Mayo 2007
28
2007

En el terreno amoroso la indiferencia es un talento. Uno cuyo dominio requiere años de práctica, disciplina y perseverancia. Tal inversión de tiempo vale la pena, porque un indiferente obtiene una envidiable rentabilidad sentimental. Si no, cómo explicar que la mayoría de mujeres se descorazone y corte las venas, no por el tipo sensible que las halaga y la corteja, sino, precisamente, por el indiferente, el que no les hace caso, el que las maltrata con el frío machete de su desamor. Eso de que el chico bueno se queda con la chica es una mentira de las películas de HBO. En la vida real, los malos lideran la tabla.
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Primera temporada20
2007

Buscar novia debería ser un pasatiempo divertido y no una obsesión enfermiza. En mi caso, por lo menos, detrás de este impenitente ejercicio de exploración mundana y selección natural (que ya lleva sus buenos dos meses y medio) no hay ni un gramo de intranquilidad, desesperación, despecho o angustia.
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Primera temporada14
2007

La gente suele decirme: deja de buscar novia, aprovecha que estás soltero y sal a divertirte con todas tus amigas. Yo agradezco de corazón el preocupado consejo, pero lamento no poder cumplirlo estrictamente. ¿Por qué? Pues porque no tengo amigas. Es decir, no es que no sepa tenerlas, sino que simplemente no creo que exista la amistad entre hombres y mujeres.
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Primera temporada07
2007
Y MI MAMÁ TAMBIÉN

Dejémonos de hipocresías. Si quieres ser completamente feliz con tu novia, ella tiene que caerle en gracia a tu mamá. Así de sencillo. Si tu madre no la aprueba, si no le extiende su venia ni le levanta el pulgar, tu vida –recuérdalo-- será una pesadilla patrocinada por Kafka. Si tu chica no es bienvenida, tendrás que acostumbrarte a no llevarla a las reuniones familiares y, ergo, a tomar distancia de tu casa.
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Primera temporada01
2007
TE PRESENTO A MI PAPÁ
Pocas circunstancias producen tanta sudoración y tensión nerviosa como el decisivo momento en que una chica te presenta oficialmente a su papá. No importa si eres adolescente o adulto, tímido o apantallador, experto o primerizo. Da igual: a todos se nos estruja el estómago y sentimos el vacío en las tripas cuando, en medio de la sala, oímos el eco de las pisadas y los carraspeos que anuncian la inminente presencia del hombre que podría llegar a ser tu suegro.





