10
2008
El día que Pepe me contó que se había ilusionado con una chica a la que había conocido por Internet, tuve que hacer un esfuerzo considerable para no dejar salir la risotada burlona que el comentario me produjo.
Con una algarabía digna de mejor causa, Pepe me proporcionó una serie de detalles del angelito al que acababa de interceptar en la red: una venezolana de 23 años, a la que le gustaban las mismas películas, los mismos programas de televisión, la misma música, los mismos libros y lugares que a él. Según mi buen amigo, entre los dos había una sintonía increíble, una conexión galopante, una corriente misteriosa que fluía de manera natural.
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30
2008
Ni bien aterrizamos en la fiesta de mi hermana, Robotv y yo –sin pelucas ni maquillaje de por medio– nos parapetamos en un rincón, fieles a nuestro irreversible espíritu timorato.
El jardín –cubierto con un toldo enorme y repleto de mesas chatas y sillones blancos en forma de cubo– se había convertido en un ‘lounge’ al aire libre. La terraza, custodiada por dos parlantes gigantes, fungía de pista de baile, lugar que despertaba cierto escozor en el misántropo y antisocial Robotv.
23
2008
Hace un par de semanas hablé de mi hermana Vanessa. De cómo la torturaba cuando éramos niños, con falsas amenazas de irme de la casa: amenazas que –ejem, ejem– sigo sin cumplir. Bueno, este sábado es su fiesta de cumpleaños y he decidido dedicarle un post.
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21
2008
M ya no está conmigo. Hace unos días –luego de comprobar lo distintos que son nuestros estilos de vida y nuestras formas de pensar– resolvimos interrumpir la relación que iniciamos con optimismo hace 60 días. Al parecer, la química inicial –potenciada por un verano fiestero y bullidor– no bastó para que el enamoramiento cobrara fuerza. Así ocurre, supongo. Algunas parejas funcionan, otras no tanto, y otras creen que funcionan aunque sea mentira. La comprensiva M dice que los dos somos responsables de lo que nos pasó. Pero si me pongo una mano en el pecho, tendría que reconocer que fui yo quien avivó nuestras diferencias con mis férreas manías, mi egoísmo y algunas actitudes que no sabría cómo explicar. En las últimas horas he tratado de hacer un examen de conciencia para identificar dónde y cuándo es que exactamente la cagué. El que sigue es un infalible inventario para que tu novia te deje en tiempo récord.
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13
2008
Cuando inicié mi relación con M me propuse reprimir intencionalmente esos arranques de coquetería que matizaron mi accidentada etapa de soltero.
Antes –no sabría explicar muy bien por qué– coqueteaba con todo ser vivo femenino que insinuara algo de movimiento. Al margen de las muchas o escasas posibilidades de correspondencia que tuviera, mi cuerpo y mi mente buscaban fabricar todo el tiempo situaciones de proximidad con mujeres. No lo hacía ni por mujeriego ni por pendejerete, pues por lo menos los mujeriegos y pendejeretes suelen tener éxito en sus intentonas. Lo mío era al revés. Algo así como el puro gusto de fallar, pues a pesar de que la mayoría de veces mis amagos de seducción terminaban en francos estropicios, la absurda genética me llevaba a meter la pata una y otra vez en el mismo bache.
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06
2008
1
Cuando era niño tenía una fórmula infalible para torcer a mi favor las disputas con mi hermana mayor. Cada vez que peleábamos por los juguetes o la televisión, y veía que ella hacía caso omiso a mis necesidades (léase caprichos), yo recurría a una cruel salida extrema: la amenazaba con que me iría de la casa. A ella –que siempre ha sido nerviosa y querendona– ese anuncio la doblegaba y le hacía perder todo el orgullo.
Bastaba con que yo me encaminara decidido hacia la puerta, lanzando al aire el juramento de que no regresaría, para que ella saliera despavorida detrás de mí, gimoteando, suplicándome que por favor no cometiera esa locura y –lo más importante– prometiendo que me prestaría sus juguetes y que pondría en la tele el canal que yo quisiera ver.



