensuales y coquetas pasajeras.<br /><br />El chofer dijo que había aprendido de las desgracias de sus amigos, quienes hicieron servicios a mujeres que consideraban decentes por la forma de vestirse, la zona donde habían tomado la carrera e inclusive por la amena conversación que mantenían durante parte del viaje. Agregó que las desgracias de sus compañeros tenían otra causa: "Por pendejos, les pasa eso. La jerma se pone a coquetearles y ellos le hacen caso. Y más adelante, los ponen". Con esta última expresión quiso explicar que aquellos infelices servicios finalizaron con los taxistas encañonados y despojados de sus ganancias e inclusive de sus vehículos, en algunos casos.<br /><br />Habiendo conocido esas amargas experiencias, es que el conductor decidió instalar en su auto la reja como método de disuasión frente a posibles asaltos, ya que aunque un vehículo con con esa barrera no es imposible de asaltar, al menos hace más complicado el proceso que en un auto que no lleve tal malla.<br /><br />Finalmente comentó otro de sus métodos para evitar ser asaltado, el mismo que consiste en adelantarse a la situación. Explicó que cuando le tocan mujeres en las cuáles detecta intenciones delictivas detrás de los coqueteos, inmediatamente detiene el auto y con un grito firme las conmina: "Estoy trabajando. A mí no me vas a asaltar, así que bájate de inmediato".<br />]]>
    </content>
</entry>

<entry>
    <title>Taxista Chibolero</title>
    <link rel="alternate" type="text/html" href="http://blogs.elcomercio.com.pe/confesionesdetaxi/2008/05/taxista_chibolero.html" />
    <id>tag:blogs.elcomercio.com.pe,2008:/confesionesdetaxi//59.4608</id>

    <published>2008-05-26T16:11:56Z</published>
    <updated>2008-05-26T16:12:15Z</updated>

    <summary>Foto: Sebastián CastañedaLima, 26 de mayo del 2008.- &quot;¿Compadre, qué se puede hacer cuando uno tiene suerte con las chibolas?&quot;, inquirió el conductor al iniciar el servicio; pero más que una pregunta era un sutil ejercicio de vanidad, enunciado con...</summary>
    <author>
        <name>Óscar Lora</name>
        <uri>http://blogs.elcomercio.com.pe/confesionesdetaxi/</uri>
    </author>
    
    
    <content type="html" xml:lang="es" xml:base="http://blogs.elcomercio.com.pe/confesionesdetaxi/">
        <![CDATA[<div align="right"><img alt="enamorados.jpg" src="http://blogs.elcomercio.com.pe/confesionesdetaxi/enamorados.jpg" class="mt-image-left" style="margin: 0pt 20px 20px 0pt; float: left;" height="180" width="400" /><font style="font-size: 0.8em;"><i>Foto: Sebastián Castañeda</i></font><br /></div><i>Lima, 26 de mayo del 2008.-</i> "¿Compadre, qué se puede hacer cuando uno
tiene suerte con las chibolas?", inquirió el conductor al iniciar el
servicio; pero más que una pregunta era un sutil ejercicio de vanidad,
enunciado con una placentera sonrisa, pretenciosa por despertar la
envidia de quien la oyera pronunciarse. Aquella frase, también era la
picarezca forma de este chofer de iniciar una tertulia sobre sus
hazañas amorosas en tierras de doncellas de DNI recién estrenado.<br />
<br />
 ]]>
        <![CDATA["Pues... manejar sabiamente esa suerte, supongo", contesté a secas. "Sí. ¿No?", replicó, con fingida ingenuidad, aparentando que requería de mi consejo para resolver su dilema. Sin más preámbulo se lanzó a contarme sus conquistas adolescentes, conseguidas al volante de su tanque del amor: una station wagon muy bien cuidada.<br /><br />El conductor reflexionaba que no era mal parecido y que, además, aparentaba menos de los 30 años que realmente llevaba encima. Inició su relato contando que Breña fue el lugar donde descubrió su potencial chibolero, cuando un día, desenfadadamente, detuvo su vehículo frente a dos amigas que conversaban en una vereda. Sin dejar de coquetear con la mirada y con una sonrisa ingenua como carta de presentación, el taxista ofreció su servicio de transporte. Sin ninguna respuesta por parte de los pimpollos, su segunda maniobra fue aguardar con inusual insistencia, hasta obtener resultados. Finalmente, una de las chicas se acercó y si bien no abordó el vehículo, le dejó su número telefónico. Esos dígitos serían el inicio de un idilio de cinco meses.<br /><br />En otra ocasión, vio a una joven, de aquellas como le gustan, parada varios metros delante de su vehículo en marcha. Ante la imposibilidad de detenerse a mitad de la pista debido al tráfico, escribió su número telefónico en un pedazo de papel y al pasar por el costado de su objetivo, osadamente se lo lanzó. La mala suerte y el viento generado por el movimiento hicieron que la hoja retornara volando a su taxi por la ventana trasera. En la cuadra siguiente, en cuanto tuvo ocasión, dio vuelta en U para retornar al frustrado escenario de contacto. Para su sorpresa ahí estaba ese "pollito" -como llama a esos capullos de 18 a 20 años- aguardando al audaz lanzador de teléfonos.<br /><br />Todas las chicas de sus historias tenían como característica común el actuar como mujeres más maduras, aunque algunas de ellas recién estrenaban DNI. Al respecto, el conductor dijo que temía que uno de sus recientes prospectos amorosos, con quien había iniciado el contacto hacía unas horas, no fuera mayor de edad.<br /><br />Pero al igual que una carrera de taxi, sus amores motorizados llegaban rápidamente a su fin. Uno de sus pollitos resultó ser adicta a los regalos. Tras un celular, varias carteras y algunas prendas de vestir como presentes (solicitados por la joven) el conductor decidió terminar la relación. Con cierta nostalgia recordó que no dio fin al vínculo por el costo que los regalos representaban, sino por lo materialista que se había vuelto la relación. Con palabras suavizadas explicó en lo que se había tornado aquel noviazgo de stikers de Puka y corazones rosados. La realidad era que solo se trataba de sexo a cambio de regalos.<br /><br />Pero aunque para ese taxista sus relaciones adolescentes suelen ser breves, en alguna ocasión los vínculos de amistad estrechados fueron duraderos. Una de las que alguna vez fue avecilla de su jardín, fue nuevamente tras ese picaflor del volante en busca de consuelo y ayuda cuando el nuevo novio y supuesto padre del niño que esperaba la chica, no quería asumir su responsabilidad con la criatura que se gestaba. La misión encomendada al conductor era la de asumir la figura de padre o hermano mayor, que hiciera entrar en razón -por las buenas o por las malas- al desentendido progenitor.<br /><br />Las historias de pollitos se sucedieron una tras otra durante la carrera. Pero quedó claro que sus relaciones no eran solamente producto de su buena suerte, o de su juvenil rostro de edad disminuida, sino que principalmente, creo, se apoyaban en una decidida actitud, pues el que busca, encuentra. Y pude verlo en acción.<br /><br />Durante uno de sus relatos, avanzábamos por una avenida de doble sentido en Magdalena, cuando de pronto, a mitad de esa cuadra se divisaba un "pollito" atrapado en el sardinel de la división central central, aguardando un espacio entre los raudos vehículos, para poder cruzar la mitad de la vía que le faltaba. Las acciones fueron rápidas y sencillas: primero una fugaz mirada por el retrovisor para asegurarse que no vinieran vehiculos detrás. A continuación, el pie sobre el freno y el vehículo se detuvo en medio de la pista, justo delante de la niña. La tercera fase fue la sonrisa inocente, la mirada galante y el ademán con la mano, cediéndole el paso.<br /><br />La sonrisa agradecida y ruborizada de la flaquita de 17 o 18 años, enfundada en un apretado jean a la cadera, no se hizo esperar. Al terminar de cruzar, la niña volteó a ver de reojo al atento caballero que le había cedido el paso, y la sonrisa aún perduraba en su rostro. Entonces, con ínfulas de maestro, me dijo el taxista: "¿Ves? Contentas se ponen".<br />]]>
    </content>
</entry>

</feed>
