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    <title>Busco Novia</title>
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    <updated>2008-09-05T21:34:23Z</updated>
    <subtitle>

Renato Cisneros. Tengo 32 años. Desde muy chico he tenido la impresión de ser uno y varios al mismo tiempo. Hoy tengo claro que el Renato que escribe poesía es diferente del periodista que se deja la barba para parecer un cronista serio; y distinto también del profesor silencioso que usa camisas de manga larga para insinuar autoridad en las Universidades en que enseña. Todos llevan el mismo nombre, pero ninguno responde a los mismos deseos ni a los mismos objetivos. El Renato que escribe este blog apareció hace un año. Desde niño sufre febrilmente por mujeres que no le hacen caso. Ha buscado novia toda su vida. La búsqueda se suspendió dos veces: durante los años en que estuvo metido de narices en un par de relaciones. El 2007 se la pasó reseñando impúdicamente su vida sentimental en Internet. El juego le entretuvo. Por eso ha vuelto. Y no les ha pedido permiso a sus homónimos para hacerlo. </subtitle>
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    <title>¿Cuándo sabes que una chica te gusta?</title>
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    <published>2008-09-05T20:39:37Z</published>
    <updated>2008-09-05T21:34:23Z</updated>

    <summary> Sabes que una chica te gusta cuando te pasa la voz para ir al cine a ver Kung Fu Panda, y le dices que irás encantado, cuando bien es sabido entre los dilectos miembros de tu cada vez más...</summary>
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        <name>Renato Cisneros</name>
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        <![CDATA[<p><a href="http://blogs.elcomercio.com.pe/busconovia/cuando_sabes_pa_blog.html" onclick="window.open('http://blogs.elcomercio.com.pe/busconovia/cuando_sabes_pa_blog.html','popup','width=650,height=650,scrollbars=no,resizable=no,toolbar=no,directories=no,location=no,menubar=no,status=no,left=0,top=0'); return false"><img src="http://blogs.elcomercio.com.pe/busconovia/cuando_sabes_pa_blog-thumb-420x420.jpg" width="420" height="420" alt="cuando_sabes_pa_blog.jpg" class="mt-image-center" style="text-align: center; display: block; margin: 0 auto 20px;" /></a></p>

<p>Sabes que una chica te gusta cuando te pasa la voz para ir al cine a ver Kung Fu Panda, y le dices que irás encantado, cuando bien es sabido entre los dilectos miembros de tu cada vez más reducido círculo de amistades que los dibujos animados te despiertan la misma letal indiferencia que, por ejemplo, los libros de Derecho, las recetas de cocina, o la atormentada vida de las tortugas de las islas Galápagos.</p>]]>
        <![CDATA[<p>Sabes que una chica  te gusta cuando le envías un mensaje de texto al celular y te pasas los siguientes minutos contemplando la pantalla de tu teléfono, esperando su respuesta, con una ansiedad solo comparable a la ansiedad que tuviste de Cachimbo, cuando –parapetado detrás de unas rejas, rodeado de borrachos– aguardabas nervioso los resultados (catastróficos) de tu examen de ingreso. Y de hecho sabes que ella te gusta cuando, al comprobar que su respuesta no llega, te empiezas a bombardear a ti mismo de mensajes de texto, con la única finalidad de comprobar que el sistema de telefonía móvil no se ha caído justo cuando más lo necesitas.  </p>

<p>Sabes que una chica te gusta cuando una noche estás saliendo de la oficina muerto de hambre, con las glándulas salivales en ebullición por no haber almorzado, pensando en devorarte una hamburguesa con huevo montado, jamón y tocino, y de pronto recibes una llamada de ella preguntándote si te darías una vueltita por su casa, porque tiene ganas de verte. Como el corazón tiene la capacidad de neutralizar al estómago (igual que la piedra a la tijera en el yan–kem–po), reprimes el hambre de prisionero de guerra que te marea, y cambias de dirección, con tal de ir, verla y oírla hablar de cualquier cosa: la universidad, el futuro, el fin del mundo, la inflación. Lo que sea. </p>

<p>Sabes que una chica te atrae cuando, luego de oír de su boca una frase medianamente prometedora, empiezas a sonreírle a todo el mundo. Les das monedas a los mendigos en las esquinas; les compras caramelos a los huérfanos; dejas que la chica que te atendió en el Grifo se quede con el vuelto. Te sientes un hombre de bien porque a ella, aparentemente, le gustas. Apenas te ha dicho que eres “lindo”, pero para ti esas dos sílabas gozan de una potencia estereofónica sobre la que se erige tu autoestima y extraordinario buen humor. En vez de caminar por la calle, bailas. Te trepas en los postes como un Fred Astaire fuera de forma, saltas juntando los tacones en el aire, les pellizcas los cachetes a los niños gorditos y les cedes el lugar a las señoras en la cola del banco. Pareces un mimo huevón que no tiene otra cosa que hacer que contagiar su estúpida felicidad a los demás. Pobre mamerto. No sabes que el día que ella te diga que no quiere verte nunca más, el mundo te parecerá el Infierno mismo. Si ese día maldito, a un anciano quebradizo se le ocurre la mala idea de pedirte que por favor le ayudes a cruzar la calle, ay de él: lo mirarás con odio, lo mandarás al diablo, y no contento con ello lo golpearás con su propio bastón hasta lesionarlo y dejarlo tirado en la acera como una envoltura de galleta.    </p>

<p>Sabes que una chica te está volviendo un tanto loco cuando, en pleno trabajo, cuando el caos de la oficina está en su punto más álgido, cuando los chicos que trabajan contigo en la Página Joven del periódico más importante del país (de la cual eres flamante editor) te revientan el teléfono para darte, responsablemente, los últimos reportes de sus comisiones, y tú –hecho un huevas– no les contestas, porque estás navegando por Internet, leyendo la más inflamada poesía amorosa, sin quitarte los audífonos, a través de los cuales escuchas, una y otra vez, una canción tan formidablemente meliflua como “Mandy” de Barry Manilow. (ver video)</p>

<p><object width="425" height="344"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/NMsD8GN55II&hl=en&fs=1"></param><param name="allowFullScreen" value="true"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/NMsD8GN55II&hl=en&fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowfullscreen="true" width="425" height="344"></embed></object></p>

<p></p>

<p>Sabes que una mujercita te gusta más de lo debido cuando te metes a su perfil del Facebook e inviertes horas de horas en escudriñar sus fotos, leer con detenimiento su perfil, y buscar algo de información útil sobre sus gustos, sus preferencias y, sobre todo, sus amigos. Tienes que contestar mails urgentes, tienes que diseñar páginas para la edición del día siguiente, tienes que preparar tus clases de la semana, y sin embargo estás ahí, atrofiado, mirando –pixel por pixel– la sonrisa estática de la chica que se te ha metido en el cerebro como un imperceptible virus africano. </p>

<p>Sabes que una chica te vacila (¿alguien recuerda <a href="http://www.youtube.com/watch?v=f7DEdpKw2LE" target=_blank>esa canción de Nando Boom que interpretaba el Puma Rodríguez</a>?)cuando al momento de vestirte para salir con ella por primera vez (o sea, antes de la primera cita oficial) recuerdas un comentario suyo: “me encanta cómo le queda la chalina a los hombres”; y empiezas –desaforado– a buscar una chalina por todos los rincones de tu casa. Abres los clósets reservados a la ropa vieja, te zambulles en un océano de prendas guardadas por años, y ahí, ahogándote con el olor a polilla muerta, rescatas una chalina de la década pasada, cuyo diseño está completamente fuera de onda. Te la atas al cuello creyéndote muy dandy, sin saber que lo primero que la chica te dirá al verte es: “sácate eso que te pareces a mi papapa”. </p>

<p>Sabes que una chica te gusta cuando, antes de darle el encuentro, acaso intuyendo que existe una micro posibilidad de robarle un beso, te cepillas los dientes con inusual frenesí, repasándote una y otra vez el hilo dental por los escondrijos más inaccesibles de tu boca (ahí, entre la endodoncia y la caries), y sorbiendo verdaderos ‘shots’ de Listerine para evitar que ella perciba el más mínimo rastro del olor de la pantagruélica Chita al Ajo arrebozada que te empujaste a la hora del almuerzo. </p>

<p>Sabes que ella te gusta cuando te pide que la acompañes a un concierto de New Heavy Punk en una taberna oscura, y tú –que eres un discapacitado para apreciar los alaridos de que está hecha esa música salvaje, y sientes claustrofobia en esas ermitas underground– no solo la acompañas ‘feliz de la vida’, sino que durante las interminables dos horas que dura el martirio auditivo mueves los pies, tamborileas la mesa y haces la finta gestual de que estás disfrutando plenamente el acontecimiento musical. </p>

<p>Sabes que una chica te está metiendo en problemas sentimentales cuando, durante una luz roja, te quedas mirando un punto fijo (un cartel publicitario, un edificio, una nube), abandonándote al bobo ejercicio de la ensoñación, mientras los apurados conductores detrás de ti tocan el claxon, y te empapelan de iracundos insultos entre los que destacan ciertas alusiones escatológicas que tienen a tu señora madre como perjudicada protagonista. </p>

<p>También sabes que una mujer te gusta cuando te levantas por la mañana y es en ella en lo primero que piensas. Y mientras te desperezas evocas su nombre, y al pronunciarlo te da la impresión de que se trata del nombre más bonito del mundo. No importa que sea Gertrudis, Josefa, Ruperta o Teófila. Cuando alguien te gusta, su nombre rezuma, hiede y expele una extraña belleza etimológica.   </p>

<p>Sabes que una chica te gusta cuando, haciendo menoscabo de tus ideas y convicciones supuestamente más arraigadas, empiezas a torcer tus opiniones con tal de calzar en el imaginario que ella va delineando en sus conversaciones. Si ella dice que le gusta el campo más que el mar, pues a ti, de pronto, también te gusta (aunque odies a los mosquitos, aunque tengas alergia al polen y aunque el contacto con las plantas te saque roncha). Si ella cuenta que acude a Misa puntualmente todos los domingos y que le gusta hacer obras sociales en los Conos de la ciudad, tú desempolvas tus lecturas de catequista reprimido y sacas a relucir el lado menos marchito de tu catolicismo abandonado. Y si ella dice que su comida preferida es el ‘sushi’, pues tú la llevas a un restaurante de comida japonesa y tragas todos los ‘rolls’ que ella te da de comer, uno tras otro, sin importar que los langostinos te produzcan picosas hinchazones cutáneas, amén de horribles accesos de asma.    </p>

<p>Sabes que te gusta una chica cuando empiezas a considerar que la colombiana Shakira no canta tan mal después de todo, porque una de sus canciones era la que sonaba de fondo en el taxi mientras ella accedía a darte el primer beso. </p>

<p>Sabes que te encanta cuando has quedado con ella en encontrarte en un lugar a las, digamos, 9 de la noche, y todo el puto día se te pasa lentísimo. Miras el reloj compulsivamente, haciendo fuerza mental para que el minutero se mueva a mayor velocidad. La expectativa te mantiene intranquilo, inquieto. El tiempo avanza como una procesión. A falta de solo una hora para las 9 de la noche simplemente ya no puedes más con tu alma. Será la hora más larga de las muchas que has vivido y de las muchas que te tocará vivir.  </p>

<p>Sabes que te gusta alguien cuando te importan una mierda las tradicionales pichangas de fulbito de los miércoles, las inter diarias charlas nocturnas con el ilustrador de tu blog, o todo lo que antes ocupaba tu tiempo libre. Ahora solo quieres estar al lado de ella. Y si uno de tus mejores amigos te llama al celular porque necesita ayuda, y al hacerlo interrumpe un momento íntimo, pues lo mandas al carajo sin la menor culpa. Y si tú mismo organizas una esperada reunión de patas que no se ven hace lustros, pues la desbaratas si ella te llama para sugerirte hacer algo juntos. (ver video)</p>

<p><object width="425" height="344"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/i_PHdEK55K8&hl=en&fs=1"></param><param name="allowFullScreen" value="true"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/i_PHdEK55K8&hl=en&fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowfullscreen="true" width="425" height="344"></embed></object></p>

<p></p>

<p>Sabes que una chica te gusta cuando crees que Lima es una mejor ciudad solo porque ella vive ahí. Tú –que siempre despotricaste contra el tráfico, el frío, el cielo color cemento barato, la basura, la gente mañosa y cínica– ahora estás fascinado con vivir aquí, y no pasas una noche sin agradecerle a Dios (de quien te has vuelto un hincha acérrimo) por haberte permitido nacer en estas hermosas latitudes geográficas. </p>

<p>Sabes que una chica te interesa cuando, a pesar de tus 32 años y de tu retórica experiencia en estas lides, asumes con ella el correoso comportamiento de un adolescente, y dejas de ser un hombre aplomado que se mueve con talento para convertirte en un alfeñique carcomido por las dudas.  </p>

<p>Por último, sabes que una chica te gusta un montón cuando pierdes cerca de dos horas en elaborar una pormenorizada lista de situaciones que te demuestran que te gusta. Escribes un texto sobre eso y lo cuelgas en tu blog, cruzando los dedos para que ella lo lea pronto, se emocione, se encabrite y te pegue un telefonazo (o te ponga siquiera un mail) para decirte cuánto le gustas tú. </p>

<p>Pregunta obligatoria para los lectores: ¿cuándo saben ustedes que alguien les gusta? Quizá sus indicadores sean más precisos que los míos. </p>

<p><br />
<strong>[Ilustración: Alfonso Vargas Saitua (el amazónico y tropical Robotv)]</strong></p>

<p><br />
[Este video corto explica algo de lo que pasa cuando una chica te empieza a gustar mucho: se mete en tu pellejo, en tu interior y desde ahí convive contigo. Espero que les guste] </p>

<p><object width="425" height="344"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/dBvDm_JLEcI&hl=en&fs=1"></param><param name="allowFullScreen" value="true"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/dBvDm_JLEcI&hl=en&fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowfullscreen="true" width="425" height="344"></embed></object></p>

<p><strong>[AVISO PARROQUIAL UNO: Aquí está el video que pasamos hace ya varias semanas en KSA TOMADA. Es el backstage del libro Busco Novia. Quienes lo vieron esa noche lo recordarán, y quienes no, pues ahí lo tienen. Un saludo especial para Armando Cadillo (Caos), el realizador]</strong></p>

<p><br />
<object width="425" height="344"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/Sx3hXw7sNlE&hl=en&fs=1"></param><param name="allowFullScreen" value="true"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/Sx3hXw7sNlE&hl=en&fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowfullscreen="true" width="425" height="344"></embed></object></p>

<p><strong>[AVISO PARROQUIAL DOS: El diario colombiano EL PERIODICO publicó hace poco una nota sobre este blog y sobre el libro BN. No sé si se alcance a leer bien, pero comparto con ustedes una captura de imagen del artículo. Gracias por seguir leyendo y comentando tanto el Busco Novia. En unas horas más estaré volando con Robotv rumbo a Iquitos. Ya les contaré las seguramente candentes historias charapas que el trip traerá consigo. Me han hablado de un lugar llamado EL ALFIL MAÑOSO. Veremos qué tal está. Saludos. RC]</strong></p>

<p><a href="http://blogs.elcomercio.com.pe/busconovia/colombia.html" onclick="window.open('http://blogs.elcomercio.com.pe/busconovia/colombia.html','popup','width=1168,height=2132,scrollbars=no,resizable=no,toolbar=no,directories=no,location=no,menubar=no,status=no,left=0,top=0'); return false"><img src="http://blogs.elcomercio.com.pe/busconovia/colombia-thumb-420x766.jpg" width="420" height="766" alt="colombia.jpg" class="mt-image-center" style="text-align: center; display: block; margin: 0 auto 20px;" /></a></p>]]>
    </content>
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    <title>El efecto OC</title>
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    <published>2008-08-31T19:17:37Z</published>
    <updated>2008-09-02T23:52:02Z</updated>

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        <name>Renato Cisneros</name>
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        <![CDATA[<p><a href="http://blogs.elcomercio.com.pe/busconovia/efecto_oc_blog.html" onclick="window.open('http://blogs.elcomercio.com.pe/busconovia/efecto_oc_blog.html','popup','width=650,height=638,scrollbars=no,resizable=no,toolbar=no,directories=no,location=no,menubar=no,status=no,left=0,top=0'); return false"><img src="http://blogs.elcomercio.com.pe/busconovia/efecto_oc_blog-thumb-420x412.jpg" width="420" height="412" alt="efecto_oc_blog.jpg" class="mt-image-center" style="text-align: center; display: block; margin: 0 auto 20px;" /></a></p>

<p>Era una noche de sábado. 12:20. Robotv y yo estábamos en su casa (bueno, en su depa). Él sentado en la compu, yo tirado sobre el tapiz que hace las veces de dudosa alfombra marroquí. De fondo sonaba una canción de James: ‘Laid’. </p>]]>
        <![CDATA[<p>Hacía unos minutos, una chica (OC) había aceptado a través del Hotmail una espontánea invitación que le hice para salir, tomar una cerveza y conversar un poco más. La había conocido apenas dos días atrás en una reunión, y me había dejado un poco noqueado. No solo porque es bonita y sensible (combinación suficiente para ser considerada una rareza en esta ciudad infestada de chicas vacías y artificiosas), sino porque tiene un especial interés por todo lo artístico. </p>

<p>Lo que me pareció (me parece) fantástico es que ella no asume esa inquietud como parte de ese posero (y tirante) rollo ‘artie’ modulado por ciertos fantoches que se computan muy eruditos, muy culturosos, y que exudan un aire intelectual supuestamente trascendente, pero que al mismo tiempo tienen el pellejo duro y gélido como una lámina de acero, incapaces de filtrar (menos aún de interpretar) una emoción. </p>

<p>Cuando me presentaron a OC pasamos horas conversando de las expresiones artísticas (ojo: no de nombres de pinturas famosas, ni de escuelas europeas, ni de aburridas vanguardias ideológicas, sino del peregrino hecho de, por ejemplo, escribir, pintar o tomar fotos como parte de un liberador proceso creativo). Sentados uno al lado del otro, la charla fluía con asombrosa naturalidad; era evidente: había onda, química, feedback. Toda la gente alrededor giraba como en una espiral de rostros difuminados. La música se oía, pero no se escuchaba. Parecíamos estar atrapados en un lento vídeo clip. </p>

<p>Considerando ese único antecedente, no sabía bien qué proponerle el sábado a esa hora algo avanzada (repito 12:20). Honestamente ni siquiera pensé que me contestaría el mail de madrugada. Estuve a punto de llamarla en lugar de mandárselo, pero mariconeé: preferí lanzar al vacío cósmico de la Red un tímido correo electrónico a ver qué pasaba. Por eso, cuando me contestó tan rápida y positivamente, me toqué de nervios. Quería llevarla a un sitio especial. Nada muy mandado, pero tampoco muy misio. Me nublé.  </p>

<p>–¿Qué hago ahora, huevón?, le consulté a Robotv, que estaba concentrado en la pantalla, dándome la espalda, retocando unos dibujos.</p>

<p>–Llévala a ZZZ, pues</p>

<p>–¿Estás loco? Ese bar es una mierda. Muy oscuro, muy depresivo. Hay puro Emo dando vueltas y tambaleándose. A ZZZ voy cuando no tengo nada que hacer y estoy peleado con el mundo. </p>

<p>Con una cierta indignación (quizá una indignación Emo), Robotv volteó, me dirigió una mirada lacerante y, con una convicción que nunca le había notado, me espetó:  </p>

<p>–Oe, tú eres imbécil o qué. Si estás con ella, el sitio va a estar bien. </p>

<p>Me quedé pasmado. </p>

<p><strong><big>“Si estás con ella, el sitio va a estar bien”</big></strong></p>

<p>Las palabras del ilustrador reverberaron en el aire comprimido del departamento, adquiriendo un involuntario teñido de sabiduría. Más que la respuesta de un dibujante, era el aforismo de un filósofo, la cita celebre de un pensador, el dogma de un gurú. </p>

<p>Fue entonces que me desahuevé y puse en marcha el plan sugerido.</p>

<p>Dicho y hecho, la noche resultó genial. Recogí a OC, fuimos a ZZZ, pedí un par de cervezas, bajamos al sótano y todo lo usualmente mugroso, pringoso y tétrico se iluminó con una afable luz cenicienta. <br />
Siempre que había bajado a ese sótano había tenido la impresión de estar precipitándome a una alcantarilla, a un decadente infierno musical, pero esa noche sentí que descendía, flotando, a un jardín.  </p>

<p>El barman –al que solía ver como un panzón anodino, casposo y mala gracia– estaba transfigurado: ahora era un gordito sonriente y bien peinado. Los sillones, normalmente agujereados y con los resortes vencidos, los sentí mullidos y confortables. Hasta el baño –un silo hediondo cuyo microclima invita al vómito– resultaba un compartimento límpido, perfumado con aromas de vainilla, madreselva y lavanda. </p>

<p>¿Qué era lo que estaba pasando? ¿Acaso me había fumado algo y estaba padeciendo los efectos alucinógenos correspondientes? ¿Por qué todo parecía, de pronto, la versión Disneylandia de la realidad?</p>

<p>Estaba clarísimo. La presencia de OC había hecho que el bar más feo y pichiruchi de la ciudad se transforme en el más entrañable del mundo. Que ella estuviera ahí, mirándome con dulzura, contándome de su vida, de sus fotos, sus serigrafías, sus proyectos; sonriendo con criminal suavidad, variaba toda mi sensación respecto del entorno y de la atmósfera. Hasta yo me veía algo guapetón cuando me inspeccionaba velozmente en los espejos de ese antro.  </p>

<p>Es curioso cómo los lugares más vacuos, insípidos y sosos pueden metamorfosearse gracias a la energía que desprenden las personas que pasan o se establecen episódicamente allí. Basta con que vivas una experiencia sensacional con alguien en un reducto determinado (un cuarto, un pasadizo, una sala, etcétera) para que ese aposento quede impregnado de una especial calidez y un eterno simbolismo. <br />
[Claro, también puede suceder al revés: que una experiencia nefasta en un lugar precioso dé a luz un recuerdo agrio y opresivo que afee ese lugar, al punto de cubrirlo de un invisible velo gris]. </p>

<p>Lo que quiero decir, en todo caso, es que me sorprende el silencioso afán con que le inyectamos a las habitaciones, los dormitorios, las camas, las puertas y demás objetos inanimados, la personalidad, los rostros, voces y risas de las personas que nos hicieron temblar (de felicidad o de rabia) en esa escenografía. </p>

<p>Mi casa, por ejemplo, es mi papá. Él ya no está (murió hace 13 años), pero se materializa a través de la casa. Su energía sobrevive. Hay sillones, ceniceros, esquinas, sillas, ventanas, dinteles que todavía siguen siendo él. Su tos y su risa todavía suenan cuando uno entra a la cocina o abre el garaje.  </p>

<p>Supongo que humanizamos las cosas para sentirnos menos solos en el mundo. Para generarnos la ilusión de que somos capaces de conferirle un gramo de vida a las naturalezas muertas.    <br />
Será por eso que mi mamá les habla a las plantas de la casa mientras las riega, tocándolas como si las peinara, como si ellas pudieran escuchar de verdad sus consejos. Y será por eso que la gente acostumbra hacer bromas del tipo “uy, si estas paredes hablaran, todo lo que dirían”, dando a entender que ciertas paredes son mudos testigos de ciertos acontecimientos que es mejor mantener en estricto secreto. </p>

<p>Aunque me tilden de perturbado, yo sí creo que algunos objetos tiesos y en principio inertes encierran algo de vida. Y lo digo pensando en el caso de Robotv. Díganme si no tengo razón. Él se mudó hace seis meses a un departamento enano en el que se asfixiaba. Pasaba la menor cantidad de tiempo posible encerrado en los dos ambientes de que consta su morada. La mudanza (tras vivir con su mamá por 33 años) lo había dejado en estado de shock emocional. Más que su hogar, su depa representaba un almacén provisional de sus escasas pertenencias. Las paredes lucían calatas, el amoblado era el mínimo indispensable, y el calculado desorden era fiel reflejo de su disperso estado de ánimo. </p>

<p><br />
<a href="http://blogs.elcomercio.com.pe/busconovia/depa_web.html" onclick="window.open('http://blogs.elcomercio.com.pe/busconovia/depa_web.html','popup','width=500,height=384,scrollbars=no,resizable=no,toolbar=no,directories=no,location=no,menubar=no,status=no,left=0,top=0'); return false"><img src="http://blogs.elcomercio.com.pe/busconovia/depa_web-thumb-420x322.jpg" width="420" height="322" alt="depa_web.jpg" class="mt-image-center" style="text-align: center; display: block; margin: 0 auto 20px;" /></a></p>

<p></p>

<p>Un par de meses después de mudarse (a fines de abril) Robotv vivió en ese mismo depa una breve pero vertiginosa historia de amor con una chica venezolana. Ella era una muy talentosa diseñadora de interiores, y en su paso por Lima –por intermediación de un contacto en común– acabó alojándose unos días en la guarida de mi amigo.   </p>

<p>Cuando volví a visitarlo tras un par de semanas en que no nos habíamos visto, su departamento había sufrido una evidente cirugía estética. Los muros estaban llenos de posters, afiches, postales, dibujos, frases y retratos. Si no había cuadros y bodegones, era simplemente porque no cabían. <br />
El refrigerador, donde solo había una botella de agua, medio yogurt y dos mandarinas a punto de malograrse, ahora contenía diversos productos de primera necesidad: leche, jugos, pan de molde, mantequilla. </p>

<p>Un pequeño geranio estaba en el lugar donde antes había una ruma de cajas de cartón. Y en el suelo, antes frío y sin cobertizo, yacía un tapiz barato, pero de un altísimo costo sentimental, pues allí Robotv y la pelirroja venezolana sostuvieron una refriega erótica de impensado voltaje. </p>

<p>Desde ese momento, su casa comenzó a tener alma, vigor, alegría. Se le hizo más sencillo disfrutar el tiempo que pasa allí, acompañado tal vez del fantasma de los recuerdos (bonitos y tristes) que construyó con su chica extranjera. No importa que la chica ya no esté. Los sentimientos que se pusieron en juego en esas (literalmente) cuatro paredes las dotaron de un singular espíritu. Se convirtió en un lugar habitable. </p>

<p>Mi caso es diferente. </p>

<p>A falta de departamento de soltero, mi único espacio realmente individual y privado es mi auto. Mi Volkswagen. Suena cojudo, pero al carro le dispenso el trato de una mascota (será por eso que mi perro Huesos le tiene cólera y siempre deja sus asquerosos chorros de orín sobre las llantas). Cuando lo lavo siento que estoy bañándolo; cuando le pulo un rayón siento que le extermino una pulga; y cuando le pego una calcomanía o le cuelgo un adorno en el espejo retrovisor lo hago con paternal minuciosidad. <br />
Lo mismo pasa cuando en un grifo pido que le llenen el tanque con la mejor gasolina: siento que lo he llevado a comer a su lugar favorito. Y esto es más idiota todavía: cada vez que camino hacia él y aprieto el botón de la alarma, el carro emite un sonido (click-click) que para mí es un breve ladrido electrónico. Si pudiera moverme la antenita que lleva atrás, sin duda lo haría. Incluso le he puesto un nombre: Little Bastard ( es decir, ‘Pequeño Hijo de Puta’, copiándome del nombre que el actor James Dean le puso a su Porsche 550. Dicho sea de paso, espero no tener el mismo final que Dean, que el 30 de setiembre de 1955 se chocó contra un Ford Tudor y mancó al instante). </p>

<p><br />
<a href="http://blogs.elcomercio.com.pe/busconovia/renato_carro.html" onclick="window.open('http://blogs.elcomercio.com.pe/busconovia/renato_carro.html','popup','width=528,height=364,scrollbars=no,resizable=no,toolbar=no,directories=no,location=no,menubar=no,status=no,left=0,top=0'); return false"><img src="http://blogs.elcomercio.com.pe/busconovia/renato_carro-thumb-420x289.jpg" width="420" height="289" alt="renato_carro.jpg" class="mt-image-center" style="text-align: center; display: block; margin: 0 auto 20px;" /></a></p>

<p><br />
Cual si fuera un Cupido Motorizado, el Volkswagen sabe cuántas chicas se han sentado en el lugar del copiloto. No me lo dice, pero estoy seguro de que algunas le cayeron mejor, y a otras quiso eyectarlas de tan pesadas que eran. Unas quisieron manejarlo y él se negó, fingiendo que su motor se había ahogado. Otras lo trataron mal, arrojando basuritas debajo del asiento o dejando pelos en los tapetes, o lanzando portazos con violencia. Unas pocas le fascinaron, porque le hicieron caricias en la consola, porque le pusieron un buen disco, o le dirigieron un piropo.  </p>

<p>La noche del sábado él también conoció a OC. Y quedó tan prendado como yo. La diferencia es que mientras el carro no ve la hora de que ella se vuelva a subir, yo guardo la esperanza de que no se quiera volver a bajar. </p>

<p><br />
<strong>[Ilustración: Alfonso Vargas Saitua (el apático y filibustero Robotv)]</strong> </p>

<p><br />
[En el primer collage de fotos distintas vistas del departamento de Robotv antes de sucumbir al paso del huracán venezolano. Quise incluir tomas actuales pero el ilustrador no me dejó. En el segundo collage, mi auto cobró vida y me atropelló por ser tan tonto con las mujeres. Nótese mi indumentaria futbolera]</p>

<p>[Este video es de James cantando 'Laid' en vivo. Un temón. Si no que lo diga OC]</strong>  </p>

<p><object width='425' height='344'><param name='movie' value='http://www.youtube.com/v/70Uz-CC_9vw&hl=en&fs=1'></param><param name='allowFullScreen' value='true'></param><embed src='http://www.youtube.com/v/70Uz-CC_9vw&hl=en&fs=1' type='application/x-shockwave-flash' allowfullscreen='true' width='425' height='344'></embed></object></p>

<p><strong>[AVISO PARROQUIAL: No se pierdan <a href="http://www.elcomercio.com.pe/EdicionImpresa/pdf/2008/08/31/ECEN310808f4.pdf">la entrevista que Karina Borrero le hizo a Robotv y que apareció hoy en el suplemento MI HOGAR de El Comercio</a>. Un grande, Robotv. Más tarde le daré su lapo para que no se la crea]</strong></p>

<p><strong>[AVISO PARROQUIAL TARDÍO: Este jueves estaré en la Universidad de Lima conversando con Patty Del Río sobre El Amor en Tiempos de Internet. Aquí les dejo el afiche. Si les interesa, será bacán verlos allí]</strong></p>

<p><a href="http://blogs.elcomercio.com.pe/busconovia/afiche-amor-internet.html" onclick="window.open('http://blogs.elcomercio.com.pe/busconovia/afiche-amor-internet.html','popup','width=1305,height=949,scrollbars=no,resizable=no,toolbar=no,directories=no,location=no,menubar=no,status=no,left=0,top=0'); return false"><img src="http://blogs.elcomercio.com.pe/busconovia/afiche-amor-internet-thumb-420x305.jpg" width="420" height="305" alt="afiche-amor-internet.jpg" class="mt-image-center" style="text-align: center; display: block; margin: 0 auto 20px;" /></a></p>]]>
    </content>
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    <title>Agárrate fuerte a mí</title>
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    <published>2008-08-22T18:07:54Z</published>
    <updated>2008-08-31T00:31:27Z</updated>

    <summary> No hay separación amorosa que te deje conciliar el sueño con facilidad. Veamos. Cuando es la otra persona la que solicita separarse, simplemente no duermes durante dos o tres días: la nostalgia, la rabia, el dolor te devoran por...</summary>
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        <name>Renato Cisneros</name>
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        <![CDATA[<p><a href="http://blogs.elcomercio.com.pe/busconovia/desamparo_blog.html" onclick="window.open('http://blogs.elcomercio.com.pe/busconovia/desamparo_blog.html','popup','width=550,height=534,scrollbars=no,resizable=no,toolbar=no,directories=no,location=no,menubar=no,status=no,left=0,top=0'); return false"><img src="http://blogs.elcomercio.com.pe/busconovia/desamparo_blog-thumb-420x407.jpg" width="420" height="407" alt="desamparo_blog.jpg" class="mt-image-center" style="text-align: center; display: block; margin: 0 auto 20px;" /></a></p>

<p>No hay separación amorosa que te deje conciliar el sueño con facilidad. Veamos. Cuando es la otra persona la que solicita separarse, simplemente no duermes durante dos o tres días: la nostalgia, la rabia, el dolor te devoran por dentro y te desvelan por fuera. Quedas en estado de vómito, de sequedad orgánica y sonambulismo. Ojeroso, atraviesas las madrugadas, evocando escenas, deshojando teorías y probabilidades (a falta de margaritas) tratando de entender en qué momento tu relación se fue al diablo. (Porque las relaciones, como ya se sabe, nunca se quiebran cuando se anuncia el rompimiento, sino mucho antes: la noche, la tarde o la mañana aquella en que intuiste que algo andaba mal, pero no te detuviste a conversar. Es en ese instante en que un inofensivo furúnculo empieza a convertirse en cáncer mortal. A la larga, el rompimiento es solo la manifestación epidérmica de algo que ya estaba podrido). </p>]]>
        <![CDATA[<p>Por otro lado, cuando eres tú el que propone distanciarse, te vas a la cama con la negra sensación de haberle hecho pedazos el corazón a otra persona, y eso puede ser peor. No más triste, pero sí más agotador. Si llorar porque te dejan desgasta, ver que alguien llora por una decisión tuya desgasta el doble: la pena y el remordimiento son demasiado pesados, y por lo general la gente no tiene el temperamento suficiente como para ponérselos al hombro. </p>

<p>Cuando ven sufrir al novio o la novia, muchos flaquean y –en el colmo de la cobardía– prefieren oxigenar artificialmente una relación agonizante cuyo final es irreversible. Es como querer resucitar a un muerto. Es un esfuerzo inútil, que se realiza por compasión, por culpa, por no querer asumir el contrasuelazo de una dura realidad: hay veces en que tu felicidad y libertad emocionales dependen –muy lamentablemente– de un dolor ajeno. O eres tú o es el otro. Suena pésimo, ¿pero acaso no es así?</p>

<p>Hay un tercer caso: tal vez el más común (y el más patético). Se produce cuando tú quieres dar por terminado el vínculo, quieres romper, pero no te animas a plantearlo. Algún trauma enquistado en tu biografía te impide tomar al toro por los cuernos. Te da remordimiento. Pasan los días y no ‘encuentras’ (no quieres encontrar) el momento de iniciar la conversación definitiva. Entonces optas, quizá inconscientemente, por la salida más retorcida: inducir a tu pareja –a punta de señales necias y gestos ruines– a que sea ella (o él) quien ponga los puntos sobre las íes y acelere ese trámite que tú –cabrazo– no te atreves a finiquitar. En buen español: paseas y aburres a tu novia(o) con la ramplona finalidad de que sea ella (él) quien te expectore.   </p>

<p>Sea de la manera que sea, toda separación supone un desapego que puede ser traumático. Y es que cuando encuentras a un ser humano que te gusta, te eriza, te entretiene, te cuida, te complementa, te inspira, desarrollas de modo irracional un indómito sentido de la pertenencia. Y para que eso ocurra no tienen que transcurrir años de años: bastan unos cuantos meses para que ese sentimiento nazca, se reproduzca, crezca y se expanda. </p>

<p>Sientes que la pareja es tuya, como tuyos son tus brazos, tuyo tu auto, tuya tu mascota, tuya tu alma, tuya tu almohada, tuyo tu riñón. Tanto te convences de esa posesión que también cedes tu individualidad para congraciarte y ser propiedad sentimental de tu novia(o). </p>

<p>Sin darse cuenta, los enamorados convierten el amor en un zapato ortopédico, una prótesis sin la cual no pueden caminar (o por lo menos eso les gusta creer). Por eso para los chicos enamorados separarse duele lo mismo que una amputación: sienten que les están arrancando una vértebra, que le están extirpando las tripas, cuando simplemente están regresando a su estado original: la soledad. </p>

<p><br />
<a href="http://blogs.elcomercio.com.pe/busconovia/detalle_corazon.html" onclick="window.open('http://blogs.elcomercio.com.pe/busconovia/detalle_corazon.html','popup','width=100,height=100,scrollbars=no,resizable=no,toolbar=no,directories=no,location=no,menubar=no,status=no,left=0,top=0'); return false"><img src="http://blogs.elcomercio.com.pe/busconovia/detalle_corazon-thumb-100x100.jpg" width="100" height="100" alt="detalle_corazon.jpg" class="mt-image-center" style="text-align: center; display: block; margin: 0 auto 20px;" /></a></p>

<p><br />
Quizá es de toda esa confusión de donde nace el impulso que lleva a la gente a ponderar categorías tan discutibles y volátiles como “LA mujer de MI Vida” o “EL hombre de MI vida”. Joder. Qué estupidez. No sé ustedes, pero a estas alturas yo ya me convencí de que la única persona de MI vida soy yo mismo. Contra lo que podría parecer, esa no es la conclusión de un treintañero amargado, sino la filosofía práctica de quien prefiere que su estabilidad anímica dependa lo menos posible de terceros. </p>

<p>Aún así soy consciente de que separarse es doloroso. Básicamente porque implica empezar desde cero, y porque te sientes obligado a aceptar que eres totalmente prescindible para alguien que aún es necesario para ti.   </p>

<p>En los últimos días he vivido algo de todo esto. Una chica a la que quiero mucho (digamos que se llama CT) me pidió no vernos más. Algo que hice o dije o escribí (o las tres cosas juntas) la había decepcionado. <br />
Era tal su abatimiento que verme y saber de mí le resultaba más triste y dañino que no verme. <br />
Mientras conversábamos en un café (las relaciones humanas suelen acabar en un café), cobijé una certeza horrible: el único remedio para su consternación era mi invisibilidad. Entendí que, para que ella se salvara, yo tenía que mimetizarme con el aire y desintegrarme. Para que ella estuviera bien, para que retomara la conducción de su vida, era imprescindible que yo desapareciera, que me tragara la tierra por un buen tiempo. </p>

<p>Me odié  cuando vi en sus ojos el pedido de un adiós involuntario, pero urgente. Me odié, entre otras cosas, porque alguna vez yo estuve en su lugar y le disparé esa misma mirada tirante –mitad desprecio, mitad amor– a una chica que me había desollado el corazón. Me odié por parecerme tanto a ese tipo de persona destemplada e insensible que siempre aborrecí, y en la que juré nunca convertirme.  </p>

<p>La vida te da lecciones duras. Cuando produces en otro el avinagrado efecto que antes alguien produjo en ti prolongas una odiosa cadena que tiene infinitos eslabones. Ahora sé que solamente cuando CT le destruya el corazón a un tercero, recién ahí, mi culpa interna se aliviará un poco. Y tal vez solo desaparezca del todo el día remoto en que ese tercero haga añicos los sueños amorosos de otra mujer. </p>

<p>El dolor –como el calor de una antorcha que se pasa de mano en mano– se logra alejar de ti, pero con una martirizante lentitud. No desaparece de golpe, se esfuma. </p>

<p><a href="http://blogs.elcomercio.com.pe/busconovia/detalle_cafe.html" onclick="window.open('http://blogs.elcomercio.com.pe/busconovia/detalle_cafe.html','popup','width=100,height=100,scrollbars=no,resizable=no,toolbar=no,directories=no,location=no,menubar=no,status=no,left=0,top=0'); return false"><img src="http://blogs.elcomercio.com.pe/busconovia/detalle_cafe-thumb-100x100.jpg" width="100" height="100" alt="detalle_cafe.jpg" class="mt-image-center" style="text-align: center; display: block; margin: 0 auto 20px;" /></a></p>

<p><br />
También por estos días me he cruzado con una ex novia. La vi una noche, en un local público. Nos saludamos con normalidad y sostuvimos una charla amable: falsete, pero amable. <br />
Sin embargo, cuando regresaba a mi casa en el auto, manejando a lo largo de avenidas vacías, no podía dejar de recordar el día en que nos separamos, hace más de una década atrás.  </p>

<p>Ella es la chica que más me ha hecho llorar. Hasta antes de que mi vida se cruzara con la suya yo pregonaba esa frase que asegura que “los chicos son machos, porque no lloran” (otra antigua cojudez con inexplicable vigencia contemporánea). No me gustaba exteriorizar mi lado vulnerable. Pero con esta mujercita no pude hacerme el sueco valentón. La noche en que me dijo que “me quería, pero necesitaba estar sola” sentí que alguien me clavaba el cuchillo de Rambo en el empeine. </p>

<p>Hasta ahora no puedo creer todo lo que chillé. Un bebé recién nacido hubiera parecido un monje tibetano al lado mío. </p>

<p>Lloré lo que no había llorado nunca antes. Parecía una fuente de lágrimas. Si alguien me cargaba y me ponía en medio de una plaza, hubiera sido una perfecta catarata ornamental. <br />
Al día siguiente de la ruptura, las cuencas de mis ojos no estaban moradas, sino verdes de tan irritadas. Parecía un mapache castigado. Un zorrillo famélico y sin hogar.  </p>

<p>Lo peor es que atravesaba la edad del masoquismo más ciego, o sea, lloraba con sadismo, relamiendo mis heridas como un gato techero y trastornado. Me encerraba en mi cuarto, apagaba la luz, enchufaba el minicomponente (nótese la reliquia tecnológica) y –al son de los temas más almibarados y suicidas de esa dupla de cabriolas llamada Air Supply– me practicaba imaginarios chuzos en las venas de las muñecas. </p>

<p>Ahí, postrado voluntariamente en la cama, barritaba de desolación. Lo raro –lo tremendamente raro– es que algo dentro de mí disfrutaba de todo eso. </p>

<p>Por esos días llegó a mis manos un librito de cuentos de Alfredo Bryce Echenique. En lugar de tomar ansiolíticos que me ecualizaran el ánimo (o barbitúricos que me lo aniquilaran de cuajo), me sumergí en la lectura de ese libro para ver si la Literatura hacía algo por mí (ya que yo no hacía nada por ella). <br />
Y fue en esas páginas donde encontré, inesperadamente, la manera de olvidarme un poco de la novia que me había dejado el autoestima en cuidados intensivos. </p>

<p>Uno de los cuentos de Bryce se titulaba ‘Una mano en las cuerdas’, y su protagonista era Manolo, un adolescente que vivía enamorado de Cecilia, una niña a la que espiaba diariamente en la piscina del Country Club de Lima. </p>

<p>En un momento de la historia, cuando Manolo le confiesa a un amigo que no puede quitarse a Cecilia de la cabeza, que el recuerdo de ella lo persigue día y noche sin misericordia, el amigo –exasperado– le lanza un consejo torpe pero absolutamente genial: “Imagínatela cagando”. </p>

<p>Ja. </p>

<p>No podría asegurarle a los lectores del blog que esa sea la mejor técnica para olvidar a una mujer, pero tampoco pongo en tela de juicio la eficacia del método. <br />
Es que es cierto. Pensar en la chica de tus sueños en pleno ejercicio excretorio (su rostro enrojecido por el arduo esfuerzo de la evacuación; las venitas del cuello a punto de explotar; los gemidos callados a que la pujanza obliga; la apestosa delicadeza de su pequeña deposición) puede acabar con la pasión más porfiada. </p>

<p>Si profanas su memoria angelical y te la imaginas en esos aprietos intestinales, el amor se te va, literalmente, a la mierda. </p>

<p>Creo que fue ahí cuando colegí que era mejor reírse de las penas de amor en vez de arrastrarlas cual si fuesen las chirriantes cadenas de un alma en pena condenada a morar imperecederamente en el purgatorio. </p>

<p>Pero el humor también se toma sus días. Y mientras llega para consolarte, te sientes un poco a la intemperie, un poco en desamparo, como si a tu casa le hubieran retirado el techo y las paredes y hubieses quedado a merced de las lluvias más copiosas. Todo es un charco lodoso cuando alguien se va de tu lado. </p>

<p>Y la escena final es asquereosa: tú llorando sobre su hombro, atragantándote con tu propio llanto, y ella palmoteándote la espalda, como si fueras un niño al que hay que apapachar porque está deprimido. Puaj. </p>

<p>Necesitaba escribir esto. </p>

<p>CT, una chica a la que quiero mucho, me ha pedido que desaparezca, lo que equivale a pedirme que me muera un poquito, que renuncie a mis impulsos. Que deje de ser yo. <br />
Para que ella viva, tengo que morir. Qué vaina. </p>

<p>Supongo que de eso se trataba todo.</p>

<p></p>

<p><strong>[Ilustración: Alfonso Vargas Saitua (el por estos días sensible, potialegre y cocinero Robotv)]</strong></p>

<p><br />
[Esta canción es fantastica. Se llama Agárrate fuerte a mí, María. Supongo que es casi lo que uno le pide a la persona que te está dejando. Como diciéndole, vete mierda, lárgate si no quieres estar conmigo, pero antes, abrázame. Y agárrate fuerte]</p>

<p><br />
<object width="425" height="344"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/wHaT4MSUXzw&hl=en&fs=1"></param><param name="allowFullScreen" value="true"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/wHaT4MSUXzw&hl=en&fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowfullscreen="true" width="425" height="344"></embed></object></p>

<p><br />
<strong>[AVISO PARROQUIAL: El próximo viernes (29 de agosto) habrá una firma de libros en la Librería Crisol del Óvalo Gutiérrez (San Isidro, al costado del Cine Alcázar). Robotv y yo estaremos estampándole a sus ejemplares de Busco Novia una rúbrica cariñosa. Será a partir de las 7:30 de la noche. Los esperamos. Como siempre, el gusto y placer será nuestro. Los invito a ver la página web de Crisol (http://www.crisol.com.pe). Al libro le está yendo muy bien gracias a ustedes]</strong></p>

<p><a href="http://blogs.elcomercio.com.pe/busconovia/Invitacion%20Busco%20Novia.html" onclick="window.open('http://blogs.elcomercio.com.pe/busconovia/Invitacion%20Busco%20Novia.html','popup','width=2480,height=3508,scrollbars=no,resizable=no,toolbar=no,directories=no,location=no,menubar=no,status=no,left=0,top=0'); return false"><img src="http://blogs.elcomercio.com.pe/busconovia/Invitacion Busco Novia-thumb-420x594.jpg" width="420" height="594" alt="Invitacion Busco Novia.jpg" class="mt-image-center" style="text-align: center; display: block; margin: 0 auto 20px;" /></a><br />
</p>]]>
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    <title>Un romance a medias</title>
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    <published>2008-08-15T17:25:17Z</published>
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        <![CDATA[<p><a href="http://blogs.elcomercio.com.pe/busconovia/renato_blog_medias.html" onclick="window.open('http://blogs.elcomercio.com.pe/busconovia/renato_blog_medias.html','popup','width=526,height=450,scrollbars=no,resizable=no,toolbar=no,directories=no,location=no,menubar=no,status=no,left=0,top=0'); return false"><img src="http://blogs.elcomercio.com.pe/busconovia/renato_blog_medias-thumb-420x359.jpg" width="420" height="359" alt="renato_blog_medias.jpg" class="mt-image-center" style="text-align: center; display: block; margin: 0 auto 20px;" /></a></p>

<p>Salí de la ducha, me até la toalla a la cintura como si fuese una falda anticuada, y caminé descalzo los seis pasos que me separaban del clóset. Apoyándome en los talones para salvar a mis pies del gélido frío de las mayólicas, me puse a revisar el cajón de ropa interior para elegir mi íntima indumentaria nocturna. Eran las 10 de la noche de un sábado muy reciente. En la radio Robbie Williams se desgañitaba ladrando Rock DJ, y yo movía las caderas quedamente para evitar que la toalla se me cayese. No sé por qué, pero no soporto estar mucho tiempo desnudo delante de mí. Me incomoda verme calato.   </p>]]>
        <![CDATA[<p>Mi plan era asistir al cumpleaños de un amigo muy querido. Cumplía 31 años, uno menos que yo. Lamentablemente (para mí), su reunión no prometía mucho. Es más, a esa hora ya era fácil adivinar el soporífero escenario que me esperaba: muchas parejas sentadas en una sala, poca gente soltera por conocer, música noventera, más vodka que cerveza, más cerveza que whisky, y una escasa provisión de piqueos, bocaditos y snacks. O sea, lo de siempre. En el mejor de los casos, habría una torta, aunque eso –a los 30 años– digamos que ya no se estila. Se ve muy ñoño, muy ganso, muy calzonudo que tu vieja salga de la cocina con un chifón bañado con crema, adornado por una solitaria vela simbólica, de esas que nunca se apagan. (Es curioso, porque si es tu novia la que prepara el pastel y arma la fiesta, todos aplaudan y cantan happy birthday con cinematográfico entusiasmo, pero si la organizadora es tu mamá, todo parece un chiste involuntario). </p>

<p>El tema es que ahí, parado semidesnudo delante del closet, miraba la ropa interior con lógico desgano, como quien analiza una mercancía de segunda mano, tratando de encontrar el brillo de algún objeto valioso. Me martillaba la intuición de que esa noche no me acostaría con nadie; de que sería una nueva velada sin sexo; y de que amanecería en mi cama, sin más compañía que mi vieja almohada rellena de plumas. Quizá fue por eso que automáticamente elegí un calzoncillo pobretón, raído, de elástico fláccido, marca Boston, estilo bikini, azul, ya desteñido por la lejía. Con seguridad, el calzoncillo menos varonil del mundo. </p>

<p>Bah –pensé, con forzada resignación– si no voy a desnudarme delante de nadie, para qué malgastar mi reducido lote de bóxers sensuales. Mejor me pongo este adefesio y listo.  </p>

<p>Con la misma lógica y apatía, seleccioné un viejísimo par de medias, de esos que lamentas en el alma haberte puesto cuando en el ?rea de Migraciones de un aeropuerto un agente bravucón te obliga a que te quites los zapatos, y tú te resistes, necio, prefiriendo que los turistas a tu alrededor te confundan con un peligroso burrier antes de que sepan que eres un pezuñento con medias rotas. <br />
Pero no era el caso: yo no me iba al Aeropuerto, sino a una estúpida reunión, donde nadie se fijaría en cuán moderna o no era mi lencería. Opté, entonces, por un vestuario fantoche: por fuera muy arregladito y perfumado, pero por dentro mi ropa toda era una calamidad. </p>

<p><a href="http://blogs.elcomercio.com.pe/busconovia/detalle_calzoncillo.html" onclick="window.open('http://blogs.elcomercio.com.pe/busconovia/detalle_calzoncillo.html','popup','width=300,height=300,scrollbars=no,resizable=no,toolbar=no,directories=no,location=no,menubar=no,status=no,left=0,top=0'); return false"><img src="http://blogs.elcomercio.com.pe/busconovia/detalle_calzoncillo-thumb-300x300.jpg" width="300" height="300" alt="detalle_calzoncillo.jpg" class="mt-image-center" style="text-align: center; display: block; margin: 0 auto 20px;" /></a></p>

<p>Llegué a la casa de este amigo treintón, y media hora después ya quería irme: había dado cuenta de los bocaditos y de las cervezas y me había fatigado iniciando y acabando conversaciones con unas chicas un poco angustiadas y mojigatas que tuvieron la mala suerte de sentarse a mi lado. </p>

<p>Ya me disponía a largarme sin anunciarlo cuando decidí ir al baño para aliviar las urgencias prostáticas que las varias cervezas tomadas desencadenaron. Además, el baño estaba cerca de la puerta de salida, así que podía entrar, salir y fugarme sin que nadie se percatase. </p>

<p>Había alguien adentro que se demoraba más de la cuenta. Pegué el oído para tratar de identificar qué cosa estaba haciendo el usuario. No se oía nada en particular. Dejé pasar unos minutos y luego toqué la puerta sin amabilidad. Pum, pum. La puerta se abrió y, para mi sorpresa, detrás de ella apareció una chica que era –lo juro– la clon de Pocahontas. Morenita, pelo largo, ojazos, cintura fina, botas sin taco. <br />
Mi cara de meón enojado se deshizo apenas sus ojos me enfocaron. Desde luego que ni siquiera entré al baño, sino que empecé a conversarle ahí mismo, mientras la música de fondo (Sin Documentos, de Los Rodríguez) se confundía con el ruido del chorro de agua por el jalón de la cadena producido.  </p>

<p>Conversamos muchísimo. Se llamaba D. Acababa de cumplir 24 años y hacía uno que vivía con una amiga en un departamento de San Borja. Era casi bachiller en Psicología. Le dije que nunca la había visto en la casa de mi amigo, y con una demoledora carita de culpa me confesó que había caído de paracaidista, pero que se estaba aburriendo un poco. <br />
A esas alturas las ganas de mear se habían diluido, o mejor aún, habían sido completamente neutralizadas por bombazos de adrenalina que salían de mi pecho como fuegos artificiales. Los caprichos de mi corazón le habían ganado el duelo orgánico a las necesidades de mi uretra.  </p>

<p>–Yo también estoy medio sota, ¿por qué no nos robamos unas cervezas y nos vamos por ahí? <br />
–Qué significa exactamente “por ahí?, preguntó D, con astuta malicia.  <br />
–No sé, por ahí. Ya vemos, planteé con soltura. </p>

<p>[[Por dentro, mis verdaderos pensamientos se agazapaban: quería ir a su depa de San Borja, besarla hasta que me doliera la boca y pasar todo el invierno en su colchón]]. </p>

<p>–Ya, pues, ¿estás con carro? <br />
–Sí, pero mejor vamos en taxi. He tomado un poco y preferiría evitar cualquier roche. <br />
–Ya, claro, mejor. Qué bueno que pienses así. </p>

<p>Por supuesto le dije lo de irnos en taxi por purita estrategia. No porque creyera verdaderamente que podría cometer una irresponsabilidad manejando ebrio (que, sin duda, es una tetuda irresponsabilidad), sino porque en un taxi tenía más campo de acción para insinuarme, abrazarla y ver si ella accedía al prometedor juego licencioso que ya nuestras miradas y sonrisas venían anunciando.    </p>

<p>Subimos al asiento trasero del taxi, destapé dos de las cervezas birladas a mi amigo y –chin, chin– chocamos las botellitas, haciendo ese brindis idiota (pero muy efectivo) que dice que si no miras a los ojos a la otra persona pasarás siete años de mal sexo. <br />
Sentí que todo fluía, como debe ser, como mandan los cánones de la seducción: con impagable naturalidad. </p>

<p>–Sabías que te pareces a…<br />
–Ay, no me digas… ¿a Pocahontas?, me interrumpió ella, con voz de flojera<br />
–Sí, ¿por?… <br />
–Qué poco ocurrente, todos los chicos dicen lo mismo…</p>

<p>Sus palabras fueron un doloroso puñal desollando el centro de mi ego. Hubiera preferido que me mente la madre tres veces antes de decirme “poco ocurrente?. Para un supuesto escritor como yo –que tiene un cierto aprecio por las infrecuentes ocurrencias que desperdiga– esa frase, más que un insulto, era todo un epitafio. “Aquí yace el poco ocurrente de Renato Cisneros?. Dios. Si hasta podía ver la inscripción en la lápida. </p>

<p>Un brutal frenazo del taxista me distrajo de mi mortuoria visión. </p>

<p>–¡¡Mierda!!, gritamos los dos, tras el samacón </p>

<p>La cerveza salpicó por todos lados y nos mojamos (bueno, hacía un buen rato que yo ya estaba un tanto húmedo, y –ejem– no precisamente de cerveza) </p>

<p>Fue un momento chistoso. Una escena típica de película barata. Y lo que cualquier respetable guión chabacano hubiera incluido a continuación era –como es lógico– un agarre, un beso brutal y despiadado. Pero, claro, la vida no siempre es una película romántica, ni un taxi cochambroso el mejor set para filmarla. Fue por eso que cuando me acerqué a la boca de Pocahontas, ella alejó su cara, tomó mi mentón con la mano y, sonriendo, enderezó mi cara como diciendo “no te confundas, compadrito?. </p>

<p>Qué microsegundo para horrible. Intentar dar un beso y fallar es humillante. Después de eso, todas las revoluciones adrenalínicas desaparecieron y los músculos del pecho se afofaron. Estaba triste. Para colmo, me volvieron las ganas de mear.  Tratando de distraerme, le pedí al taxista que suba el volumen. Por el espejo retrovisor noté que él –zambo, bigotón, de unos 42 años– me miraba como compadeciéndome. </p>

<p><a href="http://blogs.elcomercio.com.pe/busconovia/taxi.html" onclick="window.open('http://blogs.elcomercio.com.pe/busconovia/taxi.html','popup','width=252,height=252,scrollbars=no,resizable=no,toolbar=no,directories=no,location=no,menubar=no,status=no,left=0,top=0'); return false"><img src="http://blogs.elcomercio.com.pe/busconovia/taxi-thumb-252x252.jpg" width="252" height="252" alt="taxi.jpg" class="mt-image-center" style="text-align: center; display: block; margin: 0 auto 20px;" /></a></p>

<p>Sorpresivamente, D propuso que vayamos a su departamento. Cuando la oí me alegré, pero por dentro pensaba: para qué más torturas, para qué me lleva a su guarida si no quiere darme ni un beso, qué es lo que quiere, ¿hacerme sufrir?  </p>

<p>Yo quería que llegáramos rápido a su casa, no tanto para intentar una segunda oportunidad de seducirla, sino más bien para descargar mi vejiga. Por eso, ni bien crucé la puerta de entrada le pedí el baño. Con la próstata aliviada, procedí a lavarme la cara para, no sé, renovar el ánimo caído. Estaba bien, lo aceptaba, si ella no quería darme un beso tampoco iba a desaparecer como un enfermo maniático que solo piensa en sexo. Salí del baño dispuesto a conversar, a hablar, a escucharla, a hacer eso que tanto reclaman las mujeres. Si no podía ser a mi manera, Pocahontas, que sea a la tuya, pensé. </p>

<p>Pero quién carajo entiende a las mujeres. Ni bien salí del baño, D me atacó por la espalda, pellizcándome el poto. Giré de inmediato y ella se abalanzó sobre mí para besarme. Sin reacción posible, solo me dejé llevar. Lentamente fuimos avanzando (o retrocediendo, es difícil precisarlo) hasta que caímos en un sofá. Ella estaba hecho una fiera: me arañaba la espalda, me mordía, paseaba su lengua por toda mi cara como si en vez de un chico fuera una paleta de caramelo. Era psicóloga, pero se comportaba como loca. Ni siquiera me daba aire ni oportunidad para decirle una de esas frases cortas ideales para esos combates cuerpo a cuerpo: “me encantas?, “me gustas un huevo?, “me excitas?, o cualquier huachafería parecida. </p>

<p>La cosa se puso algo violenta. La que pudo ser una tierna escena sentimental se convirtió en un grosero round de lucha libre. Nos caímos al suelo, nos revolcamos, cambiamos de posición. Luego comenzamos a desvestirnos. Ella se sacó la blusa, yo la camisa. Ella me arrancó la correa, yo le retiré el sostén (desabrochándolo al primer intento, eso es clave, sino quedas como mongo). Pero no fue sino hasta el momento en que ella desabrochó mi pantalón que tomé conciencia de lo que iba a suceder: vería mi calzoncillo de mendigo y se espantaría. </p>

<p>Traté de demorar ese trámite vergonzoso sacándome los zapatos, pero solo conseguí el efecto contrario, pues los dedos gordos de mis pies asomaron a través de los agujeros de mis medias marchitas. Por acto–reflejo, doblé los dedos, contrayéndolos, para que ella no se diera cuenta de la desgraciada condición de mi vestuario íntimo. </p>

<p>Le insistí tercamente que apagara las luces, pues solo en la oscuridad podría moverme como un pez en el agua. Ella felizmente accedió y de un salto fue, pulsó el interruptor y volvió. El resto fue pura magia silvestre. Del suelo al sofá, del sofá a la cama, con una breve escala técnica en la cocina. Una gran velada de sexo. Nunca una psicóloga me ofreció mejor terapia. </p>

<p>A la mañana siguiente, yo roncaba como un zángano. Las cortinas estaban cerradas, lo cual nos proveía de una dotación de oscuridad muy conveniente. Mi calzoncillo viejo y mis medias rotas andarían por ahí, confundidos con las sombras de los objetos de la habitación. </p>

<p><a href="http://blogs.elcomercio.com.pe/busconovia/detalle_medias.html" onclick="window.open('http://blogs.elcomercio.com.pe/busconovia/detalle_medias.html','popup','width=300,height=300,scrollbars=no,resizable=no,toolbar=no,directories=no,location=no,menubar=no,status=no,left=0,top=0'); return false"><img src="http://blogs.elcomercio.com.pe/busconovia/detalle_medias-thumb-300x300.jpg" width="300" height="300" alt="detalle_medias.jpg" class="mt-image-center" style="text-align: center; display: block; margin: 0 auto 20px;" /></a></p>

<p>Recuerdo estar bostezando cuando D me aplicó un raudo codazo y, al grito de “rápido, cámbiate, tienes que irte?, pasó a informarme que su ‘roomate’ acababa de llegar, lo cual hacía peligrar mi permanencia en tan acogedor lugar. Me molestó que me botara como un perro solo para no poner en riesgo su imagen puritana delante de su amiguita, pero no hice mayor reclamo.</p>

<p>Me bajé de la cama y tanteando a ciegas traté de identificar velozmente las prendas chorreadas que me faltaban. Esgrimiendo una sonrisita que solo yo entendía, me coloqué el calzoncillo feo que ella nunca vio, me calcé el pantalón, me puse las medias en tiempo record, hundí los pies en los zapatos al tiempo que abrochaba mi camisa y listo. En menos de cinco minutos ya había escapado de la casa de Pocahontas. </p>

<p>Esta habría sido una noche magnífica si no hubiera sido por lo que ocurrió a continuación. Llegué a mi casa para dormir el sueño que D interrumpió al aplicarme un codazo en las costillas. Me desvestí de nuevo y al momento de quitarme los zapatos vi con absoluto espanto que mis medias no tenían sus legendarios huecos a la altura de los dedos gordos. De hecho, ni siquiera eran mis medias. Eran las medias de D, las que traía debajo de esas botas sin taco. Con el apuro y con la escasísima luz que filtraban las cortinas, había confundido las mías con las suyas. </p>

<p>Sentí un hincón de vergüenza profunda en el estómago. El hincón se acentuó mucho más al recordar el estado horrendo de mis calcetines: perforados, con manchas de talco pegoteadas por el sudor, y con la parte del talón debilitada por el uso frecuente. Imaginé con dolor el instante en que D encontraba en el suelo de su cuarto ese par de escarpines infectos, ese par de culebras de hilo, las inspeccionaba con asco, las acercaba a su nariz y emitía un aullido de repugnancia.  </p>

<p>De todos los bochornos con mujeres que la vida me ha deparado en estos 32 años –y que no han sido pocos– ninguno podría superar este. Ninguno. </p>

<p><br />
<strong>[Ilustración: Alfonso Vargas Saitua (el dubitativo y agrio Robotv)]</strong></p>

<p><br />
[Este vídeo no me parece especialmente edificante, pero la canción es un link directo al episodio aquí narrado. Chicas, disfruten a Robbie. Muchachos, envídienlo] </p>

<p><object width="425" height="344"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/LU9nIhwjfco&hl=en&fs=1"></param><param name="allowFullScreen" value="true"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/LU9nIhwjfco&hl=en&fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowfullscreen="true" width="425" height="344"></embed></object></p>

<p><br />
<strong>[AVISO PARROQUIAL: Esta semana ha sido nefasta en términos de tiempo. Espero que lo comprendan. Saludos. Y gracias por acompañarme en las actividades del libro. Mañana estaré en Trujillo. Y en un mes nos vamos con Robotv a Iquitos. Todo bien. La fama no existe: solo la estamos pasando bien]</strong></p>]]>
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    <title>Cariño Bonito</title>
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    <published>2008-08-05T04:09:31Z</published>
    <updated>2008-08-05T23:37:12Z</updated>

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        <![CDATA[<p><a href="http://blogs.elcomercio.com.pe/busconovia/feria_blog.html" onclick="window.open('http://blogs.elcomercio.com.pe/busconovia/feria_blog.html','popup','width=550,height=550,scrollbars=no,resizable=no,toolbar=no,directories=no,location=no,menubar=no,status=no,left=0,top=0'); return false"><img src="http://blogs.elcomercio.com.pe/busconovia/feria_blog-thumb-420x420.jpg" width="420" height="420" alt="feria_blog.jpg" class="mt-image-center" style="text-align: center; display: block; margin: 0 auto 20px;" /></a></p>

<p><br />
Luis, mi hermano menor, dice que en el Calendario Maya a mi fecha de nacimiento le corresponde el símbolo de la Tormenta. Si le he entendido bien, eso significa que estoy destinado (o condenado) a ser y vivir del modo en que actúan las tormentas; es decir, siguiendo un curso inestable, sinuoso, alborotado y errático. </p>]]>
        <![CDATA[<p>Tal designio maya, como comprenderán, no me resulta para nada alentador, salvo por un detalle que sí encuentro fascinante: las tormentas vistas por fuera parecen caóticas, turbulentas, imparables, pero en su centro más íntimo, en su justo medio, su energía da lugar a una absoluta quietud. Creo que esa contradicción se aplica perfectamente a mi biografía: bajo las agitadas rutinas en que se me va la vida día a día –las clases, el periódico, los cachuelos varios– hay una densa tranquilidad, una marea de silencio, un hueco. </p>

<p>Es desde ahí, desde mi propio centro, que ahora estoy tratando de ver, apreciar y comprender todo lo que ha ocurrido en los últimos días: días de Feria del Libro, días de estruendo editorial, días de haber paladeado el afecto desmesurado de los lectores de esta bitácora. Si algo concreto he sentido en la semana que pasó es un cariño auténtico y aplastante, un afecto que difícilmente podría retribuir en igual dosis. </p>

<p>Hoy escribo este post desde el medio de la Tormenta que según mi hermano se agita en mi interior. Lo curioso es que al hacerlo me siento casi duplicado. Ser el personaje de este blog y a la vez su autor es una situación extraña que me aturde. De hecho, durante estos días me ha rondado el presentimiento de que el Personaje secuestró al autor, lo maniató, le puso esparadrapo  en la boca y se escapó del blog para encontrarse con ustedes en la Feria. El que firmaba esos libros, entonces, no era yo, sino el Busca Novia, mi heterónimo y homónimo. </p>

<p>Es como si Renato Cisneros fuera una especie de androide o robot mecánico, en cuya cabeza está, insertada, una pequeña cabina operada por un hombrecito, un piloto minúsculo, que –visto bien de cerca— también soy yo mismo. Es decir que yo, el escritor de carne y hueso, conduzco a este Renato blogger como si fuera un armatoste, una nave cuyo fuselaje tiene la forma de un chico no muy alto de 32 años. Mi cuerpo es una escenografía y un laboratorio. Un cascarón. Mis ojos son solo los dos ventanales desde los que diviso el exterior y monitoreo mis movimientos. Mis orejas son dos ventiladores potentes; mis fosas nasales, dos turbinas. Por un largo tubo interior puedo deslizarme y bajar a reparar mi corazón cuando se traba, y por una secreta escalera caracol subo a revisar los cables chamuscados de mi cerebro, siempre tan expuesto al cortocircuito. </p>

<p>En esta cabina tengo una consola repleta de botones y palancas que activan mi sonrisa, sacuden mis brazos, me hacen andar, toser, parpadear. Si vieron la película <a href="http://www.youtube.com/watch?v=icysehz-OVc" target="_blank">‘Quieres Ser Jhon Malcovich’</a>, algo me van a entender. Y si recuerdan cómo funcionaba <a href="http://www.youtube.com/watch?v=wJpGvIRYkKI" target="_blank">Mazinger Z</a>, sabrán perfectamente a qué me estoy refiriendo. Me siento como una de esas muñecas rusas que, al abrirlas, aparecen de nuevo, multiplicadas. Es como ir a una fiesta infantil, ver a un Muñeco Barney animando la reunión, dirigirse hacia él, arrancarle con furia la cabeza de felpa y tecnopor para ver quién es el individuo que está allí adentro, y descubrir –con gracioso horror– que es el propio Barney el que se interpreta. </p>

<p><br />
<a href="http://blogs.elcomercio.com.pe/busconovia/con_mazinger_y_barney.html" onclick="window.open('http://blogs.elcomercio.com.pe/busconovia/con_mazinger_y_barney.html','popup','width=475,height=369,scrollbars=no,resizable=no,toolbar=no,directories=no,location=no,menubar=no,status=no,left=0,top=0'); return false"><img src="http://blogs.elcomercio.com.pe/busconovia/con_mazinger_y_barney-thumb-420x326.jpg" width="420" height="326" alt="con_mazinger_y_barney.jpg" class="mt-image-center" style="text-align: center; display: block; margin: 0 auto 20px;" /></a></p>

<p>En este instante me parece estar sentado en esa cabina microscópica alojada en mi cabeza. Lo único que hago es escribir. El Renato mecánico y gigante (es un decir) está quieto, como un enorme juguete apagado. Yo estoy dentro de él, como si fuera su conciencia, procesando lo que hemos vivido juntos en los días recientes. </p>

<p>Y es en nombre de él que tengo que agradecerles a todos los que fueron a la Feria del Jockey Plaza el miércoles 30. Eso fue sencillamente brutal. Ni en mis expectativas más optimistas (o sea, en las del Renato blogger) hubiera imaginado tal concentración de gente. Chicos, chicas, grandes, pequeños, mamás, papás, solteros, emparejados. Fue asombroso. Pero más que el número del público, lo emocionante fue la actitud: me trataron como si fuera un popularísimo dibujo animado que acababa de cobrar vida. </p>

<p>Quedé muy complacido de poder conocer (y reconocer) a varios de los comentaristas del blog. Al fin pude ponerle un rostro y una voz a esos cientos de seudónimos familiares. Fue todo un descubrimiento. Gracias por estar ahí, por llegar a tiempo, o por llegar con las justas; por ir después del estadio con el polo de la U puesto; por hacer la cola desde temprano; por venir a Lima desde el extranjero y aprovechar eso para resbalar en la Feria; por comprar el libro para regalarlo; por ir en representación de otra persona que no pudo. </p>

<p>Gracias por llevarnos obsequios elaborados con tanta dedicación; por tomar fotos que retratan a la perfección mi timidez y mi sorpresa, y por filmar vídeos que más tarde han aparecido colgados en You Tube. </p>

<p>Me produjo aflicción no poder firmar todos los libros esa noche en el stand de Santillana, y me sorprendió tener que salir rodeado de dos agentes de la policía, que creyeron ver una turba de sicarios ahí donde solo había una mancha de lectores generosos que reclamaban con justicia la rúbrica de este Don Nadie.  Me sentí un Beatle (Ringo). Felizmente, tres días después, el sábado, conseguí completar la faena.   </p>

<p><a href="http://blogs.elcomercio.com.pe/busconovia/collage_FIL.html" onclick="window.open('http://blogs.elcomercio.com.pe/busconovia/collage_FIL.html','popup','width=550,height=714,scrollbars=no,resizable=no,toolbar=no,directories=no,location=no,menubar=no,status=no,left=0,top=0'); return false"><img src="http://blogs.elcomercio.com.pe/busconovia/collage_FIL-thumb-420x545.jpg" width="420" height="545" alt="collage_FIL.jpg" class="mt-image-center" style="text-align: center; display: block; margin: 0 auto 20px;" /></a></p>

<p><br />
A manera de chisme les contaré que la noche del 30 asistieron al Jockey –por separado, se entiende— tres chicas que han marcado mis correrías sentimentales. Tres mujeres de mi vida. No diré sus nombres, pero mientras hablaba desde la Mesa del escenario pude identificarlas entre la quieta muchedumbre. Verlas ahí, distanciadas la una de la otra pero reunidas sin querer, me generó una sensación muy particular. Algo de alegría, algo de extrañeza. Disculparán la analogía, pero me sentí como debe haberse sentido San Martín de Porres luego de juntar a perro, pericote y gato alrededor del mismo platillo.  </p>

<p>Desde aquel momento hasta hoy he vivido suspendido de la realidad oficial, trepado en una montaña rusa de notas periodísticas, fotos, grabaciones, saludos, aplausos, almuerzos, afiches, llamadas, entrevistas con medios locales y extranjeros, Mesas Redondas, coberturas, luces, agasajos, apapachos, y demás celebraciones y requerimientos. </p>

<p>Todo eso, desde luego, es un precioso espejismo, una larga escena de ciencia ficción, una sobrecogedora secuencia de sueños mejorados. </p>

<p>Lo cierto es que aquí ¬adentro –o sea, en mi cabeza— no ha pasado nada. El Renato que pilotea al personaje no ha sufrido ningún ataque de confusión ególatra. Hoy, por ejemplo, subí a almorzar un poco tarde a la cafetería del periódico. Eran como las 4 p.m. No había un alma en todo ese salón de losetas blancas y mesas vacías. Estaba sentado completamente solo, y mientras daba cuenta de un filete de pollo con papas fritas observaba el partido Gálvez–Cristal en la televisión. Parecía un autista. De pronto, un par de queridos compañeros de la Redacción (que fueron testigos de la fiesta multitudinaria del miércoles) entraron, me vieron ahí, tan sin compañía, y casi en coro exclamaron: “Renato, no puede ser, estás solo?. Los tres reímos. Segundos después comprendí que la realidad –la cierta, la acostumbrada, la familiar– estaba de regreso. </p>

<p>¿Qué hicimos aquella noche Robotv y yo después de saludar a los lectores y dejar escritos nuestros nombres en sus libros? Pues fuimos a un restaurante a tomar un vino con algunos amigos. Luego nos separamos y al final, mientras yo caía en un antro de Barranco para liquidar –a punta de vodkas– la que había sido una noche memorable, él se embutía un par de  hamburguesas de dudosa calidad antes de retornar a su casa. Cada uno por su lado. Esos éramos verdaderamente nosotros. Después del glamour y la bulliciosa parafernalia de una velada sensacional, volvíamos a ser solo un par de treintones panzones y misántropos que sorbían el frío de la madrugada de Lima. </p>

<p>Pero como la pasamos tan bien ese miércoles 30, queremos volver a encontrarnos con ustedes. Llámenlo vicio, si quieren. La cosa es que <strong>este viernes 8 de agosto, a las 8 pm</strong>, en la librería <a href="http://www.libreriaksatomada.blogspot.com/" target="_blank">KSA TOMADA</a> (calle Conquistadores, 1238, San Isidro, a 200 metros del Óvalo Gutiérrez) tendremos una conversa con un par de invitados y con todos ustedes. La idea ya no es presentar el libro nuevamente, sino charlar de eso que ha sido el leit motiv de este blog: las relaciones sentimentales. Lo único que deben llevar es una pregunta no muy insolente. <br />
Además, es una oportunidad para conseguir el libro con el precio de la Feria (36 soles). Ah, y por si a alguien pudiera interesarle, también se ofrecerán unos cuantos trapos bastante feos con un estampado creado por Robotv. </p>

<p>Ahora sí, como el piloto pigmeo de mí mismo, dejo de escribir, me reacomodo en mi silla de mando y procedo a encender la maquinaria del personaje. Alguien quiere hacerle una entrevista al Busco Novia, así que tengo que proceder a resucitarlo de su sueño. Muevo una llave, aprieto un botón, piso un pedal, jalo una palanca, acelero y hago roncar al motor. Listo, me marcho. Ya estoy en condiciones de despegar. </p>

<p><br />
<strong>[Ilustración: Alfonso Vargas Saitua (el apático, rodilludo y desteñido Robotv)]</strong></p>

<p><br />
[Aunque seguramente algunos ya vieron este video de Marco Sifuentes (www.uterotv.com), lo cuelgo porque me parece que está muy bien trabajado. Viéndolo comprendì el cálido clima que rodeó la presentación. Gracias, Marco] </p>

<p><object width="425" height="344"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/173ZaOFLVpw&hl=en&fs=1"></param><param name="allowFullScreen" value="true"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/173ZaOFLVpw&hl=en&fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowfullscreen="true" width="425" height="344"></embed></object></p>

<p><br />
<strong>[Aviso Parroquial Uno: Oficialmente, según datos calientes de la Cámara Peruana del Libro, <strong>Busco Novia</strong> fue el libro más vendido de la Feria Internacional 2008. Pueden sentirse orgullosos]</strong></p>

<p><strong>[Aviso Parroquial Dos: Un abrazo de gratitud a la distancia para Rafael Fernández, el Ezcritor, amigo y blogger español que nos ha dedicado <a href="http://www.micabeza.com/muchas-felicidades-robotv/" target="_blank">este post halagador</a>. Gracias, Rafa]</strong></p>

<p>[Este es el cartel de La Conversa con los lectores. Será este viernes. Los esperamos. Quiero agradecer a Roberto del ?guila y a Karina Borrero, periodistas y amigos, que nos acompañarán esa noche. Bueno, siendo las 6:31 de la tarde de hoy martes, quiero disculparme por no haber podido responder casi ningún comentario. Estoy metido en un proyecto del que pronto sabrán (y en el que espero que participen). Además, un resfrío maldito me tiene agotado y mocoso. Sepan que leo todos sus comments y ya el viernes responderé todo lo que quieran. Abrazos, besos y tacles, según corresponda]</p>

<p><a href="http://blogs.elcomercio.com.pe/busconovia/conversa.jpg"><img alt="conversa.jpg" src="http://blogs.elcomercio.com.pe/busconovia/conversa-thumb-364x480.jpg" width="364" height="480" class="mt-image-center" style="text-align: center; display: block; margin: 0 auto 20px;"/></a><br />
</p>]]>
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    <title>El Libro del Blog</title>
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    <published>2008-07-24T05:39:20Z</published>
    <updated>2008-07-24T07:09:18Z</updated>

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        <![CDATA[<p><a href="http://blogs.elcomercio.com.pe/busconovia/01_dibu_libro_blog.html" onclick="window.open('http://blogs.elcomercio.com.pe/busconovia/01_dibu_libro_blog.html','popup','width=500,height=500,scrollbars=no,resizable=no,toolbar=no,directories=no,location=no,menubar=no,status=no,left=0,top=0'); return false"><img src="http://blogs.elcomercio.com.pe/busconovia/01_dibu_libro_blog-thumb-420x420.jpg" width="420" height="420" alt="01_dibu_libro_blog.jpg" class="mt-image-center" style="text-align: center; display: block; margin: 0 auto 20px;" /></a></p>

<p>Debe haber sido en julio o agosto del 2007. Mayte Mujica, de Editorial Santillana, me metió un fonazo y me propuso editar los textos del blog. “Sería mostro?, añadió después de su persuasivo discurso de convencimiento. Tras un silencio repleto de dudas, le dije que no, que no estaba seguro, que tal vez no sería tan buena idea como ella creía. Antes de colgar quedamos en lo típico: “más adelante vemos, pues?. Fue casi como decirle a una chica: “te llamo uno de estos días?, sabiendo que nunca pulsarás los nueve dígitos de su celular. </p>]]>
        <![CDATA[<p>El hecho de haber publicado tres libros de poesía me hacía recular. ¿Cómo ser, al mismo tiempo, poeta y autor de un libro que recopila textos escritos para Internet? ¿Cómo pretender madurar una voz poética que se consolide en el panorama literario de mi generación y, por otro lado, darle volumen al aullido aniñado de un infatigable buscanovia? Esas preguntas me torturaban. Me sentía como un hombre casado a punto de sacarle la vuelta a su esposa de toda la vida con una cabaretera muy guapa, pero ramplona y viciosa. </p>

<p>Pocos meses después Sergio Vilela, de Editorial Planeta, me invitó un café en un Starbucks. Su idea era similar a la de Mayte: hacer un libro a partir de Busco Novia. Nuevamente, fiel a no sé qué línea de conducta, me permití decirle –como un Alejandro Sanz en miniatura– “te lo agradezco, pero no?.  </p>

<p>Cuando días después comenté con distintos amigos (entre ellos, Julio Villanueva Chang, fundador de Etiqueta Negra, y Fabricio Torres, mi editor) que había desechado ambas iniciativas, poco faltó para que me agarraran a sopapo limpio. “No seas bruto, es una gran idea?, coincidieron. A esas alturas, además, ya algunos lectores habían hecho la misma insinuación en sus comentarios. Ante el unánime visto bueno, había, pues, que adoptar una postura y tomar al toro por los cuernos (metáfora taurina que, pese a su eficacia discursiva, siempre me ha puesto un poco nervioso). </p>

<p>Fue recién en abril de este año que decidí llamar a Mayte para decirle que ya, que aceptaba su propuesta de convertir Busco Novia en un libraco. Casi en paralelo, llamé a Vilela para agradecerle su interés y anunciarle que publicaría con Santillana. Él entendió la circunstancia y zanjamos por lo sano (es más, a juzgar por los recientes anuncios editoriales de la Feria, Editorial Planeta ha conseguido reemplazar con creces mi concurso, pues acaba de publicar la ópera prima del Chato Grados, autor folklórico que, sin duda, me eclipsará).   </p>

<p>Una vez que nos sentamos a diseñar el proyecto, Mayte (Santillana) tuvo una idea genial: incluir, además de los ‘mejores’ textos de la Primera Temporada, todos los dibujos de Robotv y –lo más notable– un puñado de comentarios de los lectores. Esa ingeniosa mezcla de ingredientes hizo que mis dudas se evaporaran: ya no estábamos hablando de una anodina recopilación, sino de un blog transformado en objeto impreso.  </p>

<p></p>

<p><a href="http://blogs.elcomercio.com.pe/busconovia/02_foto_mayte.html" onclick="window.open('http://blogs.elcomercio.com.pe/busconovia/02_foto_mayte.html','popup','width=600,height=173,scrollbars=no,resizable=no,toolbar=no,directories=no,location=no,menubar=no,status=no,left=0,top=0'); return false"><img src="http://blogs.elcomercio.com.pe/busconovia/02_foto_mayte-thumb-420x121.jpg" width="420" height="121" alt="02_foto_mayte.jpg" class="mt-image-center" style="text-align: center; display: block; margin: 0 auto 20px;" /></a></p>

<p>Aunque originalmente se contempló la posibilidad de que los dibujos vayan en blanco y negro, al final todos acordamos que el color era fundamental. Fue así que Robotv –en una iniciativa que le agradezco de corazón– rehizo, uno por uno, todos los dibujos del blog, pintándolos, ya no en photoshop, sino con colores acuarelables. Además, ilustró los posts iniciales que nunca tuvieron un elemento gráfico propio. </p>

<p>Las semanas siguientes me las pasé enchufado a la computadora como un enfermo mental. Tenía que pulir algunos ‘post’ y, además, quería escribir un par de textos inéditos para que el libro tenga un plus atractivo (uno de ellos, presumo, crispará las sensibilidades de algunas amigas de mi mamá). Hubo hasta un par de noches en que, después de jugar fulbito, me asilé en el depa de Robotv para culminar las tareas pendientes.  Fue por esa razón –y no por falta de interés–  que en algunas semanas perdí algo de disciplina a la hora de colgar un nuevo post del blog. Muchos me recriminaron que ya no escribiera los lunes; claro, lo que no sabían era que tenía que ingeniármelas para hacer todo bien y no caer fulminado de una embolia.   </p>

<p><a href="http://blogs.elcomercio.com.pe/busconovia/03_foto_RC.html" onclick="window.open('http://blogs.elcomercio.com.pe/busconovia/03_foto_RC.html','popup','width=420,height=315,scrollbars=no,resizable=no,toolbar=no,directories=no,location=no,menubar=no,status=no,left=0,top=0'); return false"><img src="http://blogs.elcomercio.com.pe/busconovia/03_foto_RC-thumb-420x315.jpg" width="420" height="315" alt="03_foto_RC.jpg" class="mt-image-center" style="text-align: center; display: block; margin: 0 auto 20px;" /></a></p>

<p>Los meses recientes –mayo, junio y este julio que termina– han estado matizados por la agitación y el estrés propios de un novio que está a horas de casarse. Que las pruebas; que las correcciones; que las llamadas a los amigos para que elijan comentarios; que las comidas a deshoras; que el sueño interrumpido; que las visitas a la Editorial; que las coordinaciones con Robotv; que la rutina matadora; que las citas con los presentadores; que la sesión fotográfica para la solapa; que las invitaciones; que los afiches; que las entrevistas. Uf. Ya. Basta. Chepi. No jalo. Como diría Fernando Ampuero: paren el mundo que aquí me bajo.    </p>

<p><a href="http://blogs.elcomercio.com.pe/busconovia/04_fotos_detalles.html" onclick="window.open('http://blogs.elcomercio.com.pe/busconovia/04_fotos_detalles.html','popup','width=420,height=314,scrollbars=no,resizable=no,toolbar=no,directories=no,location=no,menubar=no,status=no,left=0,top=0'); return false"><img src="http://blogs.elcomercio.com.pe/busconovia/04_fotos_detalles-thumb-420x314.jpg" width="420" height="314" alt="04_fotos_detalles.jpg" class="mt-image-center" style="text-align: center; display: block; margin: 0 auto 20px;" /></a></p>

<p>Pero más allá de este agotamiento posero de divo fatuo, no puedo negar que estoy feliz. Muy feliz. Ya cuando lean el libro sabrán bien qué significado tiene este extraño proyecto en mi pusilánime vida de 32 años. </p>

<p>Además, será la primera vez que Robotv y yo compartamos una Feria Internacional como autor e ilustrador de un mismo libro. Hace un año no lo hubiésemos creído, ni aunque la bruja Rosita Chú nos lo hubiera jurado arrastrándose por el suelo. Es más, hace un año los dos estuvimos en la Feria pero en planes que nada tienen que ver con el de este año. </p>

<p>Robotv, por ejemplo, asistió en calidad de fan a la presentación de Macanudo I, el libro del dibujante argentino Liniers, que es algo así como su máximo ídolo gráfico latinoamericano. A pesar de la osteoporosis rampante que ya por entonces roía su pálido cuerpo treintón, el estoico Robotv hizo cola por más de una hora para obtener la rúbrica del amable Liniers, a quien obsequió –zalamerazo– unos dibujos de su cosecha. Que hayan aparecido unos dibujos similares en uno de los botes de basura del Jockey pocas horas después de esa presentación es un hecho que –quiero creer– obedece a una fatal coincidencia.    </p>

<p>Por mi parte, en la FIL 2007 me tocó vivir, para variar, una historia tragicómica. Los poetas Jorge Eslava y Eduardo Chirinos presentaban la reedición de ‘Loco Amor’, una antología de poesía amorosa, y me pasaron la voz para leer mis textos. Legué a la Feria muy animado, acompañado de una chica muy guapa que por ese entonces era casi como mi novia. Lo que nunca imaginé era que entre el público asistente estaría –sentadita y expectante– mi ex enamorada, a quien yo aún pretendía en receloso silencio. La coincidencia de ambas féminas en la misma Sala provocó una oleada de incomodidad. Cuando me paré en frente del auditorio a leer con voz inflamada los poemas que me correspondía no pude evitar mirar en dirección de las dos muchachas. Cada una, desde su posición, me oía convencidísima de ser la musa del poetastro cantor. Las dos se dedicaron miraditas cargadas de rencor, como compitiendo por ver quién era la real destinataria de esos pestíferos versos rococó. <br />
Hoy, a 360 días de la ocurrencia de ese episodio, la ironía vuelve a golpearme: las dos señoritas en cuestión tienen pareja y, hasta donde sé, muy pronto van a formalizar sus relaciones. Yo, en cambio, permanezco solo. Cada vez que me cruzo con ‘Loco Amor’ en la biblioteca, releo mis poemas en voz alta y evoco a las dos chiquillas que esa tarde se disputaron mi atención. En el auditorio imaginario, sin embargo, ya no se escucha el eco flojo de ningún aplauso.</p>

<p><a href="http://blogs.elcomercio.com.pe/busconovia/05_fotos_sesi%C3%B3n_juanpablo.html" onclick="window.open('http://blogs.elcomercio.com.pe/busconovia/05_fotos_sesi%C3%B3n_juanpablo.html','popup','width=600,height=369,scrollbars=no,resizable=no,toolbar=no,directories=no,location=no,menubar=no,status=no,left=0,top=0'); return false"><img src="http://blogs.elcomercio.com.pe/busconovia/05_fotos_sesión_juanpablo-thumb-420x258.jpg" width="420" height="258" alt="05_fotos_sesión_juanpablo.jpg" class="mt-image-center" style="text-align: center; display: block; margin: 0 auto 20px;" /></a></p>

<p>Contadas esas anecdotillas, lo único que me queda es invitarlos formalmente a la presentación de Busco Novia [El libro del blog]. <strong>La cita será el próximo miércoles 30 de julio a las 8:30 p.m. (en punto), en la Sala Arguedas de la Feria Internacional del Libro del Jockey Plaza.       </strong> <br />
En la Mesa me acompañarán tres personas a las que estimo por diferentes motivos (ese día diré por qué): Fabricio Torres del ?guila, la poeta Alessandra Pinasco y el actor Carlos Carlín.  </p>

<p>Para quienes se han vuelto adictos a sus esperpénticas ilustraciones, Robotv asistirá, junto con su sobrinísimo Melón y el oscuro Chaos (a la sazón, realizador del video del final de la Primera Temporada).  </p>

<p>Pero de todos los mencionados serán los lectores los invitados de honor. Este libro –que, reitero, también recoge algunos de sus comentarios– es algo así como el recuerdo de un viaje que iniciamos juntos, sin saber cuánto duraría. Por eso, la noche del próximo miércoles hasta yo podría faltar a la Feria, pero no ustedes. No se vayan a enfermar. Ahí nos vemos (seré el chico de la capa verde y la pipa azul). </p>

<p><br />
<a href="http://blogs.elcomercio.com.pe/busconovia/BuscoNovia-portada.jpg.html" onclick="window.open('http://blogs.elcomercio.com.pe/busconovia/BuscoNovia-portada.jpg.html','popup','width=394,height=487,scrollbars=no,resizable=no,toolbar=no,directories=no,location=no,menubar=no,status=no,left=0,top=0'); return false"><img src="http://blogs.elcomercio.com.pe/busconovia/BuscoNovia-portada.jpg-thumb-420x519.jpg" width="420" height="519" alt="BuscoNovia-portada.jpg.jpg" class="mt-image-center" style="text-align: center; display: block; margin: 0 auto 20px;" /></a></p>

<p><br />
<strong>[Ilustración: Ya se sabe]</strong> </p>

<p></strong>[La sesión de fotos para los retratos del libro fue dirigida por el fotógrafo y amigo del blog <a href="http://www.jpmurrugarra.net/" target="_blank">Juan Pablo Murrugarra</a>. Él puso todo de su parte, pero los modelos fuimos un desastre]</strong>   </p>

<p><br />
[Esta canción (<strong>Read my mind</strong> de <strong>The Killers</strong>) no habla de libros, ni de Ferias, ni de novias, ni de nada relativo a este post. Simplemente fue el soundtrack de muchas de las noches en que rayamos la madrugada trabajando este proyecto]</p>

<p><object width="425" height="344"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/Ch3hppFG3UQ&hl=en&fs=1"></param><param name="allowFullScreen" value="true"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/Ch3hppFG3UQ&hl=en&fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowfullscreen="true" width="425" height="344"></embed></object> </p>

<p><strong>[AVISO PARROQUIAL: Durante la Feria del Jockey (que dura desde el 24 de julio hasta el 3 de agosto) el libro podrá adquirirse con un 20% de descuento. De todos modos, quienes quieran tenerlo ya pueden encontrarlo en librerías e Internet. Desde la primera semana de agosto también estará en Supermercados, junto al estante de lechugas]</strong></p>]]>
    </content>
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    <title>Nunca digas Siempre</title>
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    <published>2008-07-17T06:20:47Z</published>
    <updated>2008-07-17T06:55:34Z</updated>

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        <name>Renato Cisneros</name>
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        <![CDATA[<p><a href="http://blogs.elcomercio.com.pe/busconovia/palabras_blog.html" onclick="window.open('http://blogs.elcomercio.com.pe/busconovia/palabras_blog.html','popup','width=600,height=600,scrollbars=no,resizable=no,toolbar=no,directories=no,location=no,menubar=no,status=no,left=0,top=0'); return false"><img src="http://blogs.elcomercio.com.pe/busconovia/palabras_blog-thumb-420x420.jpg" width="420" height="420" alt="palabras_blog.jpg" class="mt-image-center" style="text-align: center; display: block; margin: 0 auto 20px;" /></a></p>

<p><br />
Un chico y una chica se conocen en una fiesta. Conversan durante horas. Se gustan. Antes de retirarse <strong>ÉL</strong> le pide el número de teléfono y a los pocos días la llama para invitarla a salir. Salen. A la segunda salida se dan un beso. Sin habérselo propuesto y del modo más natural, salen durante una, dos semanas. Cada vez se gustan más, se besan y abrazan con fuerza, se desean. Un viernes, después de ir a bailar, al cierre de la madrugada, hacen el amor en un hotel y les resulta sensacional. Salen durante uno, dos meses. Actúan como enamorados. Se telefonean cada dos días y se monitorean con mensajes de texto. Una noche, en la cama, en medio del fragor de la excitación, <strong>ELLA</strong> le dice a boca de jarro que lo ama. Es evidente que está más enamorada que<strong> ÉL</strong> (siempre hay uno que se enamora más que él otro). <strong>ÉL </strong>no quiere decirle que la ama, pues no está seguro de sentirlo, pero ahí, montado sobre<strong> ELLA</strong>, entrando y saliendo de su cuerpo, a punto del orgasmo, cree amarla y –pum– se lo dice balbuceándolo en su oído. <strong>ELLA</strong> no olvidará ese momento. </p>]]>
        <![CDATA[<p>Progresan y continúan saliendo. Se sienten muy afines. Son casi una pareja formal, aunque nunca hayan formalizado su relación con preguntas obsoletas (aunque útiles) como “¿quieres estar conmigo??. <br />
Mientras más sexo tienen, <strong>ÉL</strong> se siente más compenetrado, más protector, más seguro. Entonces se tuerce la llave del destino por primera vez: <strong>ÉL</strong> deja salir al duende romántico que tenía exiliado en una gaveta de su cerebro y empieza a escribir poemas, a componer canciones, a hacer regalos de todo pelaje y, sobre todo, a decir un montón de frases hermosas y grandilocuentes que –aunque son coyunturales– llevan el peligroso eco de lo eterno. </p>

<p>“Siempre te voy a amar?, le dice <strong>ÉL</strong> una tarde, a la salida del cine.<strong> ELLA</strong> lo abraza y deja caer un leve lagrimeo. No soporta tanta felicidad. Cree que, efectivamente, esas cinco palabras son la garantía de que <strong>ÉL</strong> nunca se irá de su lado. No sabe que esa frase (siempre–te–voy–a–amar) es solo un impulso, un hipo, un arranque honesto y bien intencionado, pero nada más. Decirle a alguien “siempre te voy a amar? es tan precipitado como asegurarle que dentro de dos semanas un camión cisterna se estrellará contra su casa, o que un aerolito caerá dentro de un año en su jardín.  </p>

<p>Lo que <strong>ÉL</strong> ha debido decirle, en todo caso, es algo así como “hoy, aquí, mientras estamos saliendo del cine, acaso inspirado por la película romántica que acabamos de ver, siento que algo de mí te ama?. Pero, claro, nadie dice esa cosa tan ponderada, desmenuzada, racional y aburrida. A todos nos gusta soltar la lengua, creernos los actorcitos, irnos de muelas y empapelar nuestras relaciones con tempranas sentencias que, más tarde, cuando el amor pasional desfallece y aparecen las dudas, regresan como un boomerang a pegarnos en la cara. No es que las palabras y promesas carezcan de sinceridad, sino que sufren de tremendismo.   </p>

<p><strong>ÉL</strong> y <strong>ELLA</strong> siguen juntos cuatro, cinco, seis meses. Están relativamente bien. Ya no tienen tanto sexo volcánico como al inicio, ni van tanto al cine, pero, bah, son otros los lazos que los unen (si le preguntaran a <strong>ÉL</strong>, diría que los une la libertad incondicional; <strong>ELLA</strong>, en cambio, diría que los une la proyección, el futuro). De pronto, un día, <strong>ELLA</strong> plantea la formalización. Quiere que se coloquen mutuamente el cartel de ‘enamorados’ delante de toda la platea de amigos, parientes y demás. Ya basta de ser amigos que se acuestan. Si les ha ido bien hasta ahora, por qué no dar otro paso, piensa. Ahí se produce la segunda vuelta de tuerca: <strong>ÉL</strong> deja salir al mono neurótico que escondió en algún lado de su inconsciente y se asusta. Se resiste a cambiar las cosas y da un paso al costado. Le dice que no, que están bien juntos mientras sigan sujetos a su libre albedrío. <strong>ELLA</strong> llora y le recuerda, una por una, todas las cosas que le dijo al inicio, todas las promesas, todos los regalos, pero sobre todo le recuerda el bendito día en que, a la salida del cine, le dijo “siempre te voy a amar?. ¿Dónde estaba ahora ese ‘siempre’? ¿Acaso había sido mentira? ¿En qué momento se evaporó el amor desquiciado y revoltoso de las primeras semanas? </p>

<p><br />
<img alt="detalle_carta.jpg" src="http://blogs.elcomercio.com.pe/busconovia/detalle_carta.jpg" width="100" height="100" class="mt-image-center" style="text-align: center; display: block; margin: 0 auto 20px;"/></p>

<p>Cuando escucho historias como esa (y vaya que las escucho seguido), enseguida pienso que las palabras que decimos son como grilletes que, sin saber, nos vamos ajustando en las muñecas y en los tobillos. Cuando tratamos de liberarnos y recuperar la soltería, esas palabras cobran vida y no nos permiten fugar. Son como plantas carnívoras que nos mordisquean para que no olvidemos que nosotros les dimos vida al pronunciarlas tan impunemente. </p>

<p>Nuestra pareja nos torturará mostrándonos, subrayadas si es preciso, las cartas de amor que les escribimos, los mails entrañables que les mandamos, el inspirado verso que una noche compusimos en una servilleta de restorán.      <br />
Como un ama de casa enfurecida que castiga a su perro arrastrándolo hasta la sala para que huela la mancha de orina que traviesamente dejó, así, igualito, nuestra chica nos refunfuñará para que no volvamos a prometer lo que no estamos en capacidad de cumplir.  </p>

<p>¿Cuántos de ustedes, lectores rasguñados, han repasado, una por una, las cartas y correos que una ex les mandó? ¿Cuántas veces la han puteado con el alma por haberles dicho esas palabras preciosas que luego, como por arte de magia, se hicieron aserrín? O al revés: ¿Cuántos de ustedes han tenido que pedir perdón, cabizbajos, por no haber podido sostener en el tiempo una frase memorable que, en su momento, fue dicha con el corazón en la mano? ¿No les parece extraño que las mismas palabras que sirvieron para unir al final estimulen el distanciamiento?</p>

<p>Creo que el diccionario amoroso va variando en la medida que los sentimientos se transforman. Hay quienes afirman que el amor –es decir, el fogonazo, la pasión química que hace posible cualquier relación– dura solo unos pocos años. <a href="http://www.eluniversal.com.mx/notas/482028.html" target="_blank">Cuatro, a lo mucho</a>. Es como una gasolina de alta viscosidad que nos hace arrancar a velocidad hasta que un día, en medio de la nada, se agota. Por eso es sano pensar que el amor, igual que el combustible, no dura para siempre. Una vez que los músculos del corazón se relajan, son otros los afectos en juego: la amistad, la lealtad, la aclimatación a la costumbre, pero también el desapego, la rutina, el hartazgo, la indiferencia.  </p>

<p>¿Cuánto dura el amor? No tengo idea. Cuando veo que hay abuelos que aún consiguen mirarse con ternura mientras celebran sus bodas de zafiro, oro, diamante y demás piedras preciosas, pienso que el amor es una preciosa y escasa virtud. Sin embargo, en la mayoría de historias esa magia se oscurece: las parejas se rompen; los matrimonios fracasan fulminados por las crisis; los casados recomiendan a los solteros mantenerse fuera; el divorcio se populariza. No entiendo. Pareciera como si el amor –o eso que juntó a un hombre y una mujer en un primer momento– ahora los agotara y los destruyera lentamente, como una droga: que te hechiza primero solo para matarte después. </p>

<p>Por eso –por el daño que pueden hacer involuntariamente ciertas frases y palabras– es que pienso que los discursos que los novios están obligados a pronunciar en la misa nupcial deberían revisarse a fin de estar cargados de un poquito más de realismo. No quiero sonar insolente, pero si me dieran a mí esa tarea, cambiaría muchos términos e incorporaría nuevas expresiones para aliviar la carga.  </p>

<p>Para empezar, eso de “yo te tomo a ti como mi esposa? suena mal. Suena a que la otra persona es un jugo de naranja o una bebida hidratante. No, pues. Debería ser: “a partir de ahora eres mi esposa y yo asumo las consecuencias de eso?. Punto. </p>

<p>Segundo, eso de “prometo serte fiel en lo próspero y en lo adverso, en la salud y en la enfermedad, amarte y respetarte todos los días de mi vida?, es tremendamente abusivo. El solo hecho de decirlo ya cansa, agota. Decirlo equivale a hacer cinco horas de spinning. Te quedas sin aire. Además, no es cierto. Para hacer honor a la verdad, uno debería decir: “intentaré serte fiel en lo próspero y en lo adverso, en la salud y en la enfermedad (siempre y cuando esté médicamente comprobada y no sea producto de un engreído arranque hipocondríaco). También intentaré amarte y respetarte algunos días de mi vida, no todos, porque algunos días te odiaré y querré que desaparezcas. Eso en cuanto a los días. De las noches, mejor no hablemos?. </p>

<p>Esas frases son algo más verosímiles. Traslucen mejor lo que ocurre en la vida de un casado (y lo digo habiendo recogido decenas de indicios y testimonios con el mejor ánimo periodístico). </p>

<p>Como si arriesgar todas esas promesas fuera poco, el sacerdote obliga a los novios a reafirmar sus palabras. Eso también tendría que modificarse, digo, en nombre de la calidad de vida de la pareja. </p>

<p>El cura te habla del amor en la prosperidad, en la adversidad, en la riqueza y en la pobreza. Ahí –con el perdón del protocolo eclesiástico– convendría hacer algunas precisiones. Si uno va a empeñar su palabra infinitamente, que sea bajo circunstancias creíbles. Uno debería poder decir: “te amaré en la prosperidad y en la riqueza, siempre y cuando no abuses con frivolidad de las tarjetas de crédito; y te querré mucho en la pobreza y en la adversidad, en la medida en que no me pidas que te entregue el total de mi magro sueldo, porque necesitaré tomar un trago con mi patas de vez en cuando?.  </p>

<p>El momento más cinematográfico de todos es cuando el clérigo, con voz ronca y estentórea, dice que los novios a partir de ese momento deberán estar juntos “hasta que la muerte los separe?. Uf. Qué responsabilidad. Hasta que la muerte los separe. ¿No es demasiado concluyente ese mandato? Humildemente, creo que uno no puede aceptar una unión en esos términos tan definitivos. Se debería precisar, primero, qué muerte es la que puede ser causal de separación: ¿solo la muerte física? ¿Y qué hay de la muerte emocional? ¿Qué hacer cuando se muere el amor? ¿Qué hacer cuando se muere la seducción y el erotismo? (Recuerdo un chiste corto: una noche, una mujer le dice a su esposo de 30 años “lo que ayer nos unió hoy no–se–para?).  </p>

<p><img alt="detalle_flor.jpg" src="http://blogs.elcomercio.com.pe/busconovia/detalle_flor.jpg" width="100" height="100" class="mt-image-center" style="text-align: center; display: block; margin: 0 auto 20px;"/></p>

<p>¿Cómo actuar cuando la pasión es incapaz de convertirse en algo sustantivo por lo que valga la pena seguir juntos? ¿No es algo hipócrita mantener una convivencia mediocre, vacía, infeliz solo para no contradecir la promesa que se plantó delante del altar ante cientos de invitados?  </p>

<p>Uno recurre a las palabras para definir un sentimiento puntual. Si el sentimiento cambia, las palabras deberían cambiar en igual velocidad. Ese es el problema. Nos demoramos en actualizar las palabras. Nos quedamos callados demasiado tiempo por el miedo a defraudar, no solo defraudar a la persona que tenemos en frente, sino por el terror que significa defraudarte a ti mismo. </p>

<p>Hace poco, un amigo, Marcelo –cuyo padre se separó de su mamá cuando él era niño– me contó así la decisión que había tomado de no separarse de la madre de su hijo: “No puedo divorciarme. Cuando mi hijo nació le prometí en silencio que su papá y su mamá siempre estarían juntos. No puedo fallarle. Yo no quiero ser como mi papá?. Yo me quedé absorto. Nuevamente era testigo de cómo las palabras del pasado capturaban a una persona que quería ser libre. Su matrimonio se caía a pedazos, pero él, por honrar un juramento que hizo en un momento de evidente felicidad, decidía inmolarse.  </p>

<p>Las palabras de amor ampulosas son un juguete peligroso. Por eso, más que obedecer el dicho popular que aconseja “nunca digas nunca?, habría que considerar esta variante: “nunca digas siempre?.   </p>

<p>No sé si sea cosa de los dos géneros. A veces pienso que los hombres somos unos parlanchines de mierda. Las mujeres son más auditivas. Nosotros ponemos <strong>Play</strong> y empezamos a lanzar todo tipo de ofertas y  proposiciones sentimentales, en una suerte de acecho retórico. Ellas, más cautas, ponen <strong>Rec</strong> y graban todo en la memoria de su oído. </p>

<p>Muchas veces he sido víctima fatal de mis palabras. Me enamoraba de una chica y ellas salían de mi boca automáticamente, como mariposas amaestradas. Juro que lo hacía con honestidad, porque con ellas podía verbalizar un sentimiento profundo y genuino. Pero cuando el tiempo pasaba y algo variaba mis emociones, ya no podía decir las mismas palabras. Por más que me esforzaba, ellas se quedaban atragantadas en la campanilla de la garganta. Entonces, ocurría lo clásico: la chica se iba, yo me quedaba solo y me sentaba a escribir: a escribir esas mugrientas palabras que no me había atrevido a pronunciar.   </p>

<p><br />
<strong>[Ilustración: Alfonso Vargas Saitua (el desvencijado e insalubre Robotv)]</strong></p>

<p><br />
[Este vídeo, a cargo de los míticos Pimpinela, grafica plenamente este rollo en el que el hombre abusa de su capacidad para abrir la bocota]</p>

<p><object width="425" height="344"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/W_8_3QdMLX4&hl=en&fs=1"></param><param name="allowFullScreen" value="true"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/W_8_3QdMLX4&hl=en&fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowfullscreen="true" width="425" height="344"></embed></object></p>

<p><br />
[Aquí una foto de hace algunas (varias) semanas. Aparecemos Juan Acevedo (el famosísimo y talentoso Cuy), la ilustradora Sheila Alvarado y yo. La instantánea fue captada en la Librería KSA TOMADA, la noche en que Sheila presentó su más reciente libro: Tomando-Té] </p>

<p><img alt="polaroid.jpg" src="http://blogs.elcomercio.com.pe/busconovia/polaroid.jpg" width="420" height="267" class="mt-image-center" style="text-align: center; display: block; margin: 0 auto 20px;"/></p>

<p></p>

<p><strong>[AVISO PARROQUIAL: Gracias a todas las personas que han hecho alusión a la próxima aparición de Busco Novia [El libro del Blog]. Algunas notas periodísticas ya han dado cuenta de ese hecho. Robotv y yo preferimos esperar una semana para contarles detalles del libro en el siguiente post. Por ahora, solo una cosa es importante: el miércoles 30 de julio (8 pm) nos veremos las caras en la Feria del Libro del Jockey Plaza. Hasta entonces]</strong><br />
</p>]]>
    </content>
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    <title>Cinco Dedos de Furia</title>
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    <published>2008-07-10T01:50:24Z</published>
    <updated>2008-07-10T02:31:25Z</updated>

    <summary> Tres amigos conversan en una cevichería de Barranco. Se llaman Renzo, Fernando y Aldo. El primero tiene 32 años y es publicista. El segundo tiene 30 y trabaja en una empresa embotelladora. El tercero tiene 27 y es ingeniero....</summary>
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        <name>Renato Cisneros</name>
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        <![CDATA[<p><a href="http://blogs.elcomercio.com.pe/busconovia/pajerin_final_blog.html" onclick="window.open('http://blogs.elcomercio.com.pe/busconovia/pajerin_final_blog.html','popup','width=550,height=503,scrollbars=no,resizable=no,toolbar=no,directories=no,location=no,menubar=no,status=no,left=0,top=0'); return false"><img src="http://blogs.elcomercio.com.pe/busconovia/pajerin_final_blog-thumb-420x384.jpg" width="420" height="384" alt="pajerin_final_blog.jpg" class="mt-image-center" style="text-align: center; display: block; margin: 0 auto 20px;" /></a></p>

<p>Tres amigos conversan en una cevichería de Barranco. Se llaman Renzo, Fernando y Aldo. El primero tiene 32 años y es publicista. El segundo tiene 30 y trabaja en una empresa embotelladora. El tercero tiene 27 y es ingeniero. Es sábado y están aprovechando el sol para vaciar con gusto sendas botellas de cerveza Zenda. Los tres comparten un mismo plato de ceviche de pescado y conchas negras, cuyas propiedades gastronómicas son teóricamente afrodisiacas. <br />
</p>]]>
        <![CDATA[<p>Según la creencia popular, el comensal que engulle conchas negras cobra la envidiable facultad de mantenerse sexualmente inquieto durante un considerable periodo de tiempo. No existe un nombre científico para describir esa lujuriosa animosidad, pero la jerga callejera ha bautizado al espécimen poseído por ella como “carretón? (y en su variante más acelerada: “pipiléptico?). </p>

<p>–<em>Ya la vi que en la noche nos vamos a querer levantar a todo lo que se mueva</em>, dice Aldo, mientras sorbe con inefable placidez una cucharada del ya ennegrecido jugo de pescado. </p>

<p>Los tres están solteros; ergo, su  actividad sexual es bastante menos frecuente de lo que en verdad desearían.  </p>

<p>–<em>Ni me digas, que yo no la 'veo' hace tiempo y ya estoy a punto de que se me revienten los porongos</em>, acota Fernando, siempre tan didáctico e ilustrativo. </p>

<p>–¿<em>Qué</em>? ¿<em>Hace cuánto que no la ven</em>?, curiosea Renzo. </p>

<p>Aldo contesta que hace dos meses que no tiene relaciones sexuales. Fernando, más preciso, cuenta que han transcurrido 62 largos días, con sus respectivas noches, desde la última vez en que se encamó con alguien. </p>

<p>–¿<em>Y cómo hacen para no morirse de una trombosis prostática</em>?, repregunta Renzo, jactándose de haber estado dos noches atrás con una señorita cuya exigencia y fogosidad lo han dejado completamente exangüe.</p>

<p>–‘<em>Manuelaza</em>’ <em>nomás</em>, dice Aldo, refiriéndose de esa manera tan coloquial al benigno evento masturbatorio.</p>

<p>–<em>Sí</em>, <em>pues</em>, <em>caballero</em>, <em>no hay otra</em>, suscribe Fernando, mascando una canchita con rabia.</p>

<p>Renzo admite que él también, de tanto en tanto, cuando pasan semanas sin que le ligue nada, incursiona en esas gratas y laxantes exploraciones genitales. </p>

<p>Minutos más tarde, ya más sueltos, cada uno empieza a contar detalles de cómo lleva a cabo su privada ceremonia onanista, indicando, por ejemplo, en quiénes piensan mientras cierran los ojos y dan rienda suelta a sus eróticas divagaciones. Uno, con pena, confiesa que piensa en alguna de sus ex novias. Otro, lascivo, dice que acostumbra traer a su mente a las más pulposas vedettes de la farándula local. Y el tercero, un romántico, refiere que cada vez que se toquetea la zona del bajo vientre lo hace pensando en Maju Mantilla (con su corona de Miss Universo).   </p>

<p>Mientras ríen, los tres levantan sus vasos para chocarlos y hacen Salud. </p>

<p>(…) </p>

<p>Me pregunto si esa misma escena hubiera podido darse en una mesa de tres chicas. Me cuesta imaginarlo. </p>

<p>A diferencia de las mujeres con “sus partes? (expresión retrógrada y huachafa que increíblemente aún se usa), los hombres desde niños solemos jugar con el pito como si se tratase de un apéndice cualquiera. Como si fuese un juguete más: un soldadito de plomo, una culebrita de plastilina, un Lego de carne. No hay malicia ni mañosería en ello, sino simple curiosidad anatómica.  </p>

<p>Sin embargo, nunca faltan las madres que censuran esas travesuras con frases traumáticas del tipo “te vas a quedar manco?, “se te va a caer el pipilín? o la abusiva “te van a salir pelos en la cara, vas a ver?.  <br />
(Pienso ahora en R, mi pobre sobrino de tres años que suele ser reñido por su Nana cada vez que lo ampaya mirando la tele mientras manipula, inocente, su incorrupto maní). </p>

<p>Pasa el tiempo, y en el colegio adviertes que el gran conjunto de tus compañeritos incurre sin empacho en eso que a ti injustamente se te prohibe. De pronto aguzas el oído y comprendes que “paja? no es solo un adjetivo (sinónimo de divertido, recreativo o placentero), sino también un sustantivo, una manera de referirse al acto libérrimo de juguetear alegremente con el ‘bombero’ calato que cuelga de tu entrepierna. </p>

<p>Creces, cumples 12, 13, 14, te salen furúnculos en toda la cara y escuchas que entre los chiquillos más avispados se alimenta un mito oscuro: “si te masturbas, los granos desaparecerán?. Como casi todos los niños a esa edad son vírgenes y carecen de experticia, buscan ayuda externa. Adquieren, entonces, material preciso para lubricar su imaginación antes del culto onanista: a saber, revistas pornográficas (a veces halladas en los cajones de sus papás y escondidas bajo el propio colchón) o películas triple equis. </p>

<p>A propósito de esos filmes picantes habría que decir que antes –a diferencia de hoy– circulaban de mano en mano en un circuito clandestino, y bajo títulos francamente inolvidables: ahí están, detenidas en el tiempo, “Garganta Profunda?, “Emanuelle?, “Seka, la Erótica?, “Tabú?, o “Campamento en el Catre?, cuyos galanes eran todos bigotones y panzudos, y cuyas pálidas actrices usaban un fatal peinado rizado y una lencería muy poco inspiradora). </p>

<p>(…)</p>

<p>Dicen que la disposición del aparato genital determina la conducta que hombres y mujeres tienen respecto de la sexualidad. El hombre, entonces, vendría a ser un poco como su pene: relajado, superficial, explícito, suelto, deslenguado, evidente, presto a codearse con todas las bondades que Natura disponga. La mujer, acaso como la vagina, es interna, emocional, hermética, profunda, cerrada, íntima, silenciosa, o mejor, callada.  </p>

<p>A los hombres nos encanta hablar y presumir de las faenas de sexo que hemos (y que no hemos) tenido. Por eso es tan célebre el chiste aquel del naufrago que –cansado de pasar todas las noches con la misma rubia espléndida que se perdió en la Isla unos días después que él– le pide un mañana que por favor se ponga un sombrero y se pinte bigote. Ella, extrañada, cumple con el pedido. Él va la abraza y le susurra al oído: “Compadre, no sabes la hembra que me estoy comiendo?. </p>

<p>He oído que cuando las mujeres se reúnen en esos extraños pijamas party son incluso más corrosivas que los hombres al momento de narrar sus escaramuzas sexuales y demostrar su erudición. No lo sé. Pero si fuera cierto, me parecería raro que, por un lado, estén tan liberadas de ataduras para hablar de sexo, y por otro se muerdan la lengua y arruguen la nariz cuando alguien menciona la palabra ‘<a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Masturbaci%C3%B3n" target=_blank>masturbación</a>’.  </p>

<p>Algunas mujeres preferirían creer que los hombres, pasada la pubertad, ya no se masturban, porque esa es una cosa de adolescentes, una manía que en un hombre mayor resulta un vicio horrible. Pues lamento informarles que están equivocadas: la mayoría de hombres –emparejados o no– sí se masturba. A veces es para aliviar auténticas urgencias seminales, y otras, calculo, por purita distensión. <br />
El tema es que, a diferencia de las mujeres, nosotros lo asumimos con enorme familiaridad, tanto que la palabra ‘pajero’ está instalada en el diccionario masculino para aplicaciones no necesariamente sexuales. Por ejemplo, un tipo que en la pichanga de fulbito falla un gol clamorosamente es, sin duda, un ‘pajero’. O un tipo cuyo pulso denota temblor al momento de escribir una frase o trazar un dibujo será también, para efectos de la chacota, un ‘jeropa’ consumado. </p>

<p>Tengo un buen amigo en el periódico –de aspecto frágil y cara de párvulo– que arrastra fama de ser un señorito muy dado a esos asuntos manuales. Su mote oficial es Cinco Dedos de Furia. Los hombres solemos fastidiarlo y él, tolerante, se ríe con nosotros. Las mujeres, en cambio, cuando oyen nuestras conversaciones, se ponen coloradas y alargan la trompa, en clara señal de asco.  </p>

<p>(…)</p>

<p>Hace unos cinco años hacía un programa de radio con el periodista argentino Guillermo Giacosa y con Carlos Bejarano. Era un noticiero matutino comentado. Se llamaba Aldea Global y se transmitía en Radio San Borja. Un día Guillermo tuvo una idea genial: hablar de sexo –con humor e inteligencia– en un programa nocturno. Entonces nos fuimos a 1160 para hacer Aldea Sexual, todos los días desde las 11 de la noche hasta la 1 de la mañana. Fue una época muy divertida. <br />
Recuerdo que una noche, mientras tomábamos vino en la cabina, empezamos a hablar de la masturbación. Las llamadas telefónicas –de hombres y mujeres– entraban a cada rato y la gente contaba sus historias, unas más locas que otras.  <br />
La charla se fue relajando y Guillermo contó un par de elocuentes experiencias personales. Carlos hizo lo mismo, y yo me animé a contar el día en que mi papá abrió la puerta del baño y me sorprendió en pleno masaje del prepucio.  </p>

<p>Lo gracioso no fue eso, sino que al mismo tiempo en que yo me despachaba en el detalle de esa anécdota, en una casa de San Borja se llevaba a cabo la reunión de unas chicas colegialas que me habían conocido hacía muy poco en un retiro espiritual. A alguno de los invitados se le ocurrió prender la radio para, supongo, buscar algo de música. El dial cayó en 1160 y una de las niñas –oh, fatalidad– reconoció mi voz. </p>

<p>–¡<em>Escuchen</em>! <em>Ese es Renato</em>, <em>el del retiro</em>, debe haber dicho, con infinito candor. </p>

<p>Solo un par de semanas atrás ellas me habían escuchado disertar con entusiasmo sobre el amor, la amistad y no sé qué otras castas ocurrencias de ex monaguillo. Podrán imaginar, pues, lo profundamente decepcionadas que deben haberse sentido al oírme por la radio, medio borracho, hablando muy campante de mis primeras inspecciones testiculares en el baño. <br />
Después supe que, mientras yo vociferaba mi testimonio radial, el horror y el silencio se iban apoderando de la gente congregada en la sala de esa residencia sanborjina. En menos de un minuto, en la conciencia simbólica de esas chicas, pasé de ser un portentosos arcángel juvenil a ser un morboso demonio rastrero.   </p>

<p>Quisiera creer que con los años esas niñas, y tantas otras, han comprendido que nada malo hay en la masturbación de ambos géneros. La misma exitosa sexóloga Alessandra Rampolla (que parece una gordita salida del Santa Ursula) confiesa practicarla y la recomienda como un método de conocimiento del cuerpo. Es más, ella alienta a las parejas para que, durante la celebración del amor, recurran a la estimulación táctil sin prejuicios que castren los deseos. </p>

<p>Intuyo que ya muchas mujeres desasosegadas han encontrado el lado saludable de <a href="http://www.nodo50.org/tortuga/article.php3?id_article=5237" target=_blank>ese hábito</a>. El hecho de que en los últimos años hayan proliferado tantos sex shop, en donde los consoladores son los productos emblema, me hace pensar que las represiones y el conservadurismo se han ido distendiendo. <br />
Por ejemplo, Robotv me cuenta que una amiga suya le confesó hace años que cuando era niña le gustaba jugar con el avión de juguete de su hermano para –adivino– fungir ella misma de contorneada y desnuda pista de aterrizaje. No sería ilógico pensar que hoy, en la mesa de noche de esa chica, hay, por lo menos, un vibrador eléctrico de alto voltaje. En forma de avión, probablemente.    </p>

<p>No creo que las mujeres no se ejerciten en la masturbación, sino que les causa aversión reconocerlo tan abiertamente. Tal vez lo que les irrite sea la palabra que, bien leída, no es otra cosa que la conjunción de “más? y “turbación?, expresiones que, aisladas, no tienen nada de indecentes o pecaminosas. </p>

<p>Eso sí. Que nadie tenga dudas de que los hombres mayores, sobre todo los solteros que tienen una gimnasia sexual irregular, cada vez que caen en repentinos cuadros de soledades muertas, calman de inmediato sus angustias inguinales. ¿Cómo? Pues dándose una mano. Ustedes me entienden.  </p>

<p><br />
<strong>[Ilustración: Alfonso Vargas Saitua (el volador de cometa empedernido Robotv)]</strong> </p>

<p><br />
[Esta canción, EL HOMBRE QUE NO POD?A DEJAR DE MASTURBARSE, es del gran Daniel F. Un clásico. Provecho]</p>

<p><object width="425" height="344"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/ElRpwfSQdTE&hl=en&fs=1"></param><param name="allowFullScreen" value="true"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/ElRpwfSQdTE&hl=en&fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowfullscreen="true" width="425" height="344"></embed></object></p>

<p><br />
[Esta desternillante escena es de la comedia "No es otra tonta película americana" (2001). Espero que a las lectoras nunca les pase lo mismo. Pongan llave en el cuarto]</p>

<p><object width="425" height="344"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/Fw0c_j0lvKQ&hl=en&fs=1"></param><param name="allowFullScreen" value="true"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/Fw0c_j0lvKQ&hl=en&fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowfullscreen="true" width="425" height="344"></embed></object></p>

<p></p>

<p><strong>[AVISO PARROQUIAL UNO:  No suelo recomendar páginas de nada, pero esta me sigue pareciendo excelente. Ya me dirán si les gusta. <a href="http://www.micabeza.com" target="_blank">http://www.micabeza.com</a>]</strong> </p>

<p><br />
<strong>[AVISO PARROQUIAL DOS: Muchas gracias a todos los lectores que fueron el viernes pasado a la Librería KSA Tomada. Me dio un gran gusto conocerlos. Quizá pronto nos volvamos a reunir]</strong> </p>]]>
    </content>
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    <title>Perdido en una Disco</title>
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    <published>2008-07-02T21:57:37Z</published>
    <updated>2008-07-02T23:30:37Z</updated>

    <summary> Llego a una discoteca con Ignacio, uno de los pocos amigos solteros de treinta años que me quedan. Hemos venido solos, pues nadie más podía (o quería) sumarse, pero ambos somos conscientes de que no es lo ideal venir...</summary>
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        <name>Renato Cisneros</name>
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<p><br />
Llego a una discoteca con Ignacio, uno de los pocos amigos solteros de treinta años que me quedan. Hemos venido solos, pues nadie más podía (o quería) sumarse, pero ambos somos conscientes de que no es lo ideal venir de a dos a un lugar como este. </p>

<p>Cuando sales de cacería con amigos, lo ideal es armar, por lo menos, un grupo de tres puntas. La fórmula del trío no tiene pierde. Por ejemplo, si la noche resulta propicia para uno, los dos rezagados pueden hacerse mutua compañía y disimular juntos su mala suerte. Por otro lado, si al momento de lanzar las redes son dos los favorecidos con la ‘pesca’, el tercero se sentirá tan tonto que –cual ave carroñera– intentará lo que sea con tal de no quedarse atrás, y eso será divertido. <br />
</p>]]>
        <![CDATA[<p>En cambio, cuando se sale en dupla –tipo Starsky y Hutch– el acecho a las presas femeninas debe, en teoría, ejecutarse con camaradería y complicidad. Lo ideal, claro, sería encontrar dos chicas al mismo tiempo y conversar con ellas, bailar, tomarse unos whiskys y, en el mejor de los casos, besuquearlas pulposamente bajo la densa penumbra de un rincón.  Ese sería un éxito de equipo, solo comparable con un triunfo de dobles en tenis, o una victoria de pareja en vóley–playa. </p>

<p>Lo usual, sin embargo, no es eso. Es difícil que dos treintones sueltos en el ruedo toreen con igual eficacia; es difícil que coincidan al instante de clavar