Junio 2008
25
2008
De chico veía a mis tíos más jóvenes –solteros, guapos, treintañeros– ligar con mujeres que a mí me parecían gigantes, hermosas e inalcanzables. Unas veces iban con ellas a las fiestas familiares, y otras veces simplemente alardeaban de estar saliendo con Marita no sé qué o con Carmencita no sé cuántos, que en sus descripciones figuraban como señoritas muy voluptuosas, codiciadas y cimbreantes.
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Segunda temporada18
2008
Hace unos días, mientras caminaba por el aeropuerto JFK de Nueva York, vi una pareja de chicos muy jóvenes que dormía en el suelo –en un ambiente especialmente diseñado para eso– a la espera de tomar su vuelo.
La escena me produjo algo de asombro, ternura y un poquitín de sana envidia. Él la abrazaba por detrás y ella, encogida como un bebé, improvisaba una almohadilla con las manos. Los dos tenían la boca un poco abierta y la expresión de estar sumergidos en un sueño muy profundo: no hubiera sido nada raro que estuvieran soñando el uno con el otro.
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Segunda temporada10
2008
Esto ocurrió una noche cualquiera de la semana pasada. Digamos la noche del martes o del miércoles. No importa cuándo. Lo que importa es que estaba muerto, muertísimo de hambre y decidí entrar a un Bembos (el de Benavides, en Miraflores, para ser exacto) a devorar salvajemente una hamburguesa. Robotv, a quien había recogido minutos antes, se dignó a acompañarme.
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Segunda temporada03
2008
[CONTINUACIÓN DEL POST ANTERIOR]
Viernes 30 de mayo. Son las 7 de la noche y no sé nada de ti, ingrata L. Toda la semana he esperado que te manifiestes. Escribí un post en este blog proponiéndote pasar juntos la noche de hoy, aprovechando que mi casa estaría desierta, y no te has dignado siquiera a pronunciarte. Ni una llamada, ni un correo, ni un condenado mensaje de texto.




