Noviembre 2007
25
2007

¿QUÉ TAN CERCA ESTAMOS DE LO QUE M?S QUEREMOS?
Comencé a pensar en la distancia porque me voy a mudar mañana y empacando mis cosas encontré una caja equivalente a una máquina del tiempo. No reconocía la mitad de las cosas que allí había. Agendas antiguas, álbumes de fotos, dos cajas de música (esas si las voy a llevar conmigo), mi libro de cine - un cuaderno donde apuntaba todas las películas que veía -, mi file de Andrés Calamaro, es decir todos los recortes, fotos y cuentos escritos durante el año que estuve enamorada de él; sin embargo, lo que más me llamó la atención fue una bolsa chiquita con unos papeles cuadriculados doblados en cuatro con una fecha cada uno. Al leerlos en desorden, me di con la sorpresa de que esas cartas destinadas una para cada día de ausencia, habían sido una especie de antídoto que los dos nos habíamos inventado, mi novio el heavy metal y yo -porque según lo que leí yo también le había escrito quince cartas- para no sufrir tanto los quince días que él se iba a pasar a Miami con su familia. Quince días. Por lo que cada carta decía, parecía que no nos íbamos a ver en dos siglos.
Y eso no es nada. Qué lejanos me suenan los días en los que la distancia más grande que existía entre el amor y yo, era de lunes a jueves. Cada domingo, mi primer novio - Marcelo- y yo protagonizábamos unas despedidas de novela desde las tres de la tarde hasta las seis, con abrazos eternos hasta que alguno de los dos se quedaba sin respiración o alguien nos ampayara, los últimos sesenta besos y esos tan sentidos, inocentes, completamente de trece años: “te amo”. Bueno, lo que hacíamos no era solo despedirnos, sino cargar gasolina para los cuatro tortuosos días que faltaban para el siguiente viernes.
19
2007

TE AMO, PERO TENGO QUE DECIR: NO
El viernes no fui a trabajar porque estaba enferma. El sábado amanecí peor. Sudaba en mi cama, entre despierta y dormida por las pastillas y la fiebre, cuando mi celular comenzó a timbrar. Era un número que no conocía. Igual contesté, aunque por lo general nunca lo hago. Felizmente lo hice. Era una amiga con la que no hablaba hacía mucho. Ella me preguntó qué estaba haciendo. Yo le dije que estaba encerrada en mi habitación con el cuerpo adolorido con una temperatura que oscilaba entre los 38 y 39 grados. Me preguntó si podía visitarme. Por el tono de su voz y su, entre comillas, no importarle mi estado de salud, supe que no era una visita social ni repentinas ganas de verme, sino algo realmente importante. Le dije que la esperaba. Por motivos que entenderán líneas abajo, desde ahora la llamaré Sofía.
Mientras la esperaba pensé que, aunque la quería mucho y me gustaba estar con ella, durante el último año solo había visto a Sofía en alguna reunión en el departamento que compartía con su novio, en alguna fiesta, bar, restaurante o saliendo del cine. Llegó al fin y se sentó al borde de mi cama. Estábamos casi a oscuras porque yo había cerrado las cortinas para poder dormir de día, pues mi noche había sido un infierno. Claro, ésta se convirtió en un paraíso cuando ella se decidió a comenzar a hablar. Cuando me dijo que el miércoles, 14 de noviembre, su novio la había dejado. Asentí, pero me equivoqué al pensar que esa era la razón de su cara triste. Eso no era lo que Sofía venía, ni siquiera, a contar, sino a confesar.
12
2007

x basefotografia.com
DEPENDE DE TI. DEPENDE DE MI.
Siempre hay una primera vez para todo. Sin embargo, hay muchas formas de primeras veces. Reconozco que la primera vez que tuve relaciones fue con un muy celoso primer novio, lleno de complejos y mentiras, que incluso utilizó para obligarme a quedarme a su lado con el arcaico argumento -que suena a letra de salsa- de haber sido (ja!) “suya“. Fue una experiencia que no le deseo a nadie, acompañada de miedo, inhibición, un largo sentimiento de culpa y creencias equivocadas acerca de mi propia sexualidad y, por consiguiente, del género opuesto. No tengo que mencionar que físicamente jamás fue algo placentero. Eran tantos mis remordimientos y la manipulación, que jamás le conté esto ni a mis mejores amigas de la época. Me sentía llena de pecado de la cabeza a los pies. Y como todo buen culpable, creía que era la única que iba a terminar sus días en el infierno de la indecencia.
06
2007

fotografía x BASEFOTOGRAF?A
¿QUIÉN ERES EN REALIDAD?
Desde que era chica e iba al cine -muy seguido- con mis padres y mi hermano, comencé a tener un secreto jueguito imaginario; de seguro, gracias a mi debilidad por la ficción. Éste, ahora que lo pienso, era un mecanismo de evasión de la realidad muy simple y debo aclarar, totalmente inconciente y además, irresistible para mi mente. Después de ver una película, en la que había visto a algún personaje que me había gustado por algo en especial, jugaba a convertirme en él o ella. Claro, no aparecía vestida de la Princesa Leia con el bikini dorado en la sala de mi casa, esto lo hacía en la privacidad de mi habitación o de mis pensamientos.
Por años, creo, me convertí en innumerables fantasías.
01
2007

EL TERROR ES PROPIEDAD COMÚN.
Miedo. ¿Quién no lo ha sentido? Yo le tengo miedo a muchas cosas, algunas fáciles de reconocer como El Exorcista I -en la parte en la que Linda Blair habla con la voz de la madre del Padre Karras-, El resplandor -en especial en la que aparecen los fantasmas de dos gemelas al fondo del corredor del hotel-, una pesadilla recurrente en la que una ola gigante me cae encima (claro, siempre me despierto antes de ahogarme), la oscuridad, a veces, las cucarachas y la voz de mi padre cuando me llama Alicia y no Ali, -eso significa siempre que estoy en problemas-. Hay otros temores, muy difíciles de reconocer, pero lo haré.



