Enero 2008
30
2008

“En mi país hay mucho trabajo y dinero” dijo casi gritando en su masticado castellano un turista noruego que nunca supe cómo se había acoplado a mi grupo, pero que estaba ahí, orgulloso, enumerando las bondades de su tierra natal mientras yo bebía unas jarras de cerveza junto a unos compañeros de mi cachuelo de verano en un bar de Barranco. Aquella frase me había dejado picón, y como para empeorar la situación, el sujeto de marras vociferaba que era propietario de un exitoso hotel en Huanchaco. Para coronar su discurso, mencionó que también practicaba el surf, o sea, era un surfer noruego. “¿Por qué no te regresas a tu tierra a esquiar? Todo lo que le cuesta a un peruano conseguir siquiera un cachuelito y vienes tú a exhibir las ventajas de vivir en el primer mundo” pensé tratando de no deprimirme.
No tengo nada en contra de los extranjeros y muchos menos contra los noruegos (es más, no conozco a ningún otro aparte del borrachín del bar barranquino), pero entenderán que me dejé llevar por mi actual situación. Ese muchacho de 23 años había tocado las fibras más sensibles de mi condición de desempleado. Si en Noruega abunda la chamba, en el Perú escasea, y si en los países nórdicos predomina la cultura del desarrollo, acá impera la del recurseo. Profesional o no, el peruano es creativo al momento de ir a buscar dinero e ingenioso para proponer hasta las más increíbles maneras de hacer negocio. Y es que en este país puedes hacer llamadas al paso al módico precio de una “china”, y si te armas de coraje, podrías probar en una carretilla un delicioso cebiche por un sol. En fin, estos son solo algunos ejemplos para poder afirmar que el peruano es recursero y cachuelero.
24
2008

Lo mejor que podría pasarle a un desempleado como yo es –obviamente- encontrar un trabajo, sin embargo, en mi actual situación, nunca está de más aceptar un cachuelito o “freelo” como muchos lo llaman (yo prefiero llamarlo cachuelo). Como recuerdan, había concluido el anterior post contándoles que mi querida madre había recibido una llamada para mí. Resulta que devolví la llamada al número que mi mamá había apuntado en un papel. Simplemente había sido un amigo de antaño que me llamaba para saludarme por mi cumpleaños de manera adelantada ya que tenía que viajar al extranjero. Así es, el sábado 19 de enero cumplí un año más, y pese a que la edad poco viene al caso en este momento, puedo decirles que mi apariencia es la de una persona menor a la que en verdad soy. A estas alturas ya dudo que eso sea realmente ventajoso.
16
2008
Son exactamente las dos de la mañana del martes y la rutina de estos últimos meses no se ha alterado para nada: El televisor está prendido y yo estoy sentado frente a mi computadora, conectado al messenger (mi nick es Busco Chamba) y escuchando una de esas canciones noventeras de mi época preuniversitaria. Acabo de cerrar la bolsa de trabajo de mi universidad y no he encontrado ninguna oferta en la que encaje mi perfil. Soy consciente de que mi experiencia laboral no es muy variada y tal vez por eso me han llamado pocas veces para entrevistas de trabajo. Si no me equivoco, la última de ellas fue en abril del año pasado. Era para postular a un puesto en LAN.
Recuerdo que aquella vez, debido al nerviosismo que me atrapó cuando recibí la llamada en la que me citaban a las oficinas de la línea aérea, olvidé preguntar cuál era el cargo al que estaba postulando. No me importó. Revisé mi ropero para ver si mi terno estaba ahí y luego fui a la peluquería. Ya tenía todo listo para el día indicado.
08
2008

Casi a las 2 de la tarde del pasado 30 de diciembre mi bus llegó a Cusco. Era la cuarta vez que visitaba la ciudad (la última fue en el año 2000). Rastros de lluvia por todos lados y un sol tapado por imponentes nubes negras me dieron la bienvenida. La intención era recibir el año nuevo con algunos amigos y buscar algún posible trabajo por allá. Rumbo a mi hospedaje recordé esos detalles que me hacen pensar que Cusco es un lugar distinto y muy especial: calles acogedoras por las que a cada instante circulan rostros diferentes, impresionantes construcciones que rodean la cosmopolita Plaza de Armas y un sol que empezaba a ganarle la batalla diaria a las nubes. Sentí que la decisión de viajar había sido completamente acertada.


