Mayo 2008
28
2008
No se angustie, señorita L. Salvo la inicial de su nombre, no voy a dar mayores pistas sobre su identidad, ni su profesión, así que relájese. Acomódese frente a la computadora y, en lugar de preocuparse, ríase. Creo que se divertirá con lo que a continuación va a leer, considerando que cuando ocurrió el hecho que estoy a punto de contar a usted le pareció de lo más cómico. Al haber sido testigo directo de ese estropicio, sospecho que este texto le resultará, por lo menos, curioso.
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Segunda temporada18
2008
Cuando de niños leímos ‘Cenicienta’, todos celebramos que el Príncipe se casara con la sufridita protagonista del cuento, que la rescatara de su miseria y la llevara a su magnífico Palacio a indigestarse comiendo platos y platos de perdices.
Cuando años después vimos la novela ‘Quinceañera’, todos queríamos que la sencilla y medio atontada Maricruz se quedara con el mugriento mecánico Pancho, a pesar de que la espesa de su mamá jodía y jodía para que se casara con un ricachón melenudo cuyo nombre se me escapa.
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Segunda temporada10
2008
El día que Pepe me contó que se había ilusionado con una chica a la que había conocido por Internet, tuve que hacer un esfuerzo considerable para no dejar salir la risotada burlona que el comentario me produjo.
Con una algarabía digna de mejor causa, Pepe me proporcionó una serie de detalles del angelito al que acababa de interceptar en la red: una venezolana de 23 años, a la que le gustaban las mismas películas, los mismos programas de televisión, la misma música, los mismos libros y lugares que a él. Según mi buen amigo, entre los dos había una sintonía increíble, una conexión galopante, una corriente misteriosa que fluía de manera natural.




