Junio 2007
26
2007

[SOLO APTO PARA QUIENES LEYERON EL POST ANTERIOR: ‘NADIE TIENE BANDERA’]
Está bien, está bien, basta, me rindo. Pensaba ‘postear’ este jueves, como alguien intuyó por ahí, pero, ok, han ganado por demolición. No tengo nada qué argumentar ante la irrebatible contundencia de 500 comentarios. No me he demorado ex profesamente, por si acaso; ocurre que, como muchos de ustedes, también tengo que trabajar para sobrevivir. Pero, ya, bueno, odio las excusas. Voy a contar el final de esta historia; un final que, dicho sea de paso, solo algunos de ustedes han podido adivinar.
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Primera temporada25
2007

Este fin de semana he sido víctima de una cruel encrucijada emocional que me sirve de excelente pretexto para cocinar un nuevo ‘post’: la ex novia de un amigo [corrección: la bonita ex novia de un buen amigo] se me insinuó.
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Primera temporada18
2007

Me he dado cuenta de que soy un gentleman. Un ejecutor impecable de las buenas maneras. Ninguna chica con la que haya salido alguna vez podría quejarse nunca de una actitud despótica de mi parte. Soy, como dicen, ‘chapado a la antigua’, y por eso en una cita difícilmente me olvido de las claves que definen la conducta de un caballero.
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Primera temporada10
2007

Al inicio, toda relación es como una habitación vacía que los enamorados se encargan de ir decorando poco a poco. Las cien fotos que se tomaron juntos; los regalos de cada aniversario; los muñecos de peluche atorrantemente bautizados y tratados como hijos ficticios; las tarjetas de cumpleaños; los boletos de cine de películas memorables; las medallas y pulseras con los nombres grabados; las postales de un viaje inolvidable; las entradas a los conciertos; las cartas –-las bonitas, las amargas-– escritas temblorosamente en una hoja de cuaderno.
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Primera temporada04
2007

En junio de 1989 escribí mi primer poema en la última página de un cuaderno 'Justus'. Era un adefesio. Rimado y sonsón, el poemita de marras no era otra cosa que una oda amateur, una huachafa epístola dedicada a una niña de catorce años que se había convertido en la principal responsable de mis más febriles devaneos adolescentes. No diré su nombre completo, pero se llamaba Gisella.




